Entrevistas

Mintology

Con Mint Parker, que editó "Mala": "Nunca tuve tantas oportunidades como en México"

La cantante uruguaya, que abre el show de No Te Va Gustar en Ciudad de México, habló de su nuevo disco, de su vida musical en México y el machismo en el rock.

22.06.2018 13:15

Lectura: 12'

2018-06-22T13:15:00
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Por Martín Otheguy

En medio de la charla que intenta salvar la distancia de 8.000 kilómetros entre Montevideo y México, Mint Parker (alter ego artístico de la uruguaya Laura Romero) no esconde la felicidad de la noticia que acaba de llegarle vía mail. Será la encargada de abrir el show que la banda No Te Va Gustar va a brindar en Ciudad de México este 22 de junio.

Laura, que se hiciera conocida en Uruguay como cantante de la banda Vendetta, emigró a México en el 2012. Atrás quedó su pasaje como segunda guitarrista de La Trampa y el comienzo muy promisorio de su proyecto solista Mint Parker, con el que se llevó tres premios Graffiti en el 2011. O atrás solo geográficamente, porque editó recientemente en México Mala, segundo álbum de este proyecto solista en el que ensancha un poco el camino en el que se introdujo hace ya siete años.

Mala sigue la línea retro del debut Badaboom, en el que hacía una relectura muy personal de los locos años 20, dándoles una inyección de energía modernizada a géneros como el charleston o el jazz gitano. Pero Mala es más que eso. Es un álbum esencialmente pop pese a su enfoque vintage y aún más abierto que el anterior, ya que se deja imbuir por su contexto para mandarse un par de boleros capaces de derretir la pista de baile, como "Una flor" o "Bolero cocinero".

La mano derecha del jazz manouche, regular como un motorcito, lleva al galope casi todo el disco y deja una canción con pasta de hit, como "Te veo partir" (en la que canta Max Capote). A veces irónica, a veces dulce, Mint recupera en Mala la efervescencia de otras épocas sin caer en la mera réplica nostálgica. De paso, paga tributo a su actual tierra, desde los boleros a los aires solitarios de los desiertos mexicanos, que arrastra en "Uh dam dam".

Horas antes de que abra su show para No Te Va Gustar, Mint Parker habló con Montevideo Portal sobre el "exilio musical", el machismo en la música, su generación en el rock local y el amor inesperado que sintió por el jazz.

Van ya unos años desde que te fuiste a México. ¿Qué te llevó a dejar el país? ¿Fue una necesidad por falta de espacio, una oportunidad, motivos personales?

Varias de esas razones. Sobre todo falta de oportunidades. Yo visualizaba demasiado mi futuro y no quise eso, quise algo más de incertidumbre. Hay otros cantautores en Uruguay que admiro y veo que siguen tocando en el mismo circuito, cantautores que considero que son mejores que yo, y me asustó esa idea.

Obviamente uno no sabe realmente lo que hacen los demás; quizás esos cantautores no salen o no crecen porque no quieren, pero todo esto fue mi sentir. Y me dio pánico. Quería sentir no saber hasta dónde iba a llegar o crecer como músico, sobre todo.

¿Qué tenía que cambiar para que te quedaras acá?

No sé si tenía que cambiar algo afuera o era yo que tenía que cambiar. Me bajoneaba sentir que sólo me pasaban cosas si yo las buscaba; nadie me buscaba a mí para tocar, para armar proyecto. Y quizás si me hubieran invitado más a hacer cosas me habría sentido más valorada. ¡Quién sabe! La generación a la que pertenezco de músicos uruguayos no es de compartir, no es de ayudarse, es más de competir, de demostrar canciones en vez de compartirlas. Eso me pesaba bastante. Yo no quiero ser así y no soy así, aunque lo he sido.

Las generaciones nuevas son diferentes, y me alegra muchísimo. Los cantautores jóvenes uruguayos traen otra cabeza, y eso va a generar un gran cambio, estoy segura.

¿Te frustraba pensar en un futuro acá tocando pero no viviendo de la música?

Yo he intentado varios caminos. Trabajar de la música era siempre un sueño, aunque fuera tocando covers... no importaba. También encuentro noble trabajar de otra cosa y dedicarte a la música desde otro lugar, sin tener que pensar en dinero. Las dos opciones tienen sus pros y sus contras. Yo intenté dedicarme a otra cosa mil veces y no me hacía feliz. Acá en México pude dedicarme a la música full time. Tocando con otros artistas, tocando en proyectos de versiones (porque eso de tocar los covers tal cual no se me da muy bien). Y se me hace pesado a veces pero no me hace infeliz. Y está bueno no ser la front woman a veces, te enseña cosas.

¿Qué realidad te encontraste allá, musicalmente? De acuerdo a tus expectativas, ¿cómo fue?

Ciudad de México es una ciudad de oportunidades. Nunca he tenido tantas oportunidades como estando acá. Pero hay que pelearlas y es sorprendente que aun siendo una ciudad tan grande se tenga también el problema de que mucho de lo que puedas crecer es porque conocés a tal o cual. Se da mucho el amiguismo. Creo que eso pasa en todos lados, pero como montevideana que soy, esperaba otra cosa. Al principio siendo extranjera te abren las puertas y luego de que se enteran que vivís acá, te las cierran un poquito.

La escena es más grande, por lo tanto te podés mantener más activo, y eso está bueno. Hay un circuito comercial muy fuerte, y luego la escena indie recién estos últimos años empezó a ser visible.

Hay mujeres fuertes que abrieron la jugada, y son muy respetadas. Y eso significa que me ven a mí en un escenario y no soy un bicho raro al que hay que juzgar, puedo transitar ese camino porque hay referentes que me cobijan un poco.

De Badaboom a Mala

En ese panorama de una escena nueva, ¿cómo armás un equipo para sacar un disco?

México funciona muy diferente que Uruguay. Yo en México no puedo dejar un disco en la recepción de ningún medio, es probable que no llegue a destino o que no me lo acepte la recepcionista porque "no tiene la autorización para hacerlo". Y la visita a los medios es a través de contactos o pagando. Es muy complicado. Mi estrategia en México es tocar como loca y mostrar mi trabajo a todo el que justo ande por ahí. Esto último es imposible en Uruguay, porque la escena consta de cinco boliches y la gente que sale a esos lugares es más o menos la misma. Pero en Uruguay sí funciona dejarles discos a los periodistas; hasta podés hacerlo personalmente, dejarlo en recepción, y si les gusta te lo pasan. Es más amigable y más justo. Yo tengo una historia que me respalda en Uruguay, no soy una desconocida total, así que también me agarro un poco de eso.

¿Cómo influyó México en tu música?

Empecé a escuchar bolero cuando comencé a amar la música de Max Capote, y él me influenció bastante en darle chance a la vieja escuela de la canción en español (él no lo sabe). Pero llegar a México, sin prejuicios, me hizo hacerme fan no solo de los boleros sino de la cumbia mexicana (y esto nadie lo sabe). Yo, Mint Parker, bailo cumbia y dicen que no lo hago nada mal. Acá se baila en pareja, y vas aprendiendo las vueltas y todo el rollo, es muy divertido. Para este disco, grabamos una cumbia, hasta le pedí a mi primo Javi Magnou de Karma Man Kaya que me grabara un trombón (lo grabamos allá en Montevideo). La cumbia quedó muy cumbia y no pegaba con el resto del disco, la verdad, me regresó la cordura y por eso quedó afuera.

Y sigue el romance con algunos géneros de la primera mitad del siglo XX, como el jazz gitano o el charleston. Eso se aleja bastante de tus comienzos en Vendetta. ¿Qué te atrae ahí?

Mi historia con el jazz fue medio obligada. Mi primer profe de guitarra me obligaba a escuchar a Duke Ellington... y yo lo odiaba. Me obligaba a escuchar a Billie Holiday y Ella Fitzgerald. Las detestaba. Decía que era bueno para mí, pero yo escuchaba puro pop rock y grunge noventero. Cranberries, Alanis Morissette (mega fan del Jagged Little Pill), Nirvana, Stone Temple Pilots, Pearl Jam... y con el tiempo, entendí el jazz; de repente, me empezó a gustar. Y después me copé. Mis referentes para las canciones de Mala son Paris Combo, Zaz y Caravan Palace. Me fascinó la mezcla de jazz manouche con pop.

En mi pensamiento adolescente, para mí el jazz y el tango eran músicas de viejos, y yo era alternativa (qué tarados que somos de adolescentes, la verdad). Vendetta era mi faceta grunge rocker, y ahí funcionábamos como una banda, entonces yo no podía caer con una cancioncita como "Igual no me gustabas" y hacerla bonita, me la rockeaban... Toto es una bestia de baterista y Ceci (Plottier) es punk de la vieja escuela. Combinación letal para una balada de despecho.

¿Sentiste machismo en la escena musical mexicana? ¿Qué diferencias hay con Uruguay en ese sentido?

Hay machismo, pero es diferente. Como hay referentes muy respetadas en la música -entiéndase por Chavela, Julieta Venegas, ahora Natalia Lafourcade, Carla Morrison, Mon Laferte, etcétera - no hay ese Club de Tobi tan cerrado que se percibe en Uruguay. Mis fans son en su mayoría hombres; cuando tocaba con Vendetta, una vez un chico me escribió y me dijo que le encantaba la banda, pero que sus amigos se burlaban de él porque decían que era música para mujeres. Es música para mujeres porque canta una mujer. Acá nunca me ha pasado que me pongan en los medios como "solista femenina", o como "solista femenina" en referencia a la grilla de un festival, y allá en Uruguay a Vendetta siempre nos ponían que tocábamos "género: banda de mujeres". Esto pasó hace tiempo y no sé si cambió, espero que sí.

Hay machismo en México, por supuesto. Pero desde otros lugares, te meten la pata a veces los colegas, o no se acercan a tu música hasta que demuestres algo. Pero en los festivales de acá hay headliners mujeres, cosa que nunca ha pasado creo yo en Uruguay. Aunque tampoco ninguna ha podido crecer tanto; el freno viene de antes, no sólo en los festivales, creo yo.

Desde otro lugar

Acá en La Trampa te tocó hacer algo parecido a lo que hacés en algunos proyectos allá, no estar en primera línea. ¿Te gusta tener ese rol?

Sí, me ha gustado acompañar a otros artistas aunque la verdad es que no es mi fuerte. Me siento desaprovechada y que no doy todo lo que puedo dar, entonces a veces me puede matar la autoestima. Lo mío es hacer canciones y cantarlas, no sé si soy lo suficientemente buena como para acompañar a otro artista. Ahora ya no lo hago, pero lo seguiría haciendo si me lo piden o es un buen proyecto.

Tengo un buen recuerdo de La Trampa, aunque un tanto difuminado. Entrar a una banda fracturada no fue fácil pero me dio muchas cosas positivas, estuvo bueno tocar con ellos y lo volvería a hacer. Con ellos entendí no ser la atención principal, no tener que remar un show; yo estaba con la banda y mi tarea era estar atrás, aunque me dejaban hacer lo que quisiera, no me bajaban la luz. Los fans creo que nunca me quisieron, pero para mí fue algo muy bueno y muy interesante la decisión que ellos tomaron de ponerme a mí y no a otro guitarrista que habría pasado desapercibido probablemente.

¿Buscaste en el libro de La Trampa (Sin miedo en la oscuridad, de Ignacio Martínez) las referencias a vos?

No leí el libro y no creo que quiera leerlo. Garo quedó enojado conmigo y quizás con el tiempo se ablandó, pero el uruguayo es muy resentido y yo no dudo de que siga sentido conmigo. Quizás ahora estaría más relajada. Yo tenía otra edad, y me empezó a hartar el lleva y trae, unos hablaban de otros y otros de uno, quizás me dejé manipular, debería no haberme preocupado por nadie.

Pasó en un show en no sé donde que se canceló, y querían que me quedara un día más para hacer el recital, y yo me enojé y no quise. Por terca, porque no me explicaban nada y me enojé. Y me volví a Montevideo, no hice el show. Esa fue la última fecha de la Trampa. No me acuerdo de nada la verdad, no me acuerdo si me volví en el bus, sola, no sé, está totalmente borrado. Pero por eso se enojó Garo. Pero él, nunca, nunca, quiso hablar conmigo. Y le había pedido varias veces de hablar y me daba largas, y yo quería aclarar cosas y acercarme a él otra vez. Pero yo era muy terca (risas). Si él me hubiera hablado, yo habría tocado. Me salió el berrinche.

Mala fue editado en formato físico. ¿Valía la pena en estos tiempos?

Valió la pena, lo saqué en digital y no me funcionó. En digital las cosas se hacen a través de las redes, todo es en Internet, impersonal, lejano, vendés un código en una tarjeta que requiere el paso número 2 de descargar el disco. Cuando entregás tarjetas a gente de medios y promoción, se olvidan, la pierden, no descargan nada. Pero cuando estás en un show, la gente quiere tener algo tuyo, y a mí me seguían pidiendo el disco. Se llevan un disco y sienten que pagaron por algo; si no tienen donde escucharlo, van a Spotify y lo guardan como souvenir
y eso no lo pierden. La portada del disco es una pintura que un artista mexicano hizo especialmente para el arte del disco. Así que siento que tiene un cierto valor agregado, no es una foto, es una réplica de un cuadro que estoy viendo en este momento (lo tengo colgado en mi casa).

Para conseguir el disco en Uruguay, contactarse con los sitios de Mint Parker:

mintparker.com - Sitio oficial
instagram.com/mintparkeroficial
facebook.com/mintparkerbanda
youtube.com/mintparker
@mintparker

Online:

https://soundcloud.com/mintparker
https://itunes.apple.com/us/artist/mint-parker/417945033
https://open.spotify.com/artist/1IXxPEhst5YuYVqvRpydrB
https://www.amazon.com/Mala-Mint-Parker/dp/B01M668Z56
https://mintparker.bandcamp.com/

Por Martín Otheguy