El de Martín Buscaglia es un caso rarísimo: nacido en la cuna de la música en tiempos oscuros, encontró colores en los particulares sonidos del excéntrico theremín e incluso sacó música, pero música de verdad, de un Simon. Cosas de niños, podrán decir, pero a él se le fueron metiendo en la cotidianeidad y recién pasados los 40, con varios discos en su haber y el respeto del ambiente ganado, se dio cuenta que tenía ganas de sentarse sólo ante su público y solo con la guitarra.

Se fue a hacer tres fechas al Café Vinilo de Buenos Aires en ese formato que sólo había encarado dos veces en su vida -¿no va a ser rarísimo?-, y quienes grabaron ese material insistieron en que lo escuchara. Un día rompió el hábito que tenía de mantener distancia de esos audios, y se encontró con algo que pedía salir. Así nació "Somos libres", casi por accidente, casi por obra del destino. Rarísimo.

Encariñado de este álbum íntimo y despojado prepara su presentación en el escenario mayor del Teatro Solís, motivo por el que charló con Montevideo Portal.

Que todo lo que tengas quepa en tu valija

"¿De qué te liberaste, Martín?". "De nada", responde sin parpadear. A pesar del nombre que tiene este disco y que lo encontró en las propias grabaciones, él lo ve "simplemente" como "otra manera" de mostrar sus cosas. "No es un disco pensado previamente para ser editado, es un concierto pensado así, basado en las ganas que tenía de tocar solo, sin acompañantes y sin multiplicidad de instrumentos, de timbres. Pero no por liberarme de nada. Es lo que tenía ganas", explica.

Hizo el show porque tenía ganas y después Osqui Amante y Javier Tenenbaum, quienes lo habían acompañado en el viaje, le insistieron "bastante" para que violara sus principios y escuchara lo que había pasado en esas noches en el Vinilo. "Al tiempo escuché y entendí de lo que me hablaban. Hay un músico que se llama Chico Ocaña, que era líder de Los Mártires del Compás, y en la web hay una grabación tocando en un bolichito donde se escucha la gente y los platos, que es mucho más fascinante que el disco en sí que acaba de sacar. El Príncipe es otro ejemplo: el disco que más lo refleja para alguien que no lo conoce el espíritu y el poderío de su música es su disco en vivo, que es él con una guitarra, ya veterano. Entonces sentí que ese tipo de ectoplasma que pasa cuando tocás había quedado grabado ahí", le cuenta a Montevideo Portal.

Dice que no suele escuchar las grabaciones porque no tiene regodeo, porque ya lo vivió, porque, modernamente diciendo: "sería como buscarme en YouTube, como sacarme una selfie". Pero descubrió lo que otros ya habían descubierto y entendió una cosa: "vos estás al servicio de la música. Entonces por más que tengas un plan, si las canciones tienen otro, lo ideal es seguir eso antes que a vos mismo".

Pero con "Somos libres" pasaron muchas otras cosas, por ejemplo, la muerte repentina de Osqui durante la mezcla, algo que golpeó fuerte a la escena argentina (grabó a Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y Les Luthiers entre otra infinidad de músicos) y directamente a Buscaglia. "Eso redobló la convicción de que era un disco y demoró también la salida", explica. En el librillo del disco dice con mucho sentimiento: "Ahora Osqui está muerto. (...) El dolor, el azoramiento; la duda, y luego la decisión de terminar lo poco que quedaba de mezcla. Osqui adoraba el disco, lo laburó con un amor notorio".

Además de la dedicatoria a él, este trabajo está hecho para "Gil e Jorge", un álbum de Jorge Ben y Gilberto Gil que no es en vivo pero que tampoco se hizo previendo ser un disco. "Entre comillas tiene errores, y sin comillas tiene hallazgos increíbles y se ve la música viva", apunta, antes de mencionar: "es evidente para mí el gesto que es sacar un disco en vivo con una guitara, solo, en el día de hoy, en que cualquiera se puede grabar un disco en su casa, hacer que todo suene de puta madre, pedir unos fondos y que te los den y después te encontrás con gente en la calle que te dice: ‘estoy por sacar mi segundo disco'. ‘¿Y cuándo tocás?'. ‘No, no toco porque me da vergüenza'. Me refiero al lado negativo que tiene eso; tiene un lado positivo, yo me grabo mis discos en mi casa. Pero es como los satélites en el cosmo que no funcionan pero quedan flotando, y hay una chatarra estelar cada vez mayor. También tiene ese sentido el disco: es un espacio de musicalidad y de realidad inevitable del vivo. No hay velos".

Otro comentario que merece el "Somos libres" es la particularidad de un librillo que no tiene las letras de las canciones sino reflexiones, historias de su surgimiento, ideas. "El disco se completa leyendo el libro; no está lo mismo que dije antes de tocar esas canciones, pero sí el mismo espíritu. Pero en un disco, a la tercera vez que lo escuches te querés matar y decís: ‘basta, ya me sé todo lo que vas a filosofar o a descubrir sobre esta canción'. Entonces me parecía que era más apropiado que quien quisiera y cuándo quisiera abriera el libro y leyera", explica mientras cruza y descruza las piernas y refleja la habitación en los lentes espejados que descansan en el pecho.

"Y a mí en general no me gustan mucho los discos en vivo", revela, casi denunciando. Pero con este no disimula el cariño, sobre todo por la armonía que generó con una exquisita selección de canciones. "Hay un disco que me gusta mucho que se llama ‘Gil Luminoso', de Gilberto Gil, que es él solo con una viola, y comparte eso: no son canciones ni las más instantáneas, ni canciones de amor ni nada. Es una cosa más ensoñada, reflexiva, hasta mística si querés".

En el universo musical que adora, algo le hace ruido: "la era esta de los productores es bastante nociva, porque genera un tipo de músico dependiente". "Cuando vos hablás de George Martin o de Quincy Jones, por decir popes de la producción mundial, no eran así: Michael Jackson iba con Quincy pero vos escuchás los demos que hizo en su casa y ya eran un disco; los Beatles iban con George Martin para que les pusiera unas cuerdas que ellos ya se habían imaginado y ya sabían cómo querían que sonara. El tipo de productor que me interesa a mí es el que te suma, el amigo musical melómano que te expande. Ahora parece que el productor está pensado para que mi disco suene fuerte, se escuche en la radio y tenga la velocidad adecuada el tema, y esté toda la batería descuartizada para ver si meto un semi hit. Tiene un lado antimusical", lamenta.

Mi guitarra y vos

Buscaglia dice que arrancó tocando con un dúo, después con una banda, que tiene su lado instrumentista a flor de piel; así y todo, reconoce lo "raro" que es que casi no haya tocado solo con guitarra en su carrera (no es metafórico, recuerda haberlo hecho apenas dos veces antes de desembarcar en el Vinilo). "La mayoría se acompañan y cantan sus canciones, y los instrumentistas tocan cosas y les cuesta más hacer una canción. Yo siempre tuve un pie en ambos lados que son infinitos, siempre quise desarrollarme y fluir. Aprendés muchísimo tocando con músicos que saben más que vos o saben cosas que no sabés, entonces las veces que toqué solo fueron toques veraniegos, y también en verano están los amigos en la vuelta, y si querés tocar en la playa es porque querés compartir con alguien. Es una curiosidad, pero es verdad", advierte.

"Un solista nunca se disuelve, a menos que se zambulla en una bañera con ácido, pero la nueva guitarra me dio ganas de solo sentarme y tocarla", confiesa en el librillo. Él aclara que encarar un show de viola a esta altura no es un proceso inverso a él sino "verso, universo". "Si yo hubiera tocado siempre sólo con la viola era un disco más de este actor/juglar que toca, que no está mal, ni bien", apunta.

"Igual me parece que sale del deseo más que de la razón. Después viene la reflexión y digo: está bueno aportar este grano de arena que es diferente a los que están en la vuelta. El primer impulso tiene que venir de algo más simple, o complejo, que es el anhelo. Lo primero fue el deseo mío; no es que estoy pensando: ‘¿cómo puedo hacer algo diferente?'. No: pienso cómo puedo hacer algo la próxima vez que me entusiasme, me fascine y lo tenga que compartir porque puede haber gente a la que esto se le sume a su experiencia vital. Eso puede ser diferente a lo que vengo haciendo o repetir lo mismo eternamente".

Lo de repetir eternamente, justamente en él no se da. Sin embargo, entiende que eso no es forzado sino natural. "Siempre tuve ese interés, esa impronta, desde que era chico. El disco de ‘Gil e Jorge' es curioso en la carrera de ambos y yo lo amaba desde que era adolescente. Me pasa con otro montón de artistas que me llamaban la atención los discos que se iban más de los cánones súper establecidos". Cuando cuenta que está escuchando "Surf's up" de los Beach Boys, al "rasta-electrónico-experimento" Finley Quanye, a Sondre Lerche, a los Hermanos Láser (usa una remera que lo respalda), hip hop local y a la Orquesta Subtropical, se puede entender hacia dónde apunta.

Foto: Montevideo Portal | Marcos Sánchez

En eso de la variedad, reconoce como "llamativo" hacia el público el hecho de que haga música con juguetes, aunque reivindica el uso que también le da al espectro de instrumentos clásicos. Por eso, cuando considera el lado despectivo que cierta gente le da a su interés, él es contundente: "me chupa un huevo porque es súper relativo. Me hace mucha gracia, no se sostiene para nada".

"Lo importante es que transmitas. Pero en ese sentido, el disco es para mí. Tenés que tocar para vos, no tenés que pensar en nadie más. Después, como vos no sos nadie, sos igual a un montón, cualquier cosa que hagas, si tiene cierto laburo va a conectar con otra gente. Pero el principio de todo tiene que ser para vos, sin pensar en el prójimo. Si querés pensar en el prójimo sé Gandhi, pero para ser un artista las grandes obras, las que valen la pena sea al nivel que sea, salen en la búsqueda para adentro", asegura.

"No siento ninguna necesidad de convencer a nadie de nada; pensá lo que quieras, igual la vida y la música te muestran si vas por el buen camino", dice a quien su amigo y colega brasileño André Abujamra le dijo que es más fácil, en el arte, ser triste que alegre, algo que comparte a rajatabla. "Si yo las mismas palabras te las digo con una cara súper seria pensás: ‘es un poeta maldito', y si te lo digo riendo decís: ‘estás divagando y esto no tiene ningún cimiento'. Es un maquillaje, lo más careta que hay es ser serio cuando no sentís eso. Hay gente que es así y está todo bien tocar con cara de culo, pero si toca algo muy difícil o dice algo muy oscuro no me impresiona para nada. Entonces vos decís: Patti Smith. Es una mística, ¿pero cuántos discos impresionantes tiene? Ninguno, uno. Pero tiene ese look y esa figura y te pega eso. ¿Pero si escarbás atrás?", duda.

Hay otras cosas que perturban al inquieto Martín: además de la falsa seriedad, la falsa modestia de los músicos que se excusan con que hace mucho no tocan una canción. "Un músico está siempre ensayado", apunta en el librillo, y a Montevideo Portal le dice, rememorando a Dorival Caymmi: "una vez que vos laburaste y puliste tu esencia musical ya tenés una musicalidad tuya. Entonces estás ambientado con otros parámetros en los cuales el error no es tan posible, porque todo lo que hagas vas a ser vos. Lo veo en Hugo Fattoruso, en Hermeto Pascual y en Tom Waits: te das cuenta que son ellos, que fluyen".

Traslada eso a "Somos libres", y dice automáticamente: "este disco no está pensado para ser un disco, no son temas arreglados para ser escuchados en una grabación; algunos están súper definidos, otros los toqué como los toco en el sillón de mi casa, pero no son excusas. Son mi esencia y valen así".

Una vez, hace mucho, Martín hizo el ciclo ¡Llame ya!, en el que solamente cantaba las canciones que pedía el público en ese momento. Ensayar, por lo tanto, era imposible. "El proceso del show era mágico, era un coloque espiritual; tenías que buscar adentro tuyo el acorde, la letra o la manera de hacer ese tema que están pidiendo. Era divino pero muy agotador espiritualmente. Y este también tiene ese coloque espiritual porque tenés que estar bien vos, transmitirlo, ir hacia la pureza radiante y conectar", vuelve a trasladar.

Abran las cortinas ya

El 30 de octubre, cuando presente su disco en el escenario mayor del enorme Solís, tocará solo, con sorpresas pero básicamente solo, aunque avisa que el combo guitarra más voz no se traduce en clásico o íntimo. La idea es hacer un show como fueron los del Vinilo, con la parte armoniosa que quedó grabada, la parte eufórica que se descartó y el repertorio de su padre Horacio.

Esa parte del show en la que indaga en su progenitor es "larga" y basada en el libro "Mojos" que recientemente editó Yagurú, que recopila una parte poética que quedó escondida detrás de su activismo político, su hermandad con Eduardo Mateo y sus míticas canciones como ‘El país de las maravillas' o ‘Príncipe azul'. Entonces promete recorrer esa lírica y tocar canciones inéditas o de poquísima difusión. "Es una burbuja preciosa", sonríe.

"Si quisieras imaginarte un poco cómo va a ser el show tendrías que escuchar el disco, leer el librillo, tener ese otro libro sobre el Corto y capaz haber ido a alguno de esos conciertos sin guitarra porque ese espíritu está presente", resume.

Foto: Montevideo Portal | Marcos Sánchez

Martín Buscaglia vive en universos paralelos, al punto tal de que "El pimiento indomable", el disco que sacó con Kiko Veneno en 2012, recién está saliendo en formato físico en España, donde lo presentarán en 2015. "Es tan vasto todo, y lo que creo es que aprendo siempre. Como dice el Maestro Tabárez: el camino es la recompensa", dice con regocijo.

Para él, un disco es "una manera de marcar un mojón en ese camino, pero hay infinitas maneras", y de eso charla recurrentemente con sus colegas porque se siente obsesionado por tanto aprendizaje. "Salirte de vos está buenísimo", afirma quien es dúo con Kiko, solista con el "Somos libres" y un solista más excéntrico con el Hombre Orquesta, frontman con los Bochamakers, miembro improvisador con los Payadores Anónimos e instrumentista con su amiga Mariana Lucía y con Martina Gadea. ¿Agotador, no? Y a eso se le suma un proyecto que está armando con Antolín que lo tiene "súper feliz", y el deseo de escribir que se puede percibir en el librillo de su álbum.

"Soy muy lector. No es que una cosa lleve a la otra pero es un mundo en el que estoy cotidianamente inverso. En la mesa de luz tengo siete libros ahora: un ensayo de Stevenson, que es increíble; uno que se llama algo como ‘Sobre el deber de ser felices' o ‘Elogio de la felicidad', uno de un poeta danés contemporáneo que me encanta, una novela que no leí nunca que se llama ‘Postales de invierno', bastante emblemática del espíritu post hippie", cuenta. Los otros se pierden en la memoria.

Por ahora, su escritura se limita a canciones, algunas como "Sale el sol" -a la que él define como "un camino, una canoa"-, algunas que salen en media hora y otras que llevan 20 años. No importa: "cualquier cosa que hagas habla de vos: si yo toco un cover habla de mí así como habla también del que lo escucha. Es interesante eso; una canción se refiere tanto sobre el que la escribió como del que la está escuchando, como una cuota igualitaria. Y tiene sentido que yo vea si soy afín a ese viaje, si siento que es un sendero cercano a mí, y no que trate de meterme en el viaje creativo y vivencial de otro".

"Vos no perdés tu esencia nunca, entonces todo es un arma nueva que vos empuñás, aunque parezca mínima, aunque sea más pequeña. El poder que tiene eso no va en el tamaño", dice Buscaglia, que parece vivir filosofando: "la música es un territorio vastísimo, infinito, pero al mismo tiempo no podés ser lo que no sos. Entonces hagas lo que hagas, en esa infinita variedad que hay siempre va a estar tu esencia".

Martín Buscaglia se presentará el 30 de octubre en el Teatro Solís a las 21. Las entradas están a la venta en los locales de RedUTS.

Montevideo Portal | Belén Fourment
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