Entrevistas

La vida es sueños

Con Alejandra Wolff

Conversamos con Alejandra Wolff, que nos habla de Wolff, el proyecto que armó con Gabriel Brikman, y de "Primer ángel", su disco debut.

05.08.2016 17:18

Lectura: 11'

2016-08-05T17:18:00
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Es una buena idea para una película: una chica, cantante, y un chico, guitarrista, coinciden en una banda de rock de éxito a principios de los 90. Después la vida los separa y cada uno emprende caminos distintos. Años después un par de encuentros fortuitos los ponen otra vez en la misma senda, y una noche él sueña que tiene que grabar un disco con ella. En la misma escena, que transcurre en paralelo a la anterior, ella rasca unos acordes en la guitarra y tararea unos versos que se le acaban de ocurrir. Funde a negro y van los títulos.

Así es, más o menos, la historia que dio origen a Wolff, proyecto musical de Alejandra Wolff y Gabriel Brikman, que parece tomado de una comedia del Sundance.

Alejandra Wolff y Gabriel Brikman formaron parte de La Tabaré a principios de la década del 90, cuando el rock en el Uruguay todavía era una cosa de gente desesperada, valiente o chalada.

Los dos, por distintos motivos, dejaron la banda. Wolff hizo TV, concursó y ganó un puesto en la Comedia Nacional, volvió a hacer TV, volvió a volver y a irse y a volver con La Tabaré. Brikman, en tanto, aportó modernidad y contundencia al Chopper de la segunda mitad de los 90 y se volvió aun más extremo en Radical, una monstruosa aplanadora de alma pop.

Más de dos décadas después de conocerse, se reencontraron en reuniones puntuales y vieron que, pese al tiempo pasado, todavía había alguna brasa ardiendo.

Una mañana, Brikman tuvo un sueño (no es una metáfora: un sueño posta), que fue una revelación, y menos de un año después ese sueño es Primer ángel (Bizarro, 2016), un disco de diez canciones que en pocos días estará en la calle y hará su estreno oficial en la Sala Zitarrosa.

Primer ángel no es un disco solista de Alejandra Wolff, ni una remake de La Tabaré ni un proyecto de metal extremo con voz de mujer. "Tiene matices, climas, cosas de los 70, 80 y 90. Es un disco de rock con muchos sonidos: hay una balada, hay punk, reggae, un poco de todo. Quisimos salir de la parcela, darnos la libertad de jugar más con los estilos", dice Alejandra Wolff, que aclara, además, que tampoco es un disco de ella sola. "Somos una banda", asegura, y agrega: "el embrión de la banda somos Gabriel y yo".

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¿Cómo surge este Wolff?

Es súper reciente. El 25 de noviembre de 2015 fue que Gabriel se despertó después de soñar que tenía que hacerme un disco. Así. No es una metáfora, es real. Veníamos de reencontrarnos en los toques de Bluzz por los 30 años de La Tabaré, y después el 14 de noviembre, en el toque del Teatro de Verano. A la vez, Gaby nos invitó, a Tabaré y a mí, para cantar "La mugre de tus orejas", de La Tabaré, en los diez años de Radical, en Bluzz. Estos reencuentros fueron muy puntuales, no muy profundos, pero sí lo suficientemente valiosos. Gabriel tuvo ese sueño y me escribió. Me puso: "Del 1 al 10, ¿Cuánto te gustaría volver a cantar?". Y le puse 10. Es algo que está siempre ahí y disfruto un montón. Me planteó su idea y yo le dije "dejame ver". Pero él arrancó a generar, y a los dos días me empezó a pasar unos embriones musicales. Algo muy revelador, y me pareció que era el momento. Lo loco de mi lado es que estaba en mi casa escribiendo canciones. Hacía una semana había escrito un tema completo, con su música y su letra . Estaba con una necesidad muy grande de poder unir las letras que yo escribía con músicas.


¿Escribías habitualmente?


Siempre escribí. Con diferentes formatos, y siempre tuve la ambición de poder unir esas letras con músicas, mías o de otros. Tabaré grabó un par de temas míos. Pero era algo que tenía pendiente, y por razones de trabajo, familiares, nunca era el momento. Y ahora cuando Gabriel me llamó era el momento. Era el momento para él por lo que le pasó, y a mí me encontró como te digo. Fue rarísimo. Dudé, pero muy poco.


¿Qué resignaste?


Mi hija tiene casi 15 años...

 

Debe de estar deseando que te vayas...

 

No deseando que me vaya porque es súper compañera. Pero sí, disfruta mucho de estar sola, puede manejarse de otra manera. Yo al revés. Siento que, por más que tengo mucho trabajo, estoy más liberada en un montón de cosas. Tengo muchas cosas resueltas. No es lo mismo tener una hija de uno o dos años, o seis años o diez. Me puedo ir por dos horas y decirle "calentate la milanesa".

 

¿Qué cambió para que vos pudieras volver a hacer música y disfrutar de eso? Porque quizás en un momento, cuando dejaste, había dejado de ser un placer...


No. La dejé con dolor, porque me peleé con Tabaré, y él se peleó conmigo. Al año estábamos amigos de nuevo, pero en momento eso definió que yo me fuera de la banda. Para mí fue una bisagra horrible porque estábamos preparando el disco. Ahí hay un tema que grabó Raquel Blatt, ["Qué venís", Yoganarquía, Ayuí, 1997] que es una canción mía. Tabaré me llamó y me preguntó si la iba a cantar, y yo le dije: "No, que la cante la que tenés ahora". No quería saber nada. Eso quedó en la anécdota, pero significó que me fuera de la banda con mucho dolor. Justo fue el momento en que salió el programa En Órbita, que me dio muchísimas satisfacciones, disfruté muchísimo las dos temporadas, y justo gané el concurso y entré en la Comedia. Fue un momento de mucha revolución para mí. Después de que me reconcilié con Tabaré empecé a tener ese rol de invitada. En 2007 volví a La Tabaré, estando en la Comedia, y estuve dos años como cantante oficial. Pero era insostenible, porque no podía cumplir con La Tabaré y con La Comedia. Era imposible, y siempre alguna de las dos quedaba renga o trastabillaba. Pero fue como cerrar aquello que había quedado interrumpido abruptamente. Después me fui y quedé con ese título de invitada eterna, así que de alguna manera estoy en la música igual. Y la música me nutre desde otro lugar. Tiene que ver conmigo. No es nuevo. Desde que me conozco me gusta la música, me gusta cantar, escribir. Ese es un mundo que también es mío.

Foto: Montevideo Portal


¿Qué tenés para decir ahora que tenés "boliche propio"?


La responsabilidad es de Gabriel y mía. Él es el músico gestor de toda esta movida. No solo porque es él quien me lo propone, él armó todo el proyecto artístico. Para mí eso también fue muy importante, porque no me vino a decir "che, vamos a hacer canciones", sino que me trajo un proyecto súper avanzado. Tenía muy claro hacia dónde quería ir, no fue una cosa de juntarnos a improvisar.


¿Te gustaba a vos adonde quería ir él?


Me gustaba porque, al proponérmelo a mí, él sabía que me tenía que gustar y, si bien no somos amigos, sabía dónde podía rendir yo, qué me podía gustar, dónde me podía mover mejor. Yo soy bastante ecléctica, me gusta un poco de todo, pero para subirme a cantar a un escenario, no me siento capaz de otra cosa que no sea rock.

 

Gabriel tuvo que bajarse del metal extremo...

¿Sabés que no? Porque, en realidad, todo este universo lo tenía dentro de él. Retaceado, pero lo tenía. Es algo que se moría por hacer. Él se quedó en ese viaje del metal, pero no es que no le guste todo lo otro. Al revés, estaba como amputado, aislado de esa otra parte de sí mismo, que acá es como que fue re lúdico. Jugar con esas cosas que te gustan y que, por estar en un proyecto de otro tipo, te quedaron como en el debe. Acá está explorando y disfrutando de todo esto otro que tenía ganas de hacer. Tampoco fue que nos propusimos hacer algo específico para que se pudiera escuchar. Nos salió así. Las cosas salieron y fluyeron desde lo que nos gustaba hacer. Alguien me preguntó si yo iba a escribir influenciada por La Tabaré. ¡Y no! Yo no puedo escribir como Tabaré. Me encanta cómo escribe Tabaré y, conceptualmente, comparto un montón de las cosas que dice y cómo las dice, lo admiro muchísimo, pero no podría escribir como él. Y yo no estaba escribiendo para un disco, estaba escribiendo. Después empecé a hacer mi selección, y nos juntamos con Gabriel. Fue muy loco porque trabajamos rápidamente, intensamente, y las cosas que propusimos funcionaron.


Ustedes estaban en La Tabaré en una época en la que había pocos lugares para tocar, se sonaba mal y no había casi medios, pero el rock, en general, parecía más auténtico que hoy. Quizás hoy sea más sencillo hacer lo que decís que no hizo Gabriel, armar un puñado de canciones para la radio, un producto...


No, nada que ver. Es real que Gabriel soñó con mi disco, y que me encontrara con la guitarra en el living de casa tarareando una melodía. Después fue ordenar y enfocar. Que además fueron pocos encuentros, muy intensos, y después trabajamos a distancia. En 20 días teníamos medio disco armado, y en tres meses lo grabamos.


¿Pero qué hay para decir hoy en 2016 que no se haya dicho antes, o que no hayas podido decir en el 93?


No sé. Yo solo puedo decir desde mí misma. No puedo ponerme a ser vocera de nadie. Escribo desde mi experiencia y creo que, si hay algún valor en lo que hago, es que es auténtico. No me propuse decir nada pomposo, sino hablar de lo que me ha pasado, lo que siento. Después sí, es cierto, hay pocas mujeres que canten rock, las cantautoras uruguayas, que las hay, muy buenas y divinas, se han tirado hacia otros géneros. Tal vez el rock es un lugar machista. Pero yo me puedo parar acá, y puedo rockear. Podemos cantar lo que queramos. Eso también, pero son espejos que funcionarán o no. Yo no tengo una cosa mesiánica. Digo lo que me pasa a mí. Ojalá te guste y te haga la cabeza. Ojalá. Pero no tengo un discurso.


Decías que no sos portavoz de las mujeres, pero cuando arrancaste en La Tabaré, si no eras la única, eras de las poquísimas...


Sí. Y ahora hay muchas mujeres haciendo música, pero, en Uruguay especialmente, no hay mujeres que hagan rock. Al menos con destaque. Habrá que preguntarse por qué, pero yo no me quiero poner a analizar eso. Sí pensar que el rock es un lugar muy machista y buscar la forma de revertirlo. Que sí se puede. Y sí podemos ser auténticos. No voy a decir nada que cambie el mundo. La clave, en mí, en todo lo que he intentado hacer, en el teatro, en la música y en todas las áreas donde me muevo, es ser lo más auténtica posible. Esa es mi carta.


Pero en el teatro la autenticidad queda relegada porque siempre sos "otro"...


Sí, pero si vos partís de la verdad del personaje, si te la creés, sos auténtico. El teatro tiene una "partitura" también, pero vos tenés que llenarla de verdad. Yo me lo tengo que creer, tiene que pasar por mí. No puede ser una cáscara. Y creo en eso, en ser yo misma dentro de lo que pueda.


Lo que te pasa a vos no es lo mismo que le pasa a un pibe de 20 años, o lo que nos pasaba a nosotros cuando teníamos 20 años, y me recuerda una frase de Johnny Ramone, que decía que el rock era un negocio de hombres jóvenes...

 

Yo pienso que no. Primero que no me gusta pensar que es un negocio. Y no pienso que sea de hombres, ni de jóvenes. Es más una actitud, más que nada. Te voy a contar un secreto: antes de salir al escenario, cuando tengo obras muy complicadas, como La vida es sueño, de Calderón de la Barca, cuando está por empezar la función, bajan las luces, les digo a mis compañeros: "rock and roll". Para mí es eso. Yo voy a hacer Calderón de la Barca, pero subo al escenario y es rock and roll. Tiene que ver con una actitud ante las cosas, una cuestión visceral. Es eso.

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Wolff se presenta el jueves 11 de agosto en la Sala Zitarrosa, desde las 21:00. Artista invitado: Bodeville. Localidades a la venta a través de Tickantel