Con la llegada del Año Nuevo Lunar, China y su diáspora alrededor del mundo celebran el inicio del Año del Caballo de Fuego, una combinación zodiacal asociada a vitalidad, dinamismo y energía transformadora.
El zodiaco chino, conocido como sheng xiao (??), tiene más de dos milenios de historia y está compuesto por 12 animales que se alternan anualmente dentro de un ciclo repetitivo. A diferencia del sistema occidental, se estructura sobre el calendario lunar y se vincula con concepciones filosóficas y cosmológicas propias del pensamiento chino.
El Caballo: símbolo de impulso y liderazgo
El Caballo es el séptimo animal del ciclo, precedido por la Rata, el Buey, el Tigre, el Conejo, el Dragón y la Serpiente, y seguido por la Oveja, el Mono, el Gallo, el Perro y el Cerdo.
Tradicionalmente, se asocia con cualidades como:
- Energía y vitalidad
- Optimismo
- Espíritu aventurero
- Carisma y elocuencia
- Impaciencia
Las personas nacidas en años del Caballo —como 1942, 1954, 1966, 1978, 1990, 2002, 2014 y ahora 2026— suelen ser descritas como dinámicas y sociables. Entre figuras públicas nacidas bajo este signo se encuentran el expresidente estadounidense Joe Biden y la ex canciller alemana Angela Merkel.
La combinación con el elemento Fuego
El zodiaco no solo combina animales, sino también cinco elementos fundamentales: metal, madera, agua, fuego y tierra. Cada elemento rige durante dos años consecutivos —uno bajo el principio Yin y otro Yang— según la cosmovisión taoísta.
En este caso, el Fuego potencia las características del Caballo, añadiendo intensidad, pasión y un impulso hacia la acción. En la tradición cultural, los años regidos por el Fuego suelen interpretarse como períodos de cambios acelerados y transformaciones profundas.
Más que astrología: identidad cultural
Más allá de su dimensión simbólica, el zodiaco chino cumple una función cultural relevante. Históricamente se consideraba que influía no solo en la personalidad individual, sino también en la fortuna colectiva, las cosechas y el destino de la nación.
En el inicio de este ciclo, uno de los fenómenos virales fue un caballo de peluche cuya expresión —con la boca cosida al revés— se convirtió en símbolo inesperado del nuevo año, reflejando cómo tradición y cultura digital conviven en la China contemporánea.
Con información de EFE