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A buen puerto

Claudio Invernizzi nos presenta: “La memoria obstinada de Puertos Vírgenes”.

Con Claudio Invernizzi:"Hay dos o tres personajes que son lo más parecido a la realidad, pero después hay otro montón que son mezclas de personajes y diálogos que alguna vez tuve con ellas o con ellos".
08.06.2019 11:28
2019-06-08T11:28:00
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La creatividad de Claudio Invernizzi no precisa presentación, la trayectoria lo respalda. Pero su veta de escritor sensible, delicado, profundo, casi exquisito es algo que queda demostrado en su nuevo trabajo.

Así surge "La memoria obstinada de Puertos Vírgenes", la primera entrega de una trilogía que es lo que pretender ser y que nos deja con la ansiedad que solo un buen escritor provoca en un lector: esperar que salga la próxima.

Montevideo Portal: Cuando empecé a leer, me sorprendí con una veta tuya que no conocía. Capaz que no es la que más exponés o la que más has trabajado, pero es tan sensible que me sorprendió.

Claudio Invernizzi: Bueno, gracias por haberte sorprendido para bien, en primer lugar. En realidad, mi actividad como escritor empezó hace muchos años: había un libro de testimonios hecho el momento de exuberancia social y de necesidad de contar cosas personal y colectivamente. Era un libro sobre testimonios de la cárcel, que había pasado ante la dictadura. Pero mi aspiración a ser escritor estaba con una novela que quedó durmiendo treinta y pico de años.

Lo curioso es que nunca dejé de escribir; lo que no hice fue editar. Y creo que mi primera aspiración desde niño era la de ser escritor, porque pensaba que de esa manera iban a ser más amigos mis amigos. En mi caso personal, no pienso en un mundo de lectores, pero es una forma de ser más amigos, es establecer una conversación. Escribo todos los días por mi propio trabajo, por mí propia actividad. Este librito me llevo mucho tiempo escribirlo, hasta que los últimos tres años fueron de una gran intensidad diaria en la escritura. Y nace escribiendo aisladamente pequeños homenajes a señores y señoras de ciento y pico de años que después dije: "con esto debería hacer una novela", y se transformó en esa novela que quería escribir.

MP: Hay un caso policial, que al principio podemos entender y después terminamos perdidos... enamorados de los personajes que son de noventa, de cien años, que nos hacen acordar a viejos comunistas, o viejos en general.

CI: Hay mucha inteligencia británica y mucha inteligencia soviética y liberales colorados, hay comunistas... Hay un mundo allá que habitó los años 50 en una Puerto Vírgenes que, si querés, te concedo que es un espejo imaginario de un Piriápolis imaginario.

MP: Aparecen en cada capítulo personajes centenarios tan precisos y delicados... ¿Cómo los trabajaste?

CI: La novela está armada así. Arranca con una muerte y amaga a ser una cosa policial, después parece una novela de espionaje... Hay un cadáver, hay una investigación. Pero hay muchas cosas. Hay un periodista pobre que se va caliente de Montevideo a Puerto Vírgenes, enojado con la directora de un Portal que le hace una trampa espantosa y que toma la vocación para algún otro lado.

Pero hablando de los personajes y cómo se componen, nunca supe en realidad quién fue el asesino o la asesina de este William Beck. Es un espía que en algún momento viene a escribir sobre los trenes británicos y una empresa de fábrica de locomotoras que no se conoce, entonces se sospecha que es un espía británico en un lugar donde efectivamente hay marxistas, hay librepensadores.

Surge la pregunta, ¿qué hace la inteligencia británica en este lugar? Bueno, tenía algo que hacer. En realidad, en esa época estaban atentos a todo, los británicos. Todavía la CIA no tenía esa impronta y aparecen muchos años atrás en Cambridge cinco espías soviéticos instalados en el corazón de Inglaterra. Esos son reales, son jóvenes en aquella eclosión social que también que termina siendo discutible. Toda esa riqueza que me metí a investigar y a estudiar, me fue dando para crear este personaje que había sido compañero de ellos, por lo cual es de sospechar que no son espías o que puede ser un doble espía.

Son los personajes a los cuales Amanda Beck, la nieta de William Beck, investiga junto con Sergio Arrantes y cinco o seis más del pueblo, que se meten en el medio de una cierta intelectualidad política, literaria, plástica. El resto de los que componen el equipo que acompaña la investigación van a buscar a estos viejos y estas viejas maravillosas de las cuales te vas enamorando.

Yo, como escritor, no los quería largar. Es más, los voy a retomar. Algunos se me murieron en camino. Con ciento y pico de años era hora de que se murieran. Pero otros siguen vivos y los tengo que retomar. Algunos personajes son reales y están inspirados en personajes reales. Hay casos en los cuales tomo diálogos que escuché. Cuando empecé a escribir los homenajes que derivaron esta novela, mi pensamiento era ¿cuál sería mi conversación de con esta gente que dejé de ver cuando tenía 30 o 40? ¿De qué hablaría? ¿Cómo verían ellos el mundo? ¿Qué pensarían de lo que pasó después que ellos desaparecieron? Es una cosa a la cual me tuve que enfrentar: un mundo con el advenimiento de la tecnología de una revolución tecnológica, pero un mundo al que se le cayó el muro de Berlín, un mundo inesperado para muchos de ellos.

Hay dos o tres personajes que son lo más parecido a la realidad, pero después hay otro montón que son mezclas de personajes y diálogos que alguna vez tuve con ellas o con ellos. En general mi forma de pensar, mi forma de ver el mundo, mi forma de interesarme por las cosas del mundo ha tenido mucho que ver con mis mayores.

MP: Eso se nota, porque es una especie de homenaje constante a la gente mayor. El respeto con que se les trata, sus habilidades, sus memorias con sus recuerdos está presente en todo libro. Valen la pena, vale la pena lo que tienen para decir, vale la pena lo que vivieron.

CI: Uno llega una época de la vida que también empieza a pensar. Esperé tanto tiempo porque quería sincronizar mis intereses sobre la temática con lo que consideraba mi capacidad literaria para poder escribir. Por eso esperé. Nunca paré de describir, pero en un momento todo se sincronizó.

Tiene que ver con mis mayores, tiene que ver con la memoria. Pero no en la memoria afectada por la desmemoria. Sino en qué consiste la memoria. Esta gente lo dice forma permanente. Es una superposición de vacíos. No importa ya lo que es la realidad o lo que existió, lo que no existió, lo que tomó parte de mi fantasía con lo que formó parte de la realidad. Esas superposiciones son las que nos van construyendo, la que me construyeron a mí como escritor y la que los construyen en la vida real. Es una visión poco científica del asunto, pero creo que el mundo es así. Creo en el mundo de la ciencia, pero creo en un mundo poco científico también.

MP: Es un mundo sin verdad.

CI: Exactamente. La búsqueda de un hecho y de lo que sucedió en ese libro que aparentemente termina apareciendo un culpable, pero es secundario. Sucedieron otras cosas alrededor que fueron verdad y que esto fue una consecuencia, muertos hay siempre.

Desde el momento en que somos engendrados tenemos una condena arriba que la muerte y ese momento final, es el momento más doloroso para el resto de quienes permanecen vivos.

Sergio Arrantes y Amanda Beck, que son quienes andan hurgando por ahí, encontraron la posibilidad de estar en Puerto Vírgenes, donde no se sabe por qué, si por imperio del salitre duro, de los inviernos vacíos, de la de los aromas de mar, existe la longevidad. O tal vez la posibilidad de que no estén vivos y que en realidad ellos hablan con gente que ha permanecido en la memoria y en el corazón de ese lugar que se llama Puerto Vírgenes. Pero son los que les dan los datos para que investiguen y para que puedan llegar a eso que es la verdad de alguien que mató sin haber querido matar.

MP: Al final la verdad ya no nos importa. Ahora la pregunta es ¿trilogía?

CI: Se transforma en una trilogía porque este libro tiene 300 páginas y tenía más de 400. Pero una amiga, enorme lectora que me dio una crítica despiadada de esas que necesitamos cuando esto se hace en soledad, me dijo "a esto le sobran 100 páginas". Como dicen los escritores consumados "la tijera es la parte más importante del escritor" y le saqué 150 páginas. Y me pregunté: ¿qué hago con esto? Pues, otro libro. Hay una cosa linda, muy interesante.

Hay una novela de Philip Roth que se llama "La gran novela americana", que nunca terminé de leer, pero me interesó mucho su arranque. Es un escritor con Hemingway y una muchacha en un bote, que estaban pescando. Y en ese juego perverso de Hemingway de quién era el más macho empieza un debate sobre quién va a escribir la gran novela americana. Y me empezó a divertir la idea de que en realidad esto se trataba de decir "voy a escribir la gran novela uruguaya". Pero no por lo buena o por la intensidad. Tengo que escribir una especie de saga que vaya atravesando y generando superposiciones temporales. Era lo que quería hacer.

Esta novela arranca en los años 50, pasa por ahí por los años setenta y llega a la contemporaneidad. La segunda tiene que arrancar en el sitio de Montevideo, y me fui al sitio de Montevideo y empecé a atravesar, me clavé en los años setenta y llegué a la contemporaneidad. Y la tercera será el año 2040 o 2050, y tiene que ver con una trilogía que aparece en el libro de un escritor que es en los años 70 escribe una trilogía. Termina muerto, porque creó la teoría que habla sobre el momento que está viviendo el país y el gobierno militar de entonces, la dictadura, no le preocupa que el denuncie torturas; lo que más le duele a la dictadura es cuando él habla de un futuro sin dictadura. Es una ficción política sin un ápice de panfleto.

Esto debería seguir la línea de este escritor que inventé, que termina muerto en la tortura. Le hacen decir que el Partido Comunista le financió para distribuir esa trilogía y él dice en la tortura que sí, y después cuando va a ser procesado por la justicia militar dice que lo habían torturado para decir esto y se van a la puta que lo parió. Y dije: tengo que hacerlo trilogía y escribir sobre esa ficción para homenajear a este escritor de ficción con algún matiz de la realidad, pero que no es un personaje real.

"La memoria obstinada de Puertos Vírgenes", de Claudio Invernizzi
Editorial Estuario

El experiodista Sergio Arrantes abandona Montevideo tras caer en una trampa puesta por la directora del medio en que trabajaba. Burlado y con el ego herido busca refugio en la vieja casa familiar de Puerto Vírgenes, donde a poco de llegar es contratado para investigar el asesinato del "muerto de las rocas", una de las tantas historias de aquel lugar.

Amanda Beck, nieta del culto, enigmático y muy inglés William Beck, necesita ponerles nombre a los responsables de aquel asesinato de los años cincuenta en Uruguay. Un hombre que llegó con el supuesto objetivo de escribir la historia de los trenes británicos en estas tierras, o eso se decía. ¿Fue un crimen político? Los rumores se instauran y la duda sucumbe.

Personajes enraizados entre los cerros de Puerto Vírgenes ayudarán a armar, a través de una inusual y prodigiosa memoria colectiva, este rompecabezas.

Una historia con espías que sin embargo no es una novela de espionaje. Se trata de develar un asesinato, pero no es un libro de ficción criminal. Una narración cuyo argumento, provocativo e inquietante, pareciera servir de excusa para recrear un mundo con vida propia y reflexionar sobre la memoria, la ternura, los fracasos y la muerte.

Montevideo Portal