Leer Abadón [La desglobalización y los monstruos que se incuban en las grietas, Planeta, 2017], de Claudio Fantini* es necesario. Allí están explicados la mayoría de los conflictos que perturban al mundo de hoy. Desde Trump hasta Cristina, el Isis y Siria, la corrupción y las fracturas de las sociedades. Fantini intenta que su trabajo sea una "medicina" para que las sociedades que aún no están infectadas por el odio político, como Uruguay, "puedan restablecer la salud de la tolerancia y el pluralismo". Ojalá estemos a la altura.

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Abadón puede ser perfectamente un libro de historia, pero tiene objetivos más ambiciosos...


Lo que anhelé personalmente al escribir Abadón, que es un libro que describe esta instancia del mundo, esta instancia de la historia mundial en la cual las sociedades se están partiendo y se están generando liderazgos demagógicos que hacen enfrentar a unos con otros y crean tensiones internas y externas, el anhelo, la esperanza, es que el libro sirva para que las sociedades que han sufrido y que todavía no pueden salir de esas grietas monstruosas, como la Argentina, mi país, puedan superar, puedan concientizar lo que significa como método el populismo, que no es una ideología, por lo tanto no es de izquierda o de derecha. El populismo es de izquierda y es de derecha: es un método de construcción de poder. Lo que espero es que sociedades como la Argentina, como la venezolana, puedan superar esas grietas y que sociedades como la uruguaya, que no la han sufrido en la medida que la sufrieron venezolanos y argentinos, no caigan en esa situación. Sepan evitar que su sociedad se parta y que la dirigencia demagógica de izquierda o de derecha incube odio político que ponga a unos contra otros.


Hablás de todo el mundo y de cómo llegamos a él...


Abadón tiene dos partes: en la primera hay una teoría de la Historia donde yo parto de lo que considero la primera metáfora del Contrato Social que es Moisés y los 10 Mandamientos, y cierro en la última gran filosofía contractualista que es la del filósofo Jhon Rawls. La primera parte es una suerte de Tratado de Historia. La segunda es un álbum de postales donde trato de retratar todos los engendros que se producen y se incuban en las grietas. Los engendros políticos, demagogos como Donald Trump, la ultra derecha europea, fenómenos como el Brexit, el populismo que en Latinoamérica se genera en la izquierda: el chavismo, el kirchnerismo. Pero también describo otros monstruos que se engendran en las grietas, aún peores como el caso de Isis, que es el arribo del terrorismo a escala de la ostentación de la crueldad.

El mundo ya conocía la crueldad, hubo regímenes crueles, hubo terrorismos crueles, hubo crueldad de todo tipo en la Historia Mundial. Lo que nunca había habido es la ostentación de la crueldad y ese es el rasgo de Isis. Registra en videos decapitaciones, que son arrancamientos de cabezas. Arrancan cabezas, lo registran en un video y se lo muestran al mundo, así como le muestran al mundo cómo queman viva a una persona adentro de una jaula o cómo ahogan a otras personas. Eso es el fenómeno que la historia, la política, la sociología tiene que analizar en profundidad. Por qué en esta etapa de la historia, la crueldad se ostenta y se muestra en una suerte de monstruoso reality show.

 

Vos contextualizás todo eso.

Claro, yo explico la historia de Isis. Cómo nace de Al Qaeda y cómo Al Qaeda ya era parte de una guerra civil del Islam que derivó en otra. Al Qaeda fue el último conflicto dentro de la religión musulmana entre los religiosos y los seculares y luego es reemplazada por Isis y marca la etapa en que se trata también del supremacismo sunita contra el chiismo. Es como si los católicos volvieran a sus largas guerras contra los protestantes.

 

Cuando llegamos a América Latina no tenés reparo en catalogar a Venezuela como una dictadura y a referirte a la tibia respuesta de los vecinos hacia el pueblo venezolano.

Hay varias explicaciones a esa tardía reacción. Primero es que el chavismo intentó tener un ropaje democrático. Ahora directamente se despoja de ese ropaje democrático y se viste de dictadura. Hoy se practicó lo que yo llamo la vasectomía legislativa. Hoy el Poder legislativo está, hay un congreso, la Asamblea Nacional está abierta, los diputados pueden ir, sentarse en sus bancas, debatir, pero si sacan una ley no va a entrar en vigencia. Eso es una vasectomía, es infértil. Ahora está haciendo la vasectomía electoral. Primero suspende las elecciones, luego proscribe a los candidatos. El último proscripto es Henrique Capriles que era el más moderado, y así el régimen se despoja totalmente de su ropaje democrático.

En parte por eso la reacción fue tardía. Hubo una complicidad que también se compró con el petróleo de PdeVSA en muchos casos. Todos los países del Alba y la Alianza Bolivariana han tenido un subsidio petrolero que agradecían de ese modo. Y en el caso de América del Sur se cohibían. Una región donde hubo mucho intervencionismo, los países se cohíben en meterse en los asuntos de los vecinos. Pero a esta altura no meterse es ser cómplice.

En los ejemplos que ponés de Costa Rica o los aciertos en Chile, queda la sensación de que nada de eso puede pasar en Argentina.

Creo que la Argentina tiene una clase dirigente profundamente decadente, profundamente mediocre. El kirchnerismo, además de decadente, es un liderazgo megalómano que expresa una cultura autoritaria que instaló crear una autocracia al estilo chavista. Y la dirigencia opositora, en todo caso, no es tan autoritaria, pero no quiere decir que no tenga otros vicios horribles, que es lo que le permite una sociedad acostumbrada a tolerar la arbitrariedad. En Argentina, incluso este presidente, usa los fondos públicos para hacerse propaganda a sí mismo. Salen actuando en publicidades que pagan con los dineros de la sociedad y la sociedad se calla. Argentina tolera la arbitrariedad hasta que llega a la crisis económica total. Ahí se vuelve insurrecta y voltea los propios gobernantes. Yo miro con envidia a la clase dirigente uruguaya. Tanto en la derecha como en la izquierda, me parece que la clase dirigente uruguaya es muy superior.

 

Por eso ponés lo que pasaba en los primeros de marzo: cuando asume Tabaré Vázquez y cuando Cristina rechaza la asunción de Macri.

Le dedico un capítulo a eso. La asunción de Tabaré Vázquez fue un acto cívico. Le habla a toda la sociedad. En Argentina todo lo contrario: fue una liturgia kirchernista. Una monarca encabezando la egocracia. Un término que usó el politólogo argentino José Nun, un sistema en el cual el poder, el kratos, está depositado en el ego del gobernante. Es la monarca egócrata Cristina. Todos los actos están convertidos en escenario para que ella haga sus actuaciones megalómanas. Eso en Uruguay nunca ha sucedido. Tienen una clase dirigente mucho más decente, mucho menos arbitraria que tiene la Argentina.

 

¿Cuál es la raíz de ese problema? ¿El peronismo?


Yo no creo a los analistas que culpan al peronismo. El peronismo es una expresión de una decadencia que es mucho más antigua. Si se quiere Juan José Sebreli, en uno de sus libros, lo sitúa en una etapa previa. Cuando Juan B. Justo funda el Partido Socialista argentino, hace un discurso fundacional en el que dice que hemos creado el partido de la izquierda y ahora falta que la clase alta cree un partido conservador para poder establecer el equilibrio por el que transite nuestra historia. Y nunca nació el otro partido. Nacieron dos partidos con naturaleza hegemónica: el radicalismo y el peronismo. Creo claramente que en la Argentina, como en el grueso de Latinoamérica con las excepciones de Uruguay, Costa Rica y Chile después de Pinochet, predomina la cultura política autoritaria.

 

¿Pensás que con Abadón, Argentina puede reflexionar sobre su historia?

No sería tan optimista. En todo caso uno tiene que describir un escenario bastante dantesco como el mundo en estos días, caracterizado por sociedades divididas, engendrando liderazgos demagógicos y extremistas. Un mundo donde predomina la cultura autoritaria por sobre la cultura liberal, uno lo escribe creyendo que este es un momento de la historia. Lo que es importante en el momento, y a eso apuesta mi libro es a entenderlo, a decodificarlo y tratar de que la política actúe en consecuencia contra los males del momento y que las sociedades aprendan a protegerse. No soy apocalíptico. Creo que este es un momento que hay que describir y que hay que entender, pero creo que el futuro no va a ser tan negro como esta etapa.

 

¿Cristina va a ir presa?


A mí me da un poco de miedo esa posibilidad. Creo que el kirchnerismo está trabajando para que en Argentina estalle una guerra civil. No lo digo yo, lo dicen ellos. Cristina no va a esperar que la declaren culpable para tratar de patear el tablero de la democracia. Se está trabajando para que Macri presione para que le den impunidad, lo cual no es fácil, porque dejó huellas digitales por todos lados. Es un aparato de corrupción que no resiste. Ni siquiera fueron muy sofisticados. Leyeron "Lavado de dinero 1". Está todo a la vista. Yo desearía que no vaya presa. Creo que tiene que ser declarada culpable. La prisión sería positiva si la Argentina levanta vuelo, pero si sigue estancada como hasta ahora, que encarcelen a Cristina puede ser muy peligroso.

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Claudio Fantini es politólogo y periodista. Es columnista de la revista Noticias de Argentina y del diario El País, de Uruguay. Sus artículos aparecen también en el periódico La Vanguardia, del Partido Socialista de Argentina y en el diario cordobés La Voz del Interior.
Es analista político en Radio Sarandí, de Uruguay, y en las emisoras argentinas Radio Universidad del Litoral, de Santa Fe, y Radio Mitre, en Córdoba, Ha dirigido diarios, revistas y radios. Fue profesor en universidades privadas de Córdoba y de Buenos Aires. Actualmente es profesor y mentor en Ciencia Política en la Universidad Siglo 21. Ha publicado los libros Crónicas de Fin de SigloDioses de la GuerraInfalible y AbsolutoLa Sombra del FanatismoEl componente Monárquico y La Gravedad del Silencio. Abadón. La desglobalización y los monstruos que se incuban en las grietas es su último trabajo.