Contenido creado por María Noel Dominguez
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Cerro de la Buena Vista: mirador natural entre Valizas y Cabo Polonio

Entre dunas, mar y legado indígena, este cerro es uno de los grandes atractivos de la costa este.

26.12.2025 08:45

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2025-12-26T08:45:00-03:00
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En el departamento de Rocha, se levanta uno de los paisajes más emblemáticos del litoral atlántico: el Cerro de la Buena Vista. Ubicado entre Barra de Valizas y Cabo Polonio, es el punto más elevado del sistema dunar costero, y su nombre anticipa lo que ofrece: una de las vistas más espectaculares del país.

Desde su cima se puede apreciar un vasto horizonte que incluye las islas Castillo Grande y Seca, las playas oceánicas, la silueta del Cabo Polonio, la Laguna de Castillos, el Arroyo Valizas y el trazado del pueblo, todo enmarcado por un entorno natural que cambia con la luz del día y las estaciones.

Un entorno singular y biodiverso
El Cerro de la Buena Vista no solo destaca por su altura, sino también por su entorno semidesértico, modelado por el viento y el tiempo. Las formaciones rocosas, de aspecto extraño y erosionado, conviven con vegetación psamófila (adaptada a suelos arenosos) y una rica avifauna, lo que lo convierte en un sitio de interés para caminantes, fotógrafos y amantes de la naturaleza.

Un sitio con huellas del pasado
Más allá de su valor paisajístico, el cerro conserva una dimensión histórica profunda. Fue un sitio frecuentado por pueblos indígenas que utilizaban las piedras del lugar para fabricar herramientas de caza. Además, en su base se ubicó uno de los marcos de frontera del tratado de 1750 entre los imperios español y portugués. Tallado en mármol rústico en Lisboa, ese hito fue parte del primer intento de delimitar políticamente el territorio. Su pieza principal hoy se conserva en la Fortaleza de Santa Teresa.

Un recorrido imprescindible en Rocha
La caminata desde Valizas hacia el cerro y Cabo Polonio es una de las travesías más valoradas del turismo de naturaleza en Uruguay. Requiere buena condición física y respeto por el entorno, dado que atraviesa ecosistemas frágiles. La experiencia, sin embargo, recompensa con creces: es una inmersión total en uno de los paisajes más puros y simbólicos del país.