En la mañana del 15 de setiembre de 1977, los vecinos de La Pedrera se despertaron con una postal inesperada: un enorme barco encallado frente a la costa. Se trataba del Cathay VIII, un buque pesquero taiwanés que, tras sufrir una falla mecánica en medio de un fuerte temporal, terminó varado a escasos metros de la peligrosa punta rocosa del balneario rochense.
El barco, de bandera china y con 21 tripulantes a bordo, se dirigía al Atlántico Sur cuando quedó a la deriva. El mar lo empujó hasta encallarlo suavemente sobre la arena, inclinado levemente hacia estribor. Afortunadamente, no hubo víctimas, y todos los tripulantes fueron auxiliados por vecinos de la zona, quienes los alojaron y alimentaron durante su espera por ser repatriados.
Un rescate frustrado
Durante varios meses, se intentó rescatar al Cathay VIII. La Armada Uruguaya intervino con el tenderredes Huracán, y también el remolcador Lavalleja, que trabajó incluso la noche del 24 de diciembre. Sin embargo, el operativo fracasó: el barco estaba demasiado incrustado en la arena y el peso jugaba en contra.
Con el paso del tiempo, se intentó desguazarlo parcialmente, pero las olas y el salitre hicieron lo suyo. Hoy solo queda visible una parte del pañol de proa, como testimonio oxidado de aquella historia.
Un ícono del balneario
El lugar donde encalló el barco se conoce hoy como la playa del Barco, y los restos del Cathay VIII se han convertido en un ícono local y atractivo turístico. Cada verano, cientos de visitantes caminan por la playa hasta llegar a los restos de hierro que emergen del arenal como si el naufragio hubiera ocurrido ayer.
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