Después de años lejos de Uruguay, Carolina Sendic regresó con una historia personal que decidió transformar en libro. No es una biografía política ni una reconstrucción histórica en sentido clásico, sino una mirada íntima sobre Raúl Sendic: el padre, el hombre austero, el que acompañaba, enseñaba y escribía cartas desde la cárcel.

El texto se construye a partir de recuerdos, viajes compartidos, poemas, cartas inéditas y escenas cotidianas que permiten completar una figura pública muchas veces atrapada en su dimensión política. “Quise rescatar esa otra parte”, dice, en referencia a ese universo familiar menos visible.

Radicada en París desde hace años y dedicada al arte y la formación en pilates, Sendic comenzó a escribir durante la pandemia, pero fue en una residencia en Ardèche, en Francia —un lugar ligado a su historia con su padre—, donde el libro tomó forma definitiva.

El resultado es también, según cuenta, un intento de unión: entre hermanos, entre generaciones y entre lectores que puedan reconocerse en una relación universal, la de un padre y una hija atravesada por el afecto, la enseñanza y la memoria.

¿Hace cuánto que no estabas por Uruguay y qué sentiste al volver?
—En realidad hace un año, porque el año pasado tuve que venir por problemas familiares. Hacía más o menos un año, pero antes de eso había estado 15 años sin venir por aquí. Y cuando volví vi un Uruguay mucho más limpio, con pequeños progresos, por supuesto. Fue un regreso muy particular, porque también estuvo atravesado por razones personales y por todo lo que implicaba reencontrarme con este país después de tanto tiempo.

El libro

Yo tenía 15 años. Quince años aguardando, sin saberlo, esa noticia; esperándola sin esperar. Por eso, cuando partí con aquellos dos extraños rumbo al encuentro de mi padre, no sentí júbilo ni temor, sino una calma profunda y extraña, como si todo ya estuviera escrito, como si cada paso me hubiera sido marcado desde antes. Era el 22 de noviembre de 1985.

Así comienza el relato de un reencuentro: el de una hija adolescente con un padre recién liberado después de 13 años de prisión y tortura como rehén de la dictadura uruguaya.

Desde Cuba, Francia, Suiza y Uruguay, la narración de Carolina Sendic nos va revelando a su padre a través de lo cotidiano y en su lado más humano: el hombre austero y curioso, de humor singular y profunda ternura, que aprende sobre la marcha los pormenores de la paternidad después de tantos años de ausencia. La historia política funciona como telón de fondo de una experiencia profundamente íntima: la construcción de un vínculo marcado por caminatas, conversaciones, silencios, cuidados y afectos compartidos.

El texto se enriquece con testimonios de quienes lo conocieron y acompañaron —Guillermo Chifflet, Henry Engler, Mario Benedetti y Eduardo Galeano, entre otros—, y con un fascinante conjunto de fotografías y cartas inéditas. En palabras de Samuel Blixen: “El libro construye otro Sendic, que completa el que conocemos y que lo perfecciona en otro costado de su conocida humanidad. Ese Bebe imprevisto emerge del relato cuando padre e hija se abandonan, sin prisas y sin apuros, al rescate de una vivencia que debía haber comenzado quince años antes y que el destino interrumpiría muy poco después”.

Así, estas páginas rescatan a un hombre alejado del bronce de su leyenda —vulnerable y coherente, dulce y astuto, exigente y reflexivo— para tejer una historia acerca de la memoria, la dignidad, la resistencia sin odio y la posibilidad de reconstruir lazos después del horror.