¿Existió realmente o es una leyenda? El escritor Diego Fischer reconstruye el Montevideo de los siglos XVIII y XIX a partir de documentos recopilados en bibliotecas y archivos históricos para arrojar algo de luz sobre este asunto en su última obra, Carlota Ferreira, retrato de una mujer que se inventó (Penguin Random House).
La protagonista, de alta alcurnia, brazos recios, tez blanquecina y alrededor de 50 años en el momento en el que Blanes la plasmó en Retrato de Doña Carlota Ferreira, "no era hermosa", pese a lo distinto de los estándares de belleza del momento, pero sí una mujer que "despertaba enormes pasiones" por su audacia, apuntó Fischer en entrevista con Efe.
"En un tiempo en el que el sexo era algo prohibido y visto como un pecado, ella seducía y tomaba la delantera en sus encuentros sexuales. Rompió los cánones y quiso tener un papel protagonista en el Montevideo de la época a base de escándalos", aseveró el escritor.
Según explica, Montevideo en aquella época se movía en un constante estado de beligerancia y con una sociedad "muy cerrada" en la que la protagonista de su obra desafiaba a sus coetáneos acudiendo a los actos públicos de las altas esferas con vestidos llamativos y desatendiendo muchas de las convenciones morales asentadas.
"Solo el hecho de ser una mujer de la que todo Montevideo hablaba es una muestra de su temperamento y su carácter provocador", destaca sobre la figura central de su novela.
Ser retratado por Blanes en aquel Uruguay revelaba un estatus social elevado.
Si bien en un principio el encargo de Ferreira fue uno más para el pintor, finalmente se convirtió en una intrincada historia de pasión y traición que pasó al imaginario del arte del país en forma de leyenda alimentada por la falta de información sobre Carlota.
Ferreira y Blanes -un tipo de carácter rudo y no muy amigable según Fischer- mantuvieron la relación durante alrededor de un año y medio hasta que ella huyó con uno de los hijos del artista, Nicanor Blanes, mucho más joven y con quien finalmente se casó.
Para el aclamado pintor, aquel suceso fue otro más de su alargada lista de penurias, la cual culminó con la muerte de uno de sus hijos -Juan Luis- en un accidente de tránsito.
El matrimonio de Nicanor y Carlota terminó, y el vástago de Blanes, afectado, decidió huir a Italia, hasta donde su padre lo siguió en un intento de recuperar la relación con su hijo.
Hasta aquí, esta es la historia que más o menos maneja la gente sobre la relación entre Blanes y Ferreira, que se mueve en un terreno a medio camino entre la realidad y el mito y donde se duda de la existencia real de una mujer que protagonizó el considerado como el mejor retrato pintado por Blanes.
"La historia de Uruguay ha sido contada de una forma hemipléjica. No soy historiador, pero como periodista trato de aportar, en base a documentos y a una investigación responsable y seria, para que cada uno obtenga su propia mirada", resaltó Fischer.
En este caso, el lector puede despejar la duda y descubrir realmente si Carlota Ferreira existió realmente o si su figura forma parte de la leyenda que acompaña a uno de los cuadros más icónicos de la pintura uruguaya.
Fuente. EFE
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]