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La británica Joy Lofthouse tiene 92 años, y como todas las mujeres de su generación, su vida está marcada a fuego por la Segunda Guerra Mundial. Pero su experiencia fue distinta a la de la mayoría.
Ella fue una de las pocas mujeres -164, para ser exactos- a las que se les permitió integrar el plantel de pilotos de los Servicios Auxiliares de Transporte Aéreo. Estas mujeres no se empeñaron en combate, ya que su principal cometido era pilotar los aviones desde las fábricas a los aeródromos, o entre distintas bases militares.
Esta misión era más compleja de lo que puede parecer, ya que debían demostrar idoneidad para manejar hasta 38 modelos de aeroplanos.
En diálogo con la cadena BBC, Joy recuerda haberse enrolado en los servicios en 1943 junto a su hermana mayor, Yvonne, luego de ver un anuncio en una revista de vuelo.
Ambas lograron su cometido de ser pilotos durante la guerra. Luego del fin de la conflagración, Joy se casó y fue maestra de escuela primaria. En la actualidad, es viuda y ya no ejerce su profesión.
El pasado jueves, Joy fue invitada a la academia de vuelo Boultbee, en Chichester, donde cumplió uno de sus sueños: tener una nueva oportunidad de pilotear un Spitfire.
La elección del modelo no fue casual, ya que el caza Spitfire es uno de los íconos británicos de la Segunda Guerra Mundial. A su ductilidad, velocidad y avanzada tecnología, se atribuye en buena medida el triunfo de la Royal Air Force ante la Luftwaffe alemana en la Batalla de Inglaterra, donde los germanos contaban con mayor número de aparatos.
Además, el Spitfire era el favorito de los pilotos, que lo preferían sobre el confiable pero algo rústico Hurricane, al punto de que solía decirse que era un avión que "giraba con sólo pensarlo".
A 70 años del fin de la guerra en Europa, Joy concuerda con esos pilotos. "El Spitfire es un aeroplano maravilloso, es lo más parecido a volar con alas propias", afirma.
"Fue increíble estar en un Spitfire de nuevo después de tanto tiempo. Soy muy afortunada al tener esta oportunidad de volar de nuevo. Es difícil describir la sensación", dijo una vez que puso pie en tierra, agregando que "la única diferencia fue poder usar la radio".
En efecto, durante la guerra se evitaba el uso de este medio de comunicación para evitar ser detectado por el enemigo. Además, resaltó que si bien los vuelos de las mujeres no eran de combate, no por eso dejaron de correr peligro.
"Volábamos en todas la condiciones atmosféricas, y más de una vez sentí que había perdido una de mis siete vidas", recuerda con humor.
En cuanto al trato por parte de sus colegas masculinos, Joy no recuerda discriminación alguna. 'Una vez que estábamos dentro, no había discriminación sexual. De hecho, creo que esas palabras no se habían inventado entonces", cuenta.
Tras aterrizar, describió el vuelo como "perfecto y maravilloso".
"Me hizo sentir más joven", concluyó.
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