En 1923, Jorge Luis Borges todavía no había desglosado su talento en forma de ensayos, cuentos, teorías fantásticas o pensamientos literariamente matemáticos. Se estrenaba con poemas que cantaban a aquella capital que había dejado cuando era un adolescente en 1914, y este viernes se presentó en el Instituto Cervantes de Nueva York una edición de gran formato, para coleccionistas, con ilustraciones de Pablo Riacioppi de ese debut.
"Su relación con Buenos Aires va cambiando. Primero la manera de ver esa ciudad que recuerda, esa ciudad que ya no es", explica en una entrevista con Efe María Kodama, su viuda.
"A mitad más o menos de su vida, escribe de esa ciudad de esa manera terrible. 'No nos une el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto'. El amor es más fuerte que lo negativo. Se acepta lo negativo como algo del destino", prosigue.
Y "al final de su vida, decía: 'Posiblemente el obelisco sea talado, pero eso no importa. Lo que va a continuar de esa ciudad va a ser que siempre algún poeta, aun talado el obelisco, seguirá cantándola", recuerda Kodama sobre el autor de "El Aleph".
"Fervor de Buenos Aires" proponía paseos por el cementerio de La Recoleta o la plaza de San Martín, aunque también por recovecos sin nombre, rincones olvidados o quizá imaginados por un autor que escribió: "Las calles de Buenos Aires / ya son mi entraña / No las ávidas calles / incómodas de turba y de ajetreo / sino las calles desganadas del barrio / casi invisibles de habituales".
Borges (1899-1986) se formó en Europa y está enterrado en Ginebra (Suiza), pero volvía a su ciudad y sentía: "Mis manos han tocado árboles / como quien acaricia a alguien que duerme / y he repetido antiguos cominos / como si recobrara un verso olvidado".
En esta primera obra se veían ya los indicios de una prolífica carrera que le convirtió en uno de los grandes pensadores y escritores del siglo XX, y Borges tenía a este "Fervor de Buenos Aires" por un entrañable primogénito.
"La miraba siempre con mucho cariño. Había sido su primer libro, y desde la primera edición hasta la última, siempre cambiaba, corregía, corregía y corregía todo el tiempo. Como las arenas del desierto, en permanente movimiento", relata Kodama.
Por eso, este libro podría servir para cerrar la polémica que ha perseguido siempre a Borges por la supuesta "traición a la patria" que supuso que fuera enterrado en Ginebra.
"La polémica la arman los otros. La gente siempre piensa que algo se hace en contra de. Pero para él Buenos Aires era su patria. Si hubiera sido griego, que tomaban el nombre de la ciudad como apellido, sería Borges de Buenos Aires", concluye su viuda.
Fuente. EFE
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