Abrís la puerta para recibir un paquete y sale disparado. Alguien deja el portón apenas abierto y desaparece. Lo soltás durante un paseo pensando que esta vez responderá cuando lo llames y, en cuestión de segundos, está demasiado lejos.

Hay perros que parecen estar esperando permanentemente una oportunidad para escapar. Y cuando ocurre una y otra vez puede convertirse no solamente en un problema de convivencia, sino en un verdadero riesgo: pueden perderse, sufrir un accidente de tránsito, enfrentarse con otros animales o terminar a kilómetros de su casa.

Pero ¿por qué algunos perros se escapan constantemente? Y, sobre todo, ¿qué se puede hacer para evitarlo?

Lo primero es entender que un perro que sale corriendo de casa no necesariamente está intentando “abandonar” a su familia. Detrás de esa conducta puede haber desde curiosidad y exceso de energía hasta miedo, ansiedad, estímulos sexuales o simplemente una oportunidad demasiado tentadora para explorar.

Primero: descubrir por qué se escapa

No existe una única explicación. Observar qué sucede inmediatamente antes de cada fuga puede aportar pistas importantes.

Un perro que pasa muchas horas sin actividad puede buscar afuera los estímulos que no encuentra en casa. Los paseos demasiado cortos o una rutina con poco ejercicio físico y mental también pueden favorecer la conducta exploratoria.

En otros casos, el detonante puede ser el miedo. Fuegos artificiales, tormentas, obras, bocinas y otros ruidos intensos pueden provocar que un animal intente huir sin siquiera tener un destino.

También puede existir un fuerte impulso por perseguir algo que vio, escuchó u olió: otro perro, un gato, un pájaro o cualquier estímulo que despierte su instinto de persecución.

En animales no castrados pueden intervenir además factores reproductivos, especialmente ante la presencia cercana de otro perro en celo.

Identificar el patrón importa porque impedir físicamente la salida puede evitar una fuga concreta, pero no necesariamente resolver aquello que la está provocando.

¿Qué hacer si sale corriendo?

La reacción instintiva suele ser correr detrás del perro mientras se grita su nombre. Sin embargo, perseguirlo puede producir exactamente el efecto contrario al deseado.

Algunos perros pueden interpretar la persecución como un juego y continuar corriendo. En otros casos, los gritos o una actitud amenazante pueden hacer que eviten acercarse.

Una alternativa es intentar captar su atención y alejarse en dirección contraria, utilizando una voz alegre o un estímulo que el animal asocie con algo positivo, como un juguete o una recompensa.

Si finalmente regresa, castigarlo puede ser contraproducente. El perro podría terminar asociando el hecho de volver con una experiencia negativa, haciendo más difícil conseguir que responda al llamado la próxima vez.

El objetivo es que regresar junto a su persona siempre resulte más atractivo que seguir alejándose.

La llamada se entrena

Que un perro conozca su nombre no significa que tenga entrenada una buena respuesta al llamado.

El aprendizaje debe comenzar en lugares tranquilos y controlados, premiando al animal cada vez que acude cuando se lo llama. Luego pueden incorporarse progresivamente distracciones y mayores distancias.

Una correa larga puede servir para practicar al aire libre sin correr el riesgo de que el perro tenga realmente la posibilidad de escapar.

Además, conviene evitar utilizar el llamado únicamente para terminar experiencias que disfruta. Si cada vez que escucha “vení” significa que termina el paseo, debe abandonar el parque o recibe un reto, acudir puede perder atractivo.

Llamarlo ocasionalmente, premiarlo y permitirle continuar explorando ayuda a que esa palabra no se transforme en sinónimo de “se terminó la diversión”.

Cansarlo no significa solamente hacerlo correr

Un perro necesita actividad física acorde a su edad, tamaño y estado de salud, pero también estimulación mental.

Los paseos en los que puede olfatear, explorar y conocer ambientes diferentes aportan estímulos que no siempre proporciona simplemente caminar varias cuadras rápidamente.

Juegos de búsqueda, juguetes interactivos, ejercicios de obediencia y pequeñas sesiones de entrenamiento también pueden ayudar a satisfacer esa necesidad.

Un perro con una rutina adecuada de actividad y enriquecimiento ambiental puede tener menos motivos para salir desesperadamente a buscar estímulos fuera de casa.

Revisar la casa también es parte de la solución

Si las fugas ocurren desde el hogar, hay que buscar el punto débil.

Portones que quedan abiertos, espacios debajo de cercas, tejidos demasiado bajos o puertas que pueden empujarse son oportunidades que algunos animales aprenden rápidamente a aprovechar.

También conviene establecer rutinas familiares: antes de abrir una puerta hacia la calle, por ejemplo, el perro puede aprender a permanecer en un lugar determinado hasta recibir una señal.

Las barreras físicas y el entrenamiento no son estrategias excluyentes. De hecho, deberían complementarse.

Identificación: imprescindible incluso si “nunca se escapa”

Ninguna medida preventiva es infalible. Por eso, la identificación del animal resulta fundamental.

Una chapita en el collar con un teléfono actualizado permite que alguien que encuentre al perro pueda contactar rápidamente a su familia. El microchip, cuando está disponible y correctamente registrado, aporta otra herramienta de identificación permanente.

También es útil mantener fotografías recientes del animal, especialmente aquellas en las que puedan verse características particulares que faciliten reconocerlo.

¿Y si se pierde?

Si el perro no regresa rápidamente, cuanto antes comience la búsqueda, mejor.

Conviene recorrer inicialmente la zona cercana, avisar a vecinos, veterinarias y refugios, y difundir fotografías claras junto con información concreta sobre dónde y cuándo fue visto por última vez y un teléfono de contacto.

Las redes sociales y grupos vecinales pueden ampliar considerablemente el alcance de la búsqueda, pero es importante actualizar las publicaciones cuando el animal aparece para evitar que información vieja siga circulando.

Cuando las fugas son repetidas, hay que mirar más allá de la puerta

Si un perro intenta escapar constantemente pese a los cambios en la rutina, el ejercicio y las medidas de seguridad, puede ser conveniente consultar con un veterinario y, según el caso, con un profesional especializado en comportamiento animal.

Una fuga repentina en un perro que nunca había mostrado esa conducta también merece atención, especialmente si aparece acompañada de otros cambios de comportamiento.

Porque cerrar mejor el portón es importante, pero no siempre alcanza.

La pregunta no debería ser solamente “¿cómo hago para que mi perro no se escape?”, sino también “¿por qué está intentando hacerlo?”.

Encontrar esa respuesta puede ser la diferencia entre pasar la vida persiguiéndolo cada vez que se abre una puerta y conseguir que, aunque tenga la oportunidad de salir, prefiera quedarse cerca.