El proyecto "Mimochi"-que no es casualidad suene tanto a "mochila" como a "mimo"- surgió en una charla de amigas hace dos años y se convirtió en un gran emprendimiento que crece continuamente. Gabriela Fleiss, Déborah Durlacher, Nathalie Macadar y Patricia Albojer, cuatro jóvenes mujeres uruguayas, logran también este año superar sus propias expectativas y entregar mochilas con todos los útiles necesarios a todos los niños de una escuela en Casavalle. Y esto, tienen claro, es sólo un paso en el camino.
Todos pueden aportar. Cada uno en la medida de sus posibilidades.
Esta entrevista, por lo tanto, no es sólo un relato sino también una invitación.
Se pueden contactar con el proyecto a través de Facebook, en la página Mimochi Uruguay, o por mail: [email protected]
P: Hace unos años, cuando ustedes lanzaron el proyecto Mimochi, la pimera entrevista fuera de la colectividad judía a la que ustedes pertenecen, fue aquí, en Montevideo Portal. Y vuelvo a pedirles que conversemos porque desde que empezaron con esto, el momento es siempre de cara al comienzo de clases. Se organizan para poder entregar mochilas con todos los útiles necesarios a niños de primaria. Empecemos pues por recordar de qué se trata, un resumen de lo que es Mimochi.
Nathalie Macadar: Mimochi es un proyecto solidario que busca entregar mochilas completas con útiles a niños que de otra forma no podrían empezar el año con lo necesario. Es un proyecto que surgió hace dos veranos de un grupo de amigas, todas madres, que teníamos ganas de hacer algo por la sociedad en que vivimos y vimos en este proyecto una oportunidad. La idea es que la gente preparare una mochila para donar junto a su familia o amigos -con los útiles que ya tenemos definidos- y la acerque a alguno de los puntos de recepción, para así contagiar el espíritu solidario.

P: ¿Cómo resumir lo que ya han logrado? ¿Cuánto creció Mimochi desde que comenzaron?
Gabriela Fleiss: El crecimiento del proyecto fue exponencial desde el momento en que lo comunicamos. En el 2017 empezamos pensando juntar mochilas para dos clases de una escuela y sólo el primer año juntamos 1400 mochilas. Fue increíble cómo se sumó la gente a la propuesta. Creemos que tiene que ver con la posibilidad de hacer una colaboración concreta. Pero por sobre todo, sentimos que es una oportunidad de enseñar valores solidarios en la familia, y mostrar así que uno puede hacer la diferencia.
Hemos logrado mucho. Quizás una de las cosas más importante es darnos cuenta de que una idea que surgió en una charla de amigas se convirtió en algo muy grande. Y claro que pensamos seguir en este camino de solidaridad que tan bien le hace a todos los involucrados: quienes dan y quienes reciben.
P: Este año el primer objetivo es la escuela número 350 en Casavalle. ¿Eso significa que se proponen entregar mochilas a todos los niños o algunos no necesitan?
Patricia Albojer: En este caso sí. Los 517 niños de la escuela recibirán su mochila. Cuando nos comunicamos con la directora, nos interiorizamos en la realidad de la escuela y entendimos que la gran mayoría de los niños se encontraban en situación de vulnerabilidad. Por eso resolvimos que todos ellos reciban este apoyo. Por lo general entregamos a toda la escuela o institución beneficiaria, pero ha habido algún caso en el que la institución nos dicen cuántos niños lo necesitan y les entregamos únicamente a ellos, así podemos llegar a las familias que realmente precisan la ayuda.
P: ¿Cómo funciona el sistema? Desde el comienzo...o sea, ante todo ¿en base a qué deciden en qué escuela concentrarse?
Patricia Albojer: Algunas de nosotras trabajamos en educación y tenemos relación con varias escuelas, ONGs, hogares y clubes de niños. Por lo tanto, con algunas de estas instituciones ya venimos trabajando desde hace un tiempo y por supuesto que recibimos sugerencias de inspectores y directores. También nos han llegado solicitudes directas de diferentes maestras muy comprometidas con la comunidad donde trabajan y que nos contagian su vocación, compromiso y esfuerzo.
P: ¿La escuela les da la lista de lo necesario?
Patricia Albojer: El primer año nos reunimos con maestras y directoras para confeccionar la lista de materiales imprescindibles, pero todos los años la renovamos de acuerdo a la experiencia y los comentarios que recibimos de las maestras.
P: Yo he visto varias fotos de lo que hacen, de las entregas de las mochilas, de los niños felices con sus mochilas nuevas y estoy segura que ustedes salen tan enriquecidas como los propios niños que se ilusionan con todo lo que reciben. ¿Es así?
Gabriela Fleiss: A nosotras nos desborda la alegría de ver las sonrisas de los niños y también de las personas que trabajan en las instituciones. Son momentos que nos quedan grabados. Cuando volvemos a ver las fotos de los años anteriores, nos emocionamos otra vez. Es impresionante la energía y el impacto positivo que tienen en nosotras las entregas.
P: Creo que todos recordamos la ilusión de los primeros días de clases, la alegría de tener los útiles nuevos, de forrar los cuadernos...ustedes lo viven con vuestros propios hijos pero también con estos niños. ¿Qué les dicen los niños? ¿Y los padres...las maestras?
Deborah Durlacher: Las caritas de los niños en cada entrega son invaluables. Los abrazos espontáneos que nos regalan, sus sonrisas. La sorpresa con que descubren por ejemplo que la cartuchera tiene goma o tijera, o la emoción de recibir un libro. Las anécdotas son muchas, las lágrimas de una madre agradecida porque su niño iba a comenzar las clases con un lápiz. Maestras superhéroes que son las que acercan el proyecto a la escuela, que día a día trabajan en condiciones que distan mucho de las deseables, y que encuentran en el proyecto un empujoncito para su gran trabajo. Una anécdota preciosa del año pasado: una noche, cuando llegué a casa después de haber trabajado todo el día, luego de haber entregado mochilas en una escuela a la mañana, noté que tenía mi camisa blanca casi negra. Lo atribuí a haber descargado el camión con cientos de mochilas, pero al rato me cayó la ficha de que no eran marcas de mochilas, sino huellas de manitos por los abrazos recibidos.
P: Qué belleza...Me imagino que vuestras casas están convertidas en cuarteles de operaciones. ¿Vuestros hijos ayudan?
Patricia Albojer: La verdad que sí. No podríamos decirlo de otra manera. ¡Son verdaderos cuarteles de operaciones! En cada rinconcito hay mochilas, materiales... y eso hace que este no sea un proyecto solamente nuestro sino de toda la familia, esposos e hijos, que son parte y participan del armado y del entusiasmo que implica esta movida de los últimos veranos.
Nosotras contamos con orgullo que nuestro hijos han sido abanderados de este proyecto en sus escuelas, con sus amigos, con vecinos... Nos emociona escucharlos hablar de Mimochi, de la solidaridad y de la importancia de colaborar con otros niños.
P: Vayamos a lo concreto para poder guiar a gente que quiera aportar. ¿Qué pasa si uno quiera donar pero no puede cubrir una mochila entera con todos los útiles?
Nathalie Macadar: La idea es que cada uno colabore con lo que pueda. Si no tienen la posibilidad de armar una mochila entera, se pueden juntar con otras personas para hacerlo, o si no donar los materiales que estén a su alcance. Todo es bienvenido porque todo suma.
P: ¿Se aceptan mochilas usadas, si están en buen estado?
Nathalie Macadar: Efectivamente, las mochilas no tiene que ser nuevas; pueden ser usadas, pero tienen que estar en buen estado para que el niño que la reciba pueda utilizarla y disfrutarla durante el año.
P: Todos conocemos la facilidad con que uno despotrica por los problemas del país, por lo que hay que mejorar, por carencias de todo tipo. Me atrevo a suponer que ustedes, que se topan justamente con gente buena que quiere aportar, tienen muchas cosas lindas para decir sobre la sociedad uruguaya. Recordemos que vuestra iniciativa no podría funcionar sin gente que responda, que quiera aportar. ¿Pueden compartir con los lectores algunas historias de esa linda faceta del país?
Gabriela Fleiss: La verdad que las anécdotas son muchísimas. Pero todas tienen que ver con la solidaridad espontánea de la gente. El año pasado necesitábamos más de 150 voluntarios para recibir mochilas y los conseguimos a través de las redes. Además muchas personas se comunican con nosotras para colaborar de diferentes maneras. El primer año, por ejemplo, una chica que hacía cupcakes nos ofreció hacernos uno por niño para una institución. Y vino con nosotras a entregarlos. Otra persona nos llamó para ofrecer su camioneta particular para hacer traslados, y nos vino bárbaro. Y por supuesto que está toda la gente y las empresas que colaboran con mochilas o siendo centros de recepción. Así que hemos comprobado que hay una cantidad enorme de personas solidarias, y eso es muy reconfortante.
P: En el judaísmo que ustedes y yo conocemos, hay un concepto llamado "Tikun Olam".Se refiere al esfuerzo que cada uno puede hacer para mejorar el mundo en el que vivimos. Tikun, en hebreo, es arreglar, corregir, y olam significa mundo. ¿Creen que con esto lo están cumpliendo?
Deborah Durlacher: Abrazamos la idea de que mejorar el mundo en que vivimos, no solamente está al alcance de todos, sino que es nuestro deber hacerlo. Si todos nos propusiéramos cada mañana hacer algo por nuestra sociedad, por quien tenemos al lado, sin importar cuán pequeña sea esta acción, el mundo sería un mejor lugar. Todos tenemos algo para dar, y somos unas convencidas de que un mundo mejor es posible y se construye entre todos. Ejercer el amor, la solidaridad, nos acerca a ese mundo más justo y perfecto. Mimochi es solo una pequeña acción que intenta contribuir a arreglar este mundo. Pero de pequeñas acciones se construye el todo.
P: ¿Algo más que quieran agregar?
Deborah Durlacher: Invitamos a todos a sumarse al proyecto. Queremos regalar un mimo y una mochila para TODOS los niños. Y para eso, los necesitamos. Solos, con amigos, en familia, con compañeros del gimnasio o del trabajo. Si tienen que armar las mochilas escolares en estos días, o cuando se sientan inundados de propaganda de vuelta a clases, sumen una mochila y un mimo para regalar.
P: Gracias mil. Les deseo juntar muchas mochilas, encender muchas caritas felices con sonrisas y seguir siempre con estas lindas ganas de hacer bien.
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