Javier Sierra (Teruel, 1975) comenzó su carrera literaria y mediática siendo un adolescente y de la mano de un tema muy en boga entonces: los ovnis.

Fue cofundador de la popular revista Año Cero, se especializó en el tema, viajó a congresos y fue denominado como "el Niño Prodigio de la Ufología".

Más adelante se decantó por otros temas, y ganó enorme celebridad gracias a sus novelas, que aúnan la el suspense y la Historia, abordando personajes o elementos enigmáticos que han intrigado a la humanidad desde antaño.

Su nueva novela, El fuego invisible, aborda de manera original un tópico largamente abordado -y a menudo manoseado- por la literatura y el cine: el Santo Grial.


El Premio Planeta otorga al ganador 601.000 euros en carácter de adelanto por derechos de autor, y en los últimos años había estado bastante relacionado al nombre de Sierra, aunque no por su voluntad.

"Yo llevaba diez años apareciendo en las quinielas del Premio Planeta, mi nombre siempre estaba entre los posibles ganadores y los periodistas lo hacían circular como rumor en las horas previas al fallo en cada edición, pero yo nunca me había presentado al premio", detallando que "sentía era una enorme frustración por despertar esa expectativa entre lectores y periodistas y no poder cumplir nunca con ella".

Por ello, tiempo atrás se prometió a sí mismo que "que cuando tuviera una novela que fuera los suficientemente buena y potente, a la altura del Premio Planeta, la presentaría, y eso es lo que ha ocurrido con El fuego invisible. La terminé a tiempo para esta convocatoria, la presenté y mi instinto no falló: la novela fue abriéndose paso entre los finalistas y obtuvo el galardón".

El fuego invisible apareció recientemente en España, y al momento de redactarse la presente todavía no había arribado al mercado editorial uruguayo. En cuanto al argumento de la obra, el escritor ofrece el siguiente resumen.

"Es una novela de intriga, de suspense, que tiene como protagonista a un joven profesor de lingüística de Dublín, con antepasados españoles. Ese hombre se ve obligado a viajar a Madrid, entra en contacto con una antigua amiga de su abuelo, que fue un reputadísimo escritor, que se vio obligado a exiliarse. Esa amiga está obsesionada con un libro medieval muy importante que se llama El Cuento del Grial, una historia que se escribió en el año 1180 y es el primer libro de la historia que menciona la palabra Grial, nunca hasta entonces se había nombrado así al cáliz de la última cena. De hecho, ese nombre ni siquiera alude al cáliz de la última cena, sino a una especie de cuenco que irradia una luz sobrenatural, capaz de opacar incluso a la del sol. Curiosamente, 60 años antes de que se escribiera ese libro en Francia, ya había pintores en la zona de los Pirineos Españoles que pintaban en iglesias damas sujetando ese tipo de cuencos luminosos. A raíz de esa coincidencia comienza una peripecia, una investigación, aparecen varios muertos en el camino, varias amenazas, intrigas, y los protagonistas se verán forzados a investigar qué hay detrás de ese cuenco radiante y de esa historia del Grial".



Foto: Carlos Ruiz / Planeta

Al igual que novelas anteriores del autor, en El fuego invisible Sierra apela una vez más a una receta que ya e ha dado frutos varias veces: aunar el suspenso con la información fidedigna, abordando a su vez algún enigma de la Historia.

"Es un sello de fábrica. Siempre he dicho que el tipo de novela que escribo pertenece a un género muy propio que yo he llamado ‘novela de investigación', porque primero hay una investigación histórica, luego me asomo a algún punto oscuro de la Historia, a algún abismo que los historiadores no han podido afrontar por falta de documentación. Y una vez documentado ese abismo, utilizo la imaginación para intentar arrojar algo de luz sobre el asunto".

Eso es precisamente lo que sucede en su flamante novela, "donde al final se reflexiona no sólo sobre el Grial, sino sobre la invención de las palabras y cómo a lo largo de toda la historia hemos creado palabras para definir nuevas situaciones, nuevas cosas, que han terminado cambiando nuestra percepción de la realidad. Si a alguien de hace sólo 50 años e incluso menos le hubiésemos hablado de Internet, esa palabra no significaría nada para esa persona. Estamos en un proceso continuo de creación", destaca.

Además, como telón de fondo y punto relevante en la obra, "está la cuestión del origen de las ideas, de la inspiración. Casi todos los protagonistas de la obra tienen que ver con la literatura, y casi todos ellos se preguntan de dónde vienen las ideas. Esta es una obsesión humana muy antigua, en el mundo clásico los griegos se preguntaban por esto y creían que las grandes ideas eran susurradas por las musas o por los dioses. En el siglo XIX, Víctor Hugo, por ejemplo, decía recibir algunas de sus novelas de los espíritus. El propio Beethoven llegó a asegurar que sus sinfonías le eran dictadas desde otro lado. Exploro este tipo de procesos y son parte importante de esta novela", apunta.

En cuanto al Grial en cuestión, Sierra es consciente de que ha sido frecuentado en innumerables ocasiones por la literatura y el cine, muchas veces de forma fantasiosa, poco rigurosa y en base a especulaciones efectistas. Sin embargo, asegura que en su novela se ofrece un abordaje singular, que permitirá que el lector la diferencie entre tanto "papel deleznable".

"Casi todo lo que se ha escrito, publicado o filmado sobre el Grial, bebe del mito, de la historia de la copa que habría estado sobre la mesa de la Última Cena. Pero yo he ido a las fuentes, a los primeros escritos y documentos que mencionan la palabra Grial, y que no son de los tiempos de Jesús sino de más de mil años después. Me he ido a las pinturas medievales que lo representan por primera vez y que, por cierto, son muy posteriores al mito".

Por esa razón, Sierra concluye que "el Grial se inventó en la Edad Media, luego de la Primera Cruzada. Fue un elemento de propaganda que sirvió mucho para la reconquista de la Península Ibérica a los musulmanes. Yo creo que mi aproximación es muy diferente, muy nueva y creo que va a sorprender mucho al lector, al que incluso le aporto evidencias gráficas". Efectivamente, la novela incluye varias ilustraciones, "porque entendía que la parte teórica de esta trama debía estar muy bien argumentada, y creo que eso será una sorpresa para aquellos que se acerquen a leerla".
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En ese sentido, El fuego invisible hace honor a uno de los puntos centrales de la antes mencionada "marca de fábrica" del autor: el aporte de ingente información, que en ocasiones hace que sus historias de ficción se asemejen a crónicas.

"Procuro que los argumentos de la novela tengan una consistencia, y que se pueda defender. Incluso en ocasiones los propios protagonistas de la acción hacen referencias a obras o lugares que son reales y a los que el lector interesado se puede remitir. Pero en este caso en particular, como es una novela que se ha presentado al Premio Planeta, la carga literaria es muy importante. He trabajado mucho en eso, he querido que sea una novela no para eruditos, que sí deje a estos conformes pero que satisfaga enormemente al lector desprevenido, y que encuentre ahí una trama de acción y suspense que llega hasta el último momento, así que aquí lo difícil ha sido equilibrar esas dos fuerzas: la literaria y la de la argumentación, y combinarlas de la forma más equilibrada posible", refiere.



Al igual que con otras obras de Sierra, El fuego invisible presenta características muy "cinematográficas", aunque el autor se muestra un tanto escéptico y poco interesado ante la posibilidad de ver su obra en la gran pantalla.

"Soy incapaz de decir en este momento si mi novela tiene una adaptación cinematográfica o no. Como autor sigo todavía muy pegado a la obra, me falta perspectiva, pero podría ser. Con otras novelas anteriores mías esa visión cinematográfica sí existe, se ha comentado en productoras e incluso se han vendido los derechos de varias de ellas, pero siempre se topan con el problema del coste. No son novelas baratas de adaptar y yo no tengo un apellido anglosajón, y eso sin duda pesa", argumenta.

Por otra parte, una adaptación cinematográfica tendría consecuencias que Sierra no está convencido de desear. "Tengo la sensación de que cuando una novela se lleva el cine se le está robando al lector parte de su magia", A modo de ejemplo recuerda el caso de la saga juvenil Harry Potter , personaje al que "ya nadie en el mudo podrá imaginar con una cara distinta a la de Daniel Radcliffe, el actor. Eso ha sido un hurto que ha hecho Hollywood a la literatura y no sé si s es bueno. Es algo que a veces me planteo y por eso tengo poca prisa en que mis libros lleguen al cine".

En cuanto a la Ufología, tema que fuera su "primer amor" en materia de escritura, Sierra señala que se trata de una materia que no está cerrada en su carrera, pero que de momento se encuentra en una suerte de compás de espera.

"Llevo tiempo trabajando en un libro sobre el tema ovni visto desde mi perspectiva y cómo me metí desde niño en esa cuestión". Esa obra sería "casi una autobiografía de esos años, incluyendo cómo conocí a los agrandes investigadores de esa materia en todo el mundo, acudí a congresos e incluso algunos llegaron a bautizarme en su momento como ‘el niño prodigio de la ufología'. Y es vedad que estuve muy metido, pero con los ovnis me pasó algo muy curioso. Yo soy una persona muy inquisitiva, me gusta hacer preguntas, y con los ovnis hice muchas preguntas y obtuve pocas respuestas. Entonces decidí ‘congelar' en parte ese asunto e irme a otros lugares donde lograra más respuestas, y esa ha sido quizá la razón por la que sí bien publiqué mi primer libro sobre la materia, la he abordado tangencialmente en algún otro ensayo, pero no he vuelto sobre ella, aunque tengo planes de volver", concluye.

Gerardo Carrasco / Montevideo Portal

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