"Me la doy bien en la pera y después lo comparto": el humor como terapia de Alita
Encontró el stand-up tras dejar un cargo público que le "dolía en el cuerpo". Hoy escribe, produce y decide sola.
12.06.2026 09:01
Por María Noel Domínguez
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Alejandra Menéndez llegó al humor por una mezcla de frustración y necesidad. Primero fue el cuerpo el que habló: tenía un cargo en la función pública que le hacía ruido, le dolía todo. Después vino el teatro, que era maravilloso pero no terminaba de ser su canal porque estaba actuando textos de otros. Y finalmente encontró el stand-up y la improvisación, dos herramientas que, dice, fueron constitutivas. Hoy escribe sus propios guiones, produce sus espectáculos, pasa presupuestos y decide cuándo cerrar un personaje aunque el aplauso todavía esté ahí. Su show Madre Cortisolada está en cartel en el Under Movie por cuatro funciones, ni una más.
El concepto de "madre cortisolada" no es solo el título de un espectáculo: es una definición personal que encontró al descomponer la palabra. "Cortisol", para ella, es "corta de sol". El sol es el padre, y el padre simboliza los límites. Estar cortisolada, entonces, es estar corta de límites, sin saber cómo ordenarse, prestando atención y disponibilidad más para afuera que para una misma. "Me estoy llevando a la práctica ordenarme y bajar el cortisol", explica. A medida que va descubriendo cosas, las comparte a través de las redes o arriba de un escenario.
La risa también mutó en este proceso. Durante mucho tiempo fue una herramienta para que el afuera no la amenazara, no una risa de conciencia. Ahora la usa al servicio de verse y conocerse. Pasó de mirar hacia afuera, en busca del visto y recibido externo, a mirarse a sí misma.
Esta es parte de la charla que Alita mantuvo con Montevideo Portal.
Todo el show Madre Cortisolada empieza ahora, pero todos tus espectáculos siempre tuvieron que ver con vos, con distintas etapas. ¿Cómo definís esa relación entre tu arte y tu proceso personal?
Es un montón [ríe)]. El arte es reterapéutico, para mí. Una amiga me dice: "Che, ¿pero vos hacés al revés los procesos?" Porque lo normal sería bajar la letra, ensayar. En cambio yo lo vivencio, me la doy bien en la pera y después voy y lo comparto en arte. Yo digo que hago alquimia arriba del escenario. Transformo en hecho artístico algo que vengo comprendiendo. Muchas veces no sé qué fue antes y qué después. En el espectáculo anterior decía cosas que después me pasaron, incluyendo cosas que no estaban tan buenas. Me quedé pensando: tal vez tengo que hablar solamente de cosas bellísimas para no ir haciendo como una brujería donde después atraigo eso.
Con Cortisoladas empezaste a encontrar muchísimas madres en la misma sintonía. El espectáculo tiene que ver con juntarse para no estar solas.
Precisamos ese canal de expresión, de identificación. Antes buscaba la aprobación y el encuentro con la gente desde la carencia: me falta algo, preciso esto. Ahora lo hago desde: "Mirá, estoy viendo algo en mí y lo comparto". Y me voy encontrando con madres que me cuentan cosas. Una me dijo: "Ah, ¿a vos te pasó esto? Bueno, yo a mi hijo le tuve que sacar la puerta del cuarto para que no la golpeara". Hay un mundo de expresión materna que precisamos hablar, precisamos encontrarnos, reírnos. Los videos que más se expandieron son aquellos en los que hablo de las adolescencias. El adolescente te prepotea: ves un cuerpo adulto, pero con una corteza prefrontal que todavía está inmadura. Me encanta Alejandro Szujman, que dice que los padres oficiamos como el freno de mano de esos seres. Y yo me pregunto: soy la adulta que regula esto, ¿cómo hago? Soy el freno de mano, pero yo también tengo mis cosas. Lo que sí pasa es que cuando nos reímos con mi hija adolescente hay un acercamiento muy lindo. En el escenario van muchas mamás con sus hijas adolescentes, las mamás les pasan los videos y se forma una comunicación parecida a la que yo vivo en casa.
¿Cómo lo hablaste con tu hija para que los contenidos no le afecten negativamente?
Tenemos un código. Le dije: "La primera cuestión que te moleste, que te interpele, que te haga un ruidito mínimo, bajamos". No pasa nada, tiene que ser divertido para las dos. Y ella me responde: "Mami... me da lo mismo". Lo importante es tener esa comunicación abierta para que me pueda decir "Che, no" si algo le molesta.
Tu recorrido no empezó con el stand-up. Estudiaste mucho, sos actriz. ¿Cómo llegaste hasta acá?
Empezó con la frustración de trabajar en algo que no me gustaba. Tenía un cargo como empleada pública que me hacía ruido. El cuerpo me empezó a decir "Che, no." Me dolía todo. Sentí la necesidad de expresarme a través del arte. Siempre me gustó, pero me daba miedo, tenía pánico escénico. Me puse a estudiar teatro, era maravilloso, pero no era del todo mi canal porque estaba haciendo obras de otras personas. Después surgió el stand-up. Dejé el empleo público, tenía trabajo confirmado, se cayeron todos los proyectos y quedé seis meses sin trabajar. Quedé sentada diciendo: "La R, la R." Una persona muy hermosa me recomendó que estudiara stand-up, y eso me dio la oportunidad de generar mi propia herramienta de expresión. El stand-up y la improvisación fueron dos herramientas superconstitutivas. La improvisación me permite manejar el presente: no me importa si no sé qué decir, salgo e improviso. El stand-up me permitió tomar mi vida y prestársela al humor para recodificarla y poder compartirla. A veces no suceden las cosas de primera, pero porque algo mejor te está esperando. No me llamaban de los teatros, pero aprendí a expresar lo que quería decir. Empecé a subirme a escenarios, a escribir, a fascinarme con ser autora de mis propios guiones.
Sos muy selectiva en lo que hacés. El caso de "Pata" es el ejemplo más claro: estaba en todos lados, el aplauso era increíble, y aun así decidiste cerrar ese personaje.
Yo ya sabía que tenía vigencia, pero los procesos artísticos y los personajes son parte de lo que me representa en ese momento, y después se transforman. Pata fue hermosa en ese momento para mi expresión, pero yo sabía que iba a morir. Ahora está matadísima y no vuelve, porque ya no es mi canal de expresión, ya mutó. Los espectáculos acompañan mi evolución y mi conciencia. Tengo clarísimo que Cortisolada son cuatro funciones. La mesa está servida, el arte está servido, es esto, son cuatro funciones y cierro. Expresarme en un tiempo y un contexto, y después agradecer. Eso me permite crear. Un productor me dijo: "Al final no se sabe qué es lo que hacés. Las redes no saben si cantás, si hacés personajes, si hacés stand-up o qué hacés." La verdad es que el algoritmo que se maneje, pero yo no me voy a encapsular en una cuestión para dejarlo tranquilo. Voy acompañando lo que tengo como para compartir.
¿Y cómo manejás esa confianza de que siempre va a venir algo nuevo?
De a poco he ido generando confianza en que siempre algo se me ocurre. La improvisación me dio eso: saber que puedo salir de cualquier situación. En el estreno de Rari se desmayó una persona en el público. En otra función salió la alarma del teatro a todo trapo. Ahora confío en mí, sé que salgo de cualquier cosa. Capaz que un día me encuentro con que no salgo y quedo bum, ahí, pero bueno, lo veremos.
Los eventos privados son otro mundo: vas sola, la gente no sabe quién sos, no hay una habilitación previa de tu arte.
Me encanta. Voy con mi valijita a garajes, barbacoas, salones gigantes. En los teatros la gente pagó una entrada para verte; en los eventos generalmente solo sabe el que te contrató, el resto es sorpresa. Hablé con Germán Medina, con quien empecé en esto, y me dijo que los eventos son superarriesgados y que no todo el mundo los hace. Yo lo había naturalizado, pero en esa conversación me di cuenta del valor que implica. No hay técnico, se te apaga la luz, todo es impredecible. Y lo disfruto.
En Uruguay el arte está muy desvalorizado económicamente. ¿Cómo lo trabajaste en tu caso?
Aprendí a ponerme un precio, me manejo sola, paso presupuestos. Antes cobraba repoquito. En este país está tan desvalorizado el arte que te pasás ensayando tres meses una obra de teatro gratis, tres veces por semana, y económicamente no es redituable. Me dijeron: "Vení que a vos te sirve", como si otros pudieran decidir qué me sirve y qué no. Hoy mis eventos tienen este precio, mis entradas tienen este precio. No hay entradas gratis, no hay dos por uno. Este es el valor, porque este es mi trabajo, yo no trabajo de otra cosa. Un señor me dijo: "Ah, pero fulano, mucho más famoso, me cobra mucho menos." Le respondí: "Llamá a fulano." Hay un tema con el arte que ya está implícito en desvalorización, y creo que son permisos que también damos nosotros cuando vamos por el aplauso, por la fama, más exposición, o vamos por el pancho y la coca. Tuve que recodificar toda esa parte en mi proceso.
Ocupar todos los roles, producirte vos misma, ¿qué significa para tu sistema interno?
Era impensado para mí antes. Miro la foto de la niña que fui, una niña supermiedosa que vivió en un contexto superviolento, y me asombro de animarme a subirme a un escenario con todo eso. Probé tener personas que me producían, pero experimentar hacerlo para mí misma es diferente. Yo me lo debía, me lo tenía que regalar de alguna forma. No fueron errores las personas que pasaron colaborando conmigo, sino que me permitieron ver: che, yo merezco dármelo. No es "ay, qué crack", sino que está bueno experimentar que puedo cuidarme a mí misma sin necesitar que venga otro de afuera. Para mi sistema, que opera con información inconsciente de la infancia, es constitutivo poder hacer toda esa cuestión por mí misma, desde la abundancia, desde el cuidado. Me voy actualizando la información.
¿Cómo te llevás con las críticas y el hate en redes? El personaje de Osvaldo Heiter parece haber sido una llave para entender eso.
Hacer personajes me permite empatizar. Con Pata Cajetilla también pasó: fui criada en un contexto donde la familia de mi padre era más cajetilla, y el personaje me permitió verlos de otra forma. Con Osvaldo Heiter pude pensar en la soledad que tiene ese tipo. Lo hice en TV Ciudad, en La Aldea, donde me dieron libertad de decir lo que quería. Justificaba internamente cada cuestión, porque hay un mensaje atrás de cada acción de Osvaldito. El personaje generó hate, obvio, porque es una vibración de: ¡pa!, te la voy a dar. Pero cuando lo pienso con empatía digo: pobre tipo, realmente no se siente visto. Necesita ir atrás de alguien a poner algo para sentirse visto y para poder expresarse. Qué soledad que debe tener, qué horrible debe ser convivir con Osvaldo Heiter, ser su familiar. Andá a saber qué le faltó. Así como yo puedo ver que mi experiencia de infancia hace que mi sistema opere de determinada forma, el Osvaldito también. Me dio ternura. Y me sirvió para resignificar el hate que recibo en redes, los comentarios sobre mi cuerpo, los "esta mujer no va a hacer reír a nadie". Son Osvalditos. Tienen la necesidad y no están hablando de mí. Las palabras son suyas, hablan más de sí mismos que de mí. Fue una estrategia maravillosa para comprender qué le pasa al que va y es violento verbal.
A lo largo de la charla repetiste mucho la palabra aprendizaje. ¿Estás en un momento particular en ese sentido?
Sí. Creo que la disposición de aprender es una actitud que permite transformar todo lo que recibís. El año pasado me pasaron cosas que, si no las hubiera resignificado para que me dejaran un aprendizaje, estaba liquidada, no estaba haciendo nada en este momento. Tengo el concepto de los "villanos contratados": personas que vienen y muestran cosas. Al principio parecen malos, pero en realidad son empujes que me invitan a verme mejor. Al principio me enojo, pero después puedo apretar la perilla y decir: está, pero yo puedo usar eso al servicio de verme mejor. Viví violencia verbal, violencia física, mentiras. Y después entendí: claro, me había ido una cantidad para afuera. Entonces era el maestro, el villano contratado que precisaba. Una vez que tenés esa antenita preparada para que todo se convierta en un aprendizaje, ya no hay posibilidad de ver al otro como un HDP. Ya es: ok, gracias. El otro capaz que ni se entera de que estás agradecida, capaz que ni es necesario. No importa lo que pase afuera, lo que importa es cómo yo lo voy traduciendo en mí.
Entrevista completa:
Por María Noel Domínguez
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