La llegada de Fidelio al Teatro Solís tendrá para Nicolás Boni un significado particular. Después de casi tres décadas de trabajo como escenógrafo en escenarios de Europa, Estados Unidos, China, Taiwán y América Latina, el artista argentino asumirá por primera vez la dirección de escena de una ópera. El debut será, además, en una sala con la que mantiene un vínculo especial: allí inició su recorrido internacional fuera de Argentina, entre 2009 y 2010.
“Me habían ofrecido dirigir en otras oportunidades, pero nunca me animé”, reconoció Boni en diálogo con Montevideo Portal. Esta vez aceptó el desafío porque se trata de una ópera que le interesa especialmente y porque la oportunidad tenía un valor simbólico difícil de pasar por alto. “Es una emoción muy grande volver al Teatro Solís, con la historia que tiene y las personalidades que pisaron sus tablas, representa un orgullo enorme”, expresó.
La trayectoria de Boni está ligada, sobre todo, al diseño escenográfico. Es doctor en Historia del Arte, licenciado en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Rosario y autor de escenografías para más de 70 títulos, entre óperas, ballets, zarzuelas y musicales. En los últimos años trabajó en producciones como Andrea Chénier, Manon Lescaut, Lakmé, el ballet RASA y Madame Butterfly, además de diseñar en 2024 la escenografía de la gira mundial de Mon Laferte y estrenar en 2025 Il trittico en el Teatro Colón y en el Teatro Verdi de Trieste.
Ese recorrido, entiende, fue clave para llegar a esta nueva etapa, aunque el cambio de rol también implica una modificación profunda en la forma de mirar el espectáculo. Como escenógrafo, Boni ya pensaba el movimiento de los personajes, su psicología y la manera en que habitaban el espacio. Sin embargo, la dirección de escena le exigió trabajar con otra precisión, en contacto permanente con la partitura y con las necesidades expresivas, musicales y físicas de los intérpretes.
“En la ópera, lo que manda siempre es la música y la partitura. Uno se debe directamente a ellas”, señaló. Para Boni, dirigir escena en este género supone comprender que cada gesto, desplazamiento o intención debe convivir con la estructura musical. “No se trata de entorpecer el trabajo de los cantantes, sino de encontrar movimientos que funcionen musical y físicamente”, planteó.
En Fidelio, la única ópera de Beethoven, Boni encontró una obra con una fuerte dimensión política, pero también con una tensión íntima que le interesó explorar desde una mirada contemporánea. La historia presenta a Leonora, una mujer que se viste de hombre y adopta la identidad de Fidelio para ingresar a una cárcel y rescatar a su marido, un prisionero no registrado, retenido por el poder político. A partir de ese punto, la obra trabaja temas como el encierro, la libertad, la fidelidad y la resistencia.
Boni observa en la pieza una “utopía moral” planteada por Beethoven, en la que el amor conyugal aparece como una fuerza capaz de imponerse incluso al poder político. Pero su lectura busca introducir otra capa. “Me interesa pensar el vínculo conyugal no como una verdad moral, sino como una construcción social que exige sacrificio, fidelidad y heroísmo”, sostuvo. En esa línea, la fidelidad puede ser entendida como un acto de amor, pero también como una forma de sometimiento.
Esa lectura no desplaza la dimensión política de la obra, sino que la amplía. Para el director, Fidelio puede dialogar fácilmente con experiencias históricas cercanas a América Latina, ya que aborda la figura del detenido oculto, del prisionero sin registro y del abuso del poder. Sin embargo, también le interesa llevar la idea de libertad a un plano más amplio: la libertad política, ideológica, física y sexual.
La puesta no se ubica en una época estrictamente definida. Boni la pensó como una combinación entre referencias clásicas y contemporáneas, con una temporalidad cercana a finales del siglo XX, entre los años 80 y 90, pero sin atarla a un contexto único. Esa decisión busca acercar la obra al presente sin perder la potencia simbólica de su conflicto central.
El elenco, según adelantó, será uno de los puntos fuertes de la producción. Boni destacó que los cantantes no solo tienen condiciones vocales, sino también una gran presencia escénica. A eso se suma la participación del Coro del Sodre, que tendrá un rol importante en el desarrollo musical y dramático de la obra, dentro de una ópera donde lo colectivo también ocupa un lugar central.
El director considera que el público uruguayo representa, a la vez, un estímulo y una exigencia. “Es un público muy formado, acostumbrado a ver cosas de altísima calidad”, valoró. En ese sentido, mencionó la tradición teatral del país, la historia de sus escuelas, la Comedia Nacional y el peso de grandes intérpretes que marcaron la escena local.
Aunque esta experiencia podría abrir una nueva etapa, Boni prefiere no anticiparse. Se define, por ahora, como “un sólido escenógrafo” que atraviesa su primera dirección escénica. El proceso, admitió, no está exento de incertidumbre, ansiedad y tensión creativa, pero entiende que esa carga forma parte del camino hasta que la obra encuentra su forma definitiva sobre el escenario.
“Estos procesos no siempre generan placer. A veces generan angustia, pero cuando uno ve que todo funciona en escena, eso sí llena de felicidad”, reflexionó. Fidelio se presentará en el Teatro Solís el jueves 21 de mayo, sábado 23 de mayo y lunes 25 de mayo, siempre a las 20:00 horas, con entradas disponibles a través de Tickantel.