“El olvido es la última tumba”, y no la muerte, advirtió hace casi treinta años el periodista y escritor uruguayo Daniel Figares, quien falleció en octubre pasado.
En similar sentido, el argentino Jorge Luis Borges aventuró la idea de que el verdadero fin de una persona no se produce con su fallecimiento, sino cuando muere la última persona que la vio con vida.
Sucede que el humano es el único animal sobre la Tierra que es consciente de que va a morir, y está en su esencia —plasmada en el arte, en la filosofía y en todo lo que hace— luchar contra su carácter efímero o evitar, como escribiera también Borges, “el olvido que seremos”.
Cabal demostración de ello fue la agridulce aventura emprendida recientemente por la familia de Sônia Calegario, una brasileña que el año pasado, con 51 años, fue diagnosticada con cáncer terminal.
La familia reside en Rondônia, estado fronterizo con Bolivia y muy lejos de las hermosas playas atlánticas de su país. Al conocer la triste noticia, sus hijas decidieron gastarse hasta la última moneda en una aventura final: llevar a su madre a ver de nuevo el mar, del que pasó décadas alejada y siempre añoró. También contrataron a una fotógrafa para que la experiencia se transformara en un recuerdo perenne.
Priscila Letícia Calú
“Cuando descubrimos la metástasis, mi hermana me dijo: ‘Marcela, hagamos un viaje en familia porque podría ser el último. Así que tenemos que aprovecharlo al máximo y hacer todo lo que le gusta’. Y a ella le gusta el mar, escuchar el sonido de las olas. Fuimos de viaje, hicimos una sesión de fotos para inmortalizar y disfrutar ese momento al máximo, porque sabíamos que sería el último”, expresó Marcela, otra de las hijas.
Así, en octubre del año pasado, la familia recorrió más de 4.000 kilómetros hasta el estado de Alagoas para concretar el deseo de Sônia de volver al mar, un entorno que valoraba especialmente. Según relató su hija Débora, el viaje se llevó a cabo pese a las limitaciones económicas: “Dios abrió las puertas de una manera extraordinaria”, dijo en declaraciones recogidas por Diario do Nordeste.
Durante la estadía, Sônia atravesaba un cuadro avanzado de la enfermedad, con dolor y otros síntomas asociados, y permaneció bajo los efectos de la morfina durante la sesión fotográfica.
Poco después del viaje, el estado de salud de Sônia se agravó y debió ser hospitalizada. Su movilidad se vio progresivamente reducida y el dolor se intensificó. Falleció a fines de 2025, a los 51 años. La sobreviven su esposo, cuatro hijos y dos nietos.
Priscila Letícia Calú
Ahora, meses después de la muerte de su madre, Marcela siente emociones encontradas al ver las fotos.
“Es una herida dolorosa. Algunos días miro la foto y sonrío, otros lloro. Algunos días no quiero creerlo. Mi madre era mi amiga, era lo mejor de mí en este mundo y la extraño muchísimo. Es imposible no extrañarla. Ese día [de las fotos], quería inmortalizar su cálido abrazo, quería que el tiempo se detuviera”, dice.
En el momento de las fotografías, ella estaba embarazada de su primer hijo, que su madre no llegó a ver nacer.
Por su parte, Déborah dice encontrar cierto alivio al evocar ese día.
Priscila Letícia Calú
“Quisiera guardar ese momento en un frasco y revivirlo una y otra vez. Saber que la persona que más amas en tu vida va a morir es triste, el dolor es inmenso. Hay un video, y cuando la veo abrazándome, se alivia un poco la añoranza”, expresa.
En su publicación, la fotógrafa Priscila Letícia Calú recordó con emoción el día de la sesión, en el que le tocó hacer un trabajo que no se parecía a nada que hubiera realizado antes.
Priscila Letícia Calú
“Fotografiar a esta familia fue, para mí, mucho más que un trabajo. Fue una experiencia totalmente nueva en fotografía. Fue un aprendizaje constante. Comprendí que lo más importante es vivir el presente, el ahora, porque el pasado ya pasó y aún no tenemos el futuro. Lo que existe es este momento. Y estas fotos son eso: un pedazo del presente que perdurará para siempre, guardado en la memoria y en la historia de la familia, para que las futuras generaciones también sepan quiénes fueron y el amor que existió entre ellos”, asegura.
"Fue un día de largos abrazos. Cada persona que la abrazaba parecía estar tratando de retener el tiempo en sus manos", concluye.
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