Un estudio internacional publicado en The New England Journal of Medicine y The Lancet demostró que los betabloqueantes, utilizados desde hace más de cuatro décadas en pacientes que sufren un infarto de miocardio, no aportan beneficios en aquellos con función cardíaca preservada, es decir, sin complicaciones tras el evento agudo. Los hallazgos podrían modificar de forma significativa las guías clínicas internacionales.
El ensayo clínico REBOOT (Treatment with Beta-Blockers after Myocardial Infarction without Reduced Ejection Fraction), coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y el Instituto Mario Negri de Milán, incluyó a más de 8.500 pacientes de 109 hospitales en España e Italia. Los resultados indican que no hubo diferencias relevantes en la mortalidad, nuevos infartos ni hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca entre quienes recibieron betabloqueantes y quienes no, siempre que la fracción de eyección cardíaca se mantuviera por encima del 50%.
La investigación se centra en un tipo de infarto hoy predominante: más del 70% de los pacientes conserva su función contráctil tras el evento. Hasta ahora, el 80% de ellos era dado de alta con betabloqueantes, basados en evidencias de décadas pasadas, cuando las estrategias de reperfusión y el manejo de las complicaciones eran radicalmente distintos.
“Este ensayo cambiará la forma de tratar a millones de pacientes en todo el mundo”, afirmó Borja Ibáñez, cardiólogo, investigador principal del estudio y director científico del CNIC. La investigación se presentó este sábado durante la sesión Hot Line del Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, celebrado en Madrid.
Un cambio de paradigma
El REBOOT es el mayor ensayo jamás realizado sobre este tema. Aunque los betabloqueantes demostraron beneficios en un subgrupo con función cardíaca moderadamente reducida (entre 40% y 50%), no se evidenció ninguna mejora significativa en quienes mantenían una función normal. Esto sugiere que el tratamiento debe ser más selectivo.
Un metaanálisis complementario, también liderado por el CNIC y publicado en The Lancet, confirmó que el beneficio de los betabloqueantes tras el infarto solo persiste en pacientes con una reducción moderada o severa de la fracción de eyección.
“El contexto clínico ha cambiado”, explicó Ibáñez. “Hoy las arterias coronarias se abren sistemáticamente durante el infarto, lo que reduce la gravedad del daño cardíaco. Esto pone en duda la necesidad de ciertos fármacos que se incorporaron en un escenario muy distinto”.
Además, la polifarmacia tras un infarto complica la adherencia a los tratamientos. Retirar medicamentos que ya no aportan beneficio clínico puede ayudar a reducir efectos adversos y mejorar la calidad de vida.
Con información de Europa Press
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