Contenido creado por María Noel Dominguez
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Qué revela la impuntualidad habitual sobre la personalidad, según la psicología

Especialistas asocian la impuntualidad con rasgos como egocentrismo, creatividad o baja percepción del tiempo.

16.07.2025 08:17

Lectura: 2'

2025-07-16T08:17:00-03:00
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En una sociedad donde el tiempo se transformó en uno de los bienes más valiosos, la impuntualidad no solo genera molestias cotidianas: es un comportamiento que la psicología asocia con rasgos profundos de la personalidad. Desde egocentrismo hasta creatividad, las causas —y consecuencias— de llegar tarde con frecuencia son más complejas de lo que parecen.

El psicólogo británico Oliver Burkman, citado por la BBC, sostiene que la impuntualidad reiterada se vincula con tendencias egocéntricas, ya que quienes la practican de forma sistemática “quieren controlar la situación y ser el centro de atención cuando llegan”. Este deseo de protagonismo, sin embargo, no siempre responde a una personalidad fuerte: puede ser reflejo de inseguridades profundas.

¿Inadaptación social o expresión de la personalidad?

Más allá de las interpretaciones negativas, un estudio de la Universidad de Harvard plantea una visión más matizada. Sus investigadores encontraron que las personas impuntuales suelen tener una percepción más laxa del paso del tiempo, lo que no necesariamente implica irresponsabilidad, sino una disposición más creativa, relajada e incluso resiliente frente al estrés.

Según este estudio, quienes no se ajustan estrictamente a los horarios pueden mostrar mayor eficacia laboral y una toma de decisiones más flexible, cualidades apreciadas en ciertos contextos profesionales. Es más: la baja exposición al estrés podría incluso estar asociada a una mayor expectativa de vida.

El impacto social: más allá de la percepción personal

No obstante, la psicología también advierte sobre el impacto interpersonal de la impuntualidad. Llegar tarde de forma constante puede ser percibido como una falta de respeto o empatía, afectando tanto relaciones personales como laborales. “Estas conductas deben corregirse por respeto al otro”, explica Burkman, señalando que el desarrollo de la inteligencia emocional implica reconocer y priorizar las necesidades ajenas.