Por María Noel Domínguez
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Cuando a los 41 años le diagnosticaron cáncer de mama, Lorena López sintió que el mundo se desmoronaba. Madre de un niño de tres años y con una vida laboral activa, la enfermedad llegó sin previo aviso y le exigió un giro radical. Cuatro años después, curada y con un libro publicado, recuerda aquella etapa como un proceso profundo de transformación interior.
"Mi nueva versión", el libro que escribió durante su tratamiento, no es solo un testimonio personal: es una guía de acompañamiento emocional para otras mujeres que enfrentan la misma enfermedad. “Lo escribí como una forma de terapia, pero también para que quien lo lea sienta que no está solo, que hay otras personas que pasamos por esto y que se puede salir adelante”, explica.
La actitud ante el diagnóstico
Lorena recuerda con claridad el día del diagnóstico. Había notado un bultito en la mama derecha y, aunque era rigurosa con sus controles médicos, la noticia la tomó por sorpresa. “No me enfoqué en qué tan avanzado estaba el cáncer. No quise llenarme de información negativa. Decidí mentalizarme en que quería vivir y que iba a pelear por mi vida”, cuenta.
Enfrentó un tratamiento completo: quimioterapia, cirugía radical y radioterapia. El proceso duró un año, con días buenos y otros difíciles, pero nunca perdió el eje: “Cada pasito me acercaba a la meta. Yo tachaba los días en el calendario y me repetía: ‘Queda menos’”.
El poder del hijo como ancla
Su hijo, de apenas tres años en ese momento, fue uno de sus motores principales. “No sabía lo que pasaba, pero me acompañaba, me mimaba. Yo no podía explicarle, pero sí podía mostrarle fortaleza. Él fue un ancla. Me ayudó a no bajar los brazos”, recuerda emocionada.
El cuerpo, la mente y el alma
Durante el tratamiento, Lorena descubrió nuevas herramientas de sanación. Se sumergió en la meditación, el yoga, el reiki y los mantras. Ese mundo espiritual que antes conocía superficialmente se volvió su refugio. “La mente tiene que estar en calma. Si no la entrenás, te lleva por caminos oscuros. Yo necesitaba paz mental y la encontré ahí”, asegura.
Tanto se volcó en esa búsqueda que hoy es profesora de yoga y da clases, convencida de que “la energía también cura”. En el libro, además de su relato, incluye mandalas, frases de reflexión y ejercicios que ayudaron a canalizar su ansiedad y miedo durante el proceso.
Una nueva versión de sí misma
Lorena no solo se curó del cáncer. También reconfiguró su vida. “Aprendí a conocerme y a priorizarme. Yo no quería volver a la misma rutina, a ese correr constante sin sentido. Decidí que primero estoy yo. No es egoísmo, es amor propio”, reflexiona.
Dejó atrás una forma de vivir que ya no la representaba y abrazó una más consciente: “Hoy soy feliz con cosas simples: un abrazo, un paseo, un atardecer. Aprendí a valorar lo esencial. El cáncer fue un antes y un después, y aunque fue duro, me despertó”.
La escritura como puente
Escribir fue una herramienta poderosa. “Había días en los que me sentía mal, con rabia o tristeza, y lo volcaba en papel. Escribir fue un modo de sanar”, dice. Por eso, Mi nueva versión no es solo su historia, sino una invitación a transformar el dolor en impulso.
A las mujeres que atraviesan la enfermedad, les deja un mensaje claro: “No están solas. Todo empieza por la actitud. El cuerpo puede estar en tratamiento, pero el alma tiene que estar en pie”.
Por María Noel Domínguez
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