"Este estudio sugiere que deberíamos volver a plantearnos si se debe realizar esta operación en personas que tienen más dolor leve, una artritis de rodilla menos grave y una pérdida de funcionamiento menor", señaló Daniel Riddle, profesor de fisioterapia y cirugía ortopédica en la Universidad Estatal de Virginia, según reporta HealthDay.
Algunas personas dentro de la comunidad médica se preguntan si este procedimiento se usa en exceso, dijo Riddle, que no participó en el estudio. Por ahora, "esta cuestión no está clara del todo", añadió.
En 2010, el reemplazo total de rodilla fue el procedimiento más frecuentemente realizado a pacientes hospitalizados entre los adultos estadounidenses de a partir de 45 años de edad, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Cada año se reemplazan más de 640 mil rodillas con articulaciones artificiales en Estados Unidos, con un costo total de unos US$ 10,2 mil millones de dólares. La cantidad de reemplazos de rodilla se duplicó en las mujeres entre 2000 y 2010, y hubo un aumento del 86 % en los hombres, indicaron los investigadores.
Desde 2000, la elegibilidad para el procedimiento se amplió a fin de incluir a los pacientes con problemas de rodilla más leves, lo que ayuda a explicar el aumento explosivo en la cantidad de cirugías, dijeron los autores del estudio.
Al observar estas cirugías en general, los investigadores encontraron que el reemplazo de rodilla proporciona "efectos mínimos en la calidad de vida". Por tanto, dado que los pacientes con unos síntomas menos graves no obtienen un gran beneficio, los investigadores cuestionaron la rentabilidad del procedimiento.
El nuevo estudio analizó los datos de casi 4.500 pacientes de 45 a 79 años de edad que se sometieron a un reemplazo de rodilla debido a la artritis (la degeneración relacionada con la edad) o con un riesgo alto de tenerla. La edad promedio de los pacientes fue de 61 años, y se les hizo un seguimiento durante 9 años.
Entre los que tenían artritis, los resultados mostraron una mejora con respecto al dolor, la rigidez y el funcionamiento físico durante las actividades cotidianas, comentó el autor principal del estudio, el doctor Bart Ferket, profesor asistente de ciencias y políticas de salud de la población en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.
"Pareció que los que tenían unos síntomas más graves contribuyeron especialmente a estos beneficios en la salud, y que los beneficios se vieron en parte contrarrestados por los efectos menos favorables detectados en los que tenían unos síntomas menos graves antes de la operación", comentó Ferket.
A causa de esto, "los efectos sobre el bienestar general fueron menos pronunciados en promedio", explicó.
Aunque se espera que las personas en peor forma se beneficien más, "se podría pensar que todos deberían tener un margen de mejora", sugirió Ferket.
Riddle reconoció que el estudio tiene limitaciones. "No sabemos hasta qué punto estaban satisfechos o insatisfechos estos pacientes con los resultados. Eso es algo que este estudio no examina".
Después de analizar los costos, los investigadores reportaron que el reemplazo de rodilla en los pacientes con síntomas menos graves es "económicamente injustificable". El costo estimado de una cirugía de reemplazo de rodilla típica, incluyendo la rehabilitación, fue de unos US$ 26 mil en 2013.
Entonces, ¿los pacientes con una discapacidad menor no deberían operarse? Riddle y Ferket sugirieron que tales decisiones se deben tomar individualmente.
"Los pacientes deben tener una buena comprensión de qué pueden esperar después de la cirugía de reemplazo de rodilla", aconsejó Riddle. "Tenemos muchos datos que dar a los pacientes sobre cómo acabarán probablemente".
Por ejemplo, las investigaciones previas han encontrado que hasta un tercio de los pacientes sufren un dolor crónico después del reemplazo de rodilla.
Cualquiera que esté pensando en un reemplazo de rodilla debería pensarlo con calma, dijo Riddle. "Deberían hacer muchas preguntas sobre qué les hace ser unos buenos candidatos, cuáles son los riesgos asociados con esta operación, y qué deberían esperar en cuanto al dolor y el funcionamiento", añadió.
Ferket dijo que los hallazgos no están diseñados para orientar las decisiones de los pacientes individuales, sobre todo porque cada persona tiene unos objetivos distintos.
Pero, dijo, "los médicos deberían hablar sobre los hallazgos de nuestro estudio e indicar que los resultados podrían variar según los niveles de gravedad de los síntomas antes de la cirugía".
El estudio fue publicado en una reciente edición online de la revista BMJ.
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