En el marco del Día Mundial de la Artritis Reumatoidea (AR), médicos de la Sociedad Uruguaya de Reumatología (SUR) y del Instituto Nacional de Reumatología (INRU) hicieron un llamado a la población y al sistema de salud para detectar esta enfermedad autoinmune en sus etapas iniciales, con el objetivo de frenar su progresión y evitar consecuencias irreversibles en la vida de quienes la padecen.
“El mayor desafío que tenemos es lograr un diagnóstico temprano. Esto permite iniciar el tratamiento oportunamente y preservar la calidad de vida del paciente”, afirmó el Dr. Federico Eguren, reumatólogo del INRU y miembro de la SUR.
La artritis reumatoidea es una enfermedad crónica que afecta sobre todo a las articulaciones —especialmente manos, rodillas y pies—, generando dolor, rigidez matinal, hinchazón y pérdida de movilidad. Si no se trata a tiempo, puede derivar en daño articular permanente, discapacidad y pérdida de autonomía.
Aunque puede presentarse a cualquier edad, es más frecuente entre los 30 y los 60 años, y afecta principalmente a mujeres. Según datos internacionales, su prevalencia global oscila entre el 0,5 % y el 1 % de la población adulta.
Acceso y cobertura: fortalezas del sistema uruguayo
Si bien Uruguay no cuenta con cifras oficiales actualizadas sobre la prevalencia de la enfermedad, el sistema sanitario ofrece una buena cobertura en el primer nivel de atención, lo que permite a médicos generales identificar casos sospechosos y derivarlos con rapidez a especialistas.
“Es fundamental que ante síntomas persistentes en las articulaciones, como dolor nocturno, rigidez o inflamación, se consulte a un reumatólogo. Cuanto antes se confirme el diagnóstico, antes podemos frenar el avance de la enfermedad”, explicó la Dra. Macarena Soto, también integrante del INRU y de la SUR.
Nuevos tratamientos, mayor precisión
El tratamiento de la AR ha experimentado notables avances en las últimas décadas. A los fármacos modificadores de la enfermedad (DMAR), utilizados como primera línea, se han sumado terapias biológicas y moléculas inhibidoras del JAK, que permiten personalizar el abordaje según el perfil del paciente.
“Hoy tenemos más herramientas para lograr la remisión de la enfermedad y reducir efectos adversos. Es un cambio sustantivo en el manejo clínico”, añadió Eguren.
En Uruguay, varios de estos tratamientos están cubiertos por el Fondo Nacional de Recursos (FNR), lo que permite ampliar el acceso y reducir el impacto económico para los pacientes.
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