El periodista Ignacio Álvarez, conductor de "Santo y seña" y "Las cosas en su sitio", causó un gran debate virtual en los últimos días tras escribir un tuit relativo a los criterios de la Justicia al dirimir caso de explotación sexual de menores.
"Repudio la explotación de menores, pero ¿dos años de prisión a todo el que le pague a una prostituta de 17 años, aún sin saber que era menor?", fue el mensaje inicial que causó un intenso intercambio entre el comunicador y decenas de internautas.
Álvarez intentó explicar cuál era su postura al responder a varios de los internautas que lo criticaban e incluso lo acusaban de estar defendiendo al empresario gastronómico de La Barra recientemente procesado por vincularse a una red de explotación sexual que incluía menores.
Incluso circuló una carta que funcionó a modo de iniciativa para recolectar firmas en repudio a sus expresiones. Tras comprobar el nivel de discusión pública al que había llegado su frase, Álvarez redactó un artículo extenso en Facebook en el que intentó dejar claro qué quiso decir.
"Estoy de licencia y poco sé sobre el caso de la red de prostitución de menores que unía Melo con Maldonado. Gratifica que la Justicia haya actuado sobre los inmorales que reclutaban chicas para cobrar por sus servicios sexuales, así como sobre el empresario de 75 años que pagaba para disfrutar de carne joven", comienza su carta.
"Los tres están presos, como bien lo establece la ley. Sin embargo, y si bien nunca opiné sobre este caso en particular, el hecho me hizo reflexionar sobre una ley con una pena en algunos casos excesiva, que abre un debate profundo y mucho más importante sobre los menores en Uruguay. Pero vayamos por partes. Imaginemos que una de estas noches de verano, usted, señor, va por la rambla y se tienta con una de las tantas chicas que se ofrecen en las paradas. Usted pregunta cómo es la cosa, ella responde 200 el medio oficio, usted le ofrece 300 para que se esmere, y en ese momento cae la policía. Les pide documentos y resulta que para su sorpresa la chica tiene 17 años. ¿Conclusión? Usted marcha preso sin vuelta, y no sale de la cárcel antes del verano de 2016. Así de terminante como lo establece la ley 17.815, que en su artículo cuarto castiga con una pena mínima de dos años a todo aquel que pague o prometa pagar a un menor de edad para que ejecute actos sexuales. ¿Dos años de cárcel por pretender pasar un buen rato sin imaginar que la chica era menor? Y nada cambiaría si le hubiera preguntado la edad y ella le hubiera mentido diciendo que tenía 18. O sea, primera conclusión, por las dudas siempre pida la cédula, porque lógicamente el ‘yo no sabía' no es excusa. Yendo al otro extremo, está claro que el tener sexo con un niño debe ser severamente castigado, y de hecho nuestro Código Penal considera violación el mantener relaciones con menores de 15, aunque sea ‘de mutuo acuerdo'. Pero es a todas luces incoherente que la misma pena de la violación (de dos años de cárcel como mínimo a doce años como máximo) recaiga también sobre todo adulto que le ofrezca dinero a una mujer menor de 18, aún cuando ésta se esté prostituyendo", continuó.
"O sea que para nuestra legislación es tan grave la citada peripecia estival de la rambla, como si usted violara a su vecina de 30, o tuviera sexo con su sobrinito de 11añitos. Evidentemente algo está mal, y se solucionaría tan fácilmente como bajando a menos de dos años la pena mínima del ofrecimiento de dinero a un menor, de forma tal que el juez -como ocurre con el delito de homicidio intencional, que tiene una mínima excarcelable de 20 meses- pueda procesar según el caso sin prisión (que claramente es lo más sensato para la anécdota en cuestión), o con unos meses de cárcel, pero también con años de penitenciaría, como aparentemente correspondería para el lascivo empresario de La Barra recientemente procesado. En definitiva, la propuesta es seguir penando el ofrecimiento de dinero a los menores así tengan 17 años y 364 días, porque está mal, pero otorgar un mayor margen de maniobra a la Justicia para no castigar desproporcionadamente a un cliente que está lejos ser un depravado corruptor de menores o un proxeneta y explotador sexual", agregó.
"Seguramente el ex secretario general de la Intendencia de Paysandú sea uno de los más interesados en esta modificación, mientras purga su pena por la fiestita en La casita del Parque. Pero todo esto es menor al lado de un debate mucho más profundo que plantean estos temas, y es cómo abordar esa dinámica y cada vez más cuestionada frontera entre la minoridad y la mayoría de edad. La misma discusión que hoy lleva a debatir sobre la imputabilidad penal, pero que también podría extenderse a la anticipación del derecho a votar, o a comprar alcohol, o a manejar. No cabe duda de que los adolescentes de hoy no son como los de antes; para mal y para bien. Y la ley debe procurar protegerlos, a la vez que adecuarse a los tiempos que corren, por el bien de todos. Entonces, es tan conveniente como necesario romper los esquemas tradicionales, erradicar el romanticismo anacrónico y animarse a navegar en estos nuevos e inciertos mares, cuidando salvar las vidas de los más débiles, e intentando ser justos con todos", indicó.
"Este Uruguay que hoy vivimos está dando muestras de pretender adaptar su legalidad a una realidad que se impone. Es lo que ocurrió con la legalización de la marihuana, con el matrimonio igualitario o con la despenalización del aborto; esta última una medida defendida a capa y espada por muchos que hoy se rasgan las vestiduras cuando se insinúa la reducción de pena para el que le paga a una menor sin saber su condición (o sea que los que hoy ponen el grito en el cielo defendiendo los derechos de las pobres chicas explotadas de 17 años, gritaron con la misma fuerza para que fuera legal matar a las vidas intrauterinas de millones de bebés en camino -y conste que estoy a favor de la despenalización del aborto-. Se amparan en convenios internacionales que condenan la explotación sexual infantil, pero se olvidan de que la Convención Americana de Derechos Humanos de San José de Costa Rica defiende el derecho a la vida "desde la concepción". ¿Y qué es más grave, ofrecer dinero por sexo o matar?) Lo que sucede es que en materia sexual está primando un conservadurismo que termina discriminando a quienes se pretende defender. Y me explico: En estas horas afloraron coros de feministas, activistas y otros istas, condenando mi punto de vista. ¡Cómo osé relativizar la gravedad de ofrecerle dinero a una prostituta de 17 años! ¿No te das cuenta que es una indefensa chica, víctima de un sistema perverso que la explota? ¿Que a esos viejos verdes depravados hay que hacerles sentir todo el rigor de la ley? ¿Qué harías si le pusieran una mano arriba a tu hija? -Puede ser, pero despacito por las piedras. Porque así como hay muchas chicas captadas de niñas para hacerles ejercer la prostitución (algo deleznable y condenable), hay otras jovencitas que eligen hacerlo. ¿¿¿¿Cómo???? ¿¿¿Acaso vos te creés que alguna mujer elige prostituirse??? -No lo creo; ¡estoy seguro!, afirmo. Y ahí vienen con el argumento de las ‘preferencias adaptativas'. Algo así como que al marginado no le queda otra que prostituirse, porque ‘es lo que hay, valor'. Lo entiendo, y seguro ocurre en muchas prostitutas, pero también en rapiñeros y asesinos que además de victimarios, y antes de serlo, fueron víctimas. Pero eso no es argumento suficiente para afirmar que nadie elige prostituirse. De hecho he conocido putas empresarias de alto vuelo, estudiantes de la ORT, y humildes mujeres que encontraron una forma de hacer buen dinero con el oficio más antiguo del mundo. Lo eligieron haciendo uso de su libertad. ¡Y bien por ellas! ¿Y quiénes somos nosotros para victimizarlas o no respetar su opción de vida o incluso mirarlas con lástima? Seguro que si las prostitutas pudieran ganar lo mismo haciendo otro tipo de trabajo, difícilmente optarían por vender su cuerpo. Pero no es menos cierto que muchas de ellas prefieren acostarse con diez tipos por día, a trabajar ocho horas y ganar diez veces menos. Opciones válidas. Entonces no es verdad que cada cliente es un explotador, como alegan algunas activistas. Un cliente es un ciudadano que contrata los servicios de otra ciudadana, en una transacción tan válida como legal, si ambos tienen 18 años cumplidos. A mí me jode igual el chico de 13 que es llevado por su tío a debutar a prepo con una puta, que la puta de 17 contratada por el tío para satisfacerlo mientras espera al sobrino. Sin embargo lo primero está hasta bien visto, y lo segundo es el fin del mundo. ¡Vamo arriba, menos hipocresía por favor! Por otra parte, parece que algunos vivieran en una dimensión paralela, donde los menores fueran entidades cuasi sagradas, que mágicamente adquieren los peores rasgos del ser humano cuando cumplen los 18. Está claro que la ley en algún punto arbitrario tiene que marcar el límite; pero la vida es un continuum donde el que hoy cumplió 18 es el mismo de ayer con 17. Y hablando de sexo, es sabido que la gran mayoría de las jovencitas de 17 ya tuvo relaciones, probablemente con adultos de 18 o más. Y eso sin mencionar a las miles que incluso fueron madres, quizás varias veces. Pero claro, es mucho más fácil hacer rodar cabezas y echarle la culpa a los demás, que repensar los propios puntos de vista y preguntarnos cómo andamos por casa", concluyó.