Luciana Salazar habló de la separación de Martín Redrado y de su maternidad
Como de costumbre, la modelo contó con lujo de detalles algunas de las situaciones más íntimas que le tocaron vivir.
12.07.2017 10:29
Montevideo Portal
La nota central de la revista Gente estuvo destinada a Salazar, quien a los 36 años habló de su futura maternidad gracias a un vientre de alquiler, y la reciente separación de Martín Redrado. "La historia de amor más grande de mi vida debía terminar", dijo según Ciudad Magazine.
Todo comenzó cuando decidió congelar sus óvulos en julio del año pasado. "Fue después de muchas charlas, una separación y terapia de pareja cuando volvimos a intentarlo. Yo me planté y le dije: 'Martín, mi deseo de ser mamá es determinante para continuar; ya no voy a pedir ni a llorar en soledad'. Entendió y se convirtió en un deseo de pareja. En una ilusión compartida. Tomamos la decisión de congelar mis óvulos, porque me suplicaba: '¡Luli, por favor esperame un poco más!'. De haber tenido veintipico lo habría bancado".
"Había que esperar que se solucionase una cuestión familiar con su hija, demasiado íntima, y muy influyente en nuestra paternidad. Martina es una adolescente hermosa en todo sentido. Pero como muchas mujeres, compite por su padre: 'Tenés que hacer esto por mí; si lo hacés por ella, entonces no me querés'. Siempre le expliqué que nuestros amores eran diferentes, pero no lo entendió".
Los dos hijos de Redrado fueron decisivos en el asunto. "Una vez, en una charla, fueron claros: 'Luciana, todo bien con vos, pero necesitamos que sepas que no queremos que papá tenga otro hijo con nadie'. Martín es un padre demasiado culposo. Se sentía tironeado. De repente les deslizaba: 'De última, es decisión mía'. Aunque no podía destrabar esa situación particular, de la que no me corresponde hablar", dijo mientras hablaba de ella.
El economista finalmente aceptó su decisión de llevar el embarazo sola. "Decidí mantener el tema con total hermetismo, para protegerlos. Tanto que, al principio, sólo pude compartirlo con mamá, Yamila (su mejor amiga) y Ana Rosenfeld, quien me guiaba en las cuestiones legales. Pero un día, Tomás descubrió un mail acerca de los óvulos. Llamó a Martín preocupado, creyendo que les habíamos mentido. Eso generó tensión, inseguridades y me impulsó a dar el paso siguiente".
"Nada me hubiese gustado más que llevar en mi propio vientre a la hija del hombre que amaba. Pero ante el panorama, el fin de la relación era inevitable. Entonces me imaginaba embarazada, sola y sufriendo por ese amor. ¿Y si a mi bebé le pasaba algo? Jamás me hubiese perdonado que tanta angustia le hiciera daño. Además, a ese temor se sumaba el dolor de otro gran riesgo. Uno de los tantos exámenes a los que me sometí para la congelación de óvulos reveló que tendría trombofilia. Lloré tanto que debí pedir ayuda a una psicóloga para transitar la decisión".
"Martín lo padeció, porque no estaba de acuerdo con el uso de un donante anónimo, pero sí muy enamorado. Yo debía apartarme por lo que generaría en su entorno privado y en el público. Él es demasiado conservador como para cargar el hecho de tener una mujer que espera un hijo que no es suyo. Intentamos sostener esos días con amor, para no decir: 'No nos vemos más'. Fue terrible para ambos. Yo iba a comprar ropita para la beba llorando, y me decía a mí misma con bronca: '¡Basta, Luli! ¡Se supone que debés disfrutar este momento!'. Ya sabía que el fin estaba cerca. Tenía que separarme para ser una mamá feliz. Por eso, ojalá los chicos alguna vez entiendan cuánto resigné. Y que los medios dejen de señalarnos como 'el que no quiso darle un hijo' y 'la que si tanto lo quería no se hubiese bancado 7 años'. Porque esta batalla costó mucho dolor".
Habló específicamente del día en que pusieron fin a su relación. "Fue una decisión muy pensada, charlada y durísima. Lloramos mucho. Ninguno de los dos se atrevía a dar el paso. Nuestras despedidas siempre fueron telefónicas, porque sabemos que cara a cara es imposible: de hecho, él retrasó su regreso al país. En 7 años, si fuimos y vinimos tantas veces, es porque realmente no podemos vivir separados. Tal vez no supimos manejarnos frente a los medios, que bastardearon nuestra relación. Tantos rumores y conjeturas hicieron que se tenga otra imagen de este amor. La gente habrá dicho: 'Uy, Dios, ¡otra vez estos enfermos!'. Pero Martín y yo tuvimos una conexión de otro mundo, que ojalá alguna vez pueda tener con otro hombre. Por eso, cuando todos hablan de 'enganche sexual' o que yo fui su 'juguetito fetiche', nos hace gracia. Lo nuestro fue superior a la química: más que simbiótico, fue espiritual".
"Yo le dije: 'No puedo más. Debo estar bien por mi beba, transitar lo que se viene con total alegría'. Y él: 'Luli, sos la mujer que más amé en la vida. Voy a extrañarte tanto...'. Yo fui la única que logró explotar su costado sensible".
Dice que no hay posibilidades de regresar con él. "La relación se desgastó demasiado, y con él mi sueño era imposible. Además, Martín está muy nómade. Ya ni los tiempos nos hubiesen coincidido. Yo no concibo una pareja si no es al ciento por ciento. Jamás terminamos tan bien. Nos queremos. Por eso, el día de mañana no será raro que nos encuentren por ahí comiendo juntos".
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