Por Lorena Zeballos
laslecturasdelo
Este martes la China Suárez enterneció a las redes con una foto de sus hijas luciendo dos hermosos vestidos para la boda de su hermano mayor. Lo que más conmovió a sus seguidoras fue la dedicatoria que acompañaba la foto.
"Este post va dedicado a Enilda de Uruguay que cosió y confeccionó estos vestidos con puntillas antiguas con mucho amor. GRACIAS", escribió la actriz. No es la primera vez que promociona la marca de ropa Manolita Handmade, pero esta vez cobró más repercusión porque la pieza dejó de ser una "prenda más" y se convirtió en la esencia del trabajo artesanal: detrás de cada puntada hay una persona que puso amor, tiempo y dedicación.
¿Quién está detrás de este emprendimiento? Su nombre es Patricia Evia, una maestra preescolar que tenía un jardín de infantes en Montevideo. Tras cerrar el jardín por razones de fuerza mayor, decidió invertir sus energías en otro de sus amores: la costura, una pasión que le inculcó su abuela, de quien aprendió las técnicas tanto de tejido como de bordado.
Hace cinco años su hermana quedó embarazada y le dijo que la bebé en camino, Manuela, sería su ahijada. Así que Patricia se puso manos a la obra en el ajuar de la niña que llevó al baby shower de la pequeña y enloqueció a todas las amigas de su hermana.
"No fue algo pensado como un negocio, lo hice con todo mi amor para mi sobrina y porque sentía que había que volver a la prenda hecha con amor, donde le ponés horas de trabajo", cuenta Evia en diálogo con Pantallazo.
Así, sin buscarlo, nació Manolita Handmade. Las amigas de su hermana comenzaron a encargarle prendas de bebé y se fueron pasando la voz. "Al principio me hice una cuenta de Instagram privada para subir lo que hacía, pero tampoco a gran escala porque de hecho son prendas únicas que diseño a partir de puntillas antiguas. Pero se fueron pasando la voz y ahora es una marca artesanal que se conoce más en el exterior que acá en Uruguay. ¡Fue mágico!", resalta la diseñadora.
Todas las prendas pasan por sus manos, pero el volumen creativo hace que solicite la ayuda de otras colegas para poder implementar diferentes técnicas de trabajo, como fue el caso de Enilda, quien la ayudó a terminar los vestidos para Rufina y Magnolia, las hijas de Eugenia Suárez.
"Para que el trabajo artesanal funcione todas las manos importan, todas por igual. Porque además de conocimiento le ponemos amor, y eso tiene un valor muy grande", expresa Patricia.
El deseo principal es volver a las prendas que hacían nuestras abuelas y bisabuelas, un consumo consciente donde el buzo o vestido no duren tres meses sino tres años.
"Gracias al retorno de lo artesanal se pudieron juntar varias generaciones y promueve que las prendas se guarden y conserven por años", cierra la diseñadora quien, como mamá, disfruta que el motor de su vida sea también una inspiración para otros.
Por Lorena Zeballos
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