En el mundo del cine independiente, Sundance es una de las palabras más importantes a la hora de hablar de festivales.
Creado en los años 80 y establecido en la ciudad estadounidense de Park City (Utah), el festival fundado entre otros por el actor Robert Redford —de cuyo personaje en Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969) fue tomado el nombre— es el ideal para que un filme indie tome la fuerza necesaria y llegue a diversas zonas del planeta, gracias a otros festivales que tienen puesta su mirada allí.
Y eso sólo al ser elegido para integrar la selección oficial del evento. Convertirse en la película elegida por el jurado para alguno de los premios puede significar un salto inmenso para una producción.
Este es el caso de la película boliviano-uruguaya Utama, que ganó el Gran Premio del jurado en la sección internacional. Uno de los miembros del jurado, Mohammed Hefzy, destacó que esta película “bellamente filmada” muestra “un íntimo y tierno retrato de una familia luchando por mantener su forma de vida tradicional” y que “trae a la vida y pone el foco en el efecto del cambio climático en las poblaciones indígenas de Sudamérica”.
Pero, ¿cómo fue el camino que llevó a un grupo de uruguayos a filmar una epopeya familiar en la búsqueda por el agua en el altiplano desértico de Potosí, a kilómetros de donde, casualidad o no, murieron abatidos el Sundance Kid y Butch Cassidy originales? Para averiguar eso, Montevideo Portal habló con Federico Moreira, director del estudio LaMayor, quien fuera coproductor y director de sonido de la película dirigida por el boliviano Alejandro Loayza Grisi.
Según contó Moreira, el camino inicia en el Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine), donde se presentó y ganó Averno película dirigida por el patriarca de los Loayza, Marcos, padre de Alejandro y Santiago, para la cual LaMayor trabajó el sonido.
“Alejandro ahí me mostró el guión. Me dice 'ahora que ganamos esto, tomá este' Esa misma noche lo leí y ya me encantó, me angustió y todo. Lo llamé y le dije que me encantaba y ahí me invitó a participar e hicimos un acuerdo de coproducción”, contó y detalló que durante la preproducción la película fue ganando diversos fondos como el del ICAU (Instituto Nacional del Cine y el Audiovisual) el PUA (Programa Uruguay Audiovisual), Ibermedia y el PIU, fondo extraordinario boliviano que fue el mayor aporte económico (unos 200.000 dólares) para una película que costó cerca de 850.000 dólares.
Contó que el director no quería que fueran actores los que protagonizaran el filme y así fue cómo José Calcina y Luisa Quispe, una pareja de bolivianos que viven en la zona donde se filmó se convirtieron en Virginio y su esposa Sisa. En medio del scouting de locaciones, cuando el equipo llegó a Santiago de Chuvica (Potosí, Bolivia), Loayza decidió, ante la falta de lugares donde filmar las escenas de la casa, construirla.
“Estuvo bueno porque la hicimos con paredes móviles, para poder tener mayor tiro de cámara. Armamos el set según nuestra conveniencia, que es mejor que encontrar algo que nunca va a ser perfecto”, comentó Moreira que definió a la localidad donde se alojaron, Santiago de Chuvica, como “un pueblito de cinco manzanas con una cancha de fútbol y un hostal”, donde se quedó a dormir parte del equipo.
El cineasta explicó que, dadas las características de una coproducción binacional, se deben nombrar “cabezas de área” provenientes de los dos países. Así que se dispuso a encontrar un equipo de uruguayos para trabajar en el filme. Moreira, con la ayuda de Fabian Oliver, se encargó de la dirección de sonido. Como directora de fotografía llamaron a Bárbara Álvarez. Para el montaje, a Fernando Epstein. Gonzalo Regules en cámara, Gerardo “Culaca” González como operador de la steadycam y Fernando Calvete como gaffer.
Las empresas uruguayas Colour Studio y Aparato se encargaron de la edición de color y la animación 3D respectivamente.
Otra notoria participación uruguaya en el desarrollo de la cinta fue la de Fernando Cabrera, quien compuso la canción final de la película, Satalia.
Un set de cine en el desierto boliviano
“Estuvo bueno porque estaba todo muy organizado. Cuando yo llegué ya había pasado la pre (producción) y estaba todo muy bien organizado entre los equipos. Estábamos a quince minutos del set y no nos alcanzaba para dormir en el hostal del lugar, así que la mitad se iba para un pueblito cercano y la otra mitad dormíamos ahí, en Santiago de Chuvica. Después todos los días íbamos hasta la casita y volvíamos, hasta la casita y volvíamos”, contó Moreira.
“En un momento nos agarró una tormenta de arena, una cosa impresionante. Casi se cae todo. (En el desierto) de día te quema el sol, muy arriba y bien fuerte, tenés que taparte para que no te quemes. Pero a la vez hace frío, no hace calor, por la altura, estás a 3.000 metros de altura y de noche se pone frío, pero frío mal. Es increíble la diferencia entre el día y la noche. Así tuvimos que estar las 12 horas diarias de rodaje, era casi todo el día. Porque en las noches, (la filmación) era sólo adentro y estaba tapada la casa, entonces no podíamos filmar mucho de noche”, agregó.
Moreira contó que otro de los grandes desafíos para Loayza fue la dirección de actores: “Al no ser actores, te puede complicar la película entera, te puede complicar el rodaje. Ahí fue inteligente, porque él fue unas semanas antes a hablar con ellos. Los hacía actuar. Ellos ahí se fueron ablandando y cuando llegamos al rodaje ya estaban bien. Además, dejó las escenas más difíciles para la mitad del rodaje, para que no sean ni al final ni al principio”.
El coproductor contó que, a medida que los días de rodaje avanzaban, hasta la fauna local se mostró más cercana a ellos. “Mismo las llamitas que actúan en la película, que están ahí siempre en la vuelta, al principio eran todas ariscas y no querían que estemos, se movían, te miraban con cara rara. Pero al final actuaban solas, se movían solas, ya venían y estaban con nosotros”, contó.
El baile del sol
“Tuvimos la película dormida un tiempo, buscando el festival ideal para ella, la película la teníamos hace un año y medio. Cuando nos dicen que querían que la película esté ahí, a nosotros nos encantó la idea de que se estrenara en Sundance”, dijo el cineasta.
“Ya para nosotros que esté en la selección oficial de Sundance ya era una victoria. Nos parecía lo mejor para la película, porque no era un festival muy grande y era un festival de cine independiente, de los más importantes del mundo. Nos parecía ideal que la película arrancase ahí, nunca nos imaginamos que íba a ganar. Una emoción terrible”, agregó.
Ahora, el equipo detrás de Utama está recibiendo invitaciones para presentarla en diversos festivales en varios países: “Vamos a recorrer el mundo todo el año que viene con la película”.
Consultado sobre si sueñan con llegar a los Oscar dijo: “Yo sueño, pero para el Oscar primero hay que lograr que vaya por Bolivia, que si bien parece que es una obviedad hay que trabajar para que eso pase. Desde ya, porque ya sería para el año que viene, este año ya no se puede. Después, cuando vos entras en ese viaje de Oscar tenés que invertir mucho dinero, muchísimo, casi capaz que la misma plata que invertiste en la película. Invertirla en hacer lobby en EE.UU para que la película tena cierta llegada para la gente que vota el Oscar”.
“Soñamos con eso sí, pero para eso falta mucho y tienen que pasar muchas cosas”, añadió.
Utama se estrenará tanto en Uruguay como en Bolivia en salas comerciales en el próximo mes de agosto.
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