La actriz estadounidense Nina Shipman falleció el pasado 6 de setiembre por causas naturales en un hospital de Gardena, California, a la edad de 88 años. La noticia fue confirmada por Lianne Bremer, hijastra de Nina, en declaraciones a la web especializada The Hollywood Reporter.
Proveniente de una destacada familia del mundo del espectáculo, Shipman debutó en el cine en 1958 en la película Vértigo, de Alfred Hitchcock. Si bien ese comienzo suena como algo grande, en realidad no lo fue tanto. Su rol fue interpretar a una mujer a la que confunden con otra persona, en un papel tan breve que ni siquiera figura en los créditos.
De hecho, la leyenda "sin acreditar" figura junto a media docena de los primeros papeles de Shipman en el cine y la TV.
Su único coprotagónico fue en el western The Oregon Trail, de 1959, en el cual compartió escena con Fred MacMurray. Y quizá su momento más recordado sea el que le tocó cumplir en el capítulo 33 de la primera temporada de La familia Montster, en 1964, en que encarnaba a una bella mujer que suplantaba temporalmente al abuelo del monstruoso y divertido clan.
Durante las décadas de 1960 y 1970 Shipman pareció intentarlo todo para lanzar su carrera, pero el estrellato le fue esquivo.
Participó en una verdadera “serie de series”: Sugarfoot, The Life and Legend of Wyatt Earp, The Adventures of Ozzie and Harriet, Surfside 6, Maverick, 77 Sunset Strip, Bonanza, Rawhide, Dr. Kildare, Daniel Boone, Perry Mason, Burke's Law, The Beverly Hillbillies, The Mod Squad, Adam-12, Highway to Heaven y General Hospital.
Sin embargo, en todas ellas tuvo apariciones de un episodio o, a lo sumo, de dos, sin integrarse nunca al elenco estable o alcanzar siquiera papeles secundarios recurrentes. De hecho, algunos de sus personajes tenían parlamentos mínimos o carecían de ellos. Por ejemplo, en el episodio 16 de la octava temporada de la serie Perry Mason, le tocó hacer, literalmente, de muerta.
En 1975, escribió el libro Cómo convertirse en actor de anuncios de televisión, lo que da una idea de que realmente se había especializado en las apariciones breves en la pantalla. También presentó Temas de salud contemporáneos, una serie de 30 episodios de media hora que los estudiantes podían usar para obtener créditos universitarios en 1981. Entre los temas tratados se incluían la sexualidad, las drogas, el control de la natalidad, las enfermedades cardiovasculares y el alcoholismo.
Sin embargo, la trayectoria de Shipman no se agota en el cine y la TV. Fue una pianista eximia, practicante de cetrería, profesora en la Universidad de Hawái y mentora de muchos a través de una compañía de teatro.
Su muerte pasó inadvertida para la prensa estadounidense durante tres días, y luego solo ameritó algunos artículos breves en la página interior de los suplementos dedicados al cine y la TV.
Tal como si la fama se comportara con ella en la muerte del mismo modo que lo hizo en la vida.