El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contrajo en febrero matrimonio por tercera vez. El excanciller uruguayo se casó con la colombiana Luisa Fernanda Marín.
La información sobre la nueva esposa de Almagro ya fue explicitada en la biografía del jerarca en el sitio web de la OEA.
En 2022, Almagro había sido investigado en ámbitos de la OEA por una relación sentimental anterior, con la politóloga mexicana Marián Vidaurri. La indagatoria fue llevada adelante porque ella era funcionaria de organismo y se buscaba conocer si había incumplido con normas internas de la organización.
En el libro Almagro no pide perdón —publicado a fines de 2020 por los periodistas Gonzalo Ferreira y Martín Natalevich— cuentan que ya por entonces Vidaurri trabajaba con el secretario general.
En tanto, el análisis del caso en ámbitos formales tuvo lugar algunos años después, a raíz de una denuncia anónima.
El resultado del proceso interno fue que, si bien infringió las obligaciones éticas del organismo, “no violó las reglas y regulaciones de la OEA en lo que concierne a las obligaciones de supervisión, incrementos salariales, intimidación, viajes o conflictos de interés”.
Almagro se casó antes en otras dos ocasiones con Eloísa Legnani y Marianne Birkholtz, y tiene siete hijos.
El libro de Ferreira y Natalevich da cuenta que la vida amorosa de Almagro estuvo en general ligada también a sus ámbitos laborales.
A Marianne Birkholtz, de origen sudafricano, la conoció por ejemplo en el marco de una reunión diplomática que tuvo lugar en el año 2000 para analizar cuestiones ambientales. Por esos años trabajaron juntos en algunos acuerdos entre las delegaciones que componían. Y, más adelante, nació un amor que duró dos décadas.
Antes había estado casado con Legnani, funcionaria de la Cancillería uruguaya. En el libro Almagro no pide perdón, el excanciller describe el final de aquella relación.
“Al regreso de Irán [uno de los destinos donde Almagro ejerció] ya había muchas complicaciones. Fueron años bravos. Soy mal jugador de póker, me resulta difícil mantener cara impasible en algunas cosas. Recién me separé en el 2000, porque te cuesta cortar, tenés tus hijos, tu lógica del día a día, pero la continuación termina siendo perjudicial para la estabilidad. Mi cabeza necesitaba cortar con eso, y yo la forcé tres, cuatro, cinco años más. Los otros sienten el dolor de que haya una situación familiar mala y sienten el dolor de la separación, todo causa dolor. No hay alternativa. Lo sentí como un mal momento, porque implicó estar alejado de mis hijos”, dijo Almagro.
El excanciller uruguayo no oculta sus sentimientos y su forma de entender la vida. “Siempre fui más de sentir cosas y actuar en consecuencia. Lo que te ilumina la vida la sonrisa de una mujer… Wow”, dijo también a los autores en otro pasaje del libro, según una reseña que publicó La Diaria.
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