El arranque es impactante. Un hombre (Leonardo Sbaraglia) vuelve a su casa y descubre que su esposa (Carolina Dieckmann) está siendo violada por dos desconocidos. Intenta ayudarla pero no consigue hacer gran cosa, y los delincuentes escapan. Allí comienza el drama, y una historia cuyo eje incluye algunos descubrimientos inquietantes y la construcción de una elaborada venganza. La violación, con todo lo que tiene de estremecedor y horrible, es solo un pretexto anecdótico en esta coproducción argentino/brasileña/uruguaya, porque sirve en realidad para disparar una exploración de los miedos y los secretos de la pareja.