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En primera persona

“Cada tanto hay que sacudir la modorra”: Leo Sarro y preguntas incómodas a políticos

El periodista repasó su trayectoria y analizó los códigos de la calle, el desafío de incomodar y los límites de la labor periodística.

17.07.2026 11:24

Lectura: 5'

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En un mano a mano íntimo y reflexivo con Richard Galeano en el programa Hacemos lo que podemos, Leo Sarro repasó su trayectoria, desmenuzó los códigos del dial y analizó la compleja transición hacia la era digital, encarnando el puente perfecto entre la mística de la vieja radio analógica y la inmediatez de las redes sociales.

“Yo arranqué en una radio de Solymar en el año 86 como operador. En un momento, para llamar la atención a un programa le puse Radio Pirata y todo el mundo se pensaba que era una radio clandestina y ahí mató”, comenzó.

La posibilidad de transmitir en vivo y en directo desde cualquier rincón de la ciudad potenció drásticamente su perfil como movilero: “Mi carrera de movilero se potenció mucho cuando apareció el teléfono celular y empecé a salir en vivo desde los lugares, habiendo cubierto todo tipo de cosas”.

Esta destreza para captar el pulso de la calle lo llevó de las coberturas veraniegas en Punta del Este para El Espectador al radar de los influyentes hermanos Rupenián, abriéndole las puertas de la exigente radiofonía de Buenos Aires. Durante tres años en la vecina orilla, Sarro retrató el “color” porteño en emisoras de renombre como Radio Horizonte y Radio 10, compartiendo micrófonos con próceres del dial rioplatense como Bobby Flores y Héctor Larrea.

Más adelante, Galeano planteó la inevitable interrogante sobre cómo convive la vieja guardia con la incorporación de cámaras en los estudios de radio y las transmisiones por streaming. Sarro confesó que, aunque se acostumbró a las cámaras, percibe que la sobreexposición actual atenta contra el encanto original del medio: “Se perdió esa magia de la voz que te está dando la noticia, la voz que te está presentando un tema, o sea, hoy día incluso con redes sociales buscas el nombre y ya te aparece, ya se perdió esa magia de quién está detrás del micrófono”.

A pesar de esta transición tecnológica, el periodista defendió ante Galeano la premisa de que la calidad del contenido sigue siendo el filtro definitivo, independientemente del formato visual: “Si uno tiene un producto muy bueno y decide no poner la imagen y está convencido de la calidad del producto, va a lograr seducir. Todo lo que es bueno encuentra su lugar”.

Con la consolidación de redes sociales como X, Sarro descubrió un territorio sumamente fértil para expandir su labor periodística. En las coberturas diarias para la radio, el protocolo y las pautas editoriales exigen sintetizar las declaraciones. Fue allí donde el periodista vio una oportunidad de oro para difundir el material que los canales y emisoras tradicionales descartaban: “Yo decía: 'Esto es un material que está buenísimo'. Y veía que los canales no lo pasaban tampoco. Entré a compartir eso en redes y empezó a tener mucha repercusión”.

Al indagar sobre los criterios de descarte de los grandes medios, Sarro reflexionó sobre la influencia del statu quo en la agenda diaria, señalando que muchas veces se prioriza lo convencional o aquello que decide el establishment. “Me empezó a servir para testear muchas veces, que parecía loco eso, no lo decía, pero que vos testeabas ciertos temas en las redes, veías cómo prendía un tema u otro y me servía de guía para saber que también al aire ese tema podía interesar”.

En el tramo más reflexivo del mano a mano, Richard Galeano profundizó en el estilo incisivo del periodista y en su capacidad para incomodar al poder político. Sarro defendió la necesidad de “sacudir la modorra” institucional, pero advirtió sobre el peligro de abusar del rol de provocador: “Tampoco puedes abusar de ese recurso. Ahí viene Sarro que va a ser siempre tirarte la de crack. Venís a romper y a hacer la pregunta que no. Si siempre vas al choque directamente, a veces puede llegar a ser contraproducente porque después incluso capaz que hasta no te dan nota”.

La mayor preocupación de Sarro respecto al presente de la comunicación no radica en la migración de plataformas, sino en un paulatino debilitamiento cultural en la era de la inmediatez. El periodista lamentó la falta de tiempo para la lectura profunda y la formación rigurosa en el manejo del lenguaje entre las nuevas generaciones de comunicadores: “A mí lo que me preocupa más es que, hoy por hoy, me parece que desde el punto de vista intelectual, esta era que estamos viviendo se está debilitando mucho. Está mucho la gente para la instantánea y estamos desplazando tiempo para cultivarnos también y ver periodistas formados con manejo de lenguaje”.

Hacia el final de la entrevista, Sarro analizó con realismo la sostenibilidad económica de los medios de comunicación en un mercado saturado de frecuencias y fuertemente polarizado, donde la supervivencia comercial obliga a la creación de grandes conglomerados. Para el histórico movilero, el diagnóstico final es claro y riguroso: en un escenario tan atomizado, solo sobrevivirán aquellas propuestas que logren sostener la calidad y la fuerza de su identidad.