Por María Noel Domínguez
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Febrero empieza fuerte para la comunidad afroumbandista en Uruguay: el 2 de febrero, fecha dedicada a Yemanjá, convoca multitudes y desborda la lógica estrictamente religiosa para convertirse en una fiesta popular a cielo abierto. Miles se acercan a la costa —o a ríos y costas del interior— a agradecer, pedir o simplemente mirar un ritual que, año a año, mezcla tradición, cultura, música y una energía colectiva difícil de explicar desde afuera.
En este marco, Montevideo Portal entrevistó a la mãe Susana Andrade (de Oxum), referente de Atabaque y una de las voces más visibles del universo afroumbandista en el país. Su mirada combina espiritualidad, memoria afroindígena, crítica al prejuicio —que ella define también como “racismo religioso”— y un llamado insistente a leer estas prácticas desde el cuidado de la naturaleza y la convivencia.
En la entrevista, Andrade también anuncia una actividad previa: una celebración y jornada solidaria el 1º de febrero en Capurro, junto a familias de un asentamiento que espera realojo. “Vamos a llevar Yemanjá”, dice, con tambores, canciones, alimentos y una invitación a que también participen autoridades y vecinos.
Vamos a hablar de que empieza febrero y las actividades de ustedes se potencian. Primero que nada: ordenemos febrero.
Sí. En realidad el 2 de febrero es esperado casi como el Día de la Madre en la comunidad afroumbandista de toda la región. Son momentos entusiasmantes porque vamos viendo cómo “hacer la barca”.
Hace muchos años intentamos que las ofrendas sean biodegradables, que no contaminen. Y eso exige una preocupación artesanal mayor: las barcas se confeccionan con materiales amigables, da mucho más trabajo. En santerías, a veces ya proveen barquitas que no contaminan. Y empieza esa expectativa: la gente te pregunta “¿dónde vas a estar el 2?”, “¿dónde vas a estar?”. Para nosotros es un día de fiesta, y también una fiesta popular: la gente vive Yemanjá como una festividad de toda la población, no solo de quienes practican religión afro.
¿Por qué creés que convoca tanto, incluso a gente que no va a templos el resto del año?
Porque todos buscamos algo en qué creer. Y el 2 de febrero hay gente que el resto del año no va a templos, pero sí va a Yemanjá. Creo que se entiende: reivindica la vida que nos ofrenda el agua. Yemanjá es para todas y todos: sin agua no hay vida.
Y nos conglomeramos desde la forma que cada quien crea mejor, sin ritual preestablecido. Hay gente que va solo a mirar y disfruta la fiesta. Hay quienes van con ofrendas. Ese día algunos hasta se animan a santiguarse. Y también hay templos que hacen caridad —“dar la caridad”, como se dice— para todo el pueblo. Para mucha gente, además, es un portal de entrada.
¿Portal de entrada a la religión afro?
Sí, porque muchas veces preguntan dónde hay un templo, dónde pueden ir. Y por prejuicios —no lo ignoramos— se estigmatiza: se emparenta con brujería por ignorancia. Pero ese día sacamos el culto a la calle. Hay integración social: gente de todos los niveles económicos, de todos los colores, de todas las clases. Es un espectáculo a cielo abierto y un ritual popular masivo que vivimos de formas distintas, pero con un común denominador: la fe.
Decías “milagros”.
Es un día de milagros no solo por la creencia en Yemanjá, dueña de las grandes aguas, sino porque hay mucha energía humana desplegada en torno a esa vivencia. Es un día para agradecer —muchísima gente va a agradecer— y también para pedir.
Y no dejemos de hacer nuestros votos de fe como lo entendamos: con vela, sin vela, con grandes ofrendas, con pequeñas ofrendas.
¿La ofrenda importa por lo que vale?
No. Te cuento una perlita: una vez un chico fue a casa y me dijo: “Mãe, yo no creo en nada, pero tengo tal problema”. Fue al agua y sintió que había una energía que le decía “quiero ser homenajeada por vos”. No tenía nada para ofrecer. Y había comprado un mate precioso, carísimo. ¿Sabés qué hizo? Dejó el mate para Yemanjá.
Y yo le dije: es la mejor ofrenda, porque era algo que te había costado, que lo querías, que lo elegiste. La ofrenda no tiene nada que ver con el poder adquisitivo: si no, solo los ricos serían escuchados, y eso no es así. A veces una persona tiene solo una velita o su corazón abierto. Y eso ya alcanza.
Creer es importante, y es sanador porque genera esperanzas. Eso es lo que moviliza, entendemos nosotros, la energía “milagrosa”.
¿Sentís que cambió algo en estos años en la relación del uruguayo con la religión afro?
Creo que hoy hay verdades relegadas que se abren paso. Hay diversidad cultural y también diversidad religiosa, aunque existan religiones hegemónicas. Yo creo en el pachacutic de los pueblos originarios, ese giro que trae verdades que fueron negadas, perseguidas, invisibilizadas, y hoy se abren paso.
Son cultos milenarios que permanecieron ocultos. Y hoy tienen vigencia también por algo clave: el cuidado de la naturaleza. El africano tribalizado, el indígena tribalizado, sabía que esa naturaleza debía estar sana para la permanencia de la vida en la Tierra. Hoy hablamos de ecología, efecto invernadero… y esas verdades vuelven.
También hay prejuicio, ¿no?
Sí. Hay discriminación por color de piel, pero también por valores, creencias, fechas. Nuestras fechas son sincréticas: el 2 de febrero dialoga con la Virgen, la Candelaria; San Jorge en abril para nosotros es Ogún; el 8 de diciembre tiene su correlato… La población esclavizada aprovechaba fechas católicas para venerar sus deidades, porque estaba prohibido hacerlo de forma abierta.
Entonces, claro: además del racismo étnico-racial, existe racismo religioso. Por eso Yemanjá es tan importante: la cultura afro sale a la luz con una potencia innegable, y ese día el prejuicio queda más expuesto… pero también más vencible. Porque lo que se ve es luz.
Me decías recién algo fuerte: “ese día lo único que se ve es luz”.
Es muy hermoso. Y te cuento otra perlita: una vez bajó a la arena un intendente (en ese momento) y vio el fenómeno completo. Playa Ramírez, playa Honda… se llenan. Hay templos enormes que hacen ruedas y llevan gente; viene gente del interior; de Montevideo a veces se van a ríos para estar más tranquilos.
Y en esa arena convivía todo: la señora con una velita sola, los grandes templos, turistas, empresarios, gente de otras religiones, curiosos. Es una fiesta para disfrutar. El mensaje más potente es la fe y el respeto en el ambiente: la gente se conecta con esa energía, sea para agradecer o pedir.
Contame tu vínculo con la religión. ¿De dónde venís vos?
Yo nací en un hogar evangélico, pentecostal. Amo la Biblia: hay muchas verdades y mucha poesía.
Somos ocho hermanos. Mis padres partieron no hace tanto, en tiempos de covid, pero no por covid. Papá era alcohólico, carrerista. Mamá buscaba curarlo, y un día lo llevaron a un culto: se convirtió, y no solo eso: se hizo misionero. Era un ministro, de los de verdad, no los telepastores de madrugada.
Yo fui evangélica hasta los 18, era lo que mamé de cuna. Y después conocí a Julio —umbandista, “macumbero”, rubio, mirá vos—. Yo le tenía terror a todo eso: me habían enseñado que era demonio. Yo cruzaba de vereda para no pasar por un templo, rezando para que “la sangre de Cristo” me protegiera.
¿Y cómo cambió eso?
Por amor, literal. Me enamoré y un día me entró al templo casi a empujones: “No puede ser que tengas miedo, vivilo por lo menos”. Tenía razón.
Empecé a acompañar. Me gustaban los cantos, el ambiente familiar. Ayudaba con comidas. Y un día, en un ritual, incorporé mi Pomba Gira por primera vez. Fue como descubrir que detrás de un velo había un mundo que estaba ahí y yo no lo conocía. Nunca más paré. Sentí la necesidad de iniciarme. Y creo que el liderazgo religioso tiene algo de llamado, de vocación, de predestinación.
Aunque no puedas ir a la playa: sintonizá con Yemanjá en el corazón
Hablaste de la demonización, de por qué se asocian ciertas entidades al “diablo”.
Eso tiene historia cultural. En el sincretismo, a entidades cercanas al plano humano les tocó la figura del diablo. Cuando el africano vio que el blanco lo asimilaba a Satanás, de algún modo dejó pasar y a veces incluso alimentó ese mito: era una herramienta de defensa frente al miedo del dominante. Triste, pero real: era una forma de sobrevivir, de hacerse un lugar, de conseguir algún margen de poder simbólico frente a la discriminación.
Y hay otro fenómeno interesante: muchas religiones de raíz afro e indígena hoy son practicadas mayormente por gente no visiblemente afro. Es un tema para estudiar. La población afrodescendiente no tuvo la misma libertad histórica para practicar su fe: se la empujó a practicar la religión hegemónica. Eso deja marcas.
Antes de cerrar: el día previo al 2 hay una actividad importante para contar.
Sí. El 1º de febrero a las 18:00, en el asentamiento Cívicos (rambla Baltasar Brum y José Nazazzi, Capurro), vamos a hacer una celebración especial de Yemanjá. Vamos a llevar Yemanjá al asentamiento.
Hay gente que no tiene ni para el ómnibus para ir a la playa. Vamos a llevar canciones, música, tambores, algunas cosas simbólicas —perfumería, objetos de tocador—, porque Yemanjá es mujer, coqueta, como la humanizó el africano esclavizado. Vamos a estar allí disfrutando con la gente.
Son 35 familias esperando realojo, hay 60 o 70 niños. Vamos a llevar golosinas, jugos, pipoca (alimento tradicional de los cultos afro). Y ojalá las autoridades miren para agilizar ese realojo.
Estamos pidiendo alimentos no perecederos para armar las 35 bolsas/cajas. Se pueden coordinar donaciones al 099 21 5451 (Atabaque). Si es bastante cantidad, se puede ir a levantar; si no, Atabaque está a dos cuadras del Nuevocentro: pueden pasar a dejarlo, idealmente antes para llegar con todo pronto.
Muchas gracias por venir.
Gracias a ustedes. Dejo la bendición de Yemanjá para toda la población, para ustedes en particular. Ese día es un día de milagros: aunque sea sintonizar con nuestra madre de las aguas. Podemos o no acercarnos a la playa. Si podemos, mejor; si no, otro día, o en el corazón: Yemanjá nos va a proteger y conceder lo que necesitamos.
Ayé, bendiciones.
Celebración + jornada solidaria (Atabaque)
1º de febrero
18:00
Asentamiento Cívicos (Rambla Baltasar Brum y José Nazazzi), Capurro
Donaciones alimentos no perecederos: 099 21 5451
Fiesta de Yemanjá
2 de febrero (celebración popular en costas de Montevideo y el interior).
Por María Noel Domínguez
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