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Seré Curioso

Una pareja rusa en Uruguay: de la Siberia a bailar candombe, tomar mate y abrir un restó

Svetlana y Andrei salieron de Omsk hace tres años y medio para Montevideo. Hoy sienten que aman a nuestro país.

27.06.2026 08:00

Lectura: 17'

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Por César Bianchi

Svetlana Nikitina (40) fue atleta en sus años mozos, practicaba salto largo y corría. En algún momento soñó con competir por Rusia en los Juegos Olímpicos, pero no llegó. Entonces, se licenció como profe en Educación Física. Andrei Novoseltsev (42) era psicólogo y estaba muy alejado del deporte. Se conocieron en una colonia de vacaciones para niños en la fría Siberia y todo cuadró. Lo que empezó con una galantería de él, terminó con una aceptación de ella a cenar una noche.

Ambos son oriundos de Omsk, una de las ciudades más populosas de Rusia en el centro-sur del país con 1.101.367 habitantes a la orilla del río Irtish, sobre la llanura sur de la Siberia Occidental. Se casaron hace 18 años y ella pasó a tener el apellido de él con una “a” al final: se convirtió en Svetlana Novoseltseva. Después vinieron los frutos del amor: Alisa y Alexandra. Y todo parecía estar bien.

Pero a mediados de 2022 decidieron hacer las valijas y venirse a Uruguay, donde ya vivía Olga, la hermana de Svetlana. La respuesta a la insistente pregunta de “¿por qué cruzar océanos y continentes para hacer 13.500 kilómetros y llegar a este puntito en el Cono Sur de América del Sur?” es poco convincente. Dicen que acá estaba Olga desde hacía unos cuántos años… aunque la madre de ambas sigue viviendo en Omsk y los padres de Andrei también.

La fecha coincide perfectamente con los primeros meses de la guerra tras la invasión del gobierno de Putin a Ucrania. Pero de eso prefieren no hablar. Apenas si dicen que acá el tiempo es más lento, hay paz y no tienen que andar corriendo de un lado para el otro. Y en algo son claros: creen que la política no debe entrometerse en el deporte.

Despojados de sus profesiones previas, acá decidieron emprender casi de casualidad, cuando se dieron cuenta que cocinar pasta rellena rusa ganaba cada vez más adeptos. Entonces, en pleno barrio Palermo (Durazno 1451) abrieron Rincón Ruski, una esquina donde venden pelmeni y varenike y postres como torta de miel o Napoleón. Se radicaron en el barrio Sur y hoy Svetlana adora bailar candombe al son del tamboril en su balcón, comienzan todas sus mañanas tomando mate y aprenden el castellano sin profesor, charlando con sus comensales (ella prácticamente lo domina, a él todavía le cuesta).

De su salida de la Siberia rusa, su llegada a Montevideo con niños chicos, sus comienzos difíciles en los que caminaban de plaza Zabala a la plaza Matriz sin poder hablar con nadie, y la adaptación a nuestras costumbres y el ritmo uruguayo de la vida, hablé con ambos en una mesa de Rincón Ruski, ese sitio que frecuentan rusos, polacos y ucranianos que viven entre nosotros. Me dijeron que hoy “aman” Uruguay y lo sienten como su segunda patria.

Foto: Javier Noceti - Montevideo Portal.

Foto: Javier Noceti - Montevideo Portal.

¿Quiénes son?

Svetlana: Somos una pareja rusa, padres de una familia rusa que vivimos acá en Uruguay, hace tres años y medio. Estamos casados hace 18 años. Tenemos dos hijas, una de 16 años y una de 9.

¿De dónde son oriundos? ¿De qué ciudad de Rusia?

Svetlana: Somos de Siberia, de la ciudad de Omsk. Es una ciudad bastante grande, de más de un millón de habitantes. Es una ciudad fría, con mucho frío, pero hay cuatro estaciones.

Andrei: Es una de las ciudades más grandes de Rusia. Y tiene mucho sol. Es una ciudad conocida como “ciudad de sol”. En eso es muy parecida a Montevideo, hay mucho sol. Por eso nos acostumbramos rápido a vivir acá.

Svetlana: Hay nieve allá, por lo menos por ocho meses.

Andrei: Menos, unos seis meses de nieve…

¿Cómo se conocieron ustedes?

Svetlana: Wow, hace mucho tiempo. Éramos jóvenes y trabajábamos en un lugar… ¿cómo se llama? Como una colonia de verano para niños. Él es psicólogo y estaba ahí, con su colonia, y yo era profesora de educación física, y nos conocimos ahí en el año 2007.

¿Quién conquistó a quién? ¿Quién se acercó al otro y dio el primer paso?

Svetlana: Él empezó a darme algunas atenciones, algunos regalitos, y yo no entendí si era algo amistoso o quería algo más. ¡Lo entendí más adelante! Pero después fue una historia muy fuerte entre nosotros. Y todavía lo quiero… jaja.

Andrei: Y yo todavía la quiero. Mucho. Cada año la quiero más.

Él es psicólogo, tú profesora de educación física. ¿Se dedicaban a eso o tenían otro oficio?

Svetlana: Él es psicólogo, pero también es profesor social, trabaja con el alma de personas… no sé cómo decirlo. Trabaja con la unión (espiritual) entre los dos, es muy difícil, no puedo explicarlo. Digamos que es psicólogo.

Y yo soy deportista. Practiqué el atletismo, con relativo éxito. Tuve educación en colegios que preparan atletas para los Juegos Olímpicos, es una escuela para deportistas que preparan atletas, asistí ahí como deportista. Quise competir en los Juegos Olímpicos, pero no llegué. Yo hacía salto largo. 

¿Qué los expulsó de Rusia? ¿La realidad política del país? ¿La guerra? ¿La situación económica?

Svetlana: Solo un tema familiar, porque mi hermana Olga vive acá en Uruguay desde hace 15 años. Y viajar, cada tanto, entre Uruguay y Rusia sería carísimo, prohibitivo. Yo quería estar cerca de ella.

“Olga nos había invitado a venir hace mucho tiempo, pero no lo habíamos decidido. La decisión no fue salir de Rusia, irnos de Rusia. Nuestra decisión fue venirnos acá, donde vivía la hermana de Svetlana. Llegamos a Uruguay en 2022”

¿Tienen a su madre viva?

Svetlana: Sí, vive en Rusia. Pero ella no quiere salir de allá.

La idea de emigrar es una decisión fuerte, pesada, y máxime mudarse a un país pequeño en otro continente, tan lejano a la realidad de ustedes en Siberia. Si tenías a tu madre en Rusia, ¿por qué mudarse a Uruguay?

Andrei: Primero nos invitaron a venirnos dos meses, quisimos venir a visitar a la hermana de Svetlana y ver cómo era estar acá. Pero con la oportunidad de quedarnos. Ellos nos habían invitado a venir hace mucho tiempo, pero no lo habíamos decidido. Y después de dos meses acá, decidimos quedarnos, después que conocimos bien la ciudad.

La decisión no fue salir de Rusia, irnos de Rusia. Nuestra decisión fue venirnos acá, donde vivía la hermana de Svetlana. Llegamos a Uruguay en 2022.

¿Ustedes estaban conformes con la vida en Rusia?

Svetlana: No queremos hablar de política ni de la guerra. Allá vivíamos como millones de personas: teníamos trabajo, familia, actividades. Estando allá yo era entrenadora de educación física y él trabajaba como psicólogo. Vivíamos como una familia de clase media, como el promedio de los rusos.

Venir a Uruguay, ¿fue una búsqueda de mejorar su calidad de vida?

Svetlana: Sí, se podría decir que sí. Eso lo buscamos, sí.

Y tu hermana Olga, ¿por qué eligió venirse a Uruguay, hace 15 años?

Svetlana: Ella se fue de Rusia hace 25 años. Primero se fue a Portugal, anduvo por otros países, y después se vino para acá. ¿Por qué eligió venir a Uruguay? Bueno, un poco por el clima, pero, sobre todo, por la estabilidad económica. Creo que es por eso.

¿Y cómo los convenció Olga de elegir Uruguay para radicarse? ¿Qué les dijo sobre las bondades de nuestro país?

Svetlana: Nos habló de la situación económica, del clima, de la buena gente que vive aquí. Y por la ecología: el aire es limpio acá. Nuestra ciudad, Omsk, tiene muchas fábricas y el aire está muy contaminado. A veces no puedes respirar bien y tu salud depende de eso. Tenemos hijas y nos importa que tengan un aire limpio.

“Las primeras dos semanas vivimos solo en Ciudad Vieja. Vivíamos en la Plaza Zabala, íbamos hasta la Plaza Matriz ida y vuelta. Solo eso. Porque sin idioma, sin saber inglés ni español (solo ruso), no podíamos comunicarnos con otros. Era todo nuevo, no conocíamos dónde quedaba cada lugar…”

¿Cuáles fueron las primeras impresiones que tuvieron de la capital uruguaya?

Svetlana: Me gustó mucho. Sobre todo, alzar la vista y en el horizonte poder ver el mar (el Río de la Plata). Eso es maravilloso.

Los primeros días en Montevideo, ¿se preguntaron “¿qué estoy haciendo acá”?

Andrei: Yo sí me lo pregunté. Me pregunté si podía vivir acá o no, qué podía hacer acá. Para mí, todo mejoró cuando empezamos a estudiar mejor la ciudad, cuando la empezamos a recorrer, a caminar lejos…

Las primeras dos semanas vivimos solo en Ciudad Vieja. Vivíamos en la Plaza Zabala, íbamos hasta la Plaza Matriz ida y vuelta. Solo eso. Porque sin idioma, sin saber inglés ni español (solo ruso), no podíamos comunicarnos con otros. Era todo nuevo, no conocíamos dónde quedaba cada lugar…. Por eso caminábamos unas cuadras y volvíamos.

Mirá, queríamos expandir nuestras fronteras, expandir nuestros horizontes. Yo sabía que había que esperar que pasara la crisis de adaptación de la emigración. Había que adaptarse al país nuevo, y eso iba a demandar un tiempo.

Svetlana: Buscamos prosperidad aquí, mejorar la calidad de vida, porque ta…

¡Decís “ta”, como nosotros!

Svetlana: Es que hablo con muchos uruguayos aquí, es como ir a clase de español de Uruguay. No vamos a una profesora de idioma español, simplemente hablamos con muchos uruguayos y vamos aprendiendo. Se ve que el “ta” ya me quedó.

¿Cómo llega la cocina a ustedes?

Svetlana: Cuando llegamos a Uruguay, perdimos nuestras profesiones, porque sin idioma no puedes trabajar, y sin validar documentos tampoco, y necesitas mucho tiempo para estudiar español. Ya vivimos acá hace más de tres años y algunos temas son muy complicados. Y para trabajar bien hay que hablar bien.

Empezamos a preparar comida rusa para la familia de mi hermana. Vinimos a Uruguay porque mi hermana vive acá hace mucho tiempo, y no elegimos a dónde queríamos ir. Vinimos exactamente a Uruguay porque ellos vivían acá. Empezamos a preparar comida para ella y su familia, para cenar juntos, cuando nos reuníamos juntos con nuestras hijas.

Empezaron los comentarios: “¡Qué rico!” Y nos empezaron a decir que era una comida distinta a la de Uruguay y, bueno, así nació la idea de poner un restorán.

Así nace Rincón Ruski, entonces…

Svetlana: La idea nació cuando buscamos algo conocido para nosotros y no podíamos encontrarlo: ni comida ni mucha gente… y podíamos... ¿cómo se llama?

Andrei: Vimos que podíamos expandir nuestra cultura, compartirla con otros. Entonces quisimos crear un lugar donde pudiéramos mostrar nuestra cultura, a través de… de…

Del lenguaje universal de la gastronomía…

Svetlana: Exacto, muchas gracias, jaja. Y es más fácil el lenguaje con comida. Y, después, el nombre Rincón Ruski tiene dos significados. Un significado de “Rincón” es porque estamos en una esquina, en un rincón. Y otro “rincón” como lugar ruso. Y “Ruski” significa ruso, pero cambia la pronunciación, porque en ruso se dice “ruskí”.

Ustedes, ¿ya eran buenos cocinando?

Svetlana: Empezamos con comida muy fácil y muy tradicional. Es comida conocida para los soviéticos, la gente de la ex Unión Soviética: polacos, rusos, lituanos, ucranianos, todos conocen esta comida porque antes vivíamos casi juntos. Empezamos solo con pasta rellena rusa. Hay dos tipos: varenikes y pelmenis. Allá todos pueden preparar pelmenis y varenikes.

Son como sorrentinos, tipo ravioles grandes, pero la masa es distinta y se guardan en el freezer. Y es una costumbre, por ejemplo, para la fiesta de Año Nuevo. Es tradicional preparar esta comida en familia, todos juntos: uno hace la masa, otros el relleno. Es una tradición para invierno.

Para ponerla en el balcón donde hay 30 grados bajo cero, jaja… Congelarla, y después para fiestas. Podemos comerla todo el invierno. Es comida fácil y auténtica para nosotros. Y muy rica, eh. El pelmeni es con carne, y sin carne son varenikes. ¡El pelmeni con carne uruguaya es riquísimo!

En este tiempo, cuando hablo con mis amigas por teléfono, y les comento que hago pelmeni con carne uruguaya, dicen: “¡Ah, qué delicia!”. Porque en Rusia la carne uruguaya sale carísima. No puedes hacer una picada y comer así nomás, porque es cara.

“Empezamos con comida muy fácil y tradicional. Es comida conocida para los soviéticos, la gente de la ex Unión Soviética: polacos, rusos, lituanos, ucranianos, todos conocen esta comida. Empezamos solo con pasta rellena rusa. Hay dos tipos: varenikes y pelmenis”

¿Y cómo se llevan con la gastronomía uruguaya? Pienso en asado o carne a la parrilla, o con el “chivito”.

Svetlana: ¡A mí me gusta mucho el asado! Me encanta que aquí cada casa o cada edificio tiene su parrillero. ¡Es una idea genial!

Y preparan tragos con vodka, me imagino. ¿Encontraron buen vodka ruso aquí?

Svetlana: Encontramos acá vodka ruso, sí. Hacemos cócteles, y solo vodka en shot congelado, una costumbre rusa. Vodka helado, a 18 grados bajo cero. Lo encontramos hace poco. Acá tenemos Absolut, que es vodka suizo, pero lo servimos como en Rusia: congelado. Y preparamos tres cócteles: “Ruso blanco”, que es vodka con licor de café y crema de leche (muy raro, pero rico), también hacemos “destornillador”, pero no sé si es ruso (es vodka con jugo de naranja), y también bloody mary, que en Rusia se toma con jugo de tomate, con pulpa de tomate natural, con vodka, sal, pimienta y salsa tabasco.

¿Y cómo le está yendo al negocio?

Svetlana: Por suerte, muy bien. Empezamos a trabajar los dos hace dos años, abrimos en agosto de 2024, acá en Palermo. Nosotros vivimos en el límite entre barrio Sur y Palermo. Y bueno, Rincón Ruski ha crecido: ahora tenemos dos chicos que nos ayudan. Y estamos contentos porque la gente que ha probado la comida dice que le gustó mucho. ¡Y han vuelto! Es muy importante para nosotros porque acostumbramos a trabajar bien, y queremos trabajar bien.

Pero a ustedes les gusta salir de acá y comerse un asado…

A veces sí, no podemos comer siempre pelmeni. Nuestra hija chica puede, ella quiere comer pelmeni siempre.

Hablame de ellas, Alexandra de 9, y Alisa de 16. ¿Se han adaptado bien al Uruguay?

Sí, ellas tienen amigas, amigos… Empezaron en escuela privada un año y después pasaron a la escuela Portugal que está en la Ciudad Vieja. Alisa ya terminó el ciclo básico de liceo y ahora está en una escuela de diseño gráfico. Es acá cerca también y a ella le gusta mucho. Está contenta. Encontró muchas amigas.

“Nuestras hijas Alisa y Alexandra tienen amigas, amigos… Empezaron en escuela privada un año y después pasaron a la escuela Portugal que está en la Ciudad Vieja. Alisa ahora está en una escuela de diseño gráfico. Está contenta. Encontró muchas amigas”

¿Y ustedes qué cosas de nuestras tradiciones les gusta?

Svetlana: La primera costumbre que me gustó mucho es el mate. Tomamos mate los dos.

¡Me imagino que sin azúcar!

Svetlana: Nada. Prohibido. Ahora tenemos nuestra costumbre ruso-uruguaya. Cuando vamos a la UAM (Unidad Agroalimentaria Metropolitana) a las 6 de la mañana, es muy temprano para nosotros para ir hasta allá a comprar verduras y todo eso. Pero no podemos salir sin el termo y el mate.

“¡Vivimos en barrio Sur! Yo bailo candombe dos veces por semana. Pasan frente a casa tocando los tambores, y no me molesta. Puedo dormir igual. Nos acostumbramos muy rápido a los tambores”

¿Y el fútbol? ¿Ya son simpatizantes de algún equipo?

Svetlana: Bueno, eso lo tengo que estudiar. Yo entiendo poco, y él tampoco es muy del fútbol.  En Rusia no son tan hinchas del fútbol. El hockey es el principal deporte.

¿Y el carnaval? ¿Las Llamadas?

Svetlana: ¡Por supuesto! ¡Vivimos en barrio Sur! Yo bailo dos veces por semana. Me gusta mucho y los tambores también. Pasan frente a casa tocando los tambores, y no me molesta. Quiero decir, a otros quizás les molesta, porque no los dejan descansar, pero a mí no me molesta cuando hacen mucho ruido. Puedo dormir igual. Nos acostumbramos muy rápido a los tambores.

En Ciudad Vieja, en Plaza Zabala, también salían dos veces por semana tocando tambores. Abríamos las ventanas y daban exactamente para esa fiesta. Tenemos un video casero donde yo bailaba en el balcón de casa. Es una costumbre de ustedes que nos gusta mucho.

Ahora se está jugando el Mundial en Estados Unidos, México y Canadá. La FIFA prohibió a Rusia participar en el Mundial, por su invasión a Ucrania, por la guerra, en resumen. Pero, como dije, Estados Unidos, que también está en guerra, es uno de los organizadores del Mundial. ¿Qué lectura hacen de que su país no haya disputado las Eliminatorias europeas y, por tanto, no esté en el mundial por la guerra con Ucrania, pero Estados Unidos no solo participe, sino que sea uno de los países sede del certamen?

Andrei: Para nosotros, el deporte y la política son dos temas diferentes.

Svetlana: No entendemos nada sobre política, pero yo soy deportista y no sé… Hay algunos deportes como el tenis, donde se compite en deporte y no hay política, no interviene la política. Juegan todos y no pasa nada. En tenis juegan todos.

Si te interpreto bien, no comparten que Rusia no pueda participar en el Mundial de fútbol, y haya sido vetado.

Svetlana: Hay muchos temas más importantes en mi vida que pensar si puede jugar Rusia o puede jugar Estados Unidos, o quién tiene derecho y quién no tiene derecho. Yo tengo familia, hijas, y como cualquier madre pienso en las cosas importantes para mi familia.

Sobre la guerra prefieren no hablar…

No.

Pero tienen una postura, aunque no quieran hablar del tema.

Andrei: Todos tenemos una opinión, pero nosotros —ay, es difícil de explicar—, somos neutrales. Acá somos rusos, pero vienen polacos, ucranianos, bielorrusos, uruguayos.

¿Sí? ¿Vienen clientes ucranianos y polacos a comer acá en el barrio Palermo?

Andrei: Sí, claro.

Svetlana: Yo sé que vienen polacos, lituanos, rusos, ucranianos, bielorrusos, de Estados Unidos, Canadá... Entonces, acá hay paz. No hablamos de política.

¿Se imaginan muchos años viviendo en Uruguay?

Svetlana: Respondo yo primero: yo quiero vivir acá. A mí me gusta mucho este país. Lo amo, lo amo. Siento que este país me adoptó, y yo lo adopté como propio.

Me encanta el clima, la gente es buena, siempre con una sonrisa... Estoy tranquila acá. Estoy sin nervios, no hay que correr de acá para allá.

Es un país más lento...

Sí, exacto. Y tranquilidad de Uruguay es muy buena para la salud mental. Yo quiero vivir acá.

Andrei: Primero debería decir que no me fui de ningún lugar. Llegué a un lugar distinto. Para mí es un nuevo lugar, con nuevas posibilidades, un nuevo descubrimiento. Me enamoré de Uruguay, pero no dejé de amar a Rusia. Rusia para mí siempre será mi patria. Y la patria en Rusia se ama sin dudarlo. Para mí, ahora tengo dos países. Y a los dos los amo. Pero no puedo decir que me quedaré aquí o me iré para no volver.

Ahora hay dos países que quiero. Ahora vivimos acá, y estamos seguros que vamos a volver a Rusia para ver a nuestros padres, pero acá tenemos a nuestras hijas, ellas se están criando acá y trabajamos acá. Me imagino viviendo mucho tiempo aquí.

¿Son felices?

Svetlana: Seguro, sí, somos felices.

Por César Bianchi