Mientras buscaba imágenes de ballenas jorobadas en aguas uruguayas, el fotógrafo Leandro Borba se encontró con una escena poco habitual: una tortuga de 7 quillas, considerada la más grande del mundo.

El ejemplar, también conocido como tortuga laúd, puede superar los dos metros de largo y alcanzar hasta 700 kilos, lo que la convierte en la gigante de su especie.

A diferencia de otras tortugas marinas, no tiene un caparazón duro, sino una estructura de piel flexible con siete crestas longitudinales, rasgo que explica su nombre.

Se trata además de una especie altamente migratoria: recorre miles de kilómetros entre océanos y puede sumergirse a más de 1.000 metros de profundidad.

Su dieta se basa principalmente en medusas, un recurso abundante en mar abierto.

Borba destacó el carácter excepcional del encuentro: “realmente un privilegio poder registrarla viva en su hábitat natural”, ya que, según señaló, las veces anteriores que había visto ejemplares habían sido sin vida.