AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle

SERÉ CURIOSO

Un chino de Taiwán en Uruguay: “Cuando llegué esto era un paraíso tranquilo, ya no”

Chen-Kuo Che nació y creció en Taipei, pero a los 12 años le dijeron que tenía que tomarse un avión a Uruguay para conocer a sus padres.

11.07.2026 08:00

Lectura: 16'

Compartir en

Por César Bianchi

Imagínese señor lector/a, imaginate vos, que volvés a tener 12 años, esa edad donde todavía lo único importante es ir a la escuela, hacer los deberes y jugar con tus amigos, divertirte. Pues bien, un día te despertás, te lavás la cara y te sentás a desayunar antes de ponerte el uniforme para ir a la escuela. Y tus padres, o las personas que hasta ese día creías que eran tus padres, te dicen que al otro día debés subirte a un avión —algo que nunca hiciste en tu vida, por cierto— para ir a la otra punta del globo. Tenés que viajar a un país llamado Uruguay, porque ahí sí están tus verdaderos padres.

Eso le sucedió al chino —en rigor, taiwanés— Chen-Kuo Che un día cualquiera de 1964. Su primera reacción fue salir corriendo y esconderse en un tubular de un cementerio que había en su barrio, en Taipei. Pero horas después fue encontrado por la Policía Militar. Y al otro día, acompañado por un garante del gobierno y un periodista uruguayo, tomó el avión que lo depositaría en Montevideo.

Chen-Kuo percibió tanta tranquilidad y paz que pensó que había llegado “al paraíso”. Después llegaría el encuentro con su padre biológico, conocer su trabajo en el restaurante de comida china en el Parque Rodó, sus estudios y su propio camino en el negocio familiar. Después conoció a Gianella y se casó a contrapelo de los intereses familiares. Y el chino-taiwanés se fue aquerenciando. Tomó esta tierra como suya y formó una familia. Hoy, con 74 años, dice que Uruguay ya no es un paraíso y las urgencias de correr atrás del dinero para pagar las cuentas y vivir dignamente cambiaron la fisonomía del paisito. Pero, igual, lo sigue eligiendo.

¿Quién es usted?

Yo me llamo Chen-Kuo. Soy nacido en Taiwán. Y llegué a Uruguay hace 62 años.

¿Cómo fue su infancia en Taipei, Taiwán?

Uff, después de la guerra, todo eso... Vivía tensionado siempre. Cuando íbamos a la escuela, sonaba la sirena, todo el mundo se preparaba por si venía un bombardeo o algo. Viví en Taiwán hasta 12 años, los últimos dos años fueron tranquilos, pero los primeros 10 no. Había que estar atento. Estaba complicado…

¿Pero por qué?

Por posibles bombas, cualquier bomba podía caer y estallar. Y había espías por todos lados.

¿Es cierto que a los 12 años las personas que usted pensaba que eran sus padres le dijeron que al otro día debía viajar a Uruguay, porque su verdadero padre estaba acá y lo había mandado llamar?

Exactamente así. Conocí a mis padres acá en Uruguay, yo no sabía que existían. Yo vivía con mis tíos, pero pensaba que eran mis padres. A mi tío yo le llamaba papá. Nadie me había dicho que no eran mis padres. Siempre les dije “papá”, “mamá”, “hermano”. Y a los 12 años, de un día para el otro, me dicen: “Mañana tenés que viajar”. “¿A dónde?”, digo. “A Uruguay”, me dicen. Yo ni sabía qué era Uruguay, ni dónde estaba en el mapa.

¿Y cómo reaccionó a eso?

¡Me escondí! Me fui de casa. Pensé: “¿Yo viajar a otro país solo? No”. Me fui a un cementerio, me metí en un tubular. Me quedé adentro desde las 5 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Hasta que me encontró la Policía Militar.

¿La Policía Militar?

Sí, me estaba buscando. Yo tenía que viajar ese mismo día de noche.

¿Le dijeron que acá podría conocer a sus verdaderos padres?

Sí, pero no entendí en ese momento. Dicen: “Mañana tenés que viajar. Tu padre está en otro país. Yo no soy tu padre”. En ese momento, con 12 años, me sentí muy confundido, todavía era un niño. No sabía si era verdad, si era mentira, no tenía idea. Lo que hice fue esconderme en un cementerio cercano, del pueblo. Hasta que tuve hambre a media tarde y salí a comer algo. Ahí me pescaron y me llevaron a mi casa.

Todo el barrio, en aquella época, le daba comida a los niños, la merienda… Ahí salí, y me agarraron.

Por lo que sé, en 1954, sus verdaderos padres debieron abandonar China por la guerra civil. Y usted, entonces un bebé, quedó con sus tíos. ¿Fue así?

Ellos salieron de China en el 40 y pico, 1947 aproximadamente, después de la guerra [la Segunda Guerra Mundial]. Después, cuando Chiang [NdeR: se refiere a Chiang Kai-shek, militar y entonces presidente de China] se retiró de China para Taiwán, ellos vinieron junto con la tropa, ¿no? Porque mi padre era militar. Y la gente se escapaba, por el régimen.

Mi padre se fue con Chiang Kai-shek y con su tropa, y se instaló en Taiwán. Con la guerra, se fueron de China a Taiwán.

¿Y cómo termina su padre en Uruguay?

Mis padres estaban por irse a Argentina, cuando yo nací, y en ese momento, no había documento [para mí]. No había forma de hacer un documento para poder viajar. Entonces ahí me dejaron en Taipei con mis tíos.

Mis padres se fueron a Argentina y justo estaban Perón y Evita, y no había un clima proclive a recibir migrantes chinos. Recién salíamos de una guerra, entonces mis padres buscaban un lugar más tranquilo, y así se vinieron a Montevideo.

¿Y cómo perdió contacto con sus padres biológicos? Tengo entendido que hubo un malentendido por nomenclatura…

A Taiwán se le decía Formosa, pero como Formosa la conocía poca gente. Es el nombre que le pusieron los portugueses cuando estuvo bajo dominio portugués. Le pusieron Formosa los portugueses. El nombre chino oficial es Taiwán, ya no se usa más Formosa. Las cartas, entonces, no llegaban, porque se ve que el correo pensaba en Formosa, Argentina. Por eso las cartas que mi padre le mandaba a mi tío nunca llegaban. Y el teléfono no existía en aquella época.

¿Cómo recuerda su llegada a Montevideo solito, un niño de 12 años, sin padre ni madre?

No viajé solo. Viajé con un periodista uruguayo: Julio Cabot. Él viajó a la China, en aquella época, porque se había organizado la primera Feria Mundial en el Cilindro Municipal, en el año 64 o 65. Duró un mes esa Feria Mundial de las Naciones, una exposición de todos los países en stands. Por eso Julio Cabot viajó a varios países y cuando fue para Taiwán se hizo amigo de mi familia. Entonces ahí se dio contacto con la Embajada acá y con el gobierno allá. Yo como menor no podía viajar solo.

Viajé con Cabot y con un garante del gobierno chino, que también nos acompañó, para que yo pudiera salir de allá con el periodista uruguayo.

"Mis padres se fueron a Argentina y justo estaban Perón y Evita, y no había un clima proclive a recibir migrantes chinos. Recién salíamos de una guerra, entonces mis padres buscaban un lugar más tranquilo, y así se vinieron a Montevideo"

¿Qué impresión se llevó de Montevideo ese niño de 12 años?

Recuerdo haber visto una bandera de Nacional, y entonces me hice hincha de Nacional. ¡Yo ni sabía lo que era el fútbol! Me gustó la bandera, porque eran los mismos colores que mi país Taiwán (rojo, blanco y azul).

Lo otro que me llamó la atención fue la poca gente que había. En Taiwán, a cualquier lado que vas, ves gente, gente, gente. Y cuando llegué al Aeropuerto de Carrasco, estaba vacío. Yo ni sabía dónde estaba. Aparte, mis padres no estaban esperándome en el aeropuerto. No es normal. Por lo general, llegás a un aeropuerto a ver a tu familia, y tus padres y tus hermanos te están esperando. No fue mi caso, entonces, fue una sensación rara. Yo me preguntaba: ¿Dónde estoy?

¿El clima? ¿La gente?

La gente bien. La verdad que sí… Yo llegué al Parque Rodó, donde mis padres tenían restaurante, y cuando llegué, los vecinos me vinieron a saludar, porque llegaba el hijo de mi padre, era un reencuentro familiar.

“Me parece un paraíso este país”, dijo usted, recordando aquel niño que llegó a Uruguay en 1964, en el programa Migrantes de TV Ciudad. ¿Por qué le pareció un paraíso?

Porque llegué a un lugar tranquilo, no había barullo, no había exceso de gente. Era un lugar diferente, yo lo sentía tranquilo, no como Taiwán, donde a cualquier lado que fuese, tenía que mirar para acá, para allá, a ver si hay espías o hay peligro. Vivías con miedo, de qué podía pasar…

Hasta que salí, viví así allá: siempre cuidándose uno, y lo que te preguntan, los espías, lo que te preguntan, los cuarteles, es todo política, ¿no? Entonces, si algo te llamaba la atención, tenías que llamar a la Policía, o la Policía Militar. Estaba siempre tensionado. Eran años de posguerra, no te olvides. Por eso Uruguay me pareció un paraíso.

Bueno, pero uno años después, Uruguay se volvió violento, con acciones de la guerrilla armada y represiones militares.

Seguro, pero para mí, que ya lo había visto en Taiwán cuando era chico, eso no era nada. O era lo mismo, era más de lo mismo que ya había visto en mi país. No me sorprendió.

¿Cómo fue conocer a sus verdaderos padres en esos 64 años en Uruguay? ¿Qué impresión se llevó? Porque hasta unos días antes, usted pensaba que sus padres eran sus tíos.

La impresión que me llevé fue… fría. Porque estaba con una familia, y unas horas después, otra familia. Me dijeron que una persona que acababa de conocer era mi padre, y yo pensaba: “Mi padre es el que me crio en Taiwán”. Mi padre, para mí, era mi tío. Nací y a las dos horas me entregaron a mi tío. Nunca escuché hablar de mi verdadero padre.

"Me llamó la atención la poca gente que había. En Taiwán, a cualquier lado que vas, ves gente, gente, gente. Y cuando llegué al Aeropuerto de Carrasco, estaba vacío. Mis padres ni siquiera me estaban esperando. Fue una sensación rara. Yo me preguntaba: ¿Dónde estoy?"

Le costó asumirlo como padre, entonces…

Me costó no. Me costó mucho. Nunca pude llamarlo “papá”, hasta que falleció. Nunca pude. A mi mamá sí. Bueno, las mujeres tienen otro cariño, otra forma de hablar y tratar, más cariñosa. Mi padre era más frío, y para mí, mi tío era mi padre, el que me crio, él realmente es mucho más cariñoso.

Enseguida fue a estudiar a la escuela Grecia, desconociendo el idioma español. ¿Le costó aprender nuestra lengua?

Por la edad que tenía yo entré en tercer año. No sabía nada de español. Y ahí, por suerte, la maestra, en el tiempo libre que tenía, me enseñó varios meses idioma español. Pero me costó mucho, claro. Porque es otro idioma que nada que ver.

¿Y cuándo decidió dedicarse al rubro gastronómico? Su padre fue su antecesor, porque tenía restaurante, ¿no?

Me gustaba otra cosa, en realidad. Yo estudiaba para mecánico tornero, hice cuatro años. Pero después, uno compara la economía, lo que podía ganar haciendo una cosa y otra, y bueno, ahí me quedé con la gastronomía. Me convenía más, podía ganar más con la cocina. En un taller mecánico, trabajás con un grupo de clientes. No vas a llegar más allá. Pero con la cocina yo llegué a Rivera, fui a Argentina también…

Pero más allá de verlo como una salida laboral más conveniente, ¿llegó a tener vocación por la cocina china?

Al principio no. En un principio era como un trabajo nomás. Pero después sí, empecé a experimentar, no solamente a hacer lo que hacían mis padres, sino que empecé a experimentar con otras cosas y ya me apasionó.

¿Cómo conoció a Gianella, su esposa? En ese documental de TV Ciudad, usted dijo que ella lo conquistó a usted, pero que sus padres no querían que usted tuviera una pareja uruguaya, querían que se casara con una china. ¿Fue así?

Hicimos una sociedad con mi suegra, porque ella tenía un restaurante de mariscos, y yo uno de comida china, entonces nos unimos en el mismo local, yo puse la comida china y ella los mariscos. Y ahí conocí a mi señora. Mis padres no querían que yo tuviera una esposa uruguaya. Mis padres querían que yo fuera a Estados Unidos, a involucrarme en una cadena de restaurantes chinos allá. Y bueno, estando allá, que conociera a alguien con más plata y que me casara por poder.

Pero cuando me dijeron eso, yo ya estaba repartiendo las invitaciones para el casamiento, así que ya era tarde. Porque hay algo importante ahí… Con mi padre nunca tuvimos confianza padre-hijo. Nunca tuvimos confianza. Cuando uno nace con sus padres, es otra cosa. Durante el tiempo que estuvimos juntos hemos hablado 15 veces. Después era: “hola” y “chau”, nada más.

"Nunca pude llamar a mi padre como 'papá'. A mi mamá sí. Bueno, las mujeres tienen otro cariño, otra forma de hablar y tratar, más cariñosa. Mi padre era más frío, y para mí, mi tío era mi padre, el que me crió en Taipei"

¿Y qué costumbres chinas todavía tiene y cultiva?

El respeto, ese es el principal. El respeto a los mayores. A los mayores se los escucha, después opina. Y eso es una cosa importante, que siempre le enseñé a mis hijos: hay que tener educación hacia los mayores, hay que ser un profesional, hay que caminar recto.

Hay otras costumbres que estando lejos se pueden perder. Pero esa no.

¿Nunca pensó volverse a Taiwán, a radicarse allá? ¿O su esposa uruguaya lo convenció de que se quedaran?

No, al contrario. Ella me dijo: “¿Por qué no volvés a Taiwán, y yo voy contigo?” Pero yo no quise. Volver allá, formar una familia allá, yo consideré que no. Porque, aparte, ella tenía que adaptarse a las costumbres de allá, y como ella es extranjera para nosotros, yo no sabía cómo iba a tomarlo mi familia de allá. Entonces mejor no.

Tiene un hijo que se llama Chen-Kuo como usted y es profesor de danza de tango. ¿Cuánto se le parece a usted?

Él se parece 60% a mí y 40% a la madre, jaja. Él tiene esa costumbre de la que le hablé: siempre atento, siempre respeta, tiene buenas formas de contestar, buena forma de hablar con la gente. Eso es muy importante para una persona.

Trabajó en la Embajada de Taiwán como ayudante, después como cocinero y finalmente como chef. Escuché que cuando dos chinos se encuentran, uno le pregunta al otro: “¿Comiste?” La pregunta es: ¿cuán importante es la reunión en torno a un plato de comida para los chinos?

Los platos para los chinos son muy importantes. Servir a los invitados en cada comida, en cada reunión, tiene que haber por lo menos 12 variedades para los invitados con el máximo respeto. Hay que poner 12 variedades en la mesa para que los invitados estén satisfechos.

Aparte, nunca se puede dejar el plato en blanco, siempre hay que terminar con algo de comida en el plato. Uno como dueño de la casa se siente feliz, ve que la gente comió bien.

"¿Qué costumbres chinas cultivo? El respeto a los mayores. A los mayores se los escucha, después opina. Y eso es una cosa importante, que siempre le enseñé a mis hijos: hay que caminar recto"

Es casi universal eso, ¿no le parece? La comida como excusa y nexo cultural.

Sí, sí, sí. Es todo, porque la reunión, la comida, significa muchas cosas. Significa unir a la familia, los amigos, negocios, todo eso se une con la comida.

¿Cuándo se jubiló de chef y colgó el delantal?

A los 65 años, hace nueve.

Usted llegó a Uruguay en 1964. Ha vivido 62 años en este país. Uruguay, ¿hoy está mejor o peor que cuando usted llegó?

Diferente. Porque cuando llegué en el 64, yo era un niño de 12 que no conocía el panorama, ni la vida en Uruguay. Pero al poco tiempo uno se dio cuenta, en comparación con ahora, que en aquel tiempo uno vivía más tranquilo y vivía más feliz la gente. La gente pensaba en trabajar, el fútbol, y vivía más tiempo con su familia. Ahora se ha perdido mucho eso. Está todo el mundo atrás de la plata, para pagar sus cuentas, para poder vivir… y eso ha cambiado mucha a la gente.

¿Ya no es un paraíso como te dijo?

No, no… Aunque Uruguay es uno de los mejores países de Sudamérica. No es la inestabilidad de aquella época, se lo reconozco.

El Estado uruguayo no reconoce a Taiwán como territorio independiente, entiende que pertenece a una única China. Paraguay, en cambio, sí reconoce a Taiwán como soberano. ¿Usted qué cree y cómo toma la postura de Uruguay?

Eso no es culpa de Uruguay. Es un problema interno de China, de las dos Chinas. Uruguay puede reconocer a Taiwán y a China. Pero Uruguay no tiene la culpa, es un problema interno de China. La política china es entre los dos Chinas, la democrática y la comunista.

¿Y usted qué cree? ¿Usted considera que Taiwán debería ser independiente?

En Taiwán somos chinos. Taiwán es territorio chino. Podés ser taiwanés, si naciste en Taiwán, pero al final sos chino.

"Los platos para los chinos son muy importantes. Servir a los invitados en cada comida, en cada reunión, tiene que haber por lo menos 12 variedades para los invitados con el máximo respeto. Hay que poner 12 variedades"

¿Pero usted cree en una única China o en dos?

Por la política son dos. Por el pueblo son uno. Somos todos una misma alma.

¿Sigue en contacto con sus familiares en Taiwán?

Sí. Nos comunicamos por WeChat. Tanto en China como en Taiwán, en los dos lados tengo parientes.

Hoy vive en Parque del Plata, balneario de la Costa de Oro de Canelones. ¿Nunca pensó en volverse a su país?

No. Solo de visita.

¿Es feliz?

Sí, sí. Muy bien.

Por César Bianchi