Trastorno y silencios: quién es Lamaita, el joven que quiso matar dos veces a su compañera
El alumno de Medicina declaró que pensó en comprar un hacha para “hacer más efectivo” el ataque y lograr asesinar a la mujer.
Por Joaquín Symonds
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La familia de Federico Lamaita dice que desde el 2 de setiembre vive en una tormenta sin igual. Agregan que no se imaginan la situación que también están sufriendo los padres de la joven de 19 años apuñalada en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar).
Sobre el nombre de Lamaita —imputado por femicidio en grado de tentativa y enviado a prisión preventiva por 180 días— se han escrito cientos de líneas, sobre todo a raíz de diferentes denuncias públicas que surgieron luego de que se supiera que fue el autor del ataque en Medicina.
Lamaita es oriundo de Salinas, Canelones, donde pasó toda su trayectoria escolar hasta que comenzó a estudiar Medicina, pese a que seguía asentado en la ciudad canaria.
Los compañeros del liceo nº 1 que convivieron los últimos dos años con Lamaita emitieron, luego del episodio en la universidad, un comunicado en el que respaldaron a la víctima y acusaron a las autoridades liceales de no haber tomado medidas a tiempo.
En el texto, describen una serie de episodios, incluso, que el joven, por entonces menor de edad, comenzó a masturbarse en medio de un salón de clases durante una prueba escrita.
La pericia psiquiátrica, que fue clave para que la Fiscalía pudiera pedir la imputación, establece que, por ser corto el tiempo del estudio que se hizo sobre el agresor, no hay manera de establecer con claridad la posible patología mental que padece.
Sin embargo, el informe indica que el joven tiene “dificultades para autodeterminarse”.
El documento también acota que existe cierta complejidad en poder descifrar, en detalle, la personalidad de Lamaita. Por eso le recomienda a la Justicia que 30 de los 180 días de prisión los transite en el Hospital Vilardebó, donde se seguirá adelante con el diagnóstico.
Los allegados, cercanos y denunciantes no quisieron identificarse al hablar de Lamaita. Su familia entiende que es necesario mantener cautela mientras avanza la investigación. Sus excompañeros, en tanto, manifestaron cierto “miedo”, porque aún el joven no tiene una condena firme.
El padre de Lamaita ha sido objeto de todo tipo de acusaciones en las redes sociales, al extremo de que publicaron su número de celular personal y varias cuentas incitaban a que fueran “a dejarle un saludito” al hombre.
No cabe duda, entre los especialistas a cargo de la pericia, de que Lamaita sufre algún tipo de trastorno mental. En un comienzo, se presumía que podía ser un cuadro de esquizofrenia, pero también existen indicios precedentes al episodio sobre un posible trastorno de Asperger en grado 3. Todos estos factores deberán confirmarse o descartarse conforme el paso de los primeros días de la prisión preventiva.
Más allá del episodio puntual contra la joven en Medicina, a lo largo de su vida hubo varias alarmas sobre las que no hubo una correcta intervención.
En la investigación que realizó la Fiscalía, declararon excompañeros de Lamaita que coinciden en que siempre fue una persona extraña en su proceder, lo que generaba desconfianza.
Para los jóvenes resultaba “muy difícil” integrarlo y dicen que, cuando lo hacían, se repetían episodios de acoso y hostigamiento en contra de las mujeres. El alejamiento de las compañeras provocaba que Lamaita lo interpretara como una señal negativa, al punto de insultarlas o querer agredirlas físicamente.
Una de ellas sintió que el “colmo” fue cuando el joven se masturbó a su lado. Ante esto, decidió elevar el tema a las autoridades liceales de Salinas, quienes respondieron —al entender de los estudiantes— con evasivas y nunca trataron el tema de fondo.
Desde ANEP dijeron a Montevideo Portal que todas las denuncias públicas que se han hecho en torno al caso están siendo investigadas internamente, sobre todo, para establecer si en el marco de la aplicación de protocolos hubo irregularidades.
Otro de los jóvenes contó que a él siempre lo “insultaba sin motivo”, pero que luego de que dejaron de ser compañeros, Lamaita tuvo varios intentos de acercamiento invitándolo a cumpleaños.
Cuando llegó a Medicina, la situación no cambió demasiado. Uno de los excompañeros del imputado, quien estuvo el día del ataque, narró a Montevideo Portal que “todo el tiempo tenía comentarios pasivos agresivos en contra de las chicas”.
“Ese tipo de comentarios que no sabés si los decía en serio o no. Pero la verdad es que, al ser una facultad con tantos alumnos, él pasaba desapercibido hasta que comenzó a hacer acoso claro en contra de algunas compañeras”, añadió.
Esto hizo que el poco vínculo que Lamaita tenía con sus compañeras se diluyera prácticamente a la nada, al punto de que las jóvenes mantenían cierta distancia por miedo a cómo pudiera reaccionar.
La víctima del ataque sí había tenido algún acercamiento mínimo desde que lo conoció, pero nunca trascendió la relación de compañeros de facultad.
Lo cierto es que las autoridades nunca pudieron detectar y llegar a prevenir el desenlace de la historia. De hecho, en el liceo de Salinas, la directora de ese entonces respondió a los alumnos que masturbarse “podría ser una muestra de afecto”.
Lamaita declaró ante el fiscal que intentó asesinar a la joven dos veces antes, pero en ningún momento logró encontrar un sitio, dado que ella no accedió a quedarse a solas con él.
La primera vez, narró, pensó en comprar un hacha para “hacer más efectivo” el ataque y lograr su cometido. Sin embargo, decidió adquirir un cuchillo de cocina y usar guantes, algo que no supo explicar, pero supone que pensó en que no quería dejar huellas.
Con respecto al motivo del ataque, Lamaita respondió que no lo tenía claro. Narró que las dos veces que pensó en asesinar a la joven fueron “ideas impulsivas”.
La joven era de las pocas compañeras que había intentado incluir a Lamaita en el grupo de estudiantes, algo que no logró hacer con éxito porque al resto de los alumnos no les terminaba de cerrar su presencia.
A nivel familiar, se dieron cuenta de que claramente el joven no tenía actitudes dentro de las normas sociales y acudieron a su mutualista, donde se estaba tratando. Sin embargo, aseguran, en las últimas semanas Lamaita estaba a la espera de que le “renovaran” la medicación.
Su familia indicó que, como la fecha para el especialista iba a ser dentro de 30 días, la medicación se le terminó. Sus allegados sabían que, en caso de suspender los medicamentos recetados, el joven podría sufrir brotes psicóticos.
Más allá del diagnóstico forense que pueda llegar a surgir, lo cierto es que Lamaita —a entender de los profesionales que informaron a la Fiscalía— tiene un claro desprecio por las mujeres.
Por las heridas que le causó a la víctima, las autoridades determinaron que el único objetivo del joven era darle muerte y que era consciente de lo que hacía, pese a la “imposibilidad para autodeterminarse”.
En términos técnicos, esto quiere decir que el joven comprende la realidad —por ejemplo, puede ver con claridad qué hacen las personas—, pero no interpreta correctamente lo que está sucediendo.
A nivel judicial, existe la posibilidad de que Lamaita pase a ser inimputable en caso de que, por ejemplo, se pida una junta médica y se concluya que el joven no puede ser sometido a un proceso legal.
Sin embargo, más allá de que no es común que suceda, la pericia fue hecha por dos psiquiatras, por lo que las autoridades no creen que la inimputabilidad pueda suceder.
La familia de Lamaita aclara que entiende que el joven tiene toda la responsabilidad de lo que sucedió, pero también consideran que es necesario dar contexto y que sea sometido a un “proceso justo”.
Hay algo que, increíblemente, une a las dos familias: la paz y la tranquilidad van a tardar en llegar.
Por Joaquín Symonds
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