El pasado domingo, y tal como informáramos oportunamente, la Ciudad Vieja fue escenario de un robo que puso en evidencia un curioso detalle sobre el alumbrado público: en la calle Sarandí, entre Colón y Alzáibar, había un interruptor en la vía púbica y al alcance de la mano, que controlaba las luces de toda la cuadra.
Esa noche, y tal cual lo revelan los videos de las cámaras de vigilancia, un individuo bajó la llave y dejó toda la zona a oscuras. Poco después, y con la complicidad de otros individuos, el hombre forzó la reja y la puerta de una cafetería del lugar, donde robaron el cajón de la caja registradora, una computadora y un celular.
La noticia divulgada por Montevideo Portal se hizo viral en redes y numerosos internautas se hicieron la misma pregunta: cómo era posible que un interruptor que regulaba el alumbrado público de toda una calle estuviera expuesto y —literalmente— al alcance de la mano.
Esta situación, por fortuna, ya se subsanó. Así lo reveló, en la tarde de ayer, Noelia Pinheiro, propietaria del local damnificado. En declaraciones al noticiero Telemundo, la comerciante dijo que una cuadrilla de UTE se presentó en el lugar y desinstaló la llave para colocarla luego “en altura”.
Durante la entrevista, la mujer volvió a expresar la desazón que sintió al comprobar que uno de los ladrones era “el cuidacoches de la zona, al que todos los de acá le damos comida, le damos plata, le dejamos los autos para que los lave y tenga un ingreso”.
En ese sentido, destacó que la Policía actuó con rapidez y que detuvo al sujeto y a uno de sus cómplices poco después del hecho. Sin embargo, y tal como lo afirmara anteriormente en redes sociales, expresó su desacuerdo con la resolución de Fiscalía, que dispuso el cese de detención de los sujetos y no presentó el caso ante la Justicia.
Sobre ello, recordó que, entre sus propias cámaras, las de los comercios vecinos y las del Ministerio del Interior, recabó 35 videos, 11 de los cuales presentó en su denuncia, en el entendido de que en ellos se veía claramente al individuo.
Indignada, Pinheiro narró que, tras recuperar la libertad, el maleante se presentó en la cafetería en el momento en que Matías, su pareja y compañero en la empresa, trabajaba en la reparación de los daños en la reja.
“Ahora resulta que yo lo tengo todos los días de vuelta a este muchacho, al cual le doy de comer, le doy plata, todo el barrio lo ayuda, y todavía viene a intimidar a Matías”, dijo entonces.
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