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Epidemia nacional

Tras el tiroteo en Texas, el debate político sobre el porte de armas se reactiva

Quienes abogan por controlar el acceso dicen que fue un ataque “evitable” y apuntan contra el lobby de la industria armamentista.

26.05.2022 15:12

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2022-05-26T15:12:00
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Por Federico Pereira

Un joven de 18 años decide comprar dos fusiles de asalto semiautomático y municiones luego de su cumpleaños. Semanas más tarde, protagoniza uno de los tiroteos más importantes de la historia de Estados Unidos al entrar a la primaria Robb de la localidad de Uvalde (Texas) y asesinar a 19 niños de entre 7 y 10 años y a dos maestras. Hoy, el debate sobre el acceso a armas de gran porte vuelve a estar en boga en un país en el que algunos hablan de un problema epidémico, al ser el que más ataques masivos de este tipo registra.

Luego de que Salvador Ramos cometiera el asesinato de 21 personas que horrorizó a su país y al mundo, el gobernador de Texas, Greg Abbott, dio una conferencia de prensa en la que apuntó contra un responsable invisible para contextualizar el hecho: el problema de “salud mental” que se vive en la comunidad de mayoría latina donde ocurrió el hecho.

“Antes de venir aquí hemos tenido una larga conversación con las fuerzas del orden y he obtenido la misma respuesta tanto del alguacil como del alcalde de Uvalde. ¿Cuál es el problema aquí? Y han sido directos. Han dicho que tenemos un problema con las enfermedades de salud mental en esta comunidad”, aseguró, en declaraciones consignadas por Europa Press.

Apuntó a la “necesidad de más apoyo” en esa región para afrontar la “magnitud de los desafíos en materia de salud”, a pesar de que anteriormente había recalcado que no habían hallado antecedentes relacionados a la salud mental del atacante.

“La capacidad de un joven de 18 años para comprar un arma larga ha existido en el estado de Texas durante más de 60 años y durante el transcurso de esos 60 años no hemos tenido episodios así. ¿Por qué durante la mayor parte de esos 60 años no ha habido tiroteos en las escuelas y por qué los hay ahora?”, se preguntó.

“Cualquiera que le dispare a otra persona tiene un problema de salud mental, punto. Nosotros, como gobierno, necesitamos encontrar una manera de abordar ese problema de salud mental y hacer algo al respecto”, zanjó Abbott.

Previo a esas declaraciones, la conferencia fue interrumpida por el excandidato demócrata a gobernador de Texas, Beto O’Rourke, que le gritó a su adversario político: “Ahora es el momento de detener el próximo tiroteo y no estás haciendo nada”.

“Esto es totalmente predecible”, le espetó O'Rourke, a quien luego el alcalde de Uvalde le dijo “hijo de puta enfermo” mientras era escoltado por la policía.

A la salida, el demócrata dijo a la prensa que el “único interés” de Abbott es cumplir la voluntad del lobby armamentista. “Ha dicho que iba a hacer algo y no ha hecho nada. De hecho, lo único que ha hecho ha sido facilitar el porte de armas en público”, sostuvo.

El gobierno republicano de Abbott firmó en septiembre siete leyes que respaldan el uso y porte de armas de fuego, mientras que desde el Partido Demócrata se exige regular su control y su acceso. Las normas permiten, entre otras cosas, que los tejanos mayores de 21 años puedan portar armas de fuego en público sin tener que contar con un permiso, que puedan llevar un arma de mano sin licencia y que los huéspedes de hoteles guarden armamento en sus habitaciones. Algunos opositores hablan de que Texas, gracias a las medidas del gobierno estatal, se ha convertido en un “santuario” para los adeptos a las armas.

Luego del atentado, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pidió enfrentarse al lobby de la industria armamentista y expresó: “¿Por qué aceptamos vivir con esta clase de masacres? ¿Por qué dejamos que esto siga sucediendo? Es hora de que transformemos este dolor en acción”.

“Estoy harto y cansado de esto. Tenemos que actuar y que no me digan que no podemos tener un impacto en estas carnicerías”, exclamó, para luego preguntarse: “¿Por qué esta clase de matanzas casi no suceden en ninguna otra parte del mundo?”.

Señaló que desde la masacre de la escuela primaria Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, ocurrida en 2012, ha habido en el país más de 900 tiroteos en colegios. En aquel episodio un joven de 20 años asesinó a 25 personas, 20 de ellos niños.

Por su parte, el senador demócrata Chris Murphy pronunció un discurso en el Congreso recalcando la cantidad de episodios similares que acontecen en el país, algo que “solo ocurre” en Estados Unidos.

“¿Qué estamos haciendo? Tenemos más tiroteos masivos que días tiene el año. Nuestros hijos tienen miedo cada vez que ponen un pie en el aula por si son los siguientes. ¿Qué estamos haciendo?”, dijo Murphy con la voz rota y pidiendo a sus colegas parlamentarios que actúen.

Desde la vereda de enfrente, el fiscal general del estado de Texas, Ken Paxton, dijo tras el suceso a Fox News que no se puede evitar que la “gente mala” haga “cosas malas”, pero que sí potencialmente se puede “armar, preparar y entrenar a los maestros y a otros administradores para responder rápidamente”.

“En mi opinión, esa es la mejor respuesta”, dijo el funcionario republicano.

Algunas claves sobre el porte de armas en EE.UU.

“La Segunda Enmienda protege nuestros derechos”. Una frase que se repite incambiada entre los defensores de la actual situación del fácil acceso a las armas de gran calibre en el país y que remite a la legislatura que permite que la ciudadanía pueda comprarlas sin mayores impedimentos.

La Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en 1791, establece el derecho del pueblo estadounidense a tener armas de fuego. “Siendo necesaria una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”, reza el texto normativo.

Este documento, laudado en los primeros años de Estados Unidos como país independiente, a poco más de 15 años del triunfo del Ejército Continental y las milicias independentistas en la guerra contra el imperio británico, se basaba en la necesidad percibida por los legisladores de una población armada que apoyara a las fuerzas oficiales en el caso de que se requiriera defender al novel país de fuerzas extranjeras.

Según indica CNN, Estados Unidos es uno de los tres únicos países del mundo en los que la tenencia de armas está establecida como derecho en su normativa constitucional, junto con México y Guatemala, aunque estos dos tienen una décima parte de la posesión que registra el país norteamericano.

Ya en el siglo XXI y con Estados Unidos establecido como primera potencia mundial, la Corte Suprema de ese país sentenció que ninguna ley estatal o norma local puede restringir el derecho a poseer o portar armas que reconoce la Segunda Enmienda.

Esa ratificación se dio en el medio de un debate perenne sobre la necesidad que hay en el Estados Unidos actual de que la población esté armada, con dos bandos notoriamente delimitados, tanto en las bancadas del Congreso como a nivel geográfico, entre los estados “rojos” (de mayoría republicana) y “azules” (de mayoría demócrata).

Cuatro de cada diez adultos en ese país viven hoy en una casa que tiene un arma e incluso un 30% dice poseer personalmente una, según un estudio del Centro de Investigación Pew. Un 39% de los poseedores son hombres, frente un 22% de mujeres, que se suma al 16% de las que aseguran que en su vivienda hay armas.

La mayoría de los portadores se registran en las regiones sur (35%) y del medioeste (31%), con una notoria supremacía en el área rural (41%) frente a las áreas urbanas (20%)

Según las leyes federales, la edad mínima para adquirir armas largas (como escopetas o rifles) es de 18 años, aunque para armas de mano es de 21 años. Se prohíbe, en tanto, que los condenados por un delito grave como asalto, violencia doméstica o amenazas terroristas posean armamento.

Fusil semiautomático AR-15 - Foto: Pixabay

Fusil semiautomático AR-15 - Foto: Pixabay

El AR-15, el arma protagonista del tiroteo de Texas

Uno de los rifles que compró Ramos y con que asesinó a las 21 víctimas del ataque a la escuela de Uvalde es el AR-15, un fusil de asalto semiautomático ligero, fabricado por la Colt Manufacturing Company y con características similares a los fusiles de uso militar M16 y M4. Tiene la capacidad de disparar un tiro cada vez que se aprieta el gatillo y, según The New York Times, entre 10 y 12 millones de estas armas se encuentran distribuidas en Estados Unidos.

Además, tiene la característica de ser el arma elegida por los perpetradores de algunos de los tiroteos más importantes que se han producido en los últimos años en el país, como es el caso de Stephen Paddock, que en octubre de 2017 disparó a los asistentes de un concierto al aire libre en Las Vegas, asesinando a 58 personas y dejando más de 500 heridos, causando el mayor saldo de muertes en un tiroteo en la historia de Estados Unidos, según informa BBC Mundo.

También fue utilizada, entre otros casos, en el ataque al club nocturno gay Pulse, en Orlando, en junio de 2016; en la escuela secundaria Stoneman Douglas en Parkland, Miami, cuando Niklos Cruz asesinó a 17 personas e hirió a otras 17; en la fiesta navideña del Departamento de Salud del condado de San Bernardino, California, cuando Syed Rizwan Farook y su esposa Tashfeen Malin mataron a 14 asistentes y lesionaron a otros 22; y en el ataque causado por Christopher Mercer, en la Universidad Comunitaria de Umpqua, en Roseburg, Oregon, cuando murieron un profesor y ocho estudiantes.

El tiroteo de Sandy Hook, en Connecticut, mencionado por el presidente Biden por sus similares características, también fue realizado con un fusil AR-15, cuando Adam Lanza lo utilizó para matar a 20 niños y seis miembros del personal de la escuela.

Por Federico Pereira


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