Un proyecto piloto que aborda la sexualidad en personas con discapacidad ha generado debate público, así como valoraciones positivas por parte de participantes y familias.
La principal impulsora del proyecto es Karina Núñez, una ex trabajadora sexual que desde hace años aboga por el respeto de los derechos de las profesionales del rubro. El proyecto nació en 2022 y actualmente trabaja con decenas de personas afectadas por diversas formas de discapacidad: entre ellas, síndrome de Down, esquizofrenia, paraplejia, amputaciones y síndrome de Asperger.
En declaraciones a la emisora fraybentina Radio Impacto, Núñez explicó que el objetivo del proyecto es abordar la sexualidad desde una perspectiva de derechos, inclusión y bienestar emocional, en un contexto en el que —señaló— persisten barreras sociales y familiares.
El proyecto incluye talleres de sensibilización dirigidos a familias, especialmente a madres, y también contempla el acceso a servicios sexuales adaptados a las necesidades de cada participante. En ese marco, se acondicionó un espacio que garantiza accesibilidad y privacidad, y se realizaron capacitaciones con profesionales de la salud, como fisiatras y fisioterapeutas, para adecuar la asistencia a distintas condiciones físicas.
Núñez detalló que en algunos casos se establecieron mecanismos de intercambio vinculados a programas sociales para facilitar el acceso a los servicios. El costo base se sitúa en torno a los 2.000 pesos por sesión, con una duración aproximada de 20 minutos, aunque puede variar según cada situación.
Entre los resultados observados, Núñez destacó que algunas familias reportaron una reducción en los niveles de estrés y ansiedad de los participantes, así como mejoras en la convivencia. En determinados casos, incluso se registró una disminución en el uso de ansiolíticos.
La iniciativa también aborda situaciones de aislamiento afectivo. En ese sentido, Núñez mencionó el caso de una persona que llevaba más de 20 años sin recibir un abrazo, lo que —indicó— refleja la falta de espacios para el desarrollo de la afectividad y la sexualidad en este colectivo.
El proyecto continúa en desarrollo y busca, según sus impulsores, promover la discusión pública sobre una temática que consideran poco visibilizada, desde un enfoque de respeto y derechos.
Las grietas
En declaraciones a Canal 5, Núñez recordó que, hasta ahora, las personas discapacitadas que accedían a servicios sexuales eran “varones con dinero y de las ciudades grandes”, condiciones que marcan una brecha difícil de superar. De hecho, reconoce que hasta ahora han logrado capacitar a “un núcleo de trabajadoras sexuales”, pero no sucede lo mismo con trabajadores sexuales.
Núñez explicó que la capacitación de las trabajadoras dura ocho meses y cuenta con apoyo interdisciplinario, y con atención al caso puntual de cada usuario. Por ejemplo, en el caso de personas con lesiones físicas, “un fisioterapeuta le enseña posiciones, para evitar que la experiencia le cause una nueva lesión”. Cuando se trata de personas con trastornos mentales, se recurre “a un orientador” para que brinde asesoramiento.
Según Núñez, de momento ya son 18 las familias participantes, e hizo hincapié en ese concepto, ya que “son las familias las que contratan el servicio”, y no la persona discapacitada por su propia cuenta.
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