Contenido creado por Inés Nogueiras
Seré curioso

Para Elisa

Seré Curioso: María Urruzola

La periodista María Urruzola reedita "El huevo de la serpiente" y repasa el pasado y presente del fenómeno del proxenetismo y la trata de blancas.

30.08.2016

Lectura: 18'

2016-08-30T06:00:00
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María tiene 62 años y es una periodista jubilada que vive sola en Villa Argentina.

Elisa tiene 49 y es una mae umbanda, que ya no vive en el país.

A principios de los '90 Elisa ejerció la prostitución en las calles de Milán; y María era una inquieta reportera del semanario Brecha, que se puso a investigar el tráfico de personas y la trata de blancas en particular. Ambas uruguayas no se hubieran conocido nunca, de no haber existido una mafia de proxenetas uruguayos que lucraran con el alquiler de cuerpos de jóvenes orientales.

La investigación periodística de María Urruzola derivó en el libro El huevo de la serpiente de 1992, llevada al cine por Beatriz Flores Silva con insuperable éxito en 2001 con el nombre En la puta vida. A casi dos décadas y media de aquel encuentro entre María y Elisa, que sirvió para desentrañar una red de proxenetismo y corrupción, la editorial Planeta acaba de reeditar el libro actualizado de Urruzola.

En esta charla, sentados en un murito sobre una vereda de Bulevar Artigas, hablamos del fenómeno a principios de los 90 y su vigencia hoy en el plano mundial. Urruzola recordó a los actores que fueron importantes en aquella trama de impunidad, habló del rol cuestionado de la Policía, de los papeles que jugaron Víctor Della Valle y Jorge Martínez. Y de qué le falta al periodismo de investigación uruguayo para ser tal.


Por César Bianchi
@Chechobianchi


-Veinticuatro años después de aquella trama de proxenetismo y trata de blancas que involucró como victimarios a muchos uruguayos y como víctimas a jóvenes uruguayas, ¿cuál es la realidad de hoy? ¿Este escenario ya no se repite?

-Me consta que se repite. En realidad, 24 años después la situación es peor porque Uruguay no solo es un país de exportación, sino que además somos un país de recepción -están trayendo dominicanas y bolivianas para prostituirse acá- y además somos un país de tránsito, porque se han descubierto mafias de Asia que utilizan Uruguay para llegar a destinos, incluso, de esclavitud laboral, hacia Argentina o Brasil. Entonces, 24 años después el fenómeno es peor.

-¿Pero si nos concentramos en las mujeres uruguayas?

-Ahí no sé si es peor... no sabemos la dimensión. Fijate que en esta investigación que yo hice, la Policía italiana detectó en una ciudad, en Milán, 150 mujeres trabajando, y unos mil hombres que hacían funcionar el sistema. Pero en ese mismo momento había mujeres trabajando en Génova, Turín, Verona, había en Barcelona, en Madrid. Entonces, hasta que no haya una investigación seria no lo sabremos. Ahora, el Senado acaba de aprobar una comisión investigadora para hacer un estado de situación de este fenómeno.

-No ha habido una investigación periodística que continúe la tuya, 24 años después...

-No, ha habido episodios de algunos casos, si se busca en la prensa. Recuerdo el caso de una joven que se escapó en Madrid y otra que se escapó en Barcelona. Pero son episodios que vuelven a hacer aparecer el fenómeno, pero todo el escenario involucraría una investigación de largo aliento, que tenga en cuenta los pasos de frontera, determinados clubes, ambientes, tenés que trabajar con la Policía internacional para saber dónde están las uruguayas trabajando. Sería una investigación que debería asumir el Ministerio del Interior quizás. Ahora el Parlamento algo va a hacer, pero no tiene herramientas de investigación policial.

"Naciones Unidas sabe que se trafican cuatro millones de personas por año, el 80% con fines de explotación sexual. Estamos hablando de más de un Uruguay por año"


-La historia de Elisa, "la joven de Milán", como la habían apodado, ¿fue la historia de cuántas uruguayas?

-Bueno, solo en Milán -como te dije- la Policía detectó 150, así que estamos hablando de varios centenares... Fijate que dos años antes de mi investigación, o sea en 1990, hubo un caso que salió en la prensa, que se conoció como el caso de las dos Andreas, dos chicas de 17 y 19 años -en Brecha escribimos sobre ese caso- que en realidad se las llevaron con la promesa de ir a trabajar al supermercado de la familia de uno de los muchachos... y eso sucedió dos años antes que yo diera con la punta de mi investigación. Entonces, es imposible saber de cuántas hablamos. Son centenares.

-Y esto mismo se repite en otros países...

-Claro, pasa en España, en Australia. El mercado se va moviendo según el grado de represión que haya en determinadas ciudades. Cuando en determinado momento recrudeció la represión de España se movieron a Italia, que antes que llegaran los (proxenetas) uruguayos era dominado por los argentinos. Y después, en Milán, tuvieron competencia con los eslavos.

-Y hoy por hoy, ¿cuál es el destino más pretendido por los proxenetas para llevar mujeres sudamericanas?

-No lo sé... No sé si Naciones Unidas lo sabe a ciencia cierta. Saben que se trafican 4 millones de personas por año, el 80% con fines de explotación sexual. Estamos hablando de más de un Uruguay por año. Obviamente van de los países con dificultades a países desarrollados o centrales.

-La historia que contaste en el libro desnudó, no solo una mafia de uruguayos para el proxenetismo y la esclavitud de mujeres, sino también la complicidad de una Policía corrupta. ¿Crees que hoy la Policía es una institución mucho más honesta, en la que se puede confiar?

-No, no tengo pruebas de que así sea. La Policía es una institución que salió muy corrompida del período de la dictadura y durante mucho tiempo fue menospreciada, no se le daban los recursos ni la formación. Mal pagada, además. Y menospreciada desde lo social. Nunca vas a ver en un cóctel, de estos que salen en revistas, a un comisario tomando un whisky con políticos. La gente no los quiere. Entonces, todo eso la hace una institución más corrompible. Yo creo que la dignidad de la función es un valor agregado a la honorabilidad de la función. Hay una parte de nuestra función como periodistas, por ejemplo, que tiene que ver con un valor inmaterial, pero si tu función no es respetada, si te menosprecian, y además es mal pagada, bueno... Y, además, tienen las armas, tienen la información. Yo creo que, hasta demostración de lo contrario, la policial es una de las instituciones corruptas de este país, de las que sigue dependiendo la inseguridad. Yo creo que viene de ahí. Pero no es una opinión mía, arbitraria. Si hacés un seguimiento de los delitos grandes y delicados de los últimos 20 años, siempre hubo policías involucrados: secuestros, falsificación de dinero, la Polibanda... Cada vez que hay un delito complejo, hay policías.

-¿Sabés qué fue de la vida de los malos de la historia: el "Conejo" Silveira o Plácido "El Cara" Bruzoni?

-"El Conejo" Silveira estuvo preso unos 14 años, no sé si salió... A Plácido Bruzoni lo busqué con las nuevas redes el año pasado y supe que después de haber estado preso unos 10 años, cayó nuevamente preso en 2008 en Italia por asaltar un banco. Estaba súper armado y hablan de un veterano, porque tiene como 60 años. Su carrera delictiva, entonces, continuó y hablamos de un asalto muy violento. No busqué al "Conejo", porque no se trata de que uno se vuelva cazaproxenetas, porque el problema de la trata de personas nace de otros fenómenos. Nace de la exclusión, fijate que en aquel momento las prostitutas no podían tener pasaporte, entonces había una trama de pasaportes falsos para que pudieran viajar.

"No se trata de que uno se vuelva cazaproxeneta, el problema de la trata de personas nace de otros fenómenos. Nace de la exclusión; en aquel momento las prostitutas no podían tener pasaporte"


-Hoy, por suerte, ya no es así y las prostitutas tienen derechos laborales reconocidos.

-Claro, pero es que no estamos hablando de prostitución, estamos hablando de tráfico de personas. La ONU considera que el 20% de los cuatro millones de los que te hablé son para explotación laboral y tráfico de órganos, que es un tema oscurísimo.

-Por tu historia aparecen personajes y actores relevantes en nuestra sociedad. Jorge Martínez fue condenado por "asistencia a la asociación para delinquir", por venderle pasajes a bajo costo a los delincuentes, pero estuvo preso pocos días... y su agencia es, quizás, la de mayor renombre en nuestro país. ¿No nos dimos por enterados los uruguayos?

-Apenas estuvo preso 54 días. La sociedad se enteró y la sanción social fue de la peor, porque en ese momento él sacó a sus hijos del colegio al que iban e intentó ponerlos en un colegio privado de alto nivel, y no se los aceptaron. Pero esa no es la sanción social que correspondía, porque los hijos no tienen nada que ver. La sanción social esperable era que la gente debía dejar de comprarle pasajes... pero eso no pasó. Es la que más vende pasajes. Su agencia, por esos días, perdió muchas cuentas, pero con el paso del tiempo la gente se olvidó.

-El doctor Víctor Della Valle fue absuelto por el Tribunal de Apelaciones. Tú publicás en el libro diálogos telefónicos muy elocuentes, que confirman que él tenía vinculación a integrantes de esta mafia...

-La Justicia no lo encontró culpable, fue sobreseído. Tampoco significa que sea inocente, sino que se entendió que no había pruebas suficientes para incriminarlo en su tarea profesional. Pero vos leíste los diálogos (que mantiene con mafiosos de la trata de personas)... Que tenía vinculación con ellos es obvio. Ahí tenés: si la sociedad, con sus diferentes actores, mira para el costado en situaciones en que ve que están traficando... Ponele: si el tachero que lleva a una chica joven que sabe que la están violentando y mira para el costado, o si el tipo de Aduana también mira para el costado o el abogado que interviene con la mafia y la Policía... ¿Entendés? Los proxenetas son los malos de la película, pero ¿y todos estos que miran para el costado? Estamos hablando del sistema de migración, de sistema de transporte, de abogados, escribanos, de agentes inmobiliarios... Jorge Martínez se excusó: "Yo vendo pasajes". Pero en las escuchas decía: "Las tuyas las pongo en tal avión, las de Fulano en otro avión". Hay una responsabilidad social. No se puede decir: "es un tema de los proxenetas". No, no es un problema de los proxenetas.

-También decís que una Brigada Criminal de Génova investigó el tráfico de cocaína, con una lista de sospechosos. Y que en ella figuraba "un famoso jugador de fútbol uruguayo que revistaba en un cuadro italiano"...

-(Carlos) "El Pato" Aguilera.

-Lo supuse, porque además jugaba en Génova en aquel momento...

-Lo agarraron con un gramo de cocaína encima. Pero tenían conversaciones telefónicas grabadas, en las cuales comprobaban que él era parte de los que consumían y traficaban. Para la Justicia si vos le das a otro estás traficando. Si él compraba y les daba a sus amigos, la Justicia usa una palabra para eso: "facilitar". Eso formó parte de una investigación. Yo me fui a Génova, saqué fotocopia del expediente y hablé con el juez. Me preguntó si lo conocía y le dije que no, entonces me dijo: "Si lo conociera, se daría cuenta que es un pobre muchacho que no se dio cuenta que está jugando en un cuadro internacional". El juez lo procesó por tenencia y facilitación de droga. Lo iban a expulsar de Italia, y finalmente se fue de ahí, lo trajeron a Uruguay. Pero en Italia fue juzgado.

-Pero no lo mencionás con nombre y apellido, y a otros sí. ¿Por qué?

-En Brecha, en su momento, sí lo nombramos. Lo puse de esa manera porque los periodistas deportivos hablan así: "el más famoso representante de jugadores de los 90", ¿a ver? ¿Hay más de dos? Sin embargo, hablan así, no sé por qué. Lo mío fue una ironía.

-Más de 20 año después, volviste a tener contacto con Elisa, quien no solo vivió el calvario que narrás en el libro, sino que después -en un país que no identificás- cayó presa por herir a un narco que quiso atacar a su hijo veinteañero. Conocer las cosas que le siguieron pasando daría para una segunda parte de En la puta vida en el cine...

-Es una historia terrible... Es que no alcanza con sacarlas de esas redes si la sociedad como colectivo, no es capaz de ofrecerles un lugar donde puedan hacer una vida normal. A veces se habla de "reinsertarlas" en la sociedad, y eso implicaría que alguna vez estuvieron insertadas y eso no es verdad. Ella es una mujer admirable, yo la ayudé a escaparse de ese infierno italiano, pero no la pude ayudar a salir de esa amplísima zona gris en la que vive mucha gente, que es una zona donde lo legal e ilegal se confunde. El "narco de barrio" pone las reglas de convivencia. Todos vivimos sobre el paraguas del mismo Estado, pero después te das cuenta de que no, que algunos viven bajo otros paraguas, con otras reglas y peligros. La vida de Elisa es la vida de un sector de la sociedad para la que nosotros, nuestro mundo y nuestras reglas, son ajenísimos.

"A Elisa la ayudé a escaparse de ese infierno italiano, pero no la pude ayudar a salir de esa amplísima zona gris en la que vive mucha gente, donde lo legal e ilegal se confunde"


-¿La historia de amor entre Marcello, el policía investigador, y Elisa, fue real o sirvió para condimentar la película?

-Fue totalmente real. Él se desaparece de la nada porque era un amor inviable. Sus compañeros de Brigada, algunos como "El Gigante" lo toleraban, pero Edoardo estaba muy enojado porque ponía en peligro el trabajo profesional, porque los podían recusar. Ella me lo dice cuando nos reencontramos: "No es que él me salvó la vida, él me salvó el alma". Porque salían a charlar y él la trataba como una mujer normal.

-La película de Beatriz Flores Silva fue la más vista en la historia del cine nacional. ¿Refleja lo que quisiste expresar en el libro?

-No lo sé, porque en el libro cuento muchas historias, y ella eligió una de las historias posibles. Yo hubiera elegido otra: la relación entre la periodista y la prostituta escapada, porque veníamos de dos mundos que nada que ver. Ella pensaba que yo debía ser la hija del dueño del diario y por eso era periodista. Para ella, nuestro mundo es un mundo de película. Beatriz Flores Silva eligió una de las historias posibles y fue la película uruguaya más vista de la historia.

-¿Por qué crees que la gente se volcó masivamente a verla?

-Primero porque era una historia real, cosa que todo el mundo sabía. Las denuncias de Brecha duraron dos años. El proceso en Uruguay, la condena de Della Valle fue en 1994. Y después el libro. Los proxenetas les prohibieron a las prostitutas leerlo. Circulaba a escondidas. Entonces, la gente quería ir a ver en el cine esa historia, y Beatriz logró tocar una fibra por la vía del humor, el absurdo, la emoción y el romance. A lo mejor es el estilo Hollywood.

-¿Cómo está Elisa hoy, con 49 años?

-Está mucho más tranquila, encontró paz espiritual. Ella es mae umbandista de la iglesia que fundó su padre en otro país. Ella después de toda esta peripecia se acercó a su padre y a la iglesia de su padre. Ella no vive en Uruguay -prefiero no decir dónde vive- pero encontró la paz.

-Tuviste que tener custodia policial las 24 horas frente a tu casa. ¿Sentiste miedo por tu integridad? ¿Le temiste a delincuentes de cuello blanco?

-No... ¿Sabés qué me produjo miedo? El espejo del miedo de la sociedad. Hubo una reacción generalizada de miedo, que yo no tenía noción. A mi hijo le decían en el liceo que me iban a matar, pero ¿qué elementos tenía yo para que sea creíble? Pensá que hacía solo siete años que habíamos salido de la dictadura, y la gente le tenía miedo a la impunidad de los poderosos. Entonces, sentí el miedo del espejo que me devolvía la sociedad. También recibí amenazas, del tipo poderoso que me preguntaba "qué me motivaba" para investigar, hasta advertencias a gente cercana mía: "Díganle a María que yo no los puedo controlar a estos tipos, que alguno se va a zarpar y le van a pegar dos tiros".

"Elisa después de toda esta peripecia se acercó a su padre y a la iglesia de su padre. Ella no vive en Uruguay -prefiero no decir dónde vive- pero encontró la paz"


-¿Por qué no nos enteramos de las nuevas Elisas? ¿No hay interés periodístico en investigarlo?

-Te lo pregunto yo a vos.

-Bueno: para viajar al exterior a investigarlo, hay que tener recursos.

-Ahí va: entonces, no nos enteramos porque nadie pone recursos al servicio de los periodistas para que investiguen. Porque el periodismo de investigación es caro, no te asegura resultados y no es para ya, es de largo aliento. Nosotros en Brecha investigamos con el apoyo, excepcional, de un hombre que era el gerente regional para América Latina de una enorme empresa de aviación, que era uruguayo, y cuando salió nuestra denuncia nos llamó y nos puso pasajes a precios irrisorios porque, decía él: "A nosotros no nos interesa que hayan agencias de viajes corruptas, que nos dejan mal". Gracias a eso yo pude volver a Italia. Si no, no... Brecha no tenía un mango...

-¿Pero hay buenas señales de querer investigar el tema?

-Mirá, que 24 años después el Senado haya creado una comisión investigadora especial sobre el tráfico de personas, que en el Mides desde el año pasado funcione una mesa de trata integrada por 18 organismos, que la Fiscalía de Corte haya creado una unidad sobre temas de violencia de género, son pistas, señales institucionales.

-¿Cómo ves al periodismo de investigación en Uruguay?

-No hay. Vos me dirás "Es lo que nosotros hacemos (en Santo y Seña)", pero no porque lo hacés sin recursos, no tenés tiempo, tenés que producir un informe para la semana que viene o para dentro de dos semanas. Periodismo de investigación es agarrar un tema e investigarlo de cabo a rabo por seis meses, viajar si tenés que viajar, eso es periodismo de investigación. Algunos medios lo hacen...

-¿Búsqueda no lo hace?

-Búsqueda no lo hace, tampoco es su propósito... Brecha sí -cada vez menos- pero basado en el sacrificio del periodista que trabaja 15 horas, que estudia en su casa, lee expedientes hasta las 3 de la mañana.

-En Santo y Seña nos hemos tomado un mes o mes y medio para investigar un tema. Me consta que El Observador y El País también les dedican tiempo a algunas investigaciones de largo aliento...

-No me quiero meter con los colegas, pero... creo que es epidérmico. Es como las capas de la cebolla: vos podés hacer un periodismo que levante una capa o dos, pero el periodismo de investigación exige muchos recursos, sobre todo de tiempo y dinero. Siempre fue el drama del periodismo uruguayo. Es un periodismo caro, que se termina metiendo con los poderosos. Al periodismo uruguayo lo veo superficial y sin recursos.

"Vos podés hacer un periodismo que levante una capa o dos, pero el periodismo de investigación exige muchos recursos. Es un periodismo caro".


-¿Estás alejada de la práctica del periodismo?

-Estoy jubilada.

-¿Lo extrañás?

-No. estoy escribiendo ficción, viendo si escribo alguna investigación en formato libro, pero no extraño la práctica diaria, ni una redacción... Todo tiene su momento y su lugar. Yo hice periodismo político y de investigación durante 15 años. Es cansador. Uno termina viendo el lado oscuro de todo, desconfiando de todo.

-Vivís en Villa Argentina. ¿Cada cuánto vas a ver El Águila?

-Todos los días paso por ahí, porque voy a caminar por la playa.

-¿Extrañás al Sabalero como vecino?

-Vivo en la casa del Sabalero. Yo era muy amigo de él y de su mujer, les alquilé la casa, porque su mujer vive en Holanda. Así que, de alguna forma, vivo con José. Y tengo al "Flaco" (Raúl) Castro a unos metros. En toda mi cuadra ya vive gente todo el año. El lugar es precioso, está súper iluminado. Yo vivo más tranquila allá, que acá en Montevideo.

-Vivís sola allí. ¿Disfrutás o padecés la soledad?

-La soledad es inherente al ser humano. Llegamos solos al mundo y nos vamos solos, tenemos que aprender a vivir solos. Vivir solo no es lo mismo que estar en soledad. Yo disfruto de vivir sola, pero vivo rodeada de amigos y familiares.

-¿Sos feliz?

-Claro. Soy feliz.


Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Gerardo Carrasco