A días de estrenar su programa propio -Parentela, por Monte Carlo TV- Manu hizo un alto, minutos antes de grabar un piloto en tiempo real, y concedió esta entrevista en el set con forma de living que utilizará para intentar hacer reír a los uruguayos en la clave que más les gusta: el humor "sano", sin guarangadas.

La hija del "Toto" se limita a mencionar a su padre en escena solo cuando hace falta. Todo en ella parece ser funcional a su trabajo como comediante: ahora se cuida más y se esmera en estar saludable para hacer un mejor humor (y, en consecuencia, vivir mejor). Lo dicho: "la chica de al lado" está de vuelta con toda su frescura, ahora en otro canal, para hacer lo que más sabe. Y promete un
Plop del siglo veintiuno.

Por César Bianchi
@Chechobianchi



-Tenés pasado de guionista, y como tal, le das mucha importancia al guion. ¿Qué espacio le das a la improvisación?

-Siempre hay un margen, pero el guion es un plan re importante, para crear universos, para ver qué gags vamos a hacer y con qué personajes. Está bueno que desde ahí se den todas las herramientas que se puedan para que haya el menor margen de "talenteo" posible. Luego, una vez que está ahí, puede aparecer la improvisación.

-¿Es una habilidad que todavía no has adquirido?
-Yo soy defensora del guion en todos los programas. Y que desde ahí la producción cranée el programa. Yo no soy buena improvisando, nunca lo hice. Respeto mucho al improvisador. Una cosa no es mejor que la otra. El libreto tiene que estar porque si no, a piso no se llega con lo que pretendemos ni la producción sabe a dónde ir, ni vestuario ni caracterización saben a dónde ir. Cuando arranca el libreto en un papel, después lo agarra producción y le suma algo más, arte le suma; vestuario es increíble lo que hace. Viene maquillaje y aporta con sus caracterizaciones. Y ahí se cierra el guion. Me parece que acá todavía no se le da el lugar al guion, no se respeta el rubro del guionista. Hay tremendos escritores de sus propios monólogos que, si llevás eso a tele, serían muy buenos guionistas de tele, pero ¿quiénes son guionistas de tele? Hay pocos, falta costumbre de darles ese lugar. Y falta capacitación, más programas que lo tomen.

-¿Qué cosas de lo cotidiano te inspiran cuando te sentás a escribir tus monólogos?
-Me gusta encontrar el punto de que podemos tener en común la mayor cantidad de personas a la hora de identificarnos. El punto es la identificación: un tema que pueda estar en la cabeza de varias personas y cuando lo encontrás, el otro te va a seguir, pero hay que darle una vueltita más, para que termine siendo una revelación de aquello inicial...

-Si te interpreto bien: algo que todos teníamos frente a nuestras narices, pero que no lo habíamos notado...
-Exacto. Por ejemplo, todos hablamos de la operadora del taxi, la que te atiende cuando llamás. Cuando lograste la identificación con eso, hay que buscarle una vueltita más para que termine en chiste. Para construir me gusta buscar lugares donde la gente se sienta identificada. A veces también apelo al absurdo y también me gusta la autorreferencia como punto de partida para generar humor.

"Acá todavía no se le da el lugar al guion, no se respeta el rubro del guionista. ¿Quiénes son guionistas de tele? Hay pocos, falta costumbre de darles ese lugar"

-Dijiste en entrevista con Sábado Show que con Parentela querés volver a la familia reunida alrededor de la televisión, como pasó en algún momento con Decalegrón o Plop. ¿Por qué se perdió eso?
-No lo sé. Me encantaba ver esos programas y por eso los idealizo ahora que soy productora creativa y conductora, pero también como televidente siento esa añoranza: "qué bueno que estaba cuando mirábamos Plop o Decalegrón". No sé qué presupuesto se manejaba, pero completar la artística de un programa con puro gag, uno atrás del otro, debe ser costoso. Esa apuesta grande era acompañada por el televidente. Yo no sé si ahora el televidente la acompañaría... Ahora los contenidos están más fragmentados: si quiero ver una seguidilla de gags, me meto en Youtube y elijo cuáles ver. Esos contenidos los consumo cuando yo quiero. De repente miro una serie y mi hijo una misma serie, pero no estamos en la misma temporada, entonces no la podemos comentar. De repente miro un video de Cha Cha Cha, sigo con una sugerencia de al lado y veo un chiste de Casero y de ahí a Capusotto. Entonces, a la hora de llevar adelante una apuesta que incluya gags, que incluya humor, se va adaptando el formato: de repente el clic está en los invitados y el televidente se cuelga por el invitado del día. En Parentela algunos los van a mirar por mí, otros por Danna (Liberman) y otros por Piero (Dáttole). Sería algo que te va llevando como show televisivo, con una infraestructura de late night show, algo que sigue funcionando. Se busca adaptar y canalizar esa frustración que como televidente tengo de volver a ver gags y humor familiar. Andá a saber... Quizás mañana vuelve una suerte de Decalegrón online.

-Desde acá hay una reivindicación del "humor nuestro" en comparación con el argentino, que apela a decir groserías, a las malas palabras y mujeres semidesnudas. Aquello de: "Nuestro humor es para toda la familia, es más sano y no necesita apelar a las ordinarieces para ser efectivo". ¿Compartís esta definición?
-Creo que hay una característica del uruguayo, que se extiende a otras cosas: es más tranquilo, más calmado. Es de nuestra idiosincrasia y vale, además de para el humor, para el estilo de nuestros periodistas y comunicadores. A mí me gusta ese humor más blanco, familiar, me identifico con eso. Me cuesta como mujer lleva a la mujer a lugares de objeto o cosificarla, me cuesta. Me gusta representar a la mujer común y corriente, de repente represento a las mujeres desde un lugar más "real". Me gusta ese camino. Me ha pasado de encontrarme en ascensores con madres que me dicen que vieron mi show con su hijo. La razón de ser de la TV abierta es compartir un rato en familia, así que está bueno contemplar ese universo. Hay muchas formas de hacer humor que llegan al veterano y al niño.

-¿Un insulto o una ordinariez pueden ser útiles en el humor?
-No sé, a algunos les queda bien, divinamente... Yo no me sentiría cómoda y en mí se agrandan. Si vos te imaginás a Blanca Rodríguez diciendo una guarangada, esa imagen no te las vas a borrar de la mente... Va a ser difícil. Cada uno tiene una imagen, y desde ahí nace su discurso. Es como si yo entrara al escenario y me pusiera a hacer un striptease: la gente quedaría pirando, no solo por lo fuerte de la imagen abyecta, sino por lo que esperan de mí, por la carga semántica que tengo. Hay gente que elije provocar y para eso elije determinados tonos (Fernando Peña, Favio Posca) y se hacen cargo de eso. El mayor límite es qué tanto te hacés cargo. Yo no me hago cargo de eso, no me hago cargo del humor negro. Si hiciera un comentario sobre alguien del público o hiciera un comentario ácido, y alguien después viniera a increparme o a decirme que no se sintió cómodo/a con mi chiste, yo esa noche no duermo. Si Marcel (Keoroglian) se llega a encontrar con cualquiera de los que imita, se pone a conversar horas como si nada, ligero de equipaje. Es un camino que está bueno.

-¿Los comediantes hombres tienen más libertad para expresarse, para vestirse, que las mujeres?
-La tienen. Es una cosa de costumbre también. Angie Oña siempre dice que a la mujer se le pide que sea perfectita, se le asocia con la femineidad, y por otro lado, romper, ser más desenfadado se asocia con lo masculino. Me parece que sí, se les permite más. Independientemente de lo que yo sienta a la hora de hacer humor, me doy cuenta que genera más risa algo que hace un hombre. La gente está más acostumbrada a reírse con los hombres, lo cual hace que sea más difícil... Porque una a veces se apichona. Nosotras no nos perdonamos un furcio, viste que somos más culposas o dudosas. Bah, capaz que hablo de mí.

-¿Te sentís cuestionada porque te vestís de jeans y championes, en vez de vestido y zapatos?
-No sé si cuestionada... pero sí me ha pasado de sentirme fuera de estilo en algunos lugares. Ahora fui tratando de evolucionar, estoy más arreglada, con una base de traje, pero ahora uso zapatos, zapatos chatos... no de tacos. Me gusta tener algo chato, unos zapatitos. Me ha pasado de ir con championes y sentir que me miran como diciendo "mirá cómo se vino". Y me he quedado pensando: "pah, debería pedirle a mi madre que me mande unas balerinas en un taxi", solo por cumplir las expectativas. Y también, si estoy con mi trajecito de comediante estoy más contenida.

"Parentela busca adaptar y canalizar esa frustración que como televidente tengo, de volver a ver gags y humor familiar. Quizás mañana vuelve un Decalegrón online"

-Te fuiste de canal 12 porque lo que te ofrecían no era lo que vos querías hacer, y a su vez lo que vos querías hacer, ellos no te lo podían ofrecer. ¿Hace cuánto tiempo tenés claro que querés tener tu programa propio de humor?
-No es desde siempre que vengo frustrada, eso está bueno aclararlo. Cuando le comuniqué al canal (12) y ya se lo había comunicado a (la productora) Zur, empezamos a hablar: "¿Qué te gustaría hacer?, ¿un programa de humor?", "Sí", mi primera aspiración fue esa, y mi primera referencia fue algo estilo Plop.

-Yo te veo un estilo tipo Ellen DeGeneres...
-¡Me encanta! Y también estaba en los planes, algo diario tipo el programa de Ellen, con otros recursos... Ella tiene un nivel de producción de tipo late night show. Conociendo mi fanatismo por Ellen, empezamos a investigar el sistema. Los hombres suelen hacer late night y las mujeres talk shows, por lo general son David Letterman, Jimmy Fallon en la noche, y a la tarde los talk shows con mujeres, pero la producción de Ellen es como si fuera late night show: invierten a la tarde como si fuera a salir a la noche. Yo renuncié al 12 en febrero de 2014 y ahí les comenté mi interés en hacer un programa de humor...

-Te animaste a irte con el riesgo de quedarte sin pantalla...
-Sí, y me gustó tomar ese riesgo, pero tenía trabajo en Nepal, donde estaba en la parte creativa. Me faltaba pantalla, pero desde ahí se iba a buscar este formato, en esta alianza creativa y afectiva que tengo con Nepal. No fue un salto al vacío. Estaba haciendo teatro, además. Fue un año buscando el formato que queríamos hacer... Y me llevó un año la negociación con el canal (Monte Carlo TV), buscando un lugar en la grilla, fijate que va a ser un programa en vivo. Todo lo que quería yo -una aspiración personal- no coincidía con los objetivos empresariales del 12. No quedaron resentimientos, y además lo intentaron... Yo empecé en Sonríe y no tenía la más pálida idea de que quería hacer un programa de humor puro, ni tenía la solvencia para hacerlo. Pero en determinado momento sentí que tenía que soltar lo que tenía para que saliera esto. Parentela hoy es como un hijo, porque me metí muy de lleno delante y detrás de cámaras; si tuviera otro programa con mi participación, me sacaría energías para hacer este.

-De todos los escenarios posibles, ¿el preferido es el escenario?
-Mirá, el monólogo me da un equilibrio que me parece re necesario tener. Cada tanto, volver al monólogo, yo sola en el escenario. En la obra con Las tres gracias también tengo escenario, pero comparto con Angie (Oña) y Emilia (Díaz), y ahí estoy saliendo mucho de mi zona cómoda porque Manu actriz es lo que menos manejo, no domino la técnica que sí dominan ellas, intentar estar a la altura de ellas es súper exigente para mí. Cuando estoy en un personaje donde le doy la espalda al público e interpreto un personaje, eso es lo que más me cuesta y es un desafío que me encanta... Es donde más aprendo. La televisión me fascina también. Pero en el monólogo no hay tu tía: vos elegiste qué decir, cómo empezar y cómo terminarlo, y si te equivocás, tenés que remarla... Ahí en esencia es donde más soy yo.

-Has hablado de "crisis" y "ansiedad escénica" (así lo has definido vos misma). ¿Te enfermaste por ese mal momento donde no te salían las cosas?
-No sé qué fue primero, si el huevo o la gallina, pero sí: tuve diabetes, se me desreguló por completo el azúcar. El cuerpo somatizó y me venía avisando de todas las formas posibles: "bueno, bueno, esto ya estaría bien, vamos dejando". Fue algo emocional, fue tomar muchas malas decisiones juntas. No supe decir que no, cuidarme y preservarme. Y por foguearme acepté todo, y quizás no estaba preparada.

"Genera más risa algo que hace un hombre. Una a veces se apichona. Nosotras no nos perdonamos un furcio, viste que somos más culposas o dudosas"

-Es que cuando irrumpiste, se notó de inmediato tu frescura y carisma para comunicar y tener empatía con la gente, pero llegó un momento en que se te veía por todos lados y estabas omnipresente en las publicidades...
-Claro, estaba muy presente, sí... Lo hice en momentos separados, pero llegó a coincidir todo. Me llamaban para hacer cosas y yo sentía que tenía que aceptar y probar, sobre todo arriba del escenario. Tenía 25' de monólogos hechos y 25 presentaciones por mes, era como mucho... Y como me sentía halagada, no me animaba a decir que no si me invitaban Gonza Cammarota y Pablo Aguirrezábal. Ojo, agradezco cómo se dio todo, porque de eso aprendí. Hoy tengo mucho más salud y me siento más madura. Entiendo re necesaria la salud... Lo ves hasta en carnaval, que los murguistas -lejos de su bohemia- llegan a los tablados con su botella de agua mineral. Una de las exigencias de Parentela es llegar sanos los viernes. No salir la noche anterior, bien dormidos, bien alimentados, no tomando decisiones alocadas. Estar concentrados para el viernes a la noche.

-Hablaste del carnaval y antes de Marcel Keoroglian. ¿Cómo te llevás con la murga? ¿Te sentirías cómoda como cupletera?
-Me da miedito... Le tengo respeto. Con Marcel me gustaría salir (se ríe). Convencelo y salgo con él. Con Marcel y Pitufo Lombardo...

-Ah bueno, no pedís nada... ¿No querés al Zurdo Bessio también?
-Bueno, dale, ya que lo decís, no estaría mal...

-Has hablado de "jubilar" al Toto (Da Silveira), en tus autorreferencias arriba del escenario. ¿Cómo vas con eso?
-Intento no abusar de eso, de apelar a él. No he podido jubilarlo, pero es contemplar al público, porque a veces lo piden, a veces rinde. En el estreno de Parentela queremos generar algo con él, no como invitado, porque queremos traerlo más adelante, cuando el programa esté más afianzado. Entrevistar a tu padre en el primer programa sería una carga extra al propio estreno, pero sí que esté y construir un humor diferente para él y para mí. No hace falta jubilarlo desde el humor, pero sí no abusar.

-¿Y cómo te afectaron a vos los cuestionamientos a tu padre, tras sus comentarios sobre la vida privada de Jonathan Rodríguez, que casi peligran su pase?
-No he querido hablar de eso... Fue raro, fue difícil, porque todos somos profesionales, pero está lo que pasa en la interna familiar. Estaba cómo lo vivía yo en mi familia, yo como hija, y como profesional. Fue re duro, y sí estuvo bueno haber tomado distancia. Yo no trabajo desde la opinión y si llevo invitados no les hago preguntas sobre lo privado, intenté tomar distancia. Me merecía concentrarme en el humor, me gané el lugar de que la gente no sepa si estoy triste o no. Me gané meterme en la tele de la gente por el humor. Soy respetuosa de todas las partes involucradas y cualquier cosa que yo hubiese opinado podía interpretarse mal. Y los periodistas fueron muy respetuosos también.

"Me llamaban para hacer cosas y yo sentía que tenía que aceptar y probar, y como me sentía halagada, no me iba a animar a decir que no. Hoy tengo más salud"

-Ahora que estás soltera, ¿te cargan los tipos por la calle o cuando vas a un show a actuar?
-Nada. No me pasa. Hay algo que debe generar mi humor o mi rol en los medios que hace que eso no pase... No sé qué será... Quizás pongo cierta distancia.

-¿En qué cosas notás del día a día que "los uruguayos somos más fiesteros de lo que se cree", como le dijiste a El País?
-Veo eso desde el encuentro que tengo con los uruguayos en lo que yo hago. O desde Telemental, cuando yo entraba bailando arriba de la mesa... y siempre la gente en la calle me sorprendía felicitándome o poniéndose a bailar conmigo. Desde ahí veo que la gente es alegre y fiestera. La gente me canta, me hace chiste o me imitan, o cuando hago shows o acompaño a compañeros, veo que se llenan las salas. Dicen que acá no pasa nada, pero todos los shows son convocantes, la gente sale al (teatro) Metro y después a tomar algo a los bares de la vuelta.

-¿Seguís pensando en emigrar para probar tu humor fuera de fronteras?
-Ay... Me gustaría. Me gustaría probar. Quizás Argentina, pero no necesariamente. Es difícil convocar... Acá el camino ya está hecho, la gente me conoce, pero sería empezar de cero... Está bueno el desafío. Es un desafío que tengo con Lea Ben Sasson, y me re seduce... No sé en qué mercado. El humor sería el mismo. Podría ser liberador como "hija del Toto", ahí no voy a tener esa red.

-A Leonel García para su libro Gente seria le dijiste: "Los comediantes queremos que nos quieran". ¿Qué significa eso?
-Calculo que parte de una carencia de cuando éramos chicos. Yo soy hija del medio, estaba la más grande, el más chiquito, y yo era la que hacía reír. Es una necesidad de aprobación también, y cuando tuve ansiedad escénica, partía de ahí, de la necesidad de aprobación. El trabajo es lidiar con que no te crean.

-¿Para qué te sirvió a vos el humor?
-El humor me salva, es mi forma de sobrevivir. Realmente lo creo. Como si mi propósito fuera minimizar el drama a través del humor. Todas las vidas son dramáticas, y tenemos dramas que no conocemos, yo creo que mi organismo para estar saludable necesita el humor.

"No me cargan los tipos. Hay algo que debe generar mi humor o mi rol en los medios que hace que eso no pase"

-¿A vos qué te hace reír?
-Los niños, cada vez más. Desde que soy tía me doy cuenta que lo que dicen o sus desequilibrios al caminar me hacen reír mucho. A veces estoy horas pensando algo para hacer reír y vienen naturalmente y con cualquier cosa te hacen reír. También me río con el humor gráfico, y mucho de lo que se ve en redes sociales o se multiplica por WhatsApp... Angie y Emi me hacen reír, más allá de que sean amigas. Mis compañeros en Parentela, Danna Liberman, Néstor Guzzini, Piero Dáttole y Luciana Acuña me hacen reír mucho. Ensayando me río tanto que tengo que irme a un costado para no arruinar un momento. No escatimo en risas, porque sé lo que cuesta hacer reír.

-¿Sos feliz?
-Soy feliz. Todos los días un poco.


Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López