Seré curioso

"No es verdad que no se haya hecho nada por los desaparecidos"

Seré Curioso: Julio María Sanguinetti

A Sanguinetti le molesta más que Novick se lleve colorados a sus huestes que las críticas intestinas de Amado. Y confiesa que se indignó con "House of Cards". En Seré Curioso, con César Bianchi.

22.11.2016

Lectura: 24'

2016-11-22T00:00:00
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El ex presidente colorado Julio María Sanguinetti se siente cómodo en el papel de analista político. El intelectual que llegó a lo más alto de la política criolla por dos veces, a los 80 años se puede dar el lujo de desmenuzar los vericuetos del sistema político uruguayo, la tercera administración frentista, el papel de la oposición, su alicaído Partido Colorado y lo que falta por hacer. Pero, además, vislumbra que el magnate Donald Trump no la tendrá nada sencilla en Estados Unidos ni siquiera con el propio Partido Republicano que él asumió como propio.

El líder del Foro Batllista deja en claro -y le importa hacerlo- que en sus gobiernos sí se hicieron cosas para buscar desaparecidos. "Lo permití y no lo impedí", dice, a propósito del artículo cuarto de la Ley de Caducidad que avala el esclarecimiento de lo sucedido antes del 1.° de marzo de 1985.

Sanguinetti recuerda a su amigo Jorge Batlle como el último estadista que ha tenido el país y dice que ni así se le dio por pensar en la muerte. Que cuando las balas le pican cerca, prefiere arriar la bandera que dejó el último soldado caído. En el living decorado con cientos de libros de su casa de Punta Carretas, Sanguinetti sólo se mostró encolerizado cuando señaló la impericia del Ministerio del Interior para "infiltrar a alguien en una tribuna con 100 tipos" violentos. Esa pasividad del Estado, dijo, lo subleva. Por lo demás, le fastidia más que Edgardo Novick se nutra de dirigentes blancos y colorados en lugar de buscar políticos nuevos que las críticas de Fernando Amado.

Confiesa que dejó por la mitad la serie de Netflix House of Cards porque un aspirante a presidente de Estados Unidos no puede andar tirando periodistas a las vías del tren. Tal falta de escrúpulos no le hace bien a la mentada democracia estadounidense, cree.

Por César Bianchi
@Chechobianchi

 -¿Cómo evalúa este tercer gobierno del Frente Amplio?

-Este es un gobierno distinto, porque no está dentro de los años de bonanza que tuvieron los otros dos. Sin dudas eso fue decisivo, para la consolidación del Frente como partido de gobierno. Hoy el gobierno tiene que gobernar, administrar, optar y eso es renunciar, cuando en los dos gobiernos anteriores todo era posible. Ese es el gran cambio. Está claro que a diferencia del primer gobierno de Vázquez, cuando estaban todas las tendencias del Frente alineadas detrás de él, como presidente indiscutido, hoy el doctor Vázquez no es indiscutido, y a su vez la geografía interna ha cambiado mucho porque el MPP es una fuerza mucho más importante y desequilibró las ecuaciones. En tercer lugar, le veo al Pit-Cnt una fuerza mucho mayor. Le marcaron la cancha a Vázquez en el primer mes, cuando propuso parar el Antel Arena, cuando tomó la decisión de decretar la esencialidad de la educación. Y fueron cosas que se las obligaron a revertir, de entrada.

-Los partidos tradicionales, ¿se han acostumbrado a ser oposición?

-El Partido Nacional tiene una larga historia de oposición, de modo que no precisa acostumbrarse a ello. Está en su ADN. El problema ha sido con el Partido Colorado, un partido con mentalidad de gobierno, al cual le cuesta mucho ser oposición.

-Sin embargo, los blancos siempre se venden como con vocación de gobierno.

-Es natural que lo haga, precisamente porque todo el mundo lo ha visto como oposición. Entonces es como un exorcismo de una idea más o menos instalada en la sociedad uruguaya.

-Da la impresión de que el FA tiene más oposición en su interna, que con los partidos fundacionales. Y así y todo, quien ejerce mejor el rol de oposición son los blancos.

-El FA tiene problemas internos porque es una coalición muy variada. Entre la punta izquierda y la de la derecha hay una distancia enorme. Astori difícilmente gane la interna del Frente, sin embargo ha sido una figura central en los tres gobiernos del Frente, por su posición económica, típicamente de centro. Entonces es natural que haya choques, porque es una coalición, no es un partido homogéneo, con tendencias y matices. Hay grandes diferencias, por ejemplo, entre lo que piensan los dirigentes sindicales que son legisladores de un lado, que todavía viven en un imaginario marxista, y otra cosa es el ministro Astori. Y el Partido Nacional tiene una presencia grande. El Partido Colorado no ha estado indiferente, el senador Bordaberry ha estado muy activo como legislador, en el tema Ancap e inseguridad, por ejemplo.

"En el primer gobierno de Vázquez, estaban todas las tendencias del Frente alineadas detrás suyo. Hoy el doctor Vázquez no es indiscutido. Y le veo al Pit-Cnt una fuerza mayor. Le marcaron la cancha a Vázquez en el primer mes"


-¿Cómo lo ve al Partido Colorado hoy?

-Todos lo vemos con debilidades que tiene que superar y naturalmente con la preocupación de quienes somos colorados y batllistas. El partido sufrió mucho la crisis de 2001-02 y en un sistema polarizado de doble vuelta, quien más paga tributo es quien entra tercero. De modo que eso ha sido difícil para el partido. Tras la crisis hubo una caída en el electorado. Ahora, a raíz de la muerte de Jorge Batlle se hace un reconocimiento a la labor del Partido Colorado y la presidencia de Batlle en esa crisis. Pasamos a ser de responsables de la crisis a salvadores del país, porque quedó claro que el Uruguay evitó el default en el que cayó Argentina (que hasta hoy le cuesta) y por otro lado, entregó el país en pleno crecimiento. Eso se pagó muy caro, luego se produce un proceso de renovación, aparece Bordaberry, saca al país del CTI y de un 8 % lo lleva a un 14 % y parecía que las cosas iban a mejorar. Desgraciadamente, errores políticos y de conducción no ofrecieron esa superación que se esperaba.

-¿Tiene un liderazgo claro el Partido Colorado hoy?

-En este momento no. Tiene un liderazgo formal, que es Pedro Bordaberry, porque tiene la mayoría y ganó la interna, pero él mismo dice que no habla de candidaturas porque no es la época ni el momento, y es notorio que en los primeros meses tomó distancia de la vida política, salvo de la parlamentaria. Ha sido un activo legislador, un excelente legislador. De modo que se verá qué ocurre con Bordaberry, ojalá esté porque ha demostrado gran capacidad, a pesar de seguir sufriendo por la portación de apellido, que le sigue pesando. Por otro lado, los sectores batllistas tradicionales tendrán que emerger. Hoy los más activos son Tabaré Viera, Amorín Batlle, pero también hay muchos otros.

-¿Fernando Amado es una opción? Le ha pegado a usted, a Jorge Batlle antes de morir...

-Yo no creo que sea una opción presidencial. Deseo que le vaya bien, lo conozco de toda la vida, empezó en la interna del Foro Batllista. Y si le sirve pegarnos a nosotros para obtener algún voto, adelante, bienvenido que nos pegue. No me gusta porque no creo en las críticas internas de ese tipo, pero tampoco en lo personal me molesta.

-Edgardo Novick ha provocado cierta sangría en el Partido Colorado. ¿Es un adversario peligroso o podría llegar a ser un aliado ideológico contra el FA?

-Ha provocado una sangría también en el Partido Nacional. Lo de Novick yo lo definiría así: me parece bien que alguien que es exitoso en la vida comercial se vuelque a la vida política. En el terreno político, no le está haciendo bien al sistema, y más en un país con tradición de partidos, no es bueno seguir fragmentando el sistema. Mire lo de España con sus dos partidos tradicionales, que mordidos en sus dos flancos ha terminado en una situación de baja gobernabilidad. Eso no me parece bueno. Me resulta inexplicable que su propuesta base sea unir a la oposición y comience por dividirla. Hacer un nuevo partido y dividir a la oposición, sin ninguna búsqueda de diálogo con el Partido Colorado o el Partido Nacional. Es profundamente contradictorio y eso no es bueno. Tampoco me parece bueno que no muestre gente nueva, porque ya que es un partido nuevo, que muestre gente nueva. Como sí lo hizo Macri en su tiempo. Al sólo dedicarse a sonsacar dirigentes colorados o blancos, hasta en la vida comercial -que Novick la conoce mejor que yo-, se me ocurre que no debe ser un buen sistema llevarse bien con los colegas sonsacándole algunos clientes.

-Hay otra lectura: esos dirigentes optaron por irse de los partidos históricos y fundacionales para este sector político que lidera Novick.

-De acuerdo, optaron por razones personales, pero lo que importa no son ellos, importa el líder de un nuevo partido que en lugar de construir un nuevo partido, se dedica a extraer gente de los partidos tradicionales.

-El gobierno de Mujica daba la impresión de tener una clara afinidad con el Brasil de Lula y la Venezuela chavista. ¿Cómo ve la política exterior de este gobierno?

-Notoriamente ha habido un giro hacia una política más cercana a la política de Estado, sin el contenido de afinidades ideológicas o de simpatía que había antes. En ese sentido, lo veo como una política mucho más profesional. El propio ministerio (de Relaciones Exteriores) trabaja con mayor profesionalismo.

"Me resulta inexplicable que la propuesta de Novick sea unir a la oposición y comience por dividirla, sin ninguna búsqueda de diálogo con el Partido Colorado o el Partido Nacional. Es profundamente contradictorio y eso no es bueno"


-¿Qué análisis hace de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca? ¿Y cómo puede afectar en la relación de Estados Unidos con Uruguay?

-La victoria de Donald Trump se inscribe en un fenómeno que se da en el mundo occidental desarrollado: una gran sensación de miedo. Y el miedo es un mal consejero. El Brexit es una típica reacción de miedo de los viejos ingleses que les cercenan el futuro a los jóvenes ingleses, que querían tener un destino europeo. Eso se ve en Francia, que la señora (Marine) Le Pen sea del partido mayoritario de Francia, y es también una expresión de miedo. ¿Miedo a qué? A la inmigración, al terrorismo, a los cambios. Es una combinación de factores que nos llevan a vivir en un mundo de miedo. Uno va a un aeropuerto y parece que estuviera entrando en una fortaleza medieval. Nos hemos ido acostumbrando a ese miedo, y como consecuencia la sociedad reacciona de ese modo.

-¿No hay, también, un voto de rechazo a la clase política?

-Creo que es importante. Y más que a la clase política, es un veto a Washington. Fíjese que en Washington Hillary (Clinton) ganó 95 a 5. Hillary era Washington para el resto del país, y Washington es el de House of Cards. O sea, allí están los políticos cínicos y trepadores, los lobbistas inmorales, si hay que tirar un periodista abajo de un tren, se lo tira (NdeR: se refiere a un episodio de la serie de Netflix que mencionó, protagonizada por Kevin Spacey en el papel de un político inescrupuloso con ambiciones desmedidas).

-Veo que la vio...

-Vi una temporada y media, y ahí dejé de verla indignado, porque es una caricatura, y yo sentía que le estaba haciendo un enorme daño a la democracia. Porque si la política en el país de mayor peso en el mundo es eso, entonces, ¿qué es la democracia norteamericana y qué es la democracia en el mundo? Una cosa es un episodio puntual, con un hecho de corrupción o inmoralidad, pero otra cosa es esa visión de conjunto sistemática, donde los malos son terriblemente malos y algún bueno que aparece de afuera es tan bueno que resulta víctima. Vuelvo: a Washington no lo quiere el resto de Estados Unidos. Es el lugar de los políticos, de lo lobbistas, es el lugar de los parásitos. El empresario tecnológico de California o el agricultor de Ohio, en principio, para ellos, Washington es un lugar de parásitos. Entonces, Hillary es Washington y Washington es House of Cards. Volviendo a Trump: él no era un político, no tenía trayectoria ni práctica de ejercicio político. Él tomó por asalto al Partido Republicano desde afuera. El Republicano es un partido liberal conservador, y un partido así no está feliz con un agitador. El Partido Republicano ganó la mayoría en las dos cámaras, veremos cómo lidia Trump con ese partido, con el cual va a tener dificultades. En segundo lugar, sus promesas han sido extravagantes y contradictorias, empecemos por la propuesta de un proteccionismo rampante. Decir que le va a poner un 45 % de aranceles a la importación de China es un delirio, porque se la va a tirar abajo la OMC sin ir más lejos, por discriminación. Son propuestas disparatadas. Pero en cualquier caso, el Republicano es el partido de la libertad de comercio. Su campaña fue populista, pero su gobierno no lo será porque las instituciones del país son muy fuertes. Eso de los presidentes mesiánicos tipo Chávez o Maduro, que están más allá de la institucionalidad, eso no le va suceder a Trump. No lo van a dejar. Y si sigue con sus dislates, va a tener problemas.

-Volvamos al país: ¿Cree que la historia será más benévola con Jorge Batlle de lo que parecía en los años inmediatos posteriores a su gobierno?

-Ya lo es, porque la reacción del sistema político, de la prensa y la ciudadanía en su fallecimiento fue de respeto, incluso de aprecio a su labor. No tengo dudas que esto será valorizado. Aparte de su personalidad, muy llamativa y singular. Fue la antidemagogia por definición, pese a esa espontaneidad que tenía para hacer declaraciones.

-En los obituarios de Batlle se le reconoció la creación de la Comisión para la Paz, y no pocos analistas políticos lo compararon con usted, señalando que en su gobierno no se hizo nada por la búsqueda de desaparecidos.

-No es verdad que no se hizo nada. Se hizo una investigación en Buenos Aires para buscar aquella niña, (Mariana) Zaffaroni, y se la encontró. Y el gobierno hasta contrató un detective para hacer la pesquisa. En las búsquedas de acá, es evidente que estábamos en un tiempo distinto. Para empezar, al inicio del gobierno ni siquiera había cuestionamientos a los militares. Los cuestionamientos y las denuncias fueron viniendo después. Se hizo lo que se pudo.

"Trump tomó por asalto al Partido Republicano desde afuera. El Republicano es un partido liberal conservador, y un partido así no está feliz con un agitador. Veremos cómo lidia Trump con ese partido, con el cual va a tener dificultades"


-¿Y en su segundo gobierno?

-En mi segundo gobierno también se siguió haciendo lo que se pudo. En el caso de la chica (Macarena) Gelman, que aparece cuando entra Jorge Batlle en el gobierno, es evidente que lo sabían de antes quienes lo sabían y prefirieron ocultármelo a mí y dárselo al nuevo presidente.

-¿Pero hubo voluntad de sus gobiernos en buscar los desaparecidos?

-La acredité siempre. También fui siempre firme en que las amnistías habían sido buenas. Como decía Justino Jiménez de Aréchaga: "Las amnistías son una solución racional para un problema pasional". Pero nadie puede discutir que las dos amnistías fueron pacificadoras, acá no hubo rebrote guerrillero ni rebrote militar, como sí ocurrió en Argentina o Chile, que tuvo que soportar la presencia del propio Pinochet. La segunda cosa es que la ciudadanía como conjunto aprobó esa línea de conducta porque nadie cuestionó la amnistía a los tupamaros y la amnistía a los militares, sí cuestionada, fue dos veces ratificada en plebiscitos y referéndums. De modo que estas son dos cosas incuestionables: la ciudadanía respetó ese camino.

-Pero alguien podría decir que "el cambio en paz", tal su lema en su primer gobierno (1985-1990), de todos modos pudo haber permitido cumplir con el artículo cuarto de la Ley de Caducidad...

-Lo permití y no lo impedí.

-Batlle falleció a los 89 años haciendo política, recorriendo el país como político. ¿Usted hoy se siente un dirigente activo? ¿Qué hace para sentirse así?

-Escribo semanalmente en El Correo de los Viernes, escribo una vez por mes en El País de Uruguay, una vez por mes en La Nación de Buenos Aires y en El País de Madrid. En ellos reflejo mi pensamiento desde mi condición de batllista. Naturalmente que con más claridad en El País de aquí o aún en La Nación, mucho menos en El País de Madrid donde no tiene mayor sentido. En segundo lugar, he escrito libros importantes desde nuestro punto de vista partidario, porque desde el terreno doctrinario en el partido desgraciadamente estoy un poco solo, no tengo muchos socios. He intentado hacer historia: en (los libros) La agonía de una democracia y en La reconquista quise hacer historia. En tercer lugar, estoy en el debate, estoy en las radios, en la tele, usted me está entrevistando ahora. Yo fui presidente a los 49 años, volví a serlo a los 59, y después que salí dije: "No voy a ser más candidato, porque tiene que haber una renovación". Mi aspiración era llegar a viejo, pero no a viejo de... digamos, no a viejo aferrado al sillón.

"Acredité siempre mi voluntad en buscar los desaparecidos. También fui siempre firme en que las amnistías habían sido buenas. Como decía Jiménez de Aréchaga: 'Las amnistías son una solución racional para un problema pasional'"


-¿Quién fue Jorge Batlle para usted?

-Fue un hombre muy importante, y un compañero de la vida. Yo entré a trabajar con el padre y con él a mis 17 años en el semanario Canelones, cuando Luis Batlle quiso sacar una publicación partidaria en el departamento de Canelones, donde la 15 que era mayoría en todo el país, allí era ínfima minoría, entonces pensó que había que tener una buena publicación. El director era "Maneco" Flores Mora, entre los redactores estaba Teófilo Collazo, Zelmar Michelini, Elías Bluth, Alberto Pérez Pérez (que después se fue al FA), estábamos los más jóvenes de 17 o 18 años y trabajé muchos años con él y el padre. Siempre fuimos amigos, en algún momento fuimos competidores, como es natural en la vida política, pero cualquier herida que pudo haber, se restañó enseguida. Es más, él siempre decía: "Somos una pareja de backs muy distintos, yo rompo el juego y doy patadas afuera del área y Julio ordena el juego atrás". Él rompía el juego con sus propuestas constantes, su imaginación, y a mi estilo, mucho más de búsqueda de consensos y menos ocurrencias. Nuestras charlas siempre fueron largas... En los últimos años, venía acá a casa, nunca me dejaba ir a mí. Yo tenía que despejar toda la tarde de audiencias, porque podía venir y quedarse horas charlando.

-Ahora, usted habla de algún choque en la competencia: hubo uno que fue notorio, cuando en 1989 él se siente traicionado por usted, que decidió apoyar a Enrique Tarigo en la interna colorada. Fue cuando él dijo que "fue como si le hubieran arrancado un brazo sin anestesia". Él lo había apoyado a usted antes y esperó una devolución de favores...

-Ese fue su punto de vista, y el mío era tratar de encontrar el mejor candidato. Y en ese momento entendí que era Tarigo. Jorge le ganó la interna, lo que quiere decir que para los colorados, Jorge era el mejor candidato. Desgraciadamente después no ganamos el gobierno. Pero son los momentos de la vida política... Pero no dejó secuelas, porque a partir de allí seguimos trabajando juntos en muchas cosas.

-¿Quién fue el último estadista del Uruguay?

-Fue Jorge. El Estado es fundamental en los momentos de prueba. Cuando estamos en las rutinas de la vida diaria, el Estado es una presencia abstracta que está detrás. El estadista se ve en los momentos de crisis o en los grandes replanteos que puede configurar un país nuevo. Y él hizo su gran demostración: cuando el país tuvo la quiebra financiera, él logró sacarlo adelante con el apoyo disciplinado de todo un partido, con una enorme participación de los técnicos.

-Leí su último libro, Retratos desde la memoria  (Debate, Penguin Random House). De todos estos personajes nacionales y extranjeros, ¿cuál evoca con mayor cariño o nostalgia?

-Entre los uruguayos que están en el libro, con todos tuve una relación de amistad y afecto, sino no estarían. Es un libro de recuerdos que escribí a mis 80 años. Con Wilson Ferreira, por ejemplo, éramos grandes amigos, fuimos competidores políticos pero muy amigos. Mi relación con Luis Batlle era la relación del joven que fue seducido con un líder, que no fue la misma relación que tuve con Adela (Reta), a quien sigo extrañando, porque era una persona extraordinaria con una gran lucidez, o a don Luis Hierro Gambardella, que fue mentor político mío. O "China" Zorrilla, que también era muy amiga. Con Líber Seregni también tuve una relación de amistad y confianza, que fue fundamental en el camino de la salida. Si salimos como lo hicimos en el Club Naval fue por un camino común que trazamos con el Frente de él y la Unión Cívica, porque el Partido Nacional estaba en otra estrategia. Y eso fue posible por la relación de confianza con Seregni.

-¿Qué libros está leyendo hoy?

-Leo cuatro o cinco cosas a la vez. Estuve leyendo un libro que me aconsejó Marta de (Alberto) Tenenti, un gran historiador italiano, sobre las revoluciones liberales que empiezan en Holanda. Leí una novela, Domingos de agosto de Patrick Modiano. Leo pocas novelas. Voy por la mitad de El mundo de la ligereza de (Gilles) Lipovetsky. Y alguna otra cosa más, que ya no me acuerdo.

-¿Y ve series? Antes hablábamos de House of Cards...

-Veo, sí. Ahora estoy viendo The Crown, también de Netflix, sobre el ascenso a la monarquía de Isabel, la actual reina. Downtown Abbey me parece ejemplar en su tipo, como me entusiasma y me apasiona El Comisario Montalvano. Emma ha leído los libros y también le gusta la serie. Yo no leí sus libros, porque me gusta tanto la serie, que no quiero que me defraude. Las series norteamericanas suelen ser de acción y realistas, como es todo lo norteamericano: fuerte y duro. No es lo mío. Homeland la vi cierto tiempo y después la largué. Es todo de trazo grueso. En cambio, las series inglesas me fascinan. Las series italianas son distintas. Las series norteamericanas son geniales moviendo masas pero no son sutiles, los franceses son sutiles y no saben mover masas. Los italianos saben hacer comedia con los dramas más terribles, como la película La vida es bella, que es una maravilla.

"El último estadista fue Jorge Batlle. Cuando estamos en la rutina, el Estado es una presencia abstracta que está detrás. El estadista se ve en los momentos de crisis o en los grandes replanteos que puede configurar un país nuevo"


-Le cambio de tema: su hijo Julio Luis renunció a la comisión de seguridad de Peñarol tras las discrepancias internas luego del hincha baleado en la tribuna Ámsterdam ante Rampla. ¿Qué solución le ve al tema de la seguridad?

-Ya que invoca a Julio Luis, él hizo un muy buen trabajo con la inauguración del estadio Campeón del Siglo, con propuestas. Tuvo que convivir con el Ministerio del Interior, y yo lo entiendo, porque usted no puede pelearse con el Ministerio del Interior. Yo, no como presidente honorario de Peñarol ni como padre de él, pienso muy distinto. A mí me subleva cuando el Estado baja los brazos. Me subleva. Me sale el batllista ortodoxo. Y menos cuando es una función primordial del Estado.

-¿El Ministerio del Interior bajó los brazos?

-Absolutamente. Ha renunciado a cuidar una tribuna, porque dice que es una actividad privada. Y sí, cuando alguien tiene un kiosco, vende panchos en la esquina o va a trabajar, está haciendo actividades privadas, pero lo hace en la vía pública, y el Estado tiene que cuidar que la vía pública sea libre y esté garantida. El espectáculo más masivo, como es el fútbol, el Estado baja los brazos y no se anima a infiltrar gente en una barra que son 100 tipos o menos. No se hace acción de inteligencia. No se anima a reprimir, porque le asusta la palabra. El delito se reprime. Se previene, pero si ocurre, se reprime. Es el deber del Estado. En su núcleo fundacional el Estado es el monopolio de la fuerza. Mire, a raíz de los episodios en el barrio Marconi, yo escribí que en algunos lugares sobra Estado y en otros falta Estado. Sobra en los 60.000 funcionarios que entraron en el gobierno pasado, y en otros falta Estado como en el barrio Marconi o como en el estadio: falta Estado. El Estado tiene que ir al frente con todos los medios y recursos. Este Ministerio del Interior felizmente ha tenido mucho dinero. No lo hago a Bonomi responsable de una situación de violencia en la sociedad, porque eso tiene raíces muy profundas. Pero sí lo hago responsable de no usar todos los medios necesarios para resolver este tema.

-¿Y qué hacemos con nuestro cuadro?

-Y bueno, a veces se acusa a los dirigentes, este consejo directivo hizo todo lo que pidió el técnico, un técnico experimentado, de categoría (Jorge Da Silva) y no se dio... El problema es de todo, cuando las cosas no andan.

-Hablando de cuadros, ¿cuál es su obra pictórica más atesorada en su casa?

-Tengo un lindo conjunto de obras, no tengo una gran colección, porque no tengo un constructivo de Torres, que me encantaría tener, ni tengo un candombe de Figari, que es uno de mis predilectos. Tengo un entierro de negros (de Pedro Figari), pero no un candombe. Tengo muchos cuadros que me gustan mucho, alguno de (José Pedro) Costigliolo, un (Washington) Barcala. Se ríen de mí, Marta y mis hijos porque yo digo que es el cuadro que más me gusta. Como preferencia personalísima, ese Barcala es mi preferido. Es un cuadrito pequeñito con una manzana hecha con un trapo y una línea nomás. Todos los cuadros que tengo nos gustan tanto a Marta como a mí. Yo tampoco me animo a comprar un cuadro que no le guste a Marta (Canessa, su esposa)... Una vez le compré para un cumpleaños un (Carmelo de) Arzadun, y me tiró escaleras abajo con el cuadro y todo. Me dijo: "¿Vos te pensás que voy a estar mirando esa gorda con cara de mala?", y tuve que cambiarlo por otro Arzadun.

-La muerte de Batlle, ¿le hizo pensar en su propia muerte?

-Me sentí sacudido... Yo no pienso mucho en la muerte, honestamente le digo. Como Jorge tampoco pensaba en la muerte. Yo lo encaro como esos batallones de infantería que aparecen en las películas inglesas, cuando van avanzando paso a paso. Y pum, cae uno, y el de al lado se corre, de repente cae el de al lado de un tiro, que llevaba la bandera, y viene otro y agarra la bandera. Yo soy el que agarra la bandera. Lo encaro así. Y vengo de México, donde disfruté enormemente el Día de los Muertos. Estuvimos en el desfile de muertos, visitamos altares de muertos, allá se desdramatiza la muerte: los niños disfrazados de calavera, como si fuera un carnaval.

-¿Es feliz?

-Por supuesto que sí. La felicidad la encaro como un estado de equilibrio, entre emociones, aspiraciones, realidades, el núcleo de los afectos que aporta una mayor estabilidad. Me siento feliz, creo que he logrado la mayoría de las cosas que me propuse. Me faltan otras, tengo muchos libros más por escribir.

Montevideo Portal | César Bianchi 
Fotos: Juan Manuel López