Contenido creado por Inés Nogueiras
Seré curioso

De tribus y cloacas

Seré Curioso: Gabriel Pereyra

El periodista Gabriel Pereyra habló de la inseguridad, de los políticos y los Panamá Papers. Y también de lo mal que se hace periodismo de periodistas en Uruguay.

26.04.2016 00:40

Lectura: 18'

2016-04-26T00:40:00
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En "Seré Curioso" Gabriel Pereyra (50) dice que se quiso dedicar al periodismo por curiosidad, por preguntón. Era, desde que era chico y pobre, de los que hacían preguntas para joder al otro. De su niñez se agarró un tic: cuestionar a los que tienen más (más poder, más dinero, más alcurnia. Más, a secas). Por haber sido pobre y lograr no pasar sobresaltos se cree superior. Y se sabe un tipo resentido con ciertos clanes.

Pereyra, alejado del día a día de la redacción de El Observador, sigue haciendo lo que más le gusta: escribir y molestar, desde su escritura. En una charla en el living de su casa, dijo que no cree en los códigos de ética periodística (y menos en el de APU), confesó que ahora le cree más a Amodio Pérez que cuando lo entrevistó en España y que le costó entender las idas y vueltas de Raúl Sendic.

Además, dijo que tiene línea directa con Tabaré Vázquez, que la clase política tiene algo que aprender de Guillermo Stirling, que los que piden mano dura deberían ser los primeros hinchas de cárceles más habitables y que el periodismo de periodistas que se practica en Uruguay es "una basura".

Por César Bianchi
@Chechobianchi



-¿Por qué ya no vas más a cumplir un horario como editor jefe de El Observador, medio en el que seguís colaborando desde tu casa?
-Sigo escribiendo y haciendo columnas, pero desde enero ya no voy al diario a ejercer como editor jefe. Hacía 18 años que estaba en el diario, 10 como editor jefe. A veces me preocupaba tanto tiempo en el mismo cargo, en el mismo lugar de laburo. Pasé por períodos complicados de salud en el medio, con tres operaciones de columna. En algún momento yo le había planteado a (Ricardo) Peirano esta solución. Quedó en la nada, en su momento, y sobre fines del año pasado me la planteó él a mí. De alguna manera se queda con lo que la gente se queda de mí: las columnas y las notas que yo firmo, porque todo el laburo pesado, grueso y cansador, el lector no se entera. Yo hace 32 años que estoy adentro de una redacción (Las Bases, La República, Búsqueda, Posdata y El Observador, en prensa escrita). Y llegamos a un acuerdo que nos convenía a los dos. A mí me servía porque salía de la máquina y hasta ahora, estamos los dos conformes.

-¿Ahora de salud estás bien?
-Ahora sí, re bien. Contribuyó el dejar de ir al diario todos los días. Yo ya venía mejorando, de todos modos. Antes tenía un dolor crónico, y estos meses no he tenido ni uno.

-¿Compartís la postura editorial de El Observador de no divulgar los nombres de los uruguayos que figuran en los Panamá Papers por tener sociedades offshore?
-Sí, claro. Porque decir los nombres sería cambiar radicalmente las reglas del juego que imperan hasta ahora de manera legal. Hasta ahora eso es legal. No hay ninguna información que vincule a esas personas con alguna actividad ilícita.

"Publicar los nombres (de los uruguayos en los Panamá Papers) sería exponerlos a una cosa condenada éticamente por la sociedad, muchas veces por la ignorancia"


-Pero hay quienes se preguntan por qué se publicaron los nombres de los extranjeros y no lo de los uruguayos...
-Lo de los extranjeros que estaban de alguna manera involucrados y que eran gobernantes. Si acá hubiera habido gobernantes involucrados, quizás hubiésemos hecho otra valoración. Publicamos el nombre de Juan Pedro Damiani porque estaba involucrado en causas penales. Y los demás no. Pero esto porque adquirió nivel internacional, pero planteátelo a nivel nacional: estás en la redacción y te llega una información anónima, que no sabés de quién viene, qué intereses tiene e involucra una serie de personas y no sabés si atrás no hay un despechado que los quiere joder, y no tenés elementos para analizarlo. A lo sumo, lo que podés hacer es tomar los nombres de personas que son de interés público, confirmarlo y eventualmente darlo. Pero me parece que quemar personas así porque sí es entrar en un camino peligroso.

-¿El camino del prejuicio decís?
-Claro. Es exponerlas a una cosa condenada éticamente por la sociedad, muchas veces por la ignorancia. Estoy seguro que si explicaras bien qué significa eso, mucha gente no los condenaría.

-Que esos uruguayos tengan dinero en cuentas del exterior, ¿es malo per se? Hay quienes creen que tener su dinero en un paraíso fiscal y no en el Banco República "habla de ese empresario"...
-No habla nada. Si es un empresario quiere ganar plata. Si quieren que eso no sea así, que cambien la ley. "Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada", dijo un poeta contemporáneo. No es malo per se. En todo caso podemos hacer un análisis más profundo y es analizar si esa persona que puso esa plata afuera, cuánto paga de impuestos acá. Capaz que esa persona lo que se está ahorrando de pagarle impuestos al Estado, se lo está ahorrando al Estado mandando a sus hijos a la educación privada y pagando un seguro privado, y ahí no se lo usa al Estado. Cuando el individuo adopta medidas para evadir al Estado en sus ineficiencias e ineficacias, cuando ve que con la plata de sus impuestos se contratan choferes por 30.000 mangos en lugar de pagarle a los maestros, se lo condena al individuo. Ahora, cuando al Estado, a la gente que paga impuestos la condena con escuelas donde los ratones muerden a las maestras, parece que no pasa nada. Entre individuo y el Estado, siempre estoy a favor del individuo.

-¿El derecho a la privacidad o a la intimidad no se discute cuando la persona en cuestión tiene cierto "poder" o es "famosa"?
-Siempre que la información que esté sobre la base sea de interés público, está bien. Eso va en el periodista: cada uno decide qué es interés público y qué es interés privado. Personalmente pienso que es de interés público todo aquello que involucre a la sociedad en cuanto provoque algún efecto o impacto en la sociedad en su conjunto.

-Entre marzo y abril publicaste una serie de cinco notas sobre la inseguridad que iban desde el sistema de penas y rehabilitación hasta las cárceles en sí mismas. ¿A qué conclusiones llegaste tras este ambicioso reportaje de varias piezas?
-Que la cárcel es uno de los organismos públicos más ineficientes que tenemos. Que a pesar de eso casi todas las medidas que se proponen son para mandar gente a esa institución ineficiente. Que el gobierno frenteamplista había bancado a pie firme no recorrer el camino de la demencia, que es buscar una solución siguiendo el mismo camino, pero está cediendo ante lo que se llama el populismo punitivo: la gente no reclama cosas que los técnicos no reclaman, pero los políticos aceptan para no quedar mal con la gente. Que es una máquina de reproducir violencia, más violencia de la que ya hay...

-De hecho, cada vez van más personas a prisión y los delitos crecen más.
-Así es. Desde los 90 venimos aumentando las penas y los delitos siguen aumentando. Habría que poner todo el esfuerzo en algo que no es redituable políticamente: invertir mucho dinero en cárceles y en rehabilitación. Quienes argumentan por la mano dura y el encierro, si fueran inteligentes tendrían que reivindicar cárceles dignas. Cuando haya cárceles dignas, sus reclamos de mano dura van a tener mayor aceptación, porque están proponiendo encerrar a gente en lugares dignos, para ser rehabilitados y no en lugares que son una cloaca.

-¿Qué es lo que desde lejos no se ve del sistema carcelario y vos viste al poner la lupa?
-Que podríamos titular cada día una nota que dijera: "Hoy 10 presos peligrosos salieron en libertad". Cada día, 10 presos peligrosos, que van a reincidir, salen de la cárcel. Las estadísticas dicen que un 60 % de los que quedan en libertad, reinciden. Salieron 10 hoy, 10 mañana, 10 ayer. Si vos pusieras "se fugaron" habría una alarma pública. Como salen por la puerta, estamos todos tranquilos y no hay alarma. Y te la pueden dar en cualquier momento.

"Podríamos titular cada día una nota que dijera: 'Hoy 10 presos peligrosos salieron en libertad'. Cada día, 10 presos peligrosos, que van a reincidir, salen de la cárcel.Y no hay alarma pública"


-A la luz del episodio de la no licenciatura en Genética de Raúl Sendic -que, por otra parte, destapó El Observador-, ¿seguís pensando que la pregunta sobre su orientación sexual fue pertinente?
-En ese momento, sí. Lo conversé con él antes. Fue Sendic el que me dio los argumentos políticos para poder hacerla, porque fue él el que me comentó que gente del Frente Líber Seregni estaba recorriendo el país tratando de conseguir adhesiones porque querían decir en campaña, porque eso iba a impactar políticamente contra él. Cuando me dijo eso, pensé: esto dejó de ser una cuestión privada para pasar a ser un hecho político. Él lo aceptó como tal y por eso se lo pregunté. No lo sorprendí, estaba hablado. Fuera de micrófono, antes de la nota, yo le pregunté si era homosexual, porque se decía eso. Y él me dijo: "No, no soy, pero te voy a contar algo" y ahí me contó de esa campaña. Entonces, le dije que había pasado a ser un hecho político y tenía que preguntárselo, y aceptó.

-Ahora sí hablemos del episodio del título: ¿Te sorprendió que se contradijera, después de haberlo confesado en la nota con Patricia Madrid?
-Creo que negar que había admitido que no era licenciado fue un error político tremendo. Los políticos -y los medios- hay algo que no han terminado de entender: cuando tienen un problema, la mejor manera de zafar del problema es agrandarlo, no evadirlo. Siempre recuerdo a (Guillermo) Stirling, cuando era ministro del Interior. Uno iba y le decía: "Está brava la inseguridad, eh", y él decía: "Brava no, está horrible", entonces te dejaba sin argumentos. Cuando uno se equivoca de forma muy grande en el periodismo, lo que hay que hacer es una aclaración más grande que el error, para que la gente hable de la aclaración y no del error. Eso es algo que los políticos no terminan de entender.

-Fuiste el primero en prestarle atención a Amodio Pérez cuando en 2013 hizo su reaparición, más de 40 años después. De hecho, viajaste a entrevistarlo a España. ¿Le creíste?
-Al principio no le creí la mayor parte, y terminé creyéndole la mayor parte.

-¿Le creés ahora, tras sus descargos y sus libros en Uruguay?
-Por eso, cuando vino acá y vi la reacción de sus ex compañeros y pude empezar a leer entrelíneas y a ver algunas cosas que no había valorado, a raíz de eso, empecé a creerle más. La historia del MLN cambió mucho con la aparición de Amodio. Por lo menos nos hace pensar cómo hubiera sido la historia del MLN si la contáramos desde su inicio hasta el fin de la democracia. O sea, si a la historia del MLN le sacás la tortura y los rehenes, ¿qué queda? Su aparición pone en entredicho la historia oficial del movimiento.

-Hablemos de periodismo: ¿Qué pensás del Código de Ética Periodística de APU?
-No creo en los códigos de ética, salvo en las cosas más básicas, porque el que está trabajando en un medio sabe que lo que para una persona sirve, para otra no, lo que en un momento sirve como método, en otro momento no sirve. Me ha pasado que ante un hecho similar he adoptado posturas distintas. Respecto al de APU, creo que no es un código de ética. En algunas partes puede ser, en otras son recomendaciones de estilo periodístico. Yo no pertenezco a APU, pero lo leí.

-¿Te representa?
-No, no me representa. Hay cosas que son más de estilo periodístico que de ética y porque creo que hay cosas que dice como una verdad revelada que, cuando estás en la cancha, pueden ser de otra.

-Varios colegas que lo redactaron cuestionaron el informe de Santo y Seña del año pasado sobre las niñas abusadas, donde dábamos cuenta de su testimonio (con los nombres cambiados, de espaldas y la voz distorsionada).
-Yo escribí una columna sobre eso. Por un lado, seguro tiene mucho que ver la simpatía que pueden tener algunos periodistas con quien está al frente del programa (Ignacio Álvarez), y por otro lado hay un doble discurso de las organizaciones que defienden a los niños que te dicen: "Cuando hay algo policial, buscan el testimonio de los policías, de los testigos, nunca de las víctimas" y resulta que cuando vas a buscar el testimonio de las víctimas, te lo cuestionan. No hay nada que les venga bien. Y también está la manera en que uno hace el reportaje. Te dicen que no podés ponerte en el nivel de técnicos de la Justicia. Yo hice una investigación de algunos psicólogos que trabajan para la Justicia y hay que ver cómo manipulan a los niños, es tremendo. Y hay veces que cuando los organismos públicos no cumplen su rol, lamentablemente a veces los termina cumpliendo un medio de comunicación. Acá, en los debates periodísticos, creo que en el fondo del tacho de la calidad periodística estaba el periodismo policial, pero apareció uno que es el periodismo de periodistas. Es el peor de todos, en cuanto a su calidad. Primero por una cuestión de forma y una de contenido: cuando te critican o hablan de vos, nunca te llaman. Y es que este es un país de tribus: ya sabés quién va a hablar bien de Fulano y mal de Mengano. Ya sabés que Fulano nunca va a hablar bien de Mengano y los de Mengano nunca van a hablar bien de Fulano. Entonces, pierde sentido. Salvo casos excepcionales, la opinión de los colegas me parece en general algo despreciable, no cuentan para nada.

-¿Está mal hacer periodismo de periodistas?
-No está mal siempre que se haga de forma correcta, sin intencionalidades, cumpliendo con todas las normas de rigor periodístico. Es un periodismo más.

"Cuando uno se equivoca de forma muy grande en el periodismo, lo que hay que hacer es una aclaración más grande, para que la gente hable de la aclaración y no del error"


-La enorme mayoría lo condena, pero en algunos casos se justifica. Hay quienes piensan: ¿por qué no hablar de otros periodistas si hablamos de políticos, médicos, militares, empresarios y sindicalistas. ¿Pero cuál es el límite?
-No lo sé. Los mismos límites que para hacer el resto de los periodismos: la honestidad. Lo que pasa es que acá se les nota. Los periodistas se cuidan de no mostrarse antiblancos o antifrentistas, pero no tienen rubor en ser anti-Nacho, anti-Fasano o anti-Mengano. Como se hace en este país es una basura.

-Con la mano en el corazón: ¿Te molestó no estar nominado a mejor programa periodístico en los pasados Premios Iris de Sábado Show?
- (Se ríe) Creo que ganamos uno. El día que ganamos, yo no fui. Me suma cero. Si me importara el premio, me molestaría ponerme un traje para ir a la fiesta para ver a otros comunicadores. Sólo un año fui: el primer año de Zona Urbana, que ganamos un Iris. Mi hija chica estaba entusiasmadísima, yo era muy virgen en todo esto y fui. Después al resto ya no fui, estuve nominado a los que da Fasano (NdeR: Premios Tabaré). Creo que una vez lo ganamos... ganamos el de Fasano, el Iris no sé si lo ganamos, me los confundo. Y el que ganamos no tengo idea dónde está. No me suma nada.

-Hace un par de años protagonizaste una discusión vía Twitter con Gerardo Sotelo a propósito del rol de las radios cuando no salen los diarios. ¿Crees que los periodistas de radio no generan contenido propio y están acostumbrados a "levantar" la información que consiguieron sus colegas de los diarios?
-Primero que nada: uso el Twitter para molestar, para joder, para que se calienten. A veces lo uso para transmitir mis opiniones, a veces para divulgar mis productos periodísticos. Pero está más cerca del juego que otra cosa. Eso lo tiré porque hay una premisa, tipo frase hecha, que tiene su que ver histórico, que dice que las radios muchas veces levantan los diarios y no citan la fuente. Y a veces citan los diarios, pero hacen el programa con eso. Hay de todo, claro. Yo tiré esa, él me respondió y creo que si mirás el debate, él tiene razón. Yo se lo dije. Hoy estamos en un nivel en que todos nos levantamos, porque como los diarios tenemos las necesidades de levantar lo inmediato, también levantamos de las radios cuando dicen algo, porque tenemos nuestra versión web. Ahora cambiaron las reglas y todos levantan a todos. Lo único es que hay radios piratas que no citan y otros sí. Pero tenía razón él, lo reconozco.

-¿Tenés línea directa con Tabaré Vázquez?
-Sí, le mando un mail generalmente.

-En 2011 le dijiste al diario El Pueblo de Salto que la libertad de expresión en Uruguay es "amplia, total y absoluta". ¿Lo seguís pensando?
-Sí.

-Sabés que muchos estudiantes de periodismo y periodistas en ejercicio te lo discutirían a muerte...
-A ver: no hay ningún principio que sea absoluto, la libertad tiene límites. Si vos tenés un programa que lo auspicia una sola empresa y te ponés a hacer una investigación sobre esa empresa, sos un idiota. Me han dicho: "¿Por qué no investigás a Paco Casal en VTV?" ¡Sería un idiota! Decile a un periodista de canal 10 que haga una sobre De Feo. Dentro de la lógica y del sentido común, la libertad de ejercer el periodismo no es un bien colectivo. La libertad es un bien individual. Entonces, aquel que sienta que los límites que tiene para trabajar en un lugar lo llevan a decir que no es libre para trabajar, a ese le digo que puede hacer dos cosas: renunciar o callarse la boca y seguir trabajando. Muchas veces decir que no hay libertad termina siendo un refugio para la mediocridad. Cada vez creo menos en quienes dicen eso y creo más en que quienes no hacen lo que deben es por mediocres y no por falta de libertad. En el mundo donde yo me muevo, los horizontes de libertad que tengo para trabajar son inabarcables.

-En esa entrevista dijiste una frase que me llamó la atención. Dijiste que te hubiera gustado tener un mejor pasar económico para tener más hijos... y tenés cuatro.
-Tengo cuatro, uno de 30 años, otra de 27, y una de 12 y otro de 5, estos dos últimos de mi actual pareja. Hasta los 14 pasé muy mal económicamente, era muy pobre. Luego pasé mal, simplemente era pobre. Y luego mejoré mi situación económica. Si hubiera tenido una situación económica holgada en mi juventud hubiera tenido más hijos. Es lo más lindo de todo.

"Los periodistas se cuidan de no mostrarse antiblancos o antifrentistas, pero no tienen rubor en ser antiNacho o antiFasano. Como se hace acá (el periodismo de periodistas) es una basura"


-La película Conspiración y poder (Cate Blanchett, Robert Redford) trata sobre la investigación periodística que reveló que un joven George W. Bush utilizó sus influencias cuando realizó el servicio militar y así evitó pelear en Vietnam. En una escena, un joven periodista le pregunta al personaje de Redford, un veterano y prestigioso presentador de noticias, por qué quiso ser periodista. ¿Por qué quisiste ser periodista vos?
-Porque me gustaba contar, porque era curioso desde que estaba en la escuela. Ya rompía los huevos con las preguntas en la clase, con preguntas "distintas", digamos. Y me gustaba joderle la vida a los tipos que tenían más.

-¿Más qué?
-A los que tienen más... A todo el que tenga más me gustaba joderlo. Creo que es producto de una visión resentida que tengo de la vida. La pobreza me dio dos características con las cuales lucho: una es la arrogancia, porque siento que soy mejor por haber sido pobre, y la otra es un resentimiento hacia algunas personas. No soy resentido en la individual, tengo un lío contigo y mañana me olvido. Pero con ciertos colectivos tengo un resentimiento.

-¿Con cuáles?
-Con aquellos que tienen poder, los que piensan que pueden avasallar, los que no tienen conciencia de que hay gente que la pasa mal, aquellos que joden a los que menos tienen.

-Ahora te voy a decir qué le dijo Dan Rather, el personaje de Robert Redford, al joven periodista: "Por curiosidad".
-Mirá vos...

-¿Qué extrañás del día a día en la redacción?
-La vibración de los momentos. El periodismo es mucho tiempo de rutina, de monotonía, con picos de adrenalina por momentos. El que estudia periodismo cree que todos los días tirás a un ministro y no: todos los días estás atrás de una puerta esperando que el ministro salga para que te escupa (o no). Extraño el trabajo colectivo, la sensación de que somos todos uno. El trabajo colectivo es la manera.

-¿Sos feliz?
-Por momentos.



Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos. Juan Manuel López