Contenido creado por Inés Nogueiras
Seré curioso

"Fuimos los primeros donantes de órganos"

Seré Curioso: Fernando Parrado

A 42 años de su regreso con vida a Montevideo, tras pasar dos meses perdido en las montañas de los Andes, Fernando Parrado recorre el mundo ofreciendo su ejemplo de superación y liderazgo. César Bianchi habló con él sobre pasado y presente, en una nueva entrega de Seré Curioso.

23.12.2014

Lectura: 24'

2014-12-23T00:53:00
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Un 23 de diciembre como hoy, pero hace 42 años, Fernando Parrado volvió a vivir. No resurgió de entre las cenizas como la mitología define al Ave Fénix, sino de la nieve. Fue literal: revivió cuando pudo escapar de tanta nieve en Chile, y al otro día tuvo una Nochebuena muy especial, de vuelta en Montevideo. Nando tenía 20 cuando la vida lo puso a prueba. A esa edad vivió una de las situaciones límites más increíbles que registra la humanidad: el 13 de octubre de 1972, el avión en el que viajaba chocó en la cordillera de los Andes; estuvo dos meses atrapado entre montañas, enterró a su madre y a su hermana, y debió alimentarse de los cuerpos de sus amigos.

La historia es archiconocida. El equipo de rugby Old Christians de Carrasco viajaba hacia Santiago para jugar un partido amistoso cuando el piloto perdió el control del avión y cayó. El 21 de octubre Nando vio morir a su hermana Susana en sus brazos y ya había perdido a su madre, Xenia, en el momento de la colisión. Ese mismo día, él y algunos compañeros sintonizaron una radio de Montevideo. Luego de escuchar algunas noticias, encaró al grupo y les comentó que tenía una buena noticia. "La Fuerza Aérea abandonó nuestra búsqueda", les dijo. Enseguida lo increparon, le preguntaron qué tenía de positivo. "Que ahora dependemos de nosotros mismos", contestó el jovencito.

Una semana después, una avalancha de nieve entró en el fuselaje del avión (un Fairchild F227 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que había sido fletado para la ocasión). El alud que llegó en la noche del 29 de octubre sepultó a ocho personas, que murieron bajo la nieve.

Después de algunos intentos fallidos, el 12 de noviembre de 1972, Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín salieron en una última expedición rumbo al oeste. Tintín Vizintín regresó al fuselaje, mientras que Canessa y Parrado continuaron la travesía por 10 días. Escalaron montañas, superaron la nieve y el frío de hasta 40 grados bajo cero por las noches, hasta que, a punto de desfallecer, divisaron a un hombre a caballo, al otro lado de un río. Le enviaron una esquela que comenzaba con la frase: "Vengo de un avión que cayó en las montañas...". El arriero Sergio Catalán les dijo que estaba por caer la noche y lo mejor sería esperar a la mañana siguiente. Al otro día, los rescataron y helicópteros del gobierno chileno salieron en busca de los otros 14 sobrevivientes.

La decisión de recurrir a la antropofagia terminó de magnificar una historia que se transformó en libros, documentales y película de Hollywood. Hoy Parrado es productor televisivo, conduce un programa de automovilismo, trabaja en negocios inmobiliarios y dirige la empresa ferretera que fundó su padre. Nando ha dicho que el temple y el coraje que tuvo para superar las adversidades en octubre y noviembre de 1972 tenían una única finalidad: volver a ver a su padre.

Con 64 años en la cédula de identidad, pero "18 de espíritu", según confiesa, Parrado recorre el mundo como conferencista cuando lo convocan desde foros o multinacionales para brindar su ejemplo de superación y liderazgo. Y no tolera que nadie le insinúe que está lucrando con la tragedia. "El más afectado de todos fui yo. Tuve dos familiares muertos allá, más mis amigos. Y los enterré con mis manos. Pero, por si fuera poco, yo salí a escalar montañas y buscar civilización para que nos rescataran. Salí, y tuve una vida normal", me dijo para una entrevista con la revista colombiana Bocas, que reproduzco hoy -con su permiso- en Montevideo Portal, en otro 23 de diciembre en que celebra estar vivo.


Por César Bianchi
@Chechobianchi


-¿De qué forma se manifiesta la cordillera de los Andes en el presente?
-No está presente día a día. Todos somos criaturas que suman experiencias desde que nacemos. Hoy los chicos manejan Ipads y yo a los 15 años jugaba con autitos. Eso pasó hace 40 y pico de años...

-42. ¿El pico no lo tiene tan claro?
-No, sé que pasó los 40 años, pero no tengo claro si fue hace 41, 42 o 43... Soy demasiado pragmático y simple. Las fechas no me influyen para nada. Hay gente que tiene súper claro el día en que murió su madre, su abuela o un hermano. Para mí son un día más. No es que las olvide... No baso mi vida en los Andes, los Andes ya fueron... ¡hace 42 años!

-Sin embargo, recorre el mundo dando conferencias para hablar de su experiencia en los Andes.
-Cuando me llaman, voy. Pero ahí saco el casete de la conferencia de mi mente, pongo play, sea en Dallas o Berna, y después de la conferencia me voy a un teatro o a pasear, a conocer la ciudad.

"Hay gente que tiene súper claro el día en que murió su madre, su abuela o un hermano. Para mí son un día más. No es que las olvide... No baso mi vida en los Andes, los Andes ya fueron... ¡hace 42 años!"


-¿Y qué habla en esas conferencias?
-Todo depende de quién organice el evento o la empresa que me contrate. Hay foros de liderazgo mundiales, donde van personas que han demostrado que han sido líderes en lo que han hecho en su vida, y hoy en día los negocios están muy conectados al liderazgo, a las tomas de decisiones, a trabajar en equipo. Y hay muchas grandes escuelas de negocios, está Harvard, Columbia, IES en España, para muchos la mejor escuela de negocios del mundo, la más respetada de Europa. Me han llamado para que haga paralelismos, para dialogar, experimentar, para hacer cursos donde compartís cosas con grandes directivos de empresas que se enfrentan diariamente a grandes desafíos. Pero esos desafíos, ¿hasta dónde son importantes?

-¿Qué quiere decir con eso?
-¿Qué es más importante: una empresa o una vida? Lo peor que te puede pasar si tomás malas decisiones en una empresa es que se funda, pierdas dinero y tengas que despedir empleados. Es un caos, pero seguís vivo. Podés abrir otro negocio o ir a trabajar a otro lado, en otro rubro incluso. El problema es si te morís. Ahí no hay revancha, estás muerto. Nosotros en la tragedia aprendimos a una muy joven edad -teníamos 18 o 19 años, yo tenía 20- lo que la gente aprende cuando tiene 86, 87, y mira hacia atrás y piensa cómo viviría si pudiera volver a vivir su vida. Pero a los 80 y pico ya es tarde. Nosotros nos hemos dado cuenta qué son las cosas importantes. Mi orden de prioridades es muy simple: mi familia, los valores, la salud, los amigos, mis perros, mis deportes y mis empresas.

-¿Cuál es el principal aprendizaje que usted deja en sus conferencias?
-Yo durante 26 años no hablé del tema. Al otro día de llegar a Montevideo -después de haber sido rescatados- yo me fui a la playa, en Punta del Este. Pensaba: "¡Estoy vivo! Tengo la oportunidad de vivir nuevamente". Mucha gente que pasa por situaciones traumáticas como guerras, guerrillas, terremotos, tsunamis después se castigan: van al psicólogo o psiquiatra, se tatúan o se cuelgan piercings, y algunos hasta llegan al extremo de suicidarse por lo que pasaron. Cuando, en realidad, es tan simple... naciste de nuevo. ¿Murió gente? Sí, murió, pero yo me salvé. ¿Me voy a castigar toda la vida? Si vos querés cambiar lo malo del pasado, vas a terminar por cambiar lo bueno del presente al que llegaste por lo malo del pasado... entonces, ayer ya pasó.

-Yo me imagino que los que van a escuchar sus conferencias esperan que les hable de fuerza, de temple, de resurgir cuando se cree que todo está perdido...
-No, no... Eso es lo que piensan, pero después ven que no hablo de eso. Yo comparto con los que me escuchan una situación de vida llena de amor y de simpleza.

-De simple y de ordinaria no tuvo nada la tragedia. Fue un hecho extraordinario.
-Simple en el sentido de que no voy a hablar de física cuántica ni voy a darle tips para que el que me escuche sea mejor ejecutivo. Tal vez sea mejor persona. O sea mejor compañero con los de al lado. Pero yo no les voy a enseñar a ser mejores líderes. Quizás sí a ser líderes más carismáticos y con compasión, que es una clase de liderazgo. ¿Por qué el líder tiene que ser vertical? Hay liderazgos compasivos.

"Mucha gente que pasa por situaciones traumáticas como guerras, terremotos, tsunamis después se castigan: van al psicólogo, se tatúan o se cuelgan piercings, y algunos hasta llegan al extremo de suicidarse"


-¿Se siente líder? Varias veces me ha dicho que va a aconsejar a líderes...
-Muchas veces me preguntan qué se siente ser un líder y les digo que no tengo la más mínima idea.

-Usted sabe que de los 16 sobrevivientes, a usted se lo señala como el héroe de esa epopeya.
-La historia de la humanidad es como es. Cuando está sucediendo no es historia, va a ser historia después... En ese momento yo no me daba cuenta de lo que hacía y lo que hacíamos. Yo había perdido a mi madre, a mi hermana y mis mejores amigos ahí. Yo no me quería morir. Yo pensaba: "Yo voy a salir de acá, el que quiera venir que venga conmigo, pero yo voy a salir". Si eso después se vio como un acto de liderazgo fue por el resultado exitoso que tuvo.

-En la caminata final de los últimos 10 días, que usted hace con Roberto Canessa y Antonio Vizintín, ¿de dónde sacaba fuerzas?
-Hubo una mezcla de carácter, personalidad y resistencia física y emocional. Yo había enterrado a mi madre, a mi hermana y a mis amigos en la nieve. Yo quería volver con mi padre y decirle: "Yo estoy vivo y te voy a contar cómo fue". Y pensé: "Yo no voy a parar hasta que me muera realmente".

-¿Es la famosa "garra charrúa"?
-Eso es un aderezo a grandes gestas históricas de nuestro pueblo, como puede ser [el campeonato mundial conseguido en] Maracaná en 1950. Creo que la garra existe en muchos países.

-Es eso de no rendirse hasta el final.
-Pero algunos se rindieron...

-¿Se refiere a que hubo gente que no quiso alimentarse de los cuerpos de sus compañeros?
-Sí... La posibilidad de vivir estaba tan lejos... Pero hasta el instante mismo del rescate de los chilenos yo no sabía si iba a sobrevivir. Pasamos toda esa odisea como una agonía enorme. Éramos muertos caminando. Algunos dijeron: "Yo siempre supe que iba a sobrevivir". ¿Cómo sabían? No es verdad. Tuvimos suerte porque la vida o muerte también dependió de dónde estábamos sentados en el avión cuando chocamos o dónde estaba cada uno cuando el día del alud de nieve. Eso es suerte... ¿Por qué el que estaba al lado tuyo en el avión se murió y vos no? ¿O el que estaba en brazos tuyo cuando llegó el alud se murió y vos no?

-Otro sobreviviente, Carlos Páez, ha dicho que a lo largo de su vida ha tenido que vencer otra cordillera. En el caso de Páez fue la adicción a las drogas y el alcohol. En su caso, ¿qué otra cordillera ha tenido que vencer?
-Después de los Andes... he tenido dificultades en negocios, por ejemplo. Pero cada vez que me enfrento a una dificultad de negocios, digo: "Si pude hacer aquello, esto es un juego de niños, no es nada".

-Le voy a confesar que cada vez que siento frío, antes de quejarme, pienso: "Si aquel grupo superó aquel frío y mil adversidades más, yo no puedo lamentarme". Y como yo, supongo que muchos uruguayos deben pensar así...
-Y tal vez los uruguayos sean los menos. Te voy a mostrar algunos mails...

Va a su computadora personal. Hace 20 minutos recibió un correo de un chico de 15 años que vive en Tacoma, Washington, que dice: "En los últimos años he recurrido a la filosofía y me he preguntado qué hacer con mi vida. Salí a buscar afuera y leí muchos libros. Y el libro que más me inspiró fue su libro, Milagro en los Andes. Su libro ha sido una inspiración en mi vida. Te amo a ti y a los otros sobrevivientes. Me has introducido más coraje en mi vida". Lo firma Criley Hume. Otro mail llegado el mismo día viene de St. Louis, Missouri: "Estoy seguro que debes recibir 100 mails como el mío, no soy nadie especial, sólo un chico norteamericano de clase media. Busqué inspiración en libros y encontré el tuyo, el mejor libro que he leído. Cada vez que juego al hockey pienso en tu libro y lo que has vivido para que me sirva de ejemplo. Te felicito por no haberte rendido nunca en los Andes".

-Recibo de 10 a 15 mails por día de esos... de Estados Unidos, de la India, de España y de nuestro continente. Pero no he tenido otras cordilleras en mi vida que se comparen en lo más mínimo con aquella.

-Usted me decía, al inicio de la charla, que no le presta atención a las fechas... Si le digo 21 de octubre de 1972, ¿de qué se acuerda?
-¿21 de octubre? Mmm.... El 12 de octubre, sí, nos caímos. Y el 29 fue la avalancha. Pero el 21 no me acuerdo qué pasó.

"En ese momento yo no me daba cuenta de lo que hacía y lo que hacíamos. Yo había perdido a mi madre, a mi hermana y mis mejores amigos ahí. Pensaba: 'Voy a salir de acá, el que quiera venir que venga conmigo'"


-Ese día falleció su hermana Susana, con 18 años, y ese mismo día ustedes sintonizaron una radio uruguaya que informaba que el Servicio Aéreo de Rescate abandonaba la búsqueda.
-Cierto, nueve días después del choque...

-¿Ese fue el peor día de su vida?
-Y... si buscás un mal día en mi vida, está en el top 3, seguro.

-¿Qué sensaciones recuerda de ese día?
-Mi hermana murió en mis brazos. Me acuerdo que me enojé muchísimo conmigo mismo. No me enojé porque a ella y a mi madre las había invitado yo al viaje y se habían muerto. Me enojé porque no podía sentir nada. Me preguntaba: "¿Quién sos? ¿En qué te convertiste?". No sentía pena, no podía llorar, no sentía nada... Es que las circunstancias envuelven a cada uno de una forma diferente. Me estaba muriendo, me dijeron que me iba a morir [NdeR: alude al anuncio radiofónico de que el Estado abandonaría la búsqueda] y se mueren mi madre y mi hermana. Pero el instinto de supervivencia es muy fuerte. Eso lo conocen todos los que viven una situación de vida o muerte. A mí, una voz me decía: "Nando, no podés llorar, no podés conmoverte... porque vas a necesitar todo: el agua del llanto, la sal". Toda energía la iba a necesitar para salir de ahí. Me enojé conmigo mismo por pensar así, pero la mente humana es muy rara.

-Dentro de una historia increíble, excepcional y universal por donde se la mire, la suya es una historia dentro de la gran historia. ¿Es así?
-La historia la crea la gente de afuera. Cuando yo volví a Montevideo me sentí el mismo de siempre, pero desde afuera se me veía distinto. Al instante llegaron periodistas del mundo entero: algunos fueron directo a Chile, otros vinieron después a Uruguay a hablar con nosotros. Nosotros no nos dábamos cuenta de lo que habíamos hecho hasta que salimos de ahí, y salimos de casualidad.

-¿Por qué de casualidad?
-Porque si no hubiéramos visto al arriero [Sergio Catalán] nos habríamos muerto. Podíamos caminar un día más, no más. Habíamos visto césped, pero la civilización estaba muy lejos... a 10 horas del ser humano más cercano después del arriero. Roberto [Canessa] no podía más... Nos estábamos muriendo. El cuerpo se autoconsume: la grasa, los músculos, el hígado y las cuerdas vocales son lo primero que se van. Roberto casi no podía hablar. Si hubiéramos seguido caminando, hubiéramos quedado encajonados entre un río enorme y este otro... ¿cómo lo pasábamos? Moríamos ahogados, porque era agua helada, con piedras, no lo íbamos a poder cruzar. Los arrieros saben por dónde hay que cruzar porque está llano, pero nosotros no. Ellos nos vieron -era de nochecita- y nos dicen que los esperáramos al otro día a la mañana.

-¿Sigue en contacto con el arriero?
-Sí, claro, le tomamos mucho cariño. Lo hemos ido a visitar y lo hemos traído a Uruguay. Hoy tiene 83 años.

-¿Qué le pareció la película ¡Viven! de 1993? ¿Fue fiel a los hechos?
-Sí, lo fue. Pero es que está basada en una biblia como lo es el libro ¡Viven! [del francés Piers Paul Read]. ¿Por qué digo esto? Porque los 16 sobrevivientes dan su opinión, y cuando había pasado muy poco del evento. Él hizo un diario de los 72 días, de todo lo que había pasado ahí, y cotejó todo lo que cada uno le decía con lo que decían los demás. Es la biblia.

-Si ¡Viven!, el libro, es la biblia, ¿por qué escribir su libro propio con su versión de la historia?
-Mi padre iba a cumplir 90 años y yo no sabía qué regalarle. ¿Ropa? ¿Un auto? ¿Una casa? ¿Un viaje? Mi padre tenía una ferretería... Y pensé: "Voy a escribir un libro para mi viejo". Si lees mi libro, es cómo las enseñanzas de un padre le salvan la vida a un hijo. Yo pensé que iba a publicar 200 ejemplares para amigos y familiares, pero explotó en el mundo, no sé por qué...

-Por la historia.
-Sí, pero yo lo escribí para mi padre. Lo publicó Random House de Nueva York. Yo escribí unos capítulos y una amiga mía, que había leído algo, le mandó dos capítulos a un amigo de ella, que es agente literario en Nueva York. Él los leyó y un día me llamó. Me dijo: "Me llamo Jim Levine, soy el director de Levine and Greenberg. ¿Usted puede venir por acá? Queremos publicar su libro". Yo le dije: "¿Qué libro? Yo no tengo un libro". "Pero usted va a tener un libro -me dijo- porque lo que usted escribió se lo mandamos a las 10 editoras más grandes del mundo y todas quieren ese libro". Me pusieron un editor a trabajar conmigo... le compró Random House y lo editó en todo el mundo.

-¿Qué relación tiene con Ethan Hawke, que hoy está haciendo teatro en Broadway, y lo encarnó en la película ¡Viven!?
-Con Ethan construimos una relación de amistad. Él era muy joven, tenía 19 años cuando hizo de Nando Parrado. Él me decía: "Para mí es un honor interpretar a un sobreviviente" y me preguntaba qué sentía yo en determinados momentos, para "robar" mis sentimientos. No intentó caminar como yo caminaba, sino sentir lo que yo sentía en determinados momentos: angustia, bronca, desazón, entusiasmo. La película se filmó en Canadá, cerca de Vancouver, en 1992. Yo estuve ahí mientras filmaban la película. Cada tanto nos llamamos y nos enviamos mails.

-En esa caminata final, ¿qué aportaban de la personalidad de cada uno para tener éxito?
-Salimos tres, llegamos dos. Vizintín se dio vuelta al segundo día. Yo pensé que habíamos llegado en un día o día y medio... y nos demandó 10 días. Hicimos el camino más largo, nuestra lógica estaba totalmente equivocada. Hicimos todo al revés a cómo debimos haberlo hecho, pero el resultado fue bueno porque estamos vivos. Pero no tenés mucho tiempo ni para hablar... no vas caminando por la calle. Estábamos a 5000 y pico de metros de altura, trepando con hielo y nieve, sin guantes ni haber aprendido alpinismo. Al principio había nieve dura, pero entrás a trazarte objetivos y metas del tipo "cómo llegar allá arriba, a aquella piedra". Y cuando llegás ahí, mirabas a tu compañero y le decías: "¿Y? ¿Cómo venís?" y la respuesta invariablemente era "mal". Pero había que seguir... "Bueno macho, vamo arriba, hay que seguir". Seguís por instinto y por inercia. No podés parar, porque si parás, te morís.

"Me dijo: 'Me llamo Jim Levine, soy el director de Levine and Greenberg. ¿Usted puede venir por acá? Queremos publicar su libro'. Yo le dije: '¿Qué libro? Yo no tengo un libro'. 'Pero usted va a tener un libro...'"


-¿Cuál fue la zozobra más grande que pasaron en esos 10 días? ¿Cuando Canessa casi se cae en un precipicio o eso fue color de Hollywood?
-Eso sucedió, pero en realidad me caí yo, me deslicé y casi caigo al precipicio. Pero los directores pensaron que si me ponían a mí, nadie iba a creer... Había una bajada muy grande, muy empinada, y queríamos llegar a un valle allá abajo. Yo me tiré por un costado, por un filo rocoso, para ahorrar horas. Me deslicé con un pedazo de aluminio que tenía entre los pies y los tacos puestos contra el hielo, pero la gravedad y la fuerza física actúan. Perdí el control y me fui para abajo... y decir que pude parar. Me quemé la espalda con nieve.

-¿Estaban bien provistos de alimentos?
-No, muy poco. Pensábamos que íbamos a estar dos días caminando y fueron 10. Pero el momento de mayor zozobra fue al tercer día, cuando llegué allá arriba y miro para adelante y veo picos y picos y picos nevados... Ahí pensé que íbamos a morir en el intento. Ese día también está en mi top 3 de los peores días de mi vida. Al llegar a ese pico más alto, en el medio de los Andes, le puse Monte Seler en honor a mi padre, Seler Parrado.

-¿Qué tiene hoy para decir de aquella experiencia de 1972? ¿Se pueden seguir aprendiendo cosas?
-Se juntan varias cosas: la fascinación de la gente por la historia, las enseñanzas académicas, el hecho de que estamos vivos de una historia épica... ¿Cuántos quisieran escuchar a un sobreviviente del Titanic, si pudieran?

-O dentro de 50 años con los 33 mineros chilenos...
-Exacto. Nosotros tuvimos que romper un tabú muy fuerte, que a la gente le interesa mucho. Nuestra historia fue muy conocida en el mundo porque nosotros nos alimentamos de los cuerpos de nuestros amigos.

-También fue condenada por mucha gente...
-Yo nunca escuché una crítica. Al menos no de frente, en mi cara. ¿Quién se iba a animar? Somos los mayores expertos en el tema. Y, ¿cómo hubieran actuado ellos en mi lugar? Una persona medianamente inteligente hubiera hecho exactamente lo mismo que nosotros. Fuimos tan avanzados que fuimos los primeros donantes lógicos de órganos... Hoy por hoy, nosotros asesoramos al gobierno uruguayo en apoyar la Ley de Donación de Órganos [que convierte a todos los uruguayos en donantes por defecto y los obliga a firmar un documento para los que no acepten serlo]. Nosotros fuimos los primeros donantes... Nosotros, en 1972, hicimos un pacto y nos agarramos de las manos: "Si yo muero, aprovechame para salir de acá". Fue una decisión de avanzada. Dieciséis salimos de ahí, hoy cuando nos juntamos somos más de 150, sumando hijos y nietos. Les dimos a todos ellos la posibilidad de vivir.

-¿Alguna vez lo criticó algún familiar de los que no sobrevivieron de la tragedia? En algún reportaje se han manifestado y a alguno no le cae en gracia que usted y otros vayan por el mundo dando conferencias de liderazgo, contando su experiencia...
-¿Sabés una cosa? El más afectado de todos fui yo. Yo tuve dos familiares muertos allá. Y los enterré con mis manos. Sumado a muchos amigos. Pero, por si fuera poco, yo salí a escalar montañas y buscar civilización para que nos rescataran. Salí, y tuve una vida normal. Yo estoy en los dos lados del mostrador. Me ven como héroe, pero ¿y todo lo que perdí en el accidente? Pero si se manifiestan los familiares de los muertos... es lógico, es humano. Deben pensar: "¿Por qué se salvaron estos, si mi hijo era mucho mejor?". Marcelo Pérez del Castillo, el capitán del equipo, un tipo excepcional, murió. Para algunos fue milagro, para otros, tragedia.

-¿Qué cosas lo llevan a los Andes? ¿Ha tenido sueños con aquello?
-Nunca. Nunca tuve un sueño o pesadilla con los Andes, desde la primera noche que dormí en el hospital de San Fernando, Chile. Nada... Cada cinco años, cuando cae un número redondo, me hace recordarlo, pero no pongo en la balanza si era más importante aquella familia que yo tenía o la que formé yo después. Soy tan feliz con haber nacido nuevamente que no me cuestiono cosas. Me cambió la perspectiva. Ponele que pinché una goma y está lloviendo. Yo ahora pienso: "¡Qué suerte que estoy vivo cambiando una goma abajo del agua!".

"Nosotros asesoramos al gobierno en apoyar la Ley de Donación de Órganos. Nosotros fuimos los primeros donantes... En 1972 hicimos un pacto y nos agarramos de las manos: 'Si yo muero, aprovechame para salir de acá'"


-¿Siente que fueron ninguneados por ser "niños ricos" de Carrasco?
-¿Qué hubiera pasado si éramos de Malvín o el Reducto [barrios populares de Montevideo]? Mi padre era talabartero, mi madre hacía uniformes para los colegios y trabajaba hasta las cuatro de la mañana todos los días... ¡Esos eran trabajadores, no los trabajadores públicos de este país! Mi padre era talabartero de cuero y un día empezó a vender herramientas al lado... Se mataban porque tuviéramos una vida más digna. Mis viejos hicieron un esfuerzo enorme por mandarme a colegio privado. ¡Mi madre tenía un Ford Prefect! En el colegio había gente muy pudiente, pero también tenía alumnos becados.

-¿Pero la historia se ve con más romanticismo desde fuera de Uruguay que en el país?
-Absolutamente. En Uruguay son ponderados los políticos y los jugadores de fútbol. Los futbolistas están en el Olimpo. Yo me pongo un Rolex o ando en un Porsche y dicen: "Y este, ¿a quién engañó?", y si un jugador tiene un Rolex o anda en un Porsche, lo van a endiosar.

-¿Qué reloj tiene usted?
-Un Rolex. Te cuento algo: en muchos colegios de Estados Unidos mi libro es de lectura obligatoria y en algunas universidades lo exigen antes de iniciar. Y acá no. Pero acá está el Che Guevara en la tapa de los libros de historia.

-¿Extrañó mucho a su madre en los años inmediatamente posteriores a la tragedia?
-Supongo que lo normal, comparado con cualquier otro que pierde a una madre. Ella siempre fue una estaca fuerte en la familia, una laburadora ucraniana. Vino a Uruguay con 16 años, huyendo de la guerra. Yo la había invitado al viaje a Chile...

-¿Nunca se sintió culpable?
-No, porque yo no la invité a que se muriera. Yo la invité -a ella y a mi hermana- a que conocieran Chile, vieran un partido de rugby, hicieran shopping y pasearan un fin de semana. El piloto cometió el error fatal.

-¿Nunca le interesó hacer política? Canessa tuvo un intento, fundando el Partido Azul...
- Me han contactado de varios lugares, de distintos partidos. Es una profesión complicada la de político, hay que dejar de lado muchas cosas... He visto tanta mentira en la política que yo -siendo tan frontal y derecho- no sé si podría engranar con una ética que no es la mía.

-¿Se siente de derecha, de izquierda...?
-Desde afuera, si me ven como empresario y exitoso van a pensar que soy de derecha. ¿Por qué el empresario es mal visto para la izquierda? Mi viejo durmió cinco años debajo de un catre abajo del mostrador... y llegó a ser un empresario importante de este país. Yo te diría que soy de centroderecha. Creo primero en la libertad del hombre. No hay cosa que yo aborrezca más que el comunismo, donde el ser humano deja de ser humano. Estuve en 1987 en Hungría y Checoslovaquia, detrás de la Cortina de Hierro, y eso era el infierno. No me digas que Cuba es una democracia... que no me digan que Fidel Castro es demócrata.

-¿Es feliz?
-No sé si estoy viviendo una vida o un sueño. Lo mejor está por venir.


Montevideo Portal / César Bianchi
Fotos: Gentileza Fernando Parrado