Contenido creado por Inés Nogueiras
Seré curioso

"El sistema partidario es sofocante"

Seré Curioso: Facundo Ponce de León

Por César Bianchi

Con Facundo me pasa algo raro. Siento una gran afinidad, pero no llego a considerarlo amigo, entre otras cosas porque siento por él una profunda admiración. Y a veces, se sabe, ese sentimiento impone un respeto que se traduce en una amigable distancia.

Lectura: 15'

2013-12-25T00:00:00
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Con el comunicador social y el filósofo charlé -mate mediante- en el patio del fondo de la Universidad Católica, donde da clases, una tarde de verano. El diálogo discurrió por la utilidad de la filosofía y del sistema político de partidos, el concepto de banalidad del mal de Hannah Arendt aplicado en democracia, y cómo comerse un choripán en un carrito cada tanto, mientras disfruta las repercusiones de sus productos comunicacionales sobre la compañía teatral Finzi Pasca (libro, documental y artículos de prensa). Además, aseguró que en 2014 volverá a la televisión para hacer un programa sobre la historia uruguaya.


-¿Para qué sirve ser filósofo en la vida?
-El rasero de la utilidad no siempre es una buena cosa. Es una pregunta tramposa, porque si uno dice que no sirve para nada, parece que lo estuviera menospreciando, pero uno de los grandes valores que tiene la filosofía es, justamente, que no se mide por su utilidad, sino porque te moviliza cuestiones internas, te hace pararte frente a las cosas desde una óptica distinta. En definitiva, sirve para todas las cosas importantes de la vida. Los seres humanos no sólo necesitamos vivir, sino que queremos vivir bien. Resolver esto es tarea de la filosofía y de esa resolución depende el sentido de todo lo demás.

-Pero en el día a día, ¿cómo aplicás la filosofía?
-Cuando vos tenés cosas vocacionales -y en mi caso, la filosofía lo es- la aplicás todo el tiempo. No sé cuándo no la aplico. Me ayuda a pensar y a ver que en todas las cosas se puede entrar: eso aplica a una persona que tenés enfrente o un objeto, una institución o un país. Yo entro a un lugar y pienso qué pasaría ahí adentro antes, le busco capas a las cosas. Cuando miro las cosas, trato de descubrir las capas que tiene. Sabemos que la naranja tiene vitamina C, pero cuando abrimos una naranja, no la vemos a la vitamina C.

-¿Cómo es eso de que "la vocación es algo que tenés que hacer porque no tenés más remedio"?
-Porque las vocaciones te las pide la piel, no se discuten, tenés que hacerlo. Ortega decía: "Nosotros tenemos razones y las creencias nos tienen a nosotros". Es algo parecido: hay cosas que hay que hacerlas, porque te las pide el cuerpo. Lo vas a seguir haciendo, va a seguir trabajando en vos.

-En una entrevista en Voces te definieron como "representante polivalente de la nueva generación que pide cancha". ¿Te sentís identificado con esa definición?
-(Piensa) Sí, me siento identificado, pero ya estamos en la cancha jugando -y te incluyo-, somos parte de una generación de jóvenes que nos estamos ubicando en el mundo, el país y en sus organizaciones...

-Y nos podemos dar el lujo de decir que somos jóvenes, en este país...
-Efectivamente. Pero no es que pidamos cancha: ya estamos jugando el partido, como generación, en distintos ámbitos. Y tenemos que hacernos cargo.

"La filosofía sirve para todas las cosas importantes de la vida. Los seres humanos no sólo necesitamos vivir, sino que queremos vivir bien. Resolver esto es tarea de la filosofía"


-Para tu tesis utilizaste el pensamiento de la filósofa judeo-alemana Hannah Arendt. Hace poco vi la película de Margarette Von Trotta que retrata el momento en que ella asiste al juicio al genocida nazi Adolf Eichmann y luego se tira contra los suyos -los judíos- al sostener que Eichmann no era el mentor del genocidio, sino un mero mediocre burócrata que cumplía órdenes. Esto es: el concepto de la "banalidad del mal". ¿Hasta dónde sirve este tipo de argumentos hoy en día? Muchos podrían agarrarse de esto para aplicarlo a las responsabilidades en nuestra dictadura.
-Tengo un matiz: Arendt está de acuerdo con la condena a muerte de Eichmann, la cuestión no es de culpa, sino de ver el sustrato de lo que está detrás. Ella dice que está bien que hay que ahorcarlo, pero dice (y por eso se enfrenta a los suyos): tengamos en cuenta que es un pobre burócrata. Pero ella hace un diagnóstico de toda la modernidad, la modernidad que nos iba a hacer libres, el Iluminismo del siglo XVIII, terminó produciendo Eichmanns... tipos que pueden terminar exterminando un pueblo entero de la misma forma que podrían estar produciendo alfajores.

-Tiempos Modernos de Chaplin...
-¡Exactamente! Y lo que dice es: lo podemos ahorcar y está bien, pero nos estamos enfrentando a algo aterrador. Y acá va con tu primera pregunta: matamos a un tipo que perdió toda capacidad de ver capas, de discernir, el tipo está ahí y después resulta que es un encantador abuelo que ayuda a gatear a su nietita. Lo que está diciendo Arendt se aplica hoy, pero creo que lo más fuerte de la banalidad del mal se aplica fuera de regímenes dictatoriales. Las sociedades democráticas funcionando hoy, pueden estar llenas del peligro de la banalidad del mal. Estás atrapado en la lógica de la superficialidad. Y alguien podrá decir: "hay que apagar la tele y volver a leer a Sheakespeare". No: es mucho más sutil el argumento. Podés no ser banal y ver todo el día la televisión o ser sumamente superficial y leer un montón. No vayamos al lugar común de que la tele es mala y leer es bueno. Es la sutileza de que hay un puente entre las acciones que yo hago en el mundo y las reflexiones que hago sobre mis acciones, que tiene que estar muy cuidado ese puente. Y cuando ese puente se quiebra, se abre el camino de la banalidad. Y es un camino atroz: ahí tenés a un tipo que estaba exterminando a los judíos y te dice "yo obedecía". Por eso la autoridad no es la obediencia. Los mecanismos de autoridad no imponen obediencia; generan que uno siga una regla porque la asume, la entiende, la acepta y la quiere perpetuar. Y eso tiene que ver con el tiempo, porque para vos tiene sentido. Cuando yo te obligo a hacer algo es una lógica de poder, es completamente diferente.

-¿Cuánto te interesa la política uruguaya?
-La política uruguaya me interesa mucho. Me cuesta enormemente entender la política partidaria. Yo entiendo que no hay democracia sin partidos, pero cómo funcionan los partidos es una cosa que me cuesta mucho entender. Los partidos son raros, funcionan de un modo extraño. Son estructuras que hacen andar la democracia, pero son rígidas, no permiten nuevos ingresos, savia nueva. El peaje que hay que pagar para hacer política en Uruguay es a través de los partidos y es un peaje complejo, es un laberinto que me resulta raro. Si yo te dijera ahora que hagamos algo juntos y tenemos una idea educativa interesantísima... y queremos meternos en la ingeniería de la política partidaria para llevarla adelante, cuando lleguemos al final del camino vamos a estar tan extenuados que, o vamos a querer fundar un partido o tiramos la toalla. Entonces: me interesa la política uruguaya, pero creo que el sistema partidario es sofocante o engorroso.

-Hace dos semanas Jorge Batlle me dijo en este espacio que Mussolini era socialista y este gobierno del Frente Amplio es fascista. Vos que venís de Europa: ¿allá se siguen peleando por ver quién es de derecha y quién de izquierda? ¿O está perimida esa discusión?
-No es una discusión obsoleta, pero en parte por lo que hablábamos de generaciones que están conviviendo. Lo que sí está claro es que para nuestra generación o más, desde el que nació en el 68 al que nació en el 82, se le hacen difíciles estas categorías. Y la gente de la generación de Batlle creció con estas dos categorías y sacárselas ahora es bravo. Sanguinetti tiene afinidad con la izquierda de España, con Felipe González, y acá llegás a decir que Sanguinetti es de izquierda y te dicen que estás loco. A veces las definiciones ayudan y a veces dificultan. Yo creo que muchas veces "derecha" e "izquierda" dificultan la vida en comunidad. Hay cosas que valen no porque sean de derecha o izquierda sino porque entran en juego otras cosas: la autonomía de las personas, la capacidad de comunidades locales de decidir sus propias políticas, etcétera. Creo que sí podés decir que hay políticos preocupados por los que están en situaciones de dependencia crónica y hay políticos que no, y uno puede tener un enfoque más humanitario y otros menos, pero derecha e izquierda son categorías oscuras.


"Los mecanismos de autoridad no imponen obediencia; generan que uno siga una regla porque la asume, la entiende, la acepta y la quiere perpetuar"


-Resumido en dos trazos: ¿qué te dejó tu periplo europeo por España y Suiza?
-Muchas cosas... La primera, me confirmó mi intuición -la que tenía cuando trabajé contigo en Vidas- y es que estamos todos hechos de lo mismo. No sé si eso se llama espíritu-materia, se llama conciencia, hijos de Dios o cómo... pero hay algo de esencia que nos une a todos, más allá de religión, raza o dinero. Y a mí el hecho de haberme ido de Uruguay a conocer España, a estudiar, me sirvió mucho para eso. Ahora me siento más parte del mundo. Siento que todos estamos preocupados por lo mismo: pienso en la India, en Obama, en el Papa y en los ateos. Y también creo que me dio un sentido de la diversidad, aprendés a vivir en la diversidad. Acá no somos tan diversos, porque no hay tanta diversidad. Pero te subís a un metro en Madrid o caminás por la India y hay un zoológico humano en otras partes del mundo. Entonces estar afuera me dio un sentido cívico importante.

-Al volver a Uruguay, a donde volviste para criar a tu hija, me dijiste una vez en un almuerzo que acababan de romperte el vidrio de un auto para robarte. Estabas decepcionado. ¿Qué otras cosas te hicieron caer en la cuenta de que habías vuelto a tu país?
-(Piensa) Se apuesta poco en este país. No se valora lo suficientemente el riesgo de lo nuevo. Acá tenés que convencer a alguien para implementar una idea, algo distinto, que rompa esquemas. Tenés que justificarte demasiado. Si vos querés innovar en algo, tenés que pedir permiso y explicar todo en detalle. Hay un valor en la seguridad y la comodidad en este país. "Si ya tenés tu empleo y tu sueldo, mejor no levantes el copete". Tengo una pequeña decepción en que Uruguay, siendo un país tan chico y pudiendo probar tantas cosas -porque podríamos ser un laboratorio de una cantidad de cosas- tengamos este miedo, esta cosa de "quedate tranquilito y no chistés mucho, que está bien así y tenés todo resuelto". Y se hace difícil cuando vos tenés idea y no sabés si van a prosperar; tenés que arriesgar. Vos te subís a un barco y no tenés muchas certezas, pero creés que vale la pena salir a altamar. Y lo otro es que estamos lejos del Primer Mundo, a pesar de estas leyes progresistas...

-Vidas se bajó de la grilla con buen rating y buena aceptación de la gente. ¿Por qué en ese momento decidiste alejarte de la televisión e irte a estudiar? Porque seguro eras apetecible en cualquier canal...
-Por intuición, porque era el momento de decir "vámonos ya, estamos a tiempo de reinventarnos". Más tarde reinventarse va a costar más. Estaba en una buena edad, con mi esposa teníamos ganas de estar afuera, no teníamos hijos, y era el momento. Tenía un éxito en televisión, que estaba bien, pero pensaba que quizás si volvía de Europa y me iba bien, quizás podía volver a la televisión... o quizás no, pero podía hacer otra cosa que me colmaran las expectativas.

"A veces las definiciones ayudan y a veces dificultan. Yo creo que muchas veces "derecha" e "izquierda" dificultan la vida en comunidad"


-¿Y por qué no estás hoy en la televisión uruguaya?
-No estoy, porque algunas cosas que quería hacer en TV llevan más tiempo del que creí en un principio. Estoy trabajando en esas cosas para hacer algo. En este momento te podría decir que ya los convencí... jeje, sigo vinculado a la gente de Teledoce y estoy con un proyecto de hacer un programa de historia en televisión, sin perder el timing de la tele. Me habían advertido que llevaba riesgos y no iba a ser tan fácil hacerlo y efectivamente, me llevó un año y pico de negociaciones. Pero te puedo decir que se puede hacer algo de historia, bien interesante.

-Abriste una productora junto a tu hermano Juan, Mueca Films, ¿para hacer qué tipo de productos? ¿Qué tipo de productos te interesa hacer?
-Cuando hicimos la página web de la productora pensábamos qué poner y yo dije que queríamos "contar historias". Puede sonar a lugar común, pero es eso. ¡Es eso! Es buscar las capas. Este año hicimos varios videos para organizaciones que nos pedían y el tema era contar la historia y ellos están hace años y no la identifican. Tenés que ayudarlos a sacar para afuera todo para dar con la historia. Entonces, eso me interesa desde lo audiovisual, no sólo desde lo filosófico: hacer productos audiovisuales que cuenten historias, que tengan trama. Eso fue lo que hicimos en Vidas y hace poco con Vigilia (La Creación de la Veritá).

-Hablás de "Vigilia, la creación de la Veritá", que no fue concebida para romper taquillas. ¿Cómo hicieron con tu hermano para crear un producto narrativo y audiovisual rico -puedo dar fe, porque la vi- pero que además sea redituable, la vea mucha gente y tenga éxito comercial? Porque todos vamos al supermercado...
-El éxito no es sólo la taquilla, también puede ser ganar festivales, conseguir determinados apoyos. O que ahora una empresa suiza nos compre un montón de DVDs de la película para regalar. Por ahí también hay un éxito desde lo económico de un producto que no es masivo. Y la peli no fue hecha sólo para Uruguay, también para Canadá, Suiza y Brasil. Es un documental que nace subtitulado al inglés, al francés, al portugués, al italiano y al español y como un objeto de merchandising para vender a la salida de La Veritá. Pero ojo, hay que tener cuidado con el éxito de taquilla... vos me hablabas de Vidas. Kant no es un best seller pero quizás vendió más que "La catedral del mar" (de Ildefonso Falcones) que vende dos millones de ejemplares y hay quizás pocos libreros vendan El Quijote, pero ¿hace cuánto que se vende El Quijote? Vidas tenía un buen rating, pero nunca era el programa más visto... Una cosa es el éxito de taquilla en un mes y otra cosa es mantenerse en el tiempo.

"Siendo un país tan chico y pudiendo probar tantas cosas, tenemos este miedo, esta cosa de "quedate tranquilito y no chistés mucho'"


-Retomo lo de La Vigilia: tenés ese documental sobre cómo la compañía Finzi Pasca hizo La Veritá, poca gente sabe que tenés un libro, también sobre el creador del espectáculo ("Danielle Finzi Pasca, Teatro de la Caricia") y una entrada para ver un espectáculo de Finzi Pasca no es barata. ¿Cómo te llevás vos con lo popular? Es decir: ¿te comés un choripán en un carrito, vas a saltar a la barra de Nacional o asistís a un tablado de barrio a ver a una murga?
-Me llevo bien... voy al Velódromo... Justo me hacés esta pregunta cuando hace dos semanas fui a la Colombes a llevar a una sobrina, porque le quería mostrar que se podía estar con la hinchada y no pasaba nada. Lamentablemente, justo esa tarde entró la Policía a la tribuna y hubo problemas... Me gusta, cada tanto, comer un choripán en un carrito. Creo que puedo ir a ver un show a la sala Adela Reta y al otro día ir al Parque Central, y hace unos años fui a unos ensayos de una murga que ensayaba antes de salir. Me siento parte de la ciudad completamente, me siento libre en Montevideo.

-¿Por qué no tenés Facebook ni Twitter?
-Porque son como pruebas de libertad que uno se hace. Es como decir: se puede no tenerlos y te perdés de cosas que podés perderte y no pasa nada. Me siento bien sintiéndome afuera de las redes. Pero no tengo un argumento en contra de los que tienen cuentas o en contra de las redes sociales. Es más: tengo argumentos para decir que son herramientas que, bien usadas, son excepcionales. Porque algunos tienen un rechazo hacia el Facebook, ponele, pero no es mi caso. Toda la gente a mi alrededor me muestran... pero es que de esas cosas que me pierdo, por perdérmelas no pasa nada. Algunas me las cuentan y otras me las pierdo.

-¿Qué descubriste en vos, que ignorabas, al ser papá de Carlota?
-(Piensa un rato largo, se toma dos minutos) Es un sentimiento extraño de fragilidad, al mismo tiempo que te exige ser más fuerte, porque ahora tenés una vida que depende de vos. Al mismo tiempo, hay una cierta vulnerabilidad que te da la paternidad. Me pasa que me descubrió pensando que yo pasé por esa etapa respecto a mis padres: estás cambiando pañales (ahora desechables y antes de goma) y pensás: "pah... mis padres hicieron esto conmigo". Eso es un descubrimiento, es como una revalorización de tus padres.

-¿Sos feliz?
-Soy feliz, muchas veces. Por ello y para ello soy agradecido, templo el carácter y busco la virtud.


Montevideo Portal / César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López