Cuando tenía 10 años, Diego le escribió una carta a su mamá en la que le contaba qué cosas algún día lo harían un gran jugador de fútbol. El pequeño garabateó: "Dedicación, sacrificio, control de la pelota, remate con las dos piernas y mucho trabajo". A juzgar por cómo le ha ido en su carrera como futbolista, la profética cartita de aquel escolar se parece mucho a la grabación de otro niño llamado Diego en una canchita de Villa Fiorito.

Dos veces
pichichi (goleador) de la liga española, con el Villarreal y el Atlético de Madrid, campeón de la Europa League con el Aleti con gol suyo en la hora, Diego Forlán -aquel niño de la carta a su madre, Pilar- lideró a la selección uruguaya que resultó cuarta en el Mundial de Sudáfrica 2010; fue elegido por 11.000 periodistas de todo el mundo como el mejor jugador de ese Mundial y con su Balón de Oro eclipsó a Messi, Cristiano Ronaldo, Kaká, Rooney, Ribery y Drogbá, entre otros. Un año después, se consagró campeón de América con Uruguay en Buenos Aires, al ganarle a Paraguay 3 a 0 con dos goles suyos en la final.

Entre los máximos goleadores históricos de la Celeste, "el Diego de los uruguayos" (Roberto Moar dixit) volvió a Uruguay para jugar por primera vez en la Primera División de su país, en el club del que es hincha confeso y con el que su padre ganó todo. En esta charla mano a mano antes del entrenamiento en Los Aromos, Forlán se animó a hablar de cómo encontró Montevideo; su preocupación por la inseguridad que vive el país; lo importante que es la educación en los futbolistas y, además, explicó cómo hizo "el rubiecito de ojos claros de Carrasco" para transformar tantos prejuicios en un respeto unánime.

Por César Bianchi
@Chechobianchi


-¿Qué sensaciones tuviste cuando estabas en el túnel, a punto de entrar a la cancha, en tu debut con la camiseta de Peñarol? Hablo del amistoso ante Wanderers, cuando la gente fue al estadio para verte a vos.
-En ese instante, un poco de ansiedad, pero tranquilo, disfrutando de esa fiesta que hubo. Y estaba agradecido con Pablo (Bengoechea) y los dirigentes, que tuvieron la idea de hacerme el partido de bienvenida. La experiencia te da aplomo, si hubiera sido más joven, quizás hubiera estado más nervioso.

-¿Cómo te cayó el aliento al Tony Pacheco de parte de la hinchada el día de tu partido bienvenida?
-No me molestó... Entiendo la situación por la ausencia del Tony, por su calidad de jugador y de persona, por todo lo que le ha dado al club. La gente se identifica con él. Yo tengo una buena relación con él, nos hemos encontrado pila de veces en la vuelta, nos hemos mensajeado algunas veces, mismo cuando él volvió a Peñarol y cuando hizo los tres goles en la final contra Defensor (Sporting). Como jugador, me hubiera encantado jugar con el Tony. Imaginate que soy delantero y tener al Tony habilitándome, olvidate... Hubiera sido espectacular. También me quedo con ganas de jugar con Darío (Rodríguez); con él compartí más, porque fuimos compañeros en la selección, incluso en el Mundial 2002. Al Tony me lo he encontrado a la salida del colegio, cuando he ido a buscar a mi sobrino, que está en la misma clase que un hijo de él...

"Como jugador, me hubiera encantado jugar con el Tony. Imaginate que soy delantero y tener al Tony habilitándome, hubiera sido espectacular. También me quedo con ganas de jugar con Darío Rodríguez"

-Este año vas a tener que salir al interior y a jugar a canchas chicas, con el alambrado pegado a la cancha. ¿Te gusta eso?
-Me encanta, me encanta. Y me encanta jugar con estadio lleno y la gente a favor, pero también si me tocara jugar con la gente en contra, eso lo disfruto, me estimula. Me encanta hacer un gol y sentir el silencio del estadio, hinchando por el rival... La satisfacción que te da hacer un gol es única, la felicidad que te da internamente... ¿Viste cuando te recriminan porque no estás haciendo goles? ¿Se piensan que no quiero hacerlos? ¡Es lo más lindo que hay! Y no te puedo explicar la felicidad que siento en el momento que hago un gol... Es todo: cuando está lleno el estadio a favor es espectacular, y cuando está hinchando por el otro es divino, tiene otro gustito...

-En 2012, cuando te entrevistamos en Santo y Seña, le dijiste a Nacho Álvarez que no veías muy probable tu llegada a Peñarol porque te ibas a tirar medio país en contra, y en ese momento de tu carrera no estabas para tolerar mucho las críticas y los silbidos si no rendías. ¿Qué pasó desde entonces?
-Tuve la posibilidad de ir a Japón. Allá se ve el fútbol de otra manera, lejos del amor y el odio que hay acá. Recapacité, analicé qué me hacía falta, qué quería y empecé a sacar mis propias conclusiones. Yo nunca cerré la puerta, las chances (de venir a Peñarol) crecían o decrecían, pero estaban. Por momentos lo veía más difícil, pero nunca cerré la puerta porque la vida te va llevando por diferentes caminos... Me empezaron a dar ganas de venir, de volver al país después de tantos años dando vueltas, de estar cerca de mi familia y mis amigos. Además, se viene la inauguración del estadio de Peñarol, que marcará un hito en la historia del club, y jugar la Copa Libertadores. También saber que la gente espera mucho de mí, por lo que ha sido mi carrera en la selección y en Europa: eso también me exige como profesional y me rejuvenece. Trato de buscar motivaciones y desafíos, y me parecía que era un buen momento en lo personal y profesional para venir.

-¿Ya no te importa tanto tirarte en contra la otra mitad del país?
-¿Sabés qué pasa? Mi apellido está vinculado a Peñarol y soy hincha de este equipo. Es preferible estar identificado con un equipo a no estar identificado con ninguno...

-A ver... Luis Suárez está identificado con Nacional y el hincha de Peñarol no lo odia, lo admira por lo que ha hecho por la selección.
-Claro, y además yo siempre fui respetuoso con cualquier rival. En Argentina jugué en Independiente, pero el hincha de Racing, River o Boca me respeta. Si vos provocás, si sos un baboso, puede molestar, pero si manejás un perfil bajo y sos hincha de un cuadro, no... Mirá, tengo amigos hinchas de Nacional y no por eso cambia el concepto que tengo de ellos. Lo lindo del fútbol son las cargadas, el folclore...

"Se viene la inauguración del estadio de Peñarol, que marcará un hito en la historia del club. Y la gente espera mucho de mí, por lo que ha sido mi carrera. Eso me exige como profesional y me rejuvenece"

-Hace algunos días dijiste que preferías no escuchar programas deportivos en radio ni ver televisión y le pediste a tu círculo cercano que no te contaran nada de lo que se decía. ¿Por qué esta postura y no asimilar las críticas como algo natural?
-Para no contaminarme, porque si no entrás en la rosca de que dicen tal cosa y comentan, especulan... Pero esto no es de ahora. En España, cuando estaba en el Atlético de Madrid, se da que muchos periodistas importantes son hinchas del Aleti, entonces si estaba todo bien, genial, pero cuando estaba todo mal, te mataban... Ojo, no es que no veo nada, si dicen algo en la tele, no cambio de canal. No escucho la radio, porque no tengo la costumbre. No estoy pendiente de lo que dicen los periodistas deportivos. No me gusta el lleva y trae, cuando dicen que hay problemas en la interna... Ustedes los periodistas lo saben. No hay información y aparecen versiones, empiezan los lleva y trae, y prefiero evitarlo. Si puedo llegar a calentarme, prefiero evitarlo. En la radio prefiero poner música.

-¿Y qué música escuchás en la radio?
-Me gusta de todo... La cumbia, el reguetón, me gustan muchos los oldies. Eso me encanta... Tengo miles de oldies. Me crucé a Henry Mullins en un restorán y le dije que me encantaban los oldies. Fue al auto y me trajo algunos CD de oldies. Los agendé como Henry Mullins oldies: lentas, románticas... Pero también escucho música en inglés, rock argentino. Tengo una lista con todo lo que me gusta: lento, rápido, también me gusta la marcha...

-Hace un mes que estás en Uruguay. ¿Cómo encontraste al país?
-Y... noté que la vida está cara. Hace rato. Yo estaba en Japón y te aseguro que es más caro comer acá que en Japón.

-¿Sos de los que vas al súper a hacer las compras y mira los precios?
-Sí voy, de vez en cuando y veo las cosas. Trato de buscar los horarios (para ir al supermercado), no voy a caer un sábado o domingo, que sé que está lleno... Lo otro que he notado es la inseguridad.

-Bueno, cuando intercambiamos mails hace algunos días, me sugeriste que en Santo y Seña teníamos que hablar de la inseguridad del país. ¿Tuviste alguna mala experiencia o de gente cercana?
-Mi viejo salió a andar en bicicleta por la rambla y lo robaron. Yo llegué hace un mes y dos semanas después me rompieron el vidrio del auto. Lo dejé parado un día de lluvia, fui a hacer unos trámites a un estudio contable y cuando salí, tenía el vidrio roto. Y hablo con conocidos y les pasó algo. Tenés que andar con un cuidado bárbaro. Algo similar me pasó cuando estaba en Argentina, cuando jugaba en Independiente, ahora tenés que cuidarte acá. Y somos pocos. Vos comparás con Argentina y ellos son 40 millones y pico, acá somos tres millones, en Montevideo un millón y medio. Y tenemos los mismos problemas. Es un país divino, pero no podemos vendarnos los ojos. No quiero hablar de política... Opino como ciudadano. Te digo más: yo en la calle no veo policías. Desde que estoy he visto dos o tres patrulleros, no más. Entonces si vos no ves presencia policial en la calle, hay algo que está mal.

"No estoy pendiente de lo que dicen los periodistas. No hay información y aparecen versiones, empiezan los lleva y trae y prefiero evitarlo. Si puedo llegar a calentarme, prefiero evitarlo"

-A propósito de la política, ¿tenés una postura política definida? ¿Votás o te sentís adherente de algún partido?
-No, sinceramente no. Quiero ver un país mejor. Acá no he votado... Lo que pido es que las cosas funcionen, que paguen todos y que trabajemos todos. He visto en otros países que las cosas funcionan y la sociedad anda bien.

-¿Cuál sería, de los países donde te ha tocado vivir, el modelo a seguir?
-El japonés es un modelo espectacular. Hay un régimen, una organización, todo funciona y se respeta. Pero tienen sus cosas... No hay un país perfecto. Japón es un relojito: el transporte público no llega tarde, todo está limpio, todo funciona. Pero son como robots...

-De acuerdo a tus ideas y tu sensibilidad, ¿te sentís identificado con la izquierda o con la derecha?
-Yo quiero que lo justo sea justo. Que cada uno tenga y se gane lo que merezca.

-¿Y que pague más el que tenga más?
-Sí, obvio, pero que paguen todos. Hay muchos que tienen más y pagan y otros que tienen menos y no pagan. No: que paguen todos, de acuerdo a sus posibilidades. No porque no tenés, no pagás y se beneficia a estos. Que paguen todos, todos tenemos que cumplir para que funcione.

-En 2010 publiqué una semblanza sobre vos en revistas de Argentina y México luego que fuiste elegido mejor jugador del Mundial de Sudáfrica. Leí tu autobiografía, entrevisté a tus padres, a tu hermana Alejandra y hasta a tu profesor de tenis de cuando eras niño. En las notas dije que sos un bicho raro del fútbol, un rara avis: un tipo nacido en Carrasco, que de adolescente dominaba idiomas, no tenés tatuajes... ¿En algún momento te sentiste cuestionado o mirado de reojo por todo eso?
-Sí, obvio. Hace ya unos cuántos años lo noté y lo sentí en el fútbol... Era de Carrasco, hijo de Forlán, como si no tuviera necesidades. Y te dicen que no tenés hambre, el hambre de comer. Yo estoy orgulloso de Carrasco, mi viejo no es de ahí, es de Mercedes. Tengo educación, pero mis padres tuvieron que laburar para que yo hoy tenga la educación que tengo. Mi viejo jugó y ganó todo, a mí me tocó jugar y mi hambre pasó por otro lado: por la gloria, por querer ganar siempre, por mi crecimiento profesional. Y encima sumale que era rubiecito, de ojos claros...

-¡El combo del prejuicio era muy tentador! ¿Y sentís que venciste ese estigma que cargabas?
-Claro que sí... Ves que la gente te respeta, te quiere, vayas a donde vayas los niños te quieren y ves que sos un ejemplo para ellos. Me lo dicen, porque soy embajador de Unicef. Eso para mí es espectacular. Acá hay mucho prejuicio. Para mí es una satisfacción haber vencido todo eso... Es un arma que utilizo, lo transformo en algo positivo. Yo lo canalicé de una manera para transformarlo en algo productivo y no que me terminara tirando para abajo tipo: "Ta, largo todo porque el ambiente del fútbol me rechaza".

"Mi viejo salió a andar en bici por la rambla y lo robaron. Hace dos semanas me rompieron el vidrio del auto. Acá somos tres millones, en Montevideo la mitad. Es un país divino, pero no podemos vendarnos los ojos"

-¿Y por qué no tenés tatuajes (algo tan de moda en los futbolistas)?
-Cuando era chico me dieron ganas de hacerme uno en la espalda... Tenía 18 años y lo pensé, tenía ganas, pero en un momento me puse a pensar y no estaba convencido. Y pasó. Hay algunos que veo que están buenos y a algunas personas les quedan bien, ya en exceso no me gusta... Va en gustos. Pienso que no me voy a hacer tatuajes, pero hoy o mañana andá a saber.

-Vuelvo al fútbol: ¿te dio un plus para tu carrera la pegada de media distancia tanto de zurda como de derecha? Ser hábil con las dos, ¿cotiza en alza hoy en día?
-Obvio que sí, pero no sólo eso. Que tengas el nivel para destacarte en la alta jerarquía y después lo que cada uno tiene como características. En mi caso: pegarle con las dos piernas. Para los rivales es algo que les dificulta, porque amagás con la zurda y de repente enganchás y le pegás de derecha. En el amistoso contra Wanderers, mi idea original era enganchar para la derecha y meter el centro porque estaban Marcelo (Zalayeta) y Diego (Ifrán), pero vi el hueco y terminé perfilándome para la zurda y la tiré ahí.

-¿Por qué renunciaste a la selección?
-No es fácil decir "basta" en la selección y no va a ser fácil decir "basta" el día que me toque dejar de jugar al fútbol. La gente interpretó como que ya no me sentía en un nivel como para jugar en la selección, pero no: sí me sentía bien físicamente. Pero entendí que era un buen momento para hacerlo, quería darme el gusto de retirarme bien. Y no que me retirara la gente. Quise retirarme cuando yo quise, y lo mismo va a ser cuando quiera dejar el fútbol. Pero es difícil, porque uno siempre quiere más y cree que puede dar más. Tuve momentos duros, como no haber clasificado para el Mundial de 2006, pero tuve momentos espectaculares: haber clasificado a dos mundiales, el gran Mundial de 2010, la Copa América de 2011...

-¿Y qué pasa si la rompés en Peñarol, si descollás y la gente te pide para la selección? ¿Lo pensarías?
-No, no... Sé que no va a pasar y no va a cambiar mi pensamiento. Si tomé la decisión, por algo fue.

-Hace unos días, en una entrevista con CNN, le preguntaron a Cristiano Ronaldo -compañero tuyo en el Manchester United- de qué hablaba él en los vestuarios con sus compañeros. Y específicamente si hablaba de la corrupción en la FIFA. Y contestó que no, que hablaba de mujeres, de autos, de joyas y alhajas. ¿Vos de qué hablás en los vestuarios con otros futbolistas?
-De cualquier cosa... De algo que viste en las noticias, puedo comentar que el otro día me rompieron el vidrio del auto... De lo mismo que vos hablás en un asado con amigos.

-¿Y de fútbol?
-También. A algunos les gusta hablar más, a otros menos. A mí me gusta hablar de fútbol. "¿Viste tal partido?, ¿viste tal jugador?". O analizo el partido que viene, a los defensas, al arquero rival.

-¿Has seguido el sonado caso de corrupción en la FIFA, a raíz de la investigación del FBI estadounidense?
-No lo seguí mucho, te digo sinceramente. Fui a San Petersburgo, al sorteo de las Eliminatorias, y me preguntaron. Dije que no me correspondía hablar y que no estaba empapado en el tema como para comentarlo.

"Tengo educación, pero mis padres tuvieron que laburar para que yo hoy tenga educación. Mi viejo jugó y ganó todo, a mí me tocó jugar y mi hambre pasó por otro lado: por la gloria, por querer ganar siempre, por mi crecimiento profesional"

-Volviendo a lo que hablábamos del prejuicio uruguayo: antes de tu mediática relación con Zaira Nara había un rumor sobre tu sexualidad. Se decía que eras gay. ¿Te llegó? ¿Te importó?
-Me llegó, sí... Pero yo no estoy pendiente de lo que se diga. Pero hay que ver quién lo dice y dónde lo dice. El periodismo cambió: muchos tiran un comentario o una información y no les importa chequear, confirmar si es verdad o no. Y después, cuando se retractan, ya es tarde: la noticia pegó y la aclaración siempre es chiquita. Después que tiran una noticia, ya sos boleta. Yo solo me preocupo por lo que piensan mis amigos y mi familia. Y en realidad no me preocupo, porque ellos me conocen. Me tiene sin cuidado lo que piensen los demás. No me voy a quemar la cabeza...

-¿Cuán importante es la educación en un futbolista?
-Mucho. No necesariamente tener escolaridad, pero sí valores y la importancia de la estructura familiar. La educación parte de los padres, si no tenés los cimientos bien firmes, ¿qué ejemplo vas a seguir? Los niños, sobre todo. A veces se critica al futbolista por malos comportamientos o conductas que a la gente le molesta y te señalan que tenés que ser un modelo a seguir, pero si mirás otros ámbitos de la vida, otros ámbitos profesionales, también hay inconductas. Hay muchos jugadores que han nacido en un mal ambiente y se manejan de una manera muy buena, crecen con el fútbol, maduran. Es importante la educación, la familia, los valores, el respeto.

-¿En qué te favoreció saber idiomas en tu periplo en el exterior?
-En todo: poder llegar a un país y que sea mucho más fluida la comunicación. Capaz que me costó un poco el japonés, pero soy atrevido, yo igual hablaba, me hacía entender.

-¿Te gustaría ser padre?
-Sí, sin dudas, me encantaría formar una familia.

-¿Sos feliz?
-Sí, soy feliz.


Montevideo Portal | César Bianchi
Fotos: Juan Manuel López