La operación Nueva Era, que se cerró en setiembre de este año, pero que comenzó con diferentes operativos e incautaciones durante el período pasado, logró desarticular a una organización narco que planeaba enviar un cargamento de dos toneladas de cocaína por vía marítima.

La droga incautada tenía un valor estimado de US$ 15 millones en el mercado local, cifra que en Europa ascendía a US$ 50 millones o incluso más.

Los investigadores detectaron un nivel de sofisticación poco habitual en la operativa: en la chacra de Punta Espinillo había un galpón con una especie de subsuelo donde se hallaron los paquetes de droga.

La Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas, junto con la División de Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval, había dispuesto una vigilancia permanente sobre los delincuentes luego de que, mediante inteligencia policial, se identificaran detalles clave de cómo funcionaba la organización.

En el ambiente policial dedicado a combatir el narcotráfico existe una premisa extendida: cuando el cargamento es grande, detrás suelen estar Sebastián Marset y Luis Fernando Fernández Albín, un narco nacido en Argentina que desde niño vive en Uruguay y se instaló en Cerro Norte.

Fernández Albín, conocido como el Flaco, tiene 38 años y desde hace varios años es señalado como el responsable de sacar grandes cargamentos de droga que pasan por Uruguay. Posee varios antecedentes penales, la mayoría vinculados al narcotráfico, y logró montar una estructura logística capaz de exportar cocaína por aire, mar o tierra.

La organización de Los Albín —un clan familiar dividido en dos ramas— se nutre de bandas narco que operan en Uruguay. A su vez, Fernández Albín “coronó”, como se dice en la jerga, cuando estableció un vínculo estrecho con Marset.

Se estima que la droga que pasa por el país —incluidas las dos toneladas incautadas en Punta Espinillo— pertenecía al narcotraficante uruguayo, prófugo desde 2023.

A nivel local, Albín trabajó de manera estrecha con el clan de Los Suárez, liderado por Luis Alberto Suárez (el Betito) y por Sandra Lorena, conocida como Loly Suárez.

Fuentes de la Policía explicaron a Montevideo Portal que Albín logra dos objetivos al trabajar con bandas locales: distraer a las autoridades y comercializar parte de la droga en el mercado interno.

Sobre el primer punto, señalaron que a este tipo de líderes narcos les resulta funcional que exista “violencia en los barrios porque pueden operar en las sombras sin llamar la atención”. “Son otros los que llaman la atención”, añadieron.

A modo de ejemplo, Albín tiene una casa en un barrio privado de Canelones, donde pasa la mayor parte del tiempo cuando no viaja a Argentina. Mantiene un vínculo fluido con ese país y suele cruzar varias veces al mes.

Betito Suárez, hoy en prisión preventiva, cruzó el Río de la Plata al menos cuatro veces en el último año. La Policía confirmó que, en una de esas travesías, se reunió con Albín.

Por otro lado, la alianza entre el Flaco y Marset lo posicionó rápidamente como el “brazo ejecutor” del narco en Uruguay. Un caso paradigmático fue el atentado contra la fiscal de Corte, Mónica Ferrero, donde varios de los involucrados tenían vínculos con Los Albín.

Desde 2024, Fernández Albín y Suárez están siendo investigados por lavado de activos, dinero que habría provenido principalmente de la comercialización de drogas. En el caso de Betito, se mostraba cercano al fútbol e intentaba blanquear miles de dólares a través de ese rubro.