Contenido creado por Gerardo Carrasco
Curiosidades

Rápida y furiosa

Se cumplen 125 años de la guerra que entró al Guinness como la más corta de la historia

El conflicto duró sólo 38 minutos. Sin embargo, ese escaso tiempo bastó para que murieran 500 personas.

27.08.2021 12:30

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2021-08-27T12:30:00-03:00
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El 27 de agosto de 1896, el Reino Unido y el Sultanato de Zanzíbar -isla en el este de África- iniciaron un enfrentamiento militar que se conoció como Guerra anglo-zanzibariana. Entre los numerosos conflictos armados que jalonan la historia de la humanidad, este se destaca por su escasa duración.

De las crónicas de la época se despende que la guerra duró solo 38 minutos. Sin embargo, fue suficiente para que el episodio quedara marcado en la historia, ingresando en el Libro Guinness de los récords.

Tan breve como cruenta, esta conflagración causó la muerte de 500 soldados del autoproclamado Sultán, lo que sin duda configura una de las tasas de mortalidad bélica más altas de la historia.

Dos niños para un mismo trompo

El disparador del conflicto fue el mismo que provocara innumerables derramamientos de sangre a lo largo de la historia: una disputa sucesoria.

A la muerte del sultán Sayyid Alí, su único hijo, Khalid ibn Barghash, reclamó el trono. Pero en la colonialista Gran Bretaña tenían planes diferentes al respecto y apoyaban a otro aspirante al trono, ?amad ibn Thuwayn.

Los británicos preferían a ?amad porque lo veían más dispuesto que Khalid a colaborar con sus políticas en la región. Por el contrario, el hijo del sultán se había mostrado siempre como firme opositor a los planes que el Reino Unido tenía para África:  la abolición de la esclavitud y la restauración de la economía mercantil, medidas ambas que perjudicaban a las élites locales.

Los europeos encontraron un argumento jurídico a su favor, ya que las leyes del sultanato no establecían de manera obligatoria el carácter hereditario de la sucesión en el trono. De esa forma, el encumbramiento de un aspirante que no fuera descendiente directo del rey no era ilegal.

Así las cosas, cuando Khalid ocupó el lugar de su difunto padre, los británicos no tuvieron mayores dificultades para “convencerlo” de dejar el poder en manos de Hamas, su patrocinado.

La disputa por el trono se apaciguó por tres años, hasta el momento en que Hamad murió. Khalid regresó entonces a palacio, esta vez con intenciones de quedarse.

Escarmentado, en esta ocasión el príncipe puso sobre la mesa nuevos “argumentos” con el propósito de que a los británicos no les resultara tan sencillo “convencerlo”. 3.000 soldados y simpatizantes respaldaban el monarca retornado, y defendían la restauración de la esclavitud en el sultanato.

Sin embargo, el Reino Unido no se dejó impresionar y también subió la apuesta: una escuadra de cinco buques de guerra de la Royal Navy arribó a la isla, junto a un nutrido contingente de infantería. A diferencia de los hombres del sultán, los soldados ingleses llevaban el armamento más moderno de entonces.

Una vez desembarcados, los británicos dieron a Khalid un ultimátum: o abdicaba o abrían fuego.

Rápida destrucción

Ya fuera porque confiaba mucho en sus tropas o porque creía que los extranjeros no estaban dispuestos a cumplir con su amenaza, el sultán no cedió antes las exigencias foráneas. Ese fue el comienzo de la efímera y letal Guerra anglo-zanzibariana. Duró 38 minutos, tiempo en el que perecieron 500 soldados del autoproclamado sultán y su palacio quedó envuelto en llamas. En el lado británico solo un marinero resultó gravemente herido.

Fue una derrota humillante para la isla africana. Desesperado, el príncipe corrió a refugiarse en el consulado alemán, donde una vez a salvo presentó su rendición.

Los germanos permitieron a Khalid refugiarse en el África Oriental Alemana, donde residió hasta que, en el marco de la Primera Guerra Mundial, los británicos invadieron esa colonia y lo atraparon.

En 1916 fue exiliado a las Seychelles y a la isla Santa Elena. Tras la finalización del conflicto mundial se le permitió regresar al África Oriental, que ya no pertenecía a Alemania. Allí permaneció hasta su muerte, en 1927.

Tras la demostración de la desigualdad de poder entre ambas naciones, el destino de Zanzíbar quedó sellado. Lo sucesivos gobiernos procuraron seguir al pie de la letra las “sugerencias” británicas, situación que duró hasta la emancipación ocurrida en 1963. Esta independencia también llegó por iniciativa del Reino Unido.

En la actualidad, la isla de Zanzíbar es una región semiautónoma de Tanzania.