Scotti: “Sobre esta selección no hay grandes expectativas, es lo que Uruguay necesita”
El exdefensor repasa su vida, desde el niño que nunca soñó ser futbolista al hombre de 50 que surfea con sus hijos.
13.06.2026 08:00
Por César Bianchi
@Chechobianchi
Andrés Scotti, a diferencia de la enorme mayoría de los niños nacidos en este suelo, no soñaba con ser futbolista profesional, con gritar goles trepado a un alambrado ni nada por el estilo. En cambio, sí tenía claro que le gustaba practicar deportes: cualquiera, el que fuere, para estar en movimiento y sentirse libre.
Pero un amigo le enseñó conceptos como “disciplina” y “profesionalismo” y la cosa le gustó. Entonces, empezó a jugar al fútbol con relativo éxito. Era 10 habilidoso o 9 goleador, hasta que un DT lo vio lateral izquierdo y en la defensa se quedó. Después fue a una prueba en Defensor Sporting y un pulgar hacia abajo de Juan Tejera, la llegada a Wanderers, un pase frustrado al Necaxa de México y la llegada a Huachipato de Chile.
Y a partir de ahí, todo lo demás: su revancha en el fútbol mexicano, la llegada a Nacional, el equipo de sus amores (con sus amigos en la tribuna), y un extraño periplo en el Rubin Kazán de Rusia, con capitanía y arengas en ruso incluidas. Estando allá, en plena noche soviética, una llamada del Dr. Alberto Pan cambió su vida: era 2006 y su primera convocatoria para la selección uruguaya. “A las 3 de la mañana, para mí, salió el sol”, dice Scotti, poéticamente.
Fue uno de los pilares del plantel de Oscar Washington Tabárez —ya sea titular o suplente— durante ocho años, vivió por dentro el Mundial de Sudáfrica 2010 y se perdió por poco el de Brasil 2014. Hoy, devenido en empresario y gestor autodidacta, Scotti (50) analiza la selección de Bielsa y esa sensación de pocas expectativas sobre la Celeste que, a su juicio, le caen como anillo al dedo a los jugadores.
Scotti ofrece un tour gratuito por el Centro Deportivo Integral Enfoque, que dirige, y luego hace una defensa cerrada de hacer actividades físicas: “Hacer deporte, estar en movimiento, te hace más tolerante, te sentís mejor, te hace mejor persona”.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
¿Quién sos?
Soy Andrés Scotti, soy padre, soy hermano, soy amigo... Me considero una persona que busca el bien. Y hace unos años descubrí un propósito para estar en este planeta, para poder ayudar a los demás, que es incentivar a que la gente se mueva, que moviéndose va a ser mejor para todos.
¿Dónde jugaste al baby-fútbol, y de qué jugabas?
Hice baby fútbol en Playa Honda. Jugaba de 10 y de 9.
De niño, ¿soñabas ser futbolista profesional y dedicarte en serio al fútbol, o fue algo que se fue dando?
No, no era así. No lo soñaba ni me lo propuse... Me gustaba mucho el deporte: jugaba al básquetbol, tenis, handball, volley, fútbol, skate. Me gustaba hacer deporte y no era una opción dedicarme al deporte profesionalmente. Tenía que estudiar, tenía que tener un oficio, una carrera.
¿Y a qué hubiese gustado dedicarte?
Yo estaba por la arquitectura, me gustaba el dibujo mucho. El fútbol no era como algo de profesión, de futuro. Al menos en mi familia no era una opción.
1993, Club Atlético Independiente de Trinidad. ¿Cómo recordás esos inicios?
Ahí descubrí algo, en ese proceso de ir a jugar al interior. Yo jugaba en la Liga Universitaria antes. Cuando voy a Independiente —me invita Marcelo Lateulade, un hermano de la vida— aprendo, por él, a ser profesional. Marcelo me llevaba un año y medio de edad, jugábamos juntos, y me invita a jugar. Nos íbamos el viernes, salíamos de Don Bosco, íbamos caminando a Agencia Central, allá en Rondeau, y nos íbamos a Flores. Llegábamos, me acuerdo, y salíamos a correr. Comíamos unos fideos, y jugábamos el sábado. Y después, obviamente, la noche del sábado salíamos a bailar o tomar algo, pero si no, nosotros no podíamos salir, descansábamos. Marcelo me fue guiando, aprendí mucho de él.
Siempre digo que Independiente de Trinidad fueron mis cimientos, los cimientos de mi carrera. Ahí llegué como 10, y delantero en la Sub-20, donde jugué tres meses, y después, en Primera, jugué de lateral izquierdo.
“Llamé al presidente de Puebla y me liberó el pase. Le dije: 'Yo no quiero ser parte de que este equipo descienda. Yo me quiero ir'. Me dijo: 'No te voy a dejar jugar en México'. Yo le dije: 'No sé dónde voy a jugar'. Y me vine para casa, sin equipo, sin nada”
Jugaste en Central Español y en Wanderers, hasta que te tocó emigrar al Huachipato de Chile y después al Necaxa y al Puebla de México. ¿Ya era el poderoso fútbol mexicano que es hoy? ¿En qué cosas advertiste que se había convertido en un mercado atractivo como negocio?
Estando en Wanderers hicimos una gira por México, hice una buena gira y me fui a probar, me voy a México, al Necaxa. Cuando llego a México me entero que no era un pase, que era una prueba, que no tenía un contrato, y ahí es que terminé en Huachipato. Porque la prueba no lo quería hacer, si yo estaba jugando en el primer equipo de Wanderers. Entonces no aceptamos la prueba los que fuimos a Necaxa, y terminamos quedando en Huachipato. Ahí conocí Huachipato y fue tremenda experiencia, tremendo club.
El fútbol mexicano es potencia desde hace rato. De hecho, los jugadores de esa época que la rompían no se iban a Europa porque ganaban mejor en México que en Europa. (El ecuatoriano Alex) Aguinaga, un ejemplo, me tocó jugar con él, (Alberto) García Aspe me dijo que vino a River a sacarse las ganas, pero fue a ganar menos a River argentino. Ya estaban Carlos María Morales, Vicente Sánchez, el paraguayo José Saturnino Cardoso. Pero México era una plaza fuerte, condicionada un poco por el mundo empresarial que manejaba el dominio de contrataciones y demás.
2002, plena crisis económico-financiera en el país, y te tocó volver para jugar en Nacional. Jugar en el club de tus amores y salir campeón debe ser un sueño cumplido para el deportista, ¿no?
Yo en el año 2000 estoy en México y todo este mundo empresarial y armado, de estructura de equipos, me cansó y renuncio a Puebla y me vengo a Uruguay. Quedé sin equipo. Renuncio y me voy, llamo al presidente y me vengo. Los empresarios no lo podían creer porque me dijeron: “Hacé lo que quieras”. Yo dije: “Este equipo va a descender. Están haciendo cualquier cosa. Yo me quiero ir de acá, me quiero ir”. Pensaron que no lo iba a hacer. “Hacé lo que quieras”, me dijeron. Se ve que no me conocían muy bien. Hice lo que quise.
Pero eso sí, hice lo que quise respetando a Puebla. Llamé al presidente del club y por esa llamada me liberó el pase. Lo llamé y le dije: “Mirá que va a pasar esto. Yo no quiero ser parte de que este equipo descienda. Yo me quiero ir”. Me agradeció, pero me dijo: “No te voy a dejar jugar en México”. Yo le dije: “No sé dónde voy a jugar”. Y me vine para casa, sin equipo, sin nada. Y ahí empiezo a entrenar en Wanderers y juego en Wanderers en 2001, cuando ganamos la Liguilla. Pero cuando tomé la decisión de venirme y volver a Uruguay, mi nombre en Uruguay no era tan conocido, sí el de mi hermano (Diego).
Mi sueño era jugar en Uruguay, que me conocieran. Ojalá —pensaba— pudiera jugar en Nacional, y que quede mi nombre en la gente para la selección, algún día. Eso me permitió que el maestro (Oscar W.) Tabárez me viera. Él me quiso llevar a Boca en 2001.
Pero sí, no solo cumplí un sueño: debuto, hago dos goles y mis amigos estaban en la Amsterdam, a donde íbamos todos juntos cuando íbamos a ver a Nacional, estaban todos abrazándose, llorando… Y cierro el año haciendo un gol en la final, saliendo campeón, y gritando el gol frente a mis amigos, todos llorando, abrazándose. Así que imagínate.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
¿Qué particularidad tiene el fútbol ruso? ¿Cómo fue vivir en Kazán, a 1.000 kilómetros de Moscú?
Es una ciudad de las más lindas para vivir en Rusia. Una ciudad de 4 millones de habitantes, preciosa, dentro de la capital rusa. Tenés un río, tenés verano, podés hacer algo de playa. Y adaptándose a la cultura y a la ideología y a la idiosincrasia de ellos, la llevás... Me costó mucho entenderlos, entender el sistema que es muy jerárquico, están los que mandan y el resto se callan. Es vertical. Y dictatorial, porque (es un país) dictatorial. El entrenador habla y el resto agachaban el lomo. A esa edad tuve que entenderlo y asimilarlo.
¿Cómo te manejaste con el idioma?
Aprendí ruso. Al segundo año, sobre el final, ya era capitán del equipo y daba las arengas en ruso. El inglés no te sirve para nada en Rusia. No saben inglés ni les interesa hablarlo. Primero aprendí a pedir la comida, y después, enseguida, tuve que aprender el aliento, las órdenes dentro de la cancha. Eso lo aprendí rapidísimo.
Me acuerdo que cuando llegué, mi esposa en ese momento fue al primer partido y me dijo que era como un teatro. Me dijo: “Andrés, ¡te escuchaba solo a vos hablar mientras jugabas, al resto no”. Es que el resto no hablaba, por cultura. Solo hablaban para quejarse al árbitro, o reclamarle a un compañero. No conocían el concepto del aliento, del apoyo al compañero cuando se equivoca. Eso lo fuimos construyendo los que llegamos de afuera en el equipo.
“Yo estaba en Rusia de noche, estaba durmiendo. Suena mi teléfono y era Alberto Pan, que me conocía del club Malvín de cuando tenía 10 años y jugaba al básquetbol, de la Liga Universitaria a los 13 años. Alberto conocía mi vida y sabía de mi anhelo. Él le pidió permiso al Maestro para avisarme de la convocatoria”
Debutaste en 2006 en la selección uruguaya, seleccionado por el maestro Tabárez. Tenías 30 años, no eras un pibe. ¿Te lo esperabas cuando llegó la citación o te sorprendió?
Yo siempre tuve la ilusión de jugar en la selección. En el año 98, en Chile fui elegido el mejor mediocampista del campeonato. Era número 5. Uruguay no fue al Mundial y Chile me quería repatriar para ir al Mundial del 98, pero acá ni se enteraron.
Yo tenía esa espinita, pero acá ni picaba. Había ciertas condicionantes que, más o menos, se saben, del manejo de citaciones y demás... La ilusión estaba. Yo me preparaba siempre para ser mi mejor versión. La autoestima para el laburo de uno tiene que ser buena. Yo me entrenaba mucho y hacía mi parte. Y bueno, después me tenía mucha confianza. Pero bueno, hay mucha gente para lo mismo.
En ese momento no lo esperaba. Yo estaba en Rusia de noche, era tarde, estaba durmiendo. Suena mi teléfono y era Alberto Pan (NdeR: en ese entonces, médico de la selección). Alberto Pan me conoce del club Malvín de cuando tenía 10 años y jugaba al básquetbol, de la Liga Universitaria a los 13 años cuando me ficho, de Wanderers también. O sea, Alberto conocía mi vida y sabía de mi anhelo. Entonces, como Alberto sabía, le pidió permiso al maestro para avisarme, para comunicarme la convocatoria de esa gira que se hacía después de ser seleccionado. Y me dijo que no podía decir nada por una semana.
Eran las tres de la mañana. Te podés imaginar que, para mí, salió el sol a esa hora. Hice el mate y no podía hablar con nadie. Obviamente sí le dije a mi hermano, a mi familia íntima se lo dije, y les pedí que no dijeran nada por una semana, pero iba a salir una lista y yo estaba convocado. O sea que, para mí, salió el sol a las tres de la mañana.
Estamos en pleno Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. A vos te tocó vivir un Mundial emblemático para Uruguay, el de Sudáfrica en 2010. ¿Por qué creés que quedó tan ligado al imaginario colectivo ese Mundial, más allá de lo estrictamente deportivo y ese cuarto puesto?
Si vos analizás cómo llegamos a ese Mundial…. sin expectativas, últimos en entrar al mundial, y tras un repechaje. La gente no creía mucho en nosotros, pero la gente vio cómo estuvimos en el piso, nos pisotearon, nos criticaron y mantuvimos un respeto hacia la causa que defendíamos. Vamos al Mundial y, yo entiendo que conseguimos que la gente se sienta identificada, que se sienta representada de una forma. Y creo que el título ganado fue ese. Ganamos el título que la gente nos dio: “Me gusta que me representen así. Soy uruguayo y esta es la forma que me gusta”.
¿Te referís a la forma de jugar o a algo más allá de la cancha?
Todo. Todo, porque nos vieron en el piso y dijeron: “Estos locos, cuando estaban ahí mantuvieron un respeto, mantuvieron una forma de comunicarse, de responder ante las críticas, y no se dieron por vencidos”. La gente se sintió identificada porque le pasa al obrero, le pasa al ama de casa, al arquitecto, le pasa al cuidacoches, le pasa a todo el mundo. El uruguayo vive esa sensación de subestima y cuando nos ponen en ese lugar del subestimado, será que nos gusta eso… Nos sale decir: “Te desafío”.
Y creo que la Eliminatoria de 2010 fue como una medida. Y como objetivo para ir a competir para el Mundial, nos permitió armar una coraza para ir a competir fuertes.
¿Fue Tabárez el responsable principal de esa comunión del plantel con la gente? Porque no fue un simple director técnico. Da la impresión que marcó pautas y valores que fueron más allá de jugar bien o mal. ¿O me equivoco?
Era el líder del proyecto. Como líder, sin dudas, marcó un rumbo, una forma. Yo no me voy a cansar de decirlo (y estoy convencido), que él puso un pilar que era el más sólido para construir todo el resto: el respeto, sin tanto misterio. No es que descubrió nada raro, pero en ese pilar se partía del compromiso, la adhesión a la causa, pero el respeto en todas sus formas. Y creo que desde ese pilar se construyó.
Obviamente que, desde ahí, armó su equipo de dirección: fue seleccionando jugadores, fue construyendo equipo también. Y de ahí nos construimos todos.
¿Y es importante tener cercanía con el futbolista? Lo pregunto porque se cuestionó mucho a Bielsa porque era distante, se dice que es hosco, que no es tan cariñoso o “mimoso” con los jugadores… ¿Cuánto importa eso?
Ojo que el maestro mantenía la distancia, pero mantenía eso del respeto. Pero cerca en lo humano: “¿cómo están tus hijos?”, “¿cómo está tu pareja?”, “¿cómo te está yendo? ¿Te adaptaste a la vida en Rusia?”. Yo volví a Argentina, había tenido a los mellizos, y me preguntaba cómo estaban los melli. No más que eso, pero eso alcanza.
No somos máquinas, somos seres humanos jugando a la pelota. Dicen: “Sos jugador de futbol”. No, no, sos un humano que practica un deporte. Como vos: “sos periodista”, no, no, no sos periodista, sos una persona. Entonces, yo como persona, me estaba dedicando a un deporte, que, si sentís que hay afecto, creo que sacan un poquito más de vos. Que te den una palmada y te digan: “Vamo’ arriba que vos podés. Tenés que hacer esto diez veces, en la número diez vas a salir”. A veces todos necesitamos un empujón, porque dos por tres flaqueamos, somos humanos, no somos máquinas. Y hasta las máquinas erran.
Te perdiste por poco —porque fuiste preseleccionado, pero finalmente no quedaste— en la lista del Mundial de Brasil 2014. ¿Fue una frustración que te golpeó duro, o entendiste la decisión considerando tu edad?
Estaba en un momento para ir al Mundial. Estaba muy bien físicamente. Estaba en un momento espectacular. Pero mi equipo (Nacional) estaba muy mal. Siempre hay que entender que lo importante es el equipo. Como el equipo estaba mal y yo era grande, era más responsable que el resto de los resultados.
Estando a nivel local, teniendo 38 años, la prensa, los últimos cinco años, decía: “Scotti está viejo, no puede jugar en la selección”. Hasta que vos entrás y demostrás que estás bien, que jugás en tu equipo, y que siempre jugás. El periodista a veces no lo entiende, se cuestiona la edad y todo. Sos culpable hasta que demuestres lo contrario. No, pará, no soy culpable, no maté a nadie. Dejame jugar y si jugué mal, decilo.
Para ese Mundial yo me preparé para que Uruguay esté. Porque desde que empecé a estar citado en la Eliminatoria, no sabía si iba a llegar al Mundial. Entonces, mi objetivo era que Uruguay esté en el Mundial. Y cuando Uruguay clasificó al Mundial, para mí fue misión cumplida. Quedar afuera (de la convocatoria) no te voy a decir que me puso contento, pero no me puso triste. Y cuando me dijeron que no estaba, me acuerdo que me llamaron los periodistas y me preguntaron si estaba enojado. ¡Todo lo contrario! Estaba agradecido y feliz por los ocho años que estuve en la selección.
Mirá, mi vínculo fuerte con el Maestro empieza después de ese Mundial. No empieza antes.
Te hablo del vínculo más cercano, de ir a visitarlo un día con un mate a la casa, de charlar con él, eso empieza después de 2014. Yo en broma le digo: “No hiciste bien las cuentas. Copa América 2007, salimos cuartos, Copa América 2011 campeones; Mundial 2010 cuartos, 2014… si me llevabas, hubiésemos sido campeones”.
“Cuando Uruguay clasificó al Mundial de Brasil 2014, para mí fue misión cumplida. Quedar afuera (de la convocatoria) no te voy a decir que me puso contento, pero no me puso triste. Los periodistas me preguntaron si estaba enojado. ¡Todo lo contrario! Estaba agradecido por los ocho años que estuve en la selección”
El estilo de Marcelo Bielsa ha sido muy polémico y discutido. Ha tenido idas y vueltas con jugadores y con periodistas. Y futbolísticamente, tras un gran arranque en Eliminatorias, el equipo se fue desinflando y pareció “fundirse” físicamente en la Copa América de Estados Unidos. ¿Te gusta Bielsa? ¿Te colma?
La propuesta que ha tenido la selección, por momentos, ha sido muy buena. No lo ha podido sostener, nada más. Después, Bielsa o quién sea, va más allá… Es mi país, es mi selección. Yo quiero ver a mi selección competitiva. Y Uruguay sigue siendo competitivo. Del adentro no puedo opinar. Pero te pongo un ejemplo: cuando empezaron la Eliminatorias, le ganamos a Brasil y Argentina. Fue un placer jugar de la manera que se jugó. Después, lo más difícil en la vida, en el deporte, es sostenerse.
Si vos me decís: ¿qué ha sido lo malo de Uruguay? Que no pudo sostener un nivel, que ha sido muy irregular. Nada más.
¿Qué expectativas tenés para este Mundial? ¿Hasta dónde lo ves llegando a Uruguay?
Lo que me gusta es que Uruguay lo pusieron en un lugar sin grandes expectativas. Y eso es lo que Uruguay necesita. El otro día estuve con (Sebastián) Cáceres y (Santiago) Mele y les dije: “Che, están en un buen lugar. No hay tantas expectativas. Disfrútenlo. Pónganse como una piña, como una roca, todos juntitos, y disfrútenlo al 100%, y yo creo que algo bueno va a suceder. Si logran eso, es de ustedes”. Porque cuando hay bajas expectativas, es mucho más fácil alcanzarlas. Cuando las expectativas son altas para la vida, no está tan bueno, porque es difícil llegar. Entonces mejor expectativas bajas, para ser feliz, siempre. Bueno, Uruguay llega así, y yo soy optimista por naturaleza. Mi vida es optimista. Y a Uruguay y a los gurises, yo sé lo que se brindan, sé cómo se entregan. Auguro algo lindo.
“Una vez que te metés en el mundo del fútbol, sos rehén del fútbol, porque maneja tiempos distintos a la vida común. No tenés fines de semana, no vacaciones regulares, fechas irregulares, contratos no cumplidos, pagos atrasados. ¡Es todo irregular el fútbol!”.
Sos entrenador, pero no has dirigido ningún equipo. ¿No te interesa? ¿O quizás más adelante?
Soy entrenador y me interesa. Es algo que me encanta. Ahora no porque me metí en un proyecto que me demanda mucho tiempo. El fútbol, una vez que te metés en el mundo, sos rehén del fútbol, porque maneja tiempos distintos a la vida común. No tenés fines de semana, no vacaciones regulares, fechas irregulares, contratos no cumplidos, pagos atrasados. ¡Es todo irregular el fútbol! Es como un mundo aparte. El día que decida volver al fútbol, espero que mis hijos ya estén casi todos con 18 años, para que yo pueda decir: “Tengo ganas, me meto de vuelta”.
Voy a volver. Pero hoy me aboqué a un proyecto que me demanda mucho tiempo. Soy el director de un centro deportivo, con una estructura muy grande. Somos 200 en el equipo de trabajo. Me demanda mucho tiempo obra, posiciones, trabajo de equipo… Pero cuando logre encauzar esto y ya sea momento de abrirme, tengo en mi horizonte volver al fútbol y darme esa oportunidad de dirigir.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
Sos el director y uno de los propietarios del Centro Deporte Integral Enfoque, junto a Diego Godín, Vicente Sánchez, Matías Vecino y Mario Rebollo. ¿Qué es Enfoque? ¿Cuál fue tu idea detrás de este gran emprendimiento deportivo?
Mi idea inicial —charlando, cuando veníamos de vacaciones o lesionados— fue ver que no había un lugar como para llegar a hacer fuerza, que tenga agua, que tenga campo, que tenga comida y que tenga la rehabilitación. Ibas a un gimnasio y después tenías que ir a una piscina en otro lado, ir a cancha en otro lado. Ahí nace todo. Un lugar integral donde estuviera todo. Por eso sale el nombre: Centro Deportivo Integral.
Después, la misión y el propósito de Enfoque es que la gente venga y ayudarla a que se convenza por sí misma, experimentando, que vea cómo le cambia la vida haciendo actividad física. Que le cambia la vida para bien. Si hacés actividad física sos mejor persona, más saludable, más tolerante, con mejor energía. Y de ahí partimos.
Nuestro foco como institución es ayudar al bienestar de las personas, a construir un mejor bienestar. Enfoque te ayuda a construir tu bienestar.
Además de un gimnasio, ¿qué hay acá en este emprendimiento gigante?
Tenés todos los deportes tradicionales: básquet, handbol, voley, fútbol, después, yoga, tai chi, pilates, zumba localizada, indoor, gimnasia, piscinas, telas, artística, patín… Se me van a ir algunos, pero están todas las actividades. Está la matronatación para los recién nacidos de tres meses, y tenemos gimnasia para adultos mayores, con socios de 90 años. Tenemos 1.500 niños menores y 1.500 personas arriba de 60 años.
¿A cuánto asciende la inversión acá?
Estamos cerca de los 30 millones de dólares.
¿Hay conciencia en Uruguay de la importancia de la vida saludable y la importancia de cuidar nuestro cuerpo?
Todavía no. En el mundo no hay importancia. Si vos ves el porcentaje de personas que hacen actividad y que comen saludablemente, sabiendo todo lo mal que le hace comer no saludablemente y todo lo mal que le hace no moverse, y no lo hacen... Es preocupante. Hay mucho camino por recorrer. Hay mucho terreno para construir mejores personas.
No me olvido más de una persona que un día me para, era un hombre grande que vivía bien económicamente, con laburo, con todo. Y me para para agradecerme. “Me cambió la vida”, me dice. “Bueno, gracias”, le dije. “No me estás entendiendo, Andrés. Me cambió la vida. Yo era un malhumorado, era amargado. Llegaba a casa, me hacía una picada, le hablaba mal a mis hijos, no disfrutaba ni de la picada. Venir acá con mi familia me cambió la vida. Tengo más armonía, tengo más tolerancia, ya no me enojo tanto. Ahora disfruto comer. Comemos mejor. Mi casa es otra casa, tiene otro color. Y no cambió nada. ¡Cambié yo!”. Esa devolución fue de las más emocionantes que he recibido.
Y después, otra devolución, es de una madre con su hijo. Su hijo había tenido intentos de suicidio, sufría depresión, iba a psiquiatra, todo. El hijo volvió a sonreír. Te hablo de un niño de 10, 11 años. Dejó el psiquiatra, dejó la pastilla, dejó todo y volvió a ser un niño normal, simplemente compartiendo y jugando. Nada más.
“¿Se multiplicaron por cuánto los ingresos del fútbol? Ganaron todos. Ahora, el fútbol uruguayo tiene que entender que para ser profesional hay que ser profesional. Que hay una dicotomía entre clubes que no quieren ser profesional y quieren participar de la AUF, y otros clubes que sí. Entonces hay que profesionalizar la gestión de los clubes”
¿Ganó el fútbol uruguayo con los derechos que recuperó la AUF al culminar el extenso contrato con Tenfield? Por lo pronto, hoy el fútbol uruguayo como negocio vale muchísimo más que antes...
Creo que la respuesta está ahí, ¿no? Se da por sí sola. ¿Se multiplicaron por cuánto los ingresos? Ganaron todos. Ahora, el fútbol uruguayo tiene que entender que para ser profesional hay que ser profesional. Que hay una dicotomía entre clubes que no quieren ser profesional y quieren participar de la AUF, y otros clubes que sí. Entonces hay que profesionalizar la gestión de los clubes, que cobran mucho dinero, que administran mucho dinero y que siguen moviéndose pasionalmente. Entonces, por más que le den mucho dinero a alguien que no es profesional para la gestión, creo que tenemos que profesionalizar muchas más áreas. Capaz que somos muchos equipos y no tendríamos que ser tantos, tendríamos que ser menos, menos equipos profesionales para que sean realmente profesionales y capaz que más equipos amateurs que fomenten la actividad y que fomenten la competencia desde otro lugar.
Esa es una propuesta que yo, estando en la AUF cuando se firmó el estatuto, lo hablé y lo pedí, porque entiendo que somos demasiados equipos. Pero bueno, ta… Hay ahí un viaje que con más ingresos hay que hacerlo suficiente también.
Tu hermano Diego —también ex futbolista—, es el presidente de la Mutual de Futbolers. Vos integraste la AUF en un momento clave. ¿Te ves en un rol similar al de Diego, peleando corporativamente por los futbolistas?
Yo debo haber sido el primer futbolista que entró a la AUF como directivo, imaginate. En su momento yo no quería entrar a la AUF —había abierto Enfoque recién—, cuando me llamaron de la FIFA y me dijeron que era el único jugador que ellos tenían acá en plaza que no tenía empresarios, que se manejaba solo y no tenía compromisos adquiridos. Entonces no había conflictos de intereses.
Y yo, que siempre había declarado que tendría que haber deportistas detrás de la gestión para tomar decisiones, no podría contradecirme una vez que se abre esa ventana. Entonces acepté, porque no me quería contradecir. Es una pelea que vi y que sigo dando porque entiendo que el deportista siempre tiene que ser parte de la decisión. Tiene que dar su opinión, no tiene por qué ser la decisión final, pero tiene que ser considerado.
¿Te golpeó cumplir 50?
¿Cómo me va a golpear cumplir 50 si estoy surfeando con mis hijos? ¡Al revés, soy un agradecido! Tengo 50 años y sigo corriendo. Aprendí a surfear con 46 y me estoy entrenando. Hay que ponerse objetivos, pero a veces los resultados no son nada. Yo me estoy entrenando para, si estoy vivo a los 80, estar surfeando con mis nietos. Yo entiendo que los momentos de felicidad están ligados a vincularte y hacer actividades y momentos con las personas que querés.
Entonces, si yo puedo construir momentos de esa índole, surfear no es surfear, es ir con el mate, charlando, escuchando música, hablando de la vida con mis hijos. Y desde que lo entendí, descubrí un viaje de contacto, de cercanía, de generar momentos de afecto, que encima es con movimiento, con salud y en la naturaleza. Todo bienestar y todo gratis.
¿Te quedaste con ganas de haber estudiado algo?
De haberme preparado en inglés… Me arrepentí de no haberlo hecho bien (hoy lo estoy estudiando). Arquitectura no, en las obras (de Enfoque) he hecho un curso intenso de arquitectura, los embromo yo porque he resuelto un montón de cosas que no han resuelto ni los ingenieros ni los arquitectos. En lo que es gestión y lo que es programa, siempre el que está haciendo la actividad sabe más que un ingeniero y que un arquitecto, porque sabés cómo se mueve la cosa. Sabés cómo se mueve un vestuario, cómo se mueve la gente a hacer actividad, qué necesita.
Sí me hubiera gustado estudiar licenciatura en educación física. Amo la actividad física, amo el deporte, me gusta la fisiología, me gusta entender el cuerpo humano. Me gusta corregir, siempre fui muy curioso. Por eso que en mi carrera siempre tenía de aliado a los profes. Yo les preguntaba: ¿para qué? ¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué me evaluás? ¿Por qué? Y ¿para qué? ¿Por qué y para qué? Porque quería mejorar y quería entender, después mucho de lo que aprendí fue de autodidacta. De hecho, hoy en día corrijo muchos ejercicios en sala y los aprendí.
Y con el doctor Alberto Pan y el kinesiólogo Walter Ferreira, siempre fue de preguntarles “¿para qué?”. Walter Ferreira me mandaba a los que se lesionaban el tobillo a mí. “El que se lesionó y sabe más que todos es Scotti”, decía. “Hablá con él porque tiene todos los ejercicios”. Yo tengo un tobillo roto desde los 15 años y jugué con ese tobillo roto toda mi carrera. Nadie sabía que tenía un tobillo roto. Hasta que me hicieron una resonancia y me dijeron que no podía jugar más. Les dije: “Juego así hace años, tranquilo”.
¿Qué ha sido el fútbol para vos?
El fútbol ha sido un medio increíble para desarrollarme como ser humano. Mis amigos de la vida son mi equipo de fútbol del liceo, con quienes hicimos de primero a cuarto. Éramos los que jugábamos por la clase, con ellos hice el viaje de 40 años juntos y ahora el viaje de 50 años juntos. Viajamos los 14, y eso empezó con 10 años. Eso te define un poco lo que ha sido el fútbol como medio de vínculo, de desarrollo, tolerancia, frustración, alegría, compromiso, valores, compartir, esfuerzo.
¿Sos feliz?
Sí.
Por César Bianchi
@Chechobianchi
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