Memoria del medio siglo

Sanguinetti sobre Michelini y Gutiérrez: “Ni por asomo” Bordaberry o Blanco “dieron orden”

A 50 años de sus asesinatos, el expresidente de la República recordó a los dirigentes como “gente de paz que jamás nos reclamaría venganza”.

22.05.2026 11:55

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Montevideo Portal

A 50 años del asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz en Buenos Aires, el expresidente de la República Julio María Sanguinetti les dedicó esta semana un texto personal en su tradicional columna en el Correo de los Viernes, en el que mezcla la memoria política con el recuerdo íntimo de dos amigos de distintas orillas partidarias.

Sanguinetti recuerda que su vínculo con Michelini —”el Flaco”, como lo llamaban— nació a comienzos de los años 50, cuando ambos militaban en el Partido Colorado y compartían trabajo periodístico en el Semanario Canelones

Esa cercanía sobrevivió a la ruptura política: cuando Michelini fundó la Lista 99, se alejó del coloradismo y finalmente integró el Frente Amplio al momento de su fundación, la amistad personal no se interrumpió. Nunca dejaron de sentirse íntimos, al punto de confesarse constantemente sus recíprocas preocupaciones políticas, y seguían viéndose en el café La Alhambra, frente a la Plaza Matriz.

Sanguinetti describió a Michelini como un gran parlamentario: “Orador elocuente, hablaba a gran velocidad y encendía los auditorios. En lo personal, afectuoso, encantador”. A su vez, recordó que fue incluso uno de sus testigos de su casamiento.

Con ”el Toba” Gutiérrez Ruiz la relación nació en la Cámara de Diputados. El expresidente lo describe como alguien muy imaginativo, “siempre proclive a asumir historias de los pasillos”, que disfrutaba los movimientos de la política aunque le costaba asumir sus realidades prácticas. El nivel de confianza llegó a tal punto que, el día antes de exiliarse, Gutiérrez Ruiz llamó a la casa de Sanguinetti para despedirse.

El expresidente recuerda con dolor los funerales de ambos, celebrados simultáneamente en el Cementerio Central y en el del Buceo. En el primero, la Guardia Republicana a caballo dispersó a los presentes cuando Hugo Batalla estaba por hablar. “Tristísimo, indigno”, recordó Sanguinetti, quien salió del lugar junto a los Batlle “acongojados”, confesando “su incredulidad ante un país que parecería no ser el nuestro”.

Por otra parte, Sanguinetti ofreció su lectura personal sobre los asesinatos: sostiene que los ejecutores materiales eran argentinos —lo que indica, a su juicio, que “el dedo acusador vino de Montevideo”— y los vincula a un grupo paramilitar de la Armada argentina. 

Sin embargo, es categórico al descartar la responsabilidad directa de la cúpula civil de la dictadura: “Ni por asomo” cree que el exdictador Juan María Bordaberry o el excanciller Juan Carlos Blanco dieran la orden de matar, y sostiene que para entonces el poder ya se les había escapado de la manos. En 2011 se los condenó a ambos como coautores de los homicidios muy especialmente agravados de Michelini, Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo a 30 años de penitenciaría.

El texto cierra con una reflexión sobre cómo procesar esa memoria cincuenta años después: Sanguinetti apela a que la congoja no se transforme en odio, argumentando que tanto Michelini como Gutiérrez Ruiz eran “gente de paz que jamás nos reclamaría venganza”. El desafío, concluye, es mirar esa historia “con emoción por cercana, pero con serenidad por el deber de cuidar una democracia” que en su momento cayó porque algunos descreyeron de la libertad y la mayoría perdió la tolerancia.

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